viernes, 4 de enero de 2013

La guerra de la Nuez Moscada: Loaysa y Urdaneta

España y Portugal no se han llevado demasiado mal a lo largo de la historia, especialmente si tenemos en cuenta que hay 1300 km de frontera entre ambos (¡Atención! Pregunta: ¿Con cuantos países tiene España frontera terrestre hoy en día?). Incluso alguna dolorosa derrota sufrida por los castellanos dio lugar a la construcción del bellísimo convento de Santa María de la Victoria, así que no hay mal que por bien no venga. Es cierto que los españoles generalmente no valoramos adecuadamente a Portugal, pero eso no deja de ser normal entre el vecino grande y el chico (en tamaño, ojo). Lo que ya no es tan normal es que alguno de los encontronazos hispano-portugueses no hayan tenido lugar en la península Ibérica, especialmente si el campo de batalla está en un sitio tan raro, a priori, como las islas Molucas.


Las Molucas y las especias

El archipiélago de las Molucas está ubicado entre Célebes 
y Papúa Nueva Guinea y actualmente forma parte de Indonesia
Hoy nos resulta difícil imaginar la importancia del comercio de especias, pero en el siglo XVI, cuando las cámaras frigoríficas aún no estaban demasiado perfeccionadas, las especias eran esenciales para poder acercar la nariz a más de un plato de carne y pescado. Durante siglos, el monopolio del comercio lo habían tenido los árabes y venecianos, lo que había disparado los precios y generado enormes beneficios para algunas familias (y, como efecto colateral, llevó el Islam a Indonesia ¿nunca os habíais preguntado por qué Indonesia es un país musulmán?). Los avances en la navegación del siglo XV y XVI permitieron a españoles y portugueses lanzarse a surcar los mares, en principio unos hacia el oeste y otros hacia el este. Como los ibéricos somos más chulos que un ocho, menos de dos años después del primer viaje de Colón nos dividimos el mundo a pachas en el Tratado de Tordesillas, de modo que lo que quedaba al Oeste de la línea era de España y el resto portugués (la ubicación exacta de "la línea" fue muy discutida, pero estaba claro que parte de Brasil era portugués y tooooooooodo el resto de América era española). Cuando estudiábamos esto en el colegio siempre me preguntaba qué pasaría por el otro lado; daba por supuesto que a 180º de esta línea habría otra, con lo que el mundo quedaba realmente dividido en dos mitades. Pues no, no era así, entre otras cosas porque nadie sabía a ciencia cierta el tamaño del planeta... hasta que sucedió lo que contamos en la entrada de hoy.

Los viajes de los grandes navegantes portugueses les llevaron a la zona de Indonesia a principios del XVI, momento en el que se rompió el monopolio del comercio de especias y Lisboa se convirtió en uno de los puertos más importantes de Europa, gracias al comercio con África, Asia y Brasil y, sobre todo, gracias a las especias. Podríamos seguir con este interesante asunto, pero lo dejaremos ahí para centrarnos en:


La expedición de Loaysa (o Loaísa, o Loaisa)

No se puede decir de Carlos I que fuera un rey carente de iniciativa. Es muy posible que su excesiva determinación en catolizar la patria de su familia paterna nos costara malgastar la ingente cantidad de recursos que vinieron de América ya en esos años. Bueno, tal vez si no lo hubiéramos gastado en guerrear lo habríamos hecho en algo aún más inútil (como construir aeropuertos en el siglo XVI, capaces somos). En cualquier caso estaba claro que era un personaje con gran determinación. Por eso, aún cuando los primeros pasos de la exploración americana estaban trayendo noticias muy alentadoras, el emperador no estaba satisfecho. Muy poco después de su llegada a España ya había auspiciado la expedición propuesta por Magallanes, que acabaría con la primera circunnavegación del mundo. El principal motivo de ese viaje ya era plantarse en las Molucas navegando hacia el oeste y demostrar que estaban en la mitad española del mundo.

La Nuez Moscada no era la única especia que venía de las Molucas.
Yo tampoco sabía que tenía esa pinta de albaricoque
Aquella expedición terminó en septiembre de 1522 con el retorno de Juan Sebastián Elcano y otros 17 marineros en una única y maltrecha nave. las noticias de su viaje, en el que habían tocado las Molucas, reavivaron el interés del emperador en el asunto y se decidió crear una nueva Casa de Contratación dedicada específicamente a las especias y ubicada en La Coruña. Los portugueses, mientras tanto, protestaron ante los claros intentos de España por acceder a las islas de las Especias (y reclamarlas para sí, eso se da por descontado, desde luego nunca hemos destacado por ser demasiado sibilinos). Tras varios tiras y aflojas no hubo acuerdo sobre la soberanía de las Molucas, así que se dio luz verde a una nueva expedición.

Fray García Jofre de Loaísa fue puesto al frente de una flotilla de 7 barcos de entre 50 y 300 toneles y con una tripulación de 450 hombres... que no se imaginaban la que se les venía encima. Entre ellos se encontraba de nuevo Elcano y un jovenzuelo llamado Andrés de Urdaneta que apuntaba ya muy alto. A finales de julio de 1525 partió de La Coruña una expedición que daría para más de una obra maestra del cine de aventuras "con fundamento". ¡Spielberg! ¡Sé que sigues este blog! ¡No dejes que se te adelanten!


Siete Barquitos


Siete barquitos partieron de La Coruña.
Uno embarrancó, como lo leéis. 
Ya sólo quedan seis. (Sancti Spiritus)
Seis barquitos querían cruzar el estrecho.
Uno desertó ¿de un brinco? 
Ya solo quedan cinco (Anunciada)
Cinco barquitos esperan mejor tiempo.
Uno volvió a Bayona, tardó un rato. 
Ya solo quedan cuatro (San Gabriel)
Cuatro barquitos llegaron al Pacífico.
Uno se perdió, no se le volvió a ver ni una vez. 
Ya solo quedan tres (San Lesmes)
Tres Barquitos se dirigen a Molucas.
Uno viró al Norte y dijo adios.
Ya solo quedan dos (Santiago)
Dos barquitos cruzaron el Océano.
Uno se amotinó, inoportuno
Ya solo queda uno (Santa María de Parral)

Esta patética cancioncilla describe algo más de un año de peripecias en la que la flotilla, ya de por sí ridícula si la vemos con ojos modernos, quedó reducida a un (1) barco, por llamarlo de alguna forma, ya que tenía tantos desperfectos que se mantenía a flote solo si sus ocupantes contenían la respiración. Durante ese año hubo motines, accidentes, tempestades, incendios, errores de navegación, peleas internas, deserciones, un hundimiento y dos barcos desaparecidos para siempre jamás: La Anunciada y el San Lesmes. De este segundo se dice que pudo llegar a Tahití o, incluso, a Nueva Zelanda y Australia.

Así pues, estamos en algún lugar del Pacífico, en verano 1526, a bordo de un cascarón de nuez que hace agua por todas partes, con una tripulación reducida, cansada, enferma y que no sabe muy bien dónde está. Podría ser peor, podría morirse el capitán. Dicho y hecho, Loaisa falleció a primeros de agosto, sumándose a un goteo de fallecimientos casi diarios. Su sucesor fue Elcano, que disfrutó de los galones cinco días, los que tardó él mismo en diñarla. Según Urdaneta:

"Toda esta gente que falleció (unos treinta desde la salida al océano) murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto; yo vi sacar a un hombre tanta grosor de carne de las encías como un dedo, y otro día tenerlas crecidas como si no le hubiera sacado nada."

O sea, escorbuto. El sucesor de Elcano tampoco duró mucho, como un mes. Lo sorprendente es que con lo supersticiosos que son los marinos aún hubiera aspirantes al puesto, pero los hubo. En Septiembre llegaron al otro extremo del Pacífico y tras diversas escalas de aprovisionamiento, por fin tocaron las Molucas a primeros de Noviembre de 1526, con un solo dizquebarco, la Santa María de la Victoria (es pura casualidad que se llame como el convento de Batalha que os puse al principio), que se mantenía a flote porque las pelotas flotan y a bordo había muchas, que era difícilmente maniobrable por todos los desperfectos que tenía pero que había cruzado el Pacífico. A bordo, 105 paisanos que ya llevaban lo suyo vivido, pero les quedaban aún por escribir algunas de las páginas más sorprendentes y desconocidas de la historia de España.

7 años en las Molucas

Espectacular imagen de una reproducción de una Nao del XVI.
Lamento no conocer el nombre del autor para mencionarlo.
Yo de mayor quiero hacer fotos como esta
Nuestros 105 colegas habían pasado las de Caín para dar más de media vuelta al mundo, lo que ya podía considerarse un soberano éxito,  pero, como diría Elwood Blues, "We're on a mission from God", así que no es aún momento para darse a la molicie.

Los españoles llegaron a unas islas controladas por Portugal, que llevaba varios años asentado por allí, con bases próximas y una cadena de puertos en el Índico y el Atlántico que les permitía una ruta segura y regular desde Lisboa hasta las Molucas. Además, los locales estaban constituidos en cuatro reinos o sultanatos: Ternate, Tidore, Gilolo y Bachan. Por otra parte, las instrucciones del emperador eran claras así que los españoles decidieron aprovecharse de las rencillas entre los cuatro reinos y los portugueses y se dirigieron a Tidore, donde llegaron el 1 de enero de 1527. Recordemos que lo que se presentó ante el rey de Tidore fue un barco con más millas en su casco que el abono transportes de Willy Fogg y al que pocas olas le quedaban ya por surcar, cargado con 105 hombres enfermos y cansados. Aún así consiguieron su apoyo y el de Gilolo.

Para entonces los portugueses ya conocían de la presencia de una nave española por la zona y se habían dirigido a sus ocupantes conminándoles a abandonar las Islas de las Especias, propiedad a todas luces del rey de Portugal, según su criterio. Los españoles se fueron haciendo los longuis hasta que a mediados de enero se produjo lo inevitable: un enfrentamiento directo. La Victoria, en sucesivas andanadas, recibió seis impactos directos de la artillería portuguesa. Por su parte, los españoles se defendieron como pudieron. Protegieron la nao en una ensenada y trasladaron los cañones de más calibre a tierra, desde donde al menos podían disparar. Imaginaos cual era el estado de la nave, que "el retroceso de nuestros disparos le causaba más daño que los impactos del enemigo". Además, las municiones y la pólvora escaseaban, como es normal. Aún así, la defensa debió ser de aúpa  ya que tras un par de días los portugueses se retiraron... y la Victoria seguía a flote. Como epílogo de estos días de lucha, los españoles capturaron una embarcación cargadita de clavo, ¡por fin echaban mano a las tan ansiadas especias!

Tras este episodio hubo varios meses de refriegas de todo tipo, en las que tanto portugueses como   españoles iban embarcados en "paraos" locales, lo que indica que las naves portuguesas también estaban bastante perjudicadas. En ese tiempo pasaron cosas de traca, como que el capellán portugués y el español se confesaban mutuamente, por no tener nadie más con quien hacerlo. En todo este periodo destacó el valor y buen hacer de Andrés de Urdaneta. Hay que recordar que los españoles ya habían tenido varias bajas así que eran menos de los 105 que llegaron a las islas, mientras los portugueses habían recibido refuerzos, incluso con un nuevo jefe. En el bando español, se seguía cumpliendo la maldición del jefe: murió Martín Iñiguez en julio de 1527 y se eligió a Hernando de la Torre como sustituto.

La situación se estabilizó durante un tiempo, en el que incluso se intentó construir una nueva nao tras haber considerado a la Victoria irreparable. Por lo que se ve las maderas de la zona no tienen nada que ver con las que los españoles conocían y resultaron no ser válidas para lo que pretendían. Sin embargo, sí pudieron construir una galera, que acabaría combatiendo contra un equivalente portugués en 1528. Imaginaos la situación: una galera portuguesa y una española, ésta última mal construida y peor armada, se enfrentan entre Borneo y Nueva Guinea. El combate se resuelve al abordaje feroz, los españoles no tenían otra alternativa, y la nave portuguesa es capturada. Pero antes de este combate sucedió algo verdaderamente sorprendente...


La llegada de la "Florida"

Por lo que llevamos leído, podría parecer que la expedición de Loaysa fue olvidada y abandonada a su suerte nada más zarpar. Nada más lejos de la realidad. Menos de un año después de sus salida se envió una segunda expedición de apoyo, comandada por el veneciano Caboto, pero éste no era tan cumplidor como sus predecesores y se dedicó durante años a buscar oro en América en lugar de continuar viaje, que aquello parecía muy peligroso, tú.

No sé si los amotinados fueron colgados,
lanzados por la borda o fusilados al amanecer,
pero así aprendéis a hacer nudo de horca,
que es muy útil. En serio.
Así que al final hubo que recurrir a los clásicos. Por entonces, Cortés ya había conquistado Méjico y tenía puertos al Pacífico, así que se le pidió que montara una expedición de ayuda. Salieron el 31 de octubre de 1527 de Zihuatanejo tres naves al mando de Álvaro de Saavedra y con 110 hombres. Dos naves se perdieron, pero la Florida llegó a Indonesia y, por esas casualidades a las que nos vamos acostumbrando, se encontraron con tres ex-tripulantes de la Santa María del Parral. Dos de ellos habían sido de los amotinados así que, se siente, consideraos salvados durante el rato que tardamos en preparar vuestra ejecución.

La Florida encontró lo que quedaba de la expedición de Loaysa, los aprovisionó, les recargó la moral, cargó clavo e inició el viaje de vuelta... con una particularidad, nadie había cruzado aún el Pacífico de Oriente a Occidente y no se sabía ni como ni por donde se podía hacer. Lo intentaron por dos veces en 1528 y de nuevo en primavera de 1529 y, aunque probablemente llegaron hasta Hawaii, hubieron de regresar sin conseguir el "tornaviaje". Ese honor lo alcanzaría alguien que ya conocemos casi 40 años después.

Mientras, los expedicionarios seguían básicamente aislados y los portugueses, como dije, tenían un servicio regular de transporte, aprovisionamiento y llegada de refuerzos. Urdaneta y los suyos siguieron resistiendo obstinadamente, confiados en que la Florida habría informado de su posición y no tardarían en recibir refuerzos. Cuando a finales de 1529 la nao regresó de su segundo intento fallido de volver a Méjico, se dieron cuenta de que la situación era insostenible y, finalmente, se entregaron a los portugueses. Habían pasado tres años completos guerreando en las Molucas.

Conclusión

Hay una frase hecha en inglés que me encanta: "to add insult to injury". Viene a ser una versión de "encima de cornudo, apaleado" que se puede utilizar ante Lady Wyndham mientras tomamos con ella el té. Urdaneta y sus colegas de penurias bien la pudieron usar cuando se enteraron, muy a posteriori, de que sus últimos meses de lucha fueron absolutamente improcedentes, aparte de inútiles. En abril de 1529 se había firmado el Tratado de Zaragoza, en el que se redondeaba (tal vez nunca mejor dicho) lo pactado en Tordesillas y se definía una segunda línea para delimitar las zonas portuguesa y española del mundo, la que yo echaba de menos en mi lejana E.G.B. Esa línea dejaba las Molucas del lado portugués, aunque a cambio de una pasta gansa de la época: algo más de 130 millones de maravedíes. En cierto modo, Carlos IyV, que necesitaba el dinero, había dejado alto el honor de España al hacer pagar a Portugal, que de modo implícito reconocía que las islas eran españolas antes de Zaragoza. De rebote y, en lo que toca al tema de hoy, Urdaneta y sus cuates se habían rendido DESPUÉS del tratado de Zaragoza, es decir, cuando España ya reconocía oficialmente que las islas eran portuguesas. O sea, que ellos, aunque no lo sabían, habían llevado su misión hasta el final y un poco más allá. No sé si esto les aliviaría las penas...

Urdaneta volverá a hacer una aparición estelar en la historia y, espero, en profundosoconfusos. De momento le dejaremos descansar, se lo ha merecido. Por cierto, tras múltiples trabas, llegó a Lisboa en 1536, once años después de la partida y despojado de todos los documentos, notas, mapas y escritos que había ido recolectando en el viaje.

Cuando pensamos en grandes viajes y exploraciones marítimas, a veces nos vienen a la mente las típicas naves inglesas del siglo XVIII e incluso XIX, la Bounty, la Surprise y tal. Esas naves surcaron los mares más de doscientos años después de que los portugueses y españoles abrieran literalmente los océanos. Además, las duras condiciones que vemos en las películas eran lujo asiático comparadas con lo que sufrieron los "nuestros" que, para remate, muchas veces no sabían ni dónde estaban, ni hacia donde iban, ni qué se encontrarían al llegar...si llegaban.

Parece que eso se nos da bien.