viernes, 12 de junio de 2026

Sarmiento y Toledo: del tapón del Darién al del Estrecho de Magallanes

    Venga, que nos saltamos la entrada rollista y nos vamos directos al turrón, pero no os acostumbréis.

       Habíamos dejado a nuestro amigo Sarmiento llegando de vuelta a El Callao el 12 de julio de 1579. Volvía con las manos vacías, pero más ancho que largo porque había obtenido lo que más le podía gustar: tener razón y que además se la dieran. El virrey, nada menos.

    Un momento, ¿os habíais creído que no iba a haber introducción rollística? Ja, ja. ¡JAJAJAJAJAJAJA! 

          Pues no, vamos con ella.


       

A los castellanos profundos (o confusos), castellanos secos comilfó, les (nos) tiene que gustar Ávila (del Rey, de los Leales o de los Caballeros, a escoger). Que Segovia, Burgos, Salamanca, un decir... te entren por el ojo es cosa fácil. Para cogerle el gusto a Ávila tienes que tener una herencia cromosómica castellana desde el Cromañón... o ser uno de los tíos con mejor visión natural para la composición fotográfica del siglo XX como Orson Welles. 


   En 1960 Welles fue entrevistado en París por un periodista canadiense llamado Bernard Braden en la grabación de un documental y dijo en él que, de asentarse en algún sitio, sería en España, en concreto en Ávila. El amigo Braden se quedó a cuadros, claro, pero oye, que lo de Ávila lo dijo Welles con dos gónadas. Don Orson pasó mucho tiempo en España; entre otros sitios, en Ávila, claro, pero, curiosamente, su relación con España comenzó bastante antes de todo esto, en 1937, y lo hizo de la mano de otro gordinflas estadounidense relativamente conocido en los ambientes, un tal Ernest Hemingway.

   

1937, un paisbajés llamado Joris Ivens rueda un documental sobre la guerra civil llamado "Tierra de España" con guion de John Dos Passos y Ernest Hemingway. La cosa en España en el 37 era un carajal de mil demonios y no se podían andar con florituras, así que el equipo se marchó a Nueva York a hacer el montaje y el doblaje, y se les ocurrió contratar como narrador a un jovenzuelo famoso en la radio llamado Orson Welles. Este fue su primer contacto profesional con el cine y... acabó malamente. Tan malamente que Welles y Hemingway terminaron literalmente a tortas y sillazos en la mismísima sala de grabación. Al final la cosa se suavizó un poco a base de gïsqui, pero los sillazos se los llevaron puestos los dos. Como consecuencia de la apocalíptica pelea, hay dos versiones del documental, una con la narración de Orsoncito y otra con la de don Ernesto (en francés, la voz era de Jean Renoir, por cierto). Ambas versiones están disponibles íntegras en Youtube.

Ésta fue su primera participación en el mundo del cine. Pocos años después, el tío se despachó un pedazo de obra maestra en su debut como director. La primera escena de la primera película de Orson Welles es icónica y abre, directamente, con un letrero de "No pasar" sobre una valla desvencijada que (no) da paso a una mansión casi desierta.

    Y ¡mira!¡Qué casualidad! Justo de eso va nuestra entrada de hoy, de poner un letrero de NO PASAR.       
    

Operación Tapón


   "Por el Estrecho de Magallanes pasó á esta Mar del Sur un navío de ingleses Cosarios, y llegó á las Provincias de Chile y Puerto de Santiago á los quatro de Diciembre del año pasado de setenta y ocho, y robó un Navío con cantidad de oro, que había en aquel Puerto: y en otros de los de esta Costa hizo otros daños, y á los trece de Hebrero llegó al de esta Ciudad, estando bien descuidados de semejante novedad; porque habiendo habido tanto tiempo para darme los de las Provincias de Chile aviso de esto, nunca se hizo, con ocasion de estar el Gobernador en el Estado de Arauco en la guerra, y no se querer aventurar los Oficiales, ni la Ciudad a comprar un barco que me traxera esta nueva, con que se hubieran escusado hartas pérdidas y gastos que se han recrecido á S. M. y á los particulares, principalmente en un Navío que robó con harta suma de plata, que iba de esta ciudad al Reino de Tierra-firme."

    Así comienza una carta escrita por el virrey Álvarez de Toledo a primeros de  octubre de 1579 y que llevaba consigo Sarmiento para entregar al gobernador del Río de la Plata. Y ¿por qué llevaba Sarmiento esa carta? Pues buena pregunta, queridos ninios. Para responderla vamos a rebobinar unos meses, a julio.

    Lima, verano de 1579. La armadilla creada para perseguir al Draque (Francisco Dráquez, como aparece en la Relación y derrotero del viage y descubrimiento del Estrecho de la Madre de Dios, antes llamado de Magallanes. Sí, otra vez nos dan el trabajo hecho)  había vuelto con las manos vacías. A los pocos días, el virrey Álvarez de Toledo toma la decisión de mandar una expedición al Estrecho de Magallanes. No, ya sabéis que el nombre propuesto por Sarmiento no cuajó. En palabras de Álvarez de Toledo, quería "saber el modo que se tendrá de encerrar aquel paso para guardar estos reynos antes que los enemigos lo tomen", aparte de bloquear una posible huida de Dráquez por el mismo hueco por el que había entrado al lago. Sarmiento y nosotros sabemos que esto no iba a suceder, pero más vale un por si acaso que un ¡quién lo iba a decir!

    Lo primero, aunque parezca trivial, era encontrar la entrada al estrecho desde el lado del Pacífico, o mar del Sur, para cruzar al Atlántico, o mar del Norte. Pero no, la cosa no era una trivialidad en absoluto. La entrada desde el Atlántico es amplia y fácil de encontrar, pero en la parte del Pacífico la boca estaba en medio de un follón de islas y canales difíciles de navegar y frecuentemente azotados por tormentas. Además, las corrientes y vientos  dominantes en la zona lo que facilitan es el paso Este-Oeste y dificultan el Oeste-Este. Tan era así que la relación menciona, aunque no detalla, que:

"...por las innumerables bocas y canales que hai antes de llegar á él, donde se han perdido muchos Descubridores que los Gobernadores del Pirú y Chile han embiado allá y aunque han ido á ello personas que entraron en él por el Mar del Norte, nunca lo acertaron, y unos se perdieron, y otros se volvieron tan destrozados dé las tormentas, desconfiados de lo poder descubrir, que á todos ha puesto espanto aquella navegación"

    El propio virrey in person se acercó al puerto a seleccionar, inspeccionar y comprar (ojo, comprar, para una misión Real había que comprar los barcos) dos navíos. Inmediatamente nombró a Sarmiento capitán mayor de las dos naves. Si antes de esto Sarmiento ya había ensanchado un par de cuartas, después del nombramiento no cabría por puerta alguna de la ciudad de Lima. Una vez comprados los barcos, se pusieron a repasarlos de chapa y pintura, a planchar las velas, engrasar las roldanas y tal… mientras Sarmiento reclutaba tripulación. No llegó al nivel de Shackelton y su anuncio en prensa, pero le costó lo suyo reunir a 112 bípedos implumes entre marineros y soldados, justo al 50%, y los repartió entre los dos navíos: la Capitana (Nuestra Señora de la Esperanza) y la Almiranta (San Francisco) también al 50%. Sarmiento era muy metódico.

   Entre reparaciones, reclutamiento y abastecimiento se les fue el invierno, pero muy a principios de primavera la cosa estaba lista. El 9 de octubre, el virrey se dirigió a los oficiales y les entregó la bandera, el 10 se leyó públicamente la orden y se aceptaron los juramentos y el 11, para qué esperar más, salieron de puerto.

    Álvarez de Toledo también debía ser tela de metódico. Las órdenes del virrey, que están recogidas en la relación, dan unas instrucciones minuciosísimas de lo que había que hacer:

    • navegar directos hasta los 54º o 55º sin tocar costa para no perder tiempo;
    • llevar diario y cartas MUY detallados y leerlos públicamente cada día para que la tripulación pudiera corregir ante notario si había algún error;
    • anotar mareas, corrientes, vientos, bajíos, posibles puertos... haciéndolo por separado en los dos barcos pero reuniéndose tanto como fuera posible para poner las observaciones en común. En los lugares señalados manda erigir una cruz alta para que pudiera verse y "donde no hubiere nombres puestos, los iréis puniendo para el órden de los dichos Libros, y de las Cartas de marear";
    • una vez alcanzada la latitud requerida debían explorar todas las bocas del estrecho y medir profundidad y anchura;
    • Identificar los mejores lugares estratégicos para levantar fortalezas con artillería;
    • Tomar posesión formal de todas las tierras en nombre de Felipe II. Con su acta notarial, por supuesto.
    Las órdenes del virrey son un prodigio de precisión y cubren todos los aspectos relacionados con la empresa. De verdad, espectaculares. No se limitan a marcar los objetivos primarios y secundarios, sino que dan instrucciones de cómo proceder. Un ejemplo:

"procuraréis llevar algunos Indios para lenguas á las partes donde fuéredes de adonde os pareciere ser mas á propósito,á los quales haréis todo buen tratamiento ;y por medio de las dichas lenguas , ó como mejor pudiéredes, hablaréis con los de la tierra, y tendréis pláticas y conversaciones con ellos, procurando entender las costumbres , qualidades y manera de vivir dellos y de sus comarcanos, informándoos de la Religion que tienen, Idolos que adoran; con qué sacrificios y manera de culto; si hai entre ellos alguna doctrina, ò género de Letras; como se rigen y gobiernan, si tienen Reyes; si estos son por eleccion ó derecho de sangre, ó si se gobiernan por Repúblicas , por Linages; qué rentas, tributos dan y pagan, é de qué manera yá qué personas é que cosas son las que ellos mas precian; que son las que hai en la tierra, é qué les trahen de otras partes que ellos tengan en estimacion"

    Da instrucciones de tratar bien a los indios, de darles regalitos... lo trata todo; pero todo, todo. La parte más curiosa es lo concienzudamente que describe el procedimiento para transmitir la información: crear cuatro copias de la relación, dos serán enviadas al virrey, una por tierra y otra por mar, otra se quedará en manos del gobernador de Río de la Plata y la cuarta la llevará Sarmiento en persona al Rey. Porque, queridos ninios, el viaje no terminaba en el Estrecho. No, no, no, no. La cosa iba a ser mucho más larga.


Rumbo al Sur

    Ya sabemos que el papel lo aguanta todo, hasta la mayor precisión y minuciosidad. Ahora había que salir al mar y, como de costumbre, comprobar que es infrecuente que los planes se cumplan. Muy infrecuente. Incluso cuando las cosas salen medio bien.

    La expedición comenzó de una forma manifiestamente mejorable: nada más partir, la Capitana comenzó a hacer agua en cantidad por la proa, así que hubo que parar en Pisco del 17 al 21 de octubre para repararla.

                   Glaciar O'Higgins (de la Wiki)                  
    Como es esperable, Sarmiento es súper técnico en la relación, dando día a día latitudes, rumbos, distancias y todos los detalles marineros que ellos entienden y a nosotros nos lían. También tuvieron sus discusiones sobre el rumbo y cosas de esas de las que discuten los marineros. El 17 de noviembre, pasados los 49º sur, se acercaron a una bahía que llamaron de la Santísima Trinidad en lo que hoy es el Parque Nacional Bernardo O'Higgins. A partir de ahí continuaron costeando, explorando, diciendo misas, plantando cruces, tomando posesiones en nombre del Rey bajo firma de un notario de pluma, pliego y tampón gordo... en fin, lo normal en una exploración de la época. Por ejemplo:

"E luego que la Misa fué dicha , el General, para mas perpetua señal y memoria de Posesion, hizo mondar un árbol grande, y en él hizo hacer unaCruz grande y mui alta, y puso en ella el santísimo Nombre de Nuestro Señor JesuChristo I. N. R. I. y abaxo al pie de la Cruz puso PHILIPPUS SECUNDUS REX HISPANIARUM. De todo lo qual Yo Juan Desquíbel, Escribano Real desta Armada y Nao-Capitana, doi fe y verdadero testimonio que pasó así como dicho es. Juan Desquíbel,Escribano Real.“

    En cada una de esas paradas se escalaba algún monte para trazar el perfil de la bahía y para comprobar si aquello podía conducir al Estrecho. Todo muy profesional. Para ese momento, varios individuos de la tripulación de la Almiranta estaban dando claras muestras de querer escaquearse a la primera oportunidad y volver a Chile, que la cosa se podía poner chunga con facilidad en esas latitudes.

    Las sospechas de Sarmiento se confirmaron en cuanto apareció la primera excusa, aunque hay que reconocer que fue una excusa gorda de cohone. El propio Sarmiento describe la zona como 

"...por ser la mar desta tierra la mas tormentosa y de mas pesados vientos que se puede imaginar en lo que se navega del mundo; y si acaso hai un dia de serenidad luego le siguen otro y otros, y ocho, y diez dias mas de tormenta; y en ningun tiempo se puede tener certidumbre de buen tiempo mas de la hora que acaso se viere de presente." 

    Y, claro, tormentón tendría que haber. Se desencadenó el 21 de enero allá por los 52ºS. Tormentón del siete, olas como montañas, riesgo de hundimiento o de chocar contra las rocas. Sarmiento da instrucciones claras a la Almiranta de seguir el farol de la Capitana, de alejarse de la costa y, en caso de separación, esperar 15 días en la boca del Estrecho, pero en medio de la tormenta, los de la Almiranta, según Sarmiento encabezados por el Almirante Villalobos y el Sargento Mayor Pascual Xuarez, se dieron el piro. Recordad a estos dos cuasiseres porque tendrán su importancia más adelante. Esta historia es laaaaaaaaaaarga.


El Estrecho

    En fin, queridos ninios, que desde el 21 de enero de 1580 la Capitana se queda sola. El 23 de enero son capaces de escapar de la tormenta y adentrarse en el Puerto de la Misericordia, que resultaría ser la mismísima boca del Estrecho. Para recuperar el resuello y cumplir con lo de los 15 días de espera, fondearon y echaron un par de semanitas de vacaciones. El 3 de febrero hace otra toma de posesión de las de misa, cruz, escribano, acta notarial, en nombre del rey y tal. El 9 de febrero Sarmiento ya tenía suficientes indicios (por ejemplo, el 6 de febrero se da cuen de que hay corriente hacia el Pacífico en consonancia con la marea) como para asegurar, ante las dudas del resto de los pilotos, que estaban en el Estrecho de Magallanes. Esto... ¿Dije de Magallanes? ¡No hombre, no! a un tío tan pagado de sí mismo como Sarmiento no se le podía escapar una oportunidad así y lo renombró ESTRECHO DE LA MADRE DE DIOS. Ya, sí, podría haber sido pedor, le podía haber puesto Estrecho de Sarmiento. O también mejor: Estrecho de Madredelamorhermoso. Pero en todo caso iba a dar igual, como sabéis.

    El cruce del estrecho fue más o menos sencillo hasta su salida al Atlántico el 24 de febrero. Sarmiento cumplió las órdenes del virrey y señaló en este primer (guiño, codo, guiño) viaje al Estrecho dos zonas idóneas para establecer fortalezas: la Angostura de Nuestra Señora de Gracia y la de Nuestra Señora de Esperanza. Por lo demás, la descripción del estrecho es muy pormenorizada, como cabía esperar. Respecto a los indígenas, hubo varios encuentros con ellos, entre ellos con los patagones gigantes de hasta tres varas de altura (2,50 m). Los hubo afables, los hubo violentos en los que algún marinero perdió un ojo y hasta Sarmiento recibió un flechazo, pero hubo uno que...

"Regocijáronse mucho con esto , y con unas banderillas de lienzo que los nuestros trahían de ciertas tiras angostas de ruan , angéo y olandeta. De lo qual conjeturó Señas de haber Sarmiento que habían comunicado con gente de pasado por alli Europa: y ellos, sin ser preguntados, dieron á entender por señas patentes , que habían pasado por allí, ó estaban (y señalaron á la parte del Sueste) dos Navíos como el nuestro, de gente con barbas , vestidos y armados de aquella misma manera. Este fué el primer rastro que hallaron de las Naves Inglesas de Draque."


    ¡EL DRAQUE!  

Y... No, obviamente esto no es todo lo que tengo que decir sobre Sarmiento y el Estrecho.

Con Dios.




viernes, 5 de junio de 2026

Sarmiento y la persecución del pirata

     Me dicen mis hipercríticos (sí, hasta en una comunidad de 10 lectores hay hipercríticos) que me enrollo como las persianas, especialmente en introducciones raras que no se sabe dónde van y que dejo muchos hilos sueltos del tipo "...pero eso es otra historia y ya volverá a nuestro blog" y, claro, luego nunca vuelven. A pesar de ser ya un señor muy, muy mayor, tengo firme propósito de enmienda, pero por la misma razón no tengo fuerza para atacar dos retos de semejante porte a la vez, así que vamos a rematar uno de tantos hilos sueltos, pero las introducciones llenas de meandros se quedan. Avisadas están VVMM y el que avisa no es traidor.


    Creo haber mencionado en algún momento que en este mismo universo, pero en un tiempo ya lejano, el panoly que suscribe pasó unos meses viviendo en la muy noble ciudad de Aquisgrán. No hay muchos aquisgranenses mundialmente conocidos: Mies van der Rohe, Havertz y poco más. Carlomagno, el vecino más ilustre de la ciudad, no había nacido allí. Sin embargo, puede que sólo haya un ser humano nacido en Aquisgrán cuyo logro sea único (pero único, único), pero no lo conoce ni Blas por lo que, a partir de hoy, podréis soltar el dato en cualquier tertulieta y quedar estupendamen. 


    Maestre Anes, Juan Alemán de Aquisgrán o Hans aus Aachen, que de todas esas formas era conocido el cuate, no debe ser confundido con Hans von Aachen que, como su propio nombre indica, nació en... Colonia y fue un pintorcillo de finales del XVI y ppios del XVII. No, queridos ninios, no. Nuestro Juan Alemán hizo algo mucho más gordo que pintar cuadros de señoras orondas desnudas. Además, aunque no lo sepáis, ya ha aparecido en nuestro blog. En más de una entrada, además.


    Juan de Aquisgrán se enroló como artillero nada menos que en la nao Victoria que zarpó bajo el mando de Magallanes en agosto de 1519 y fue de los 18 que llegaron, hechos 18 piltrafillas, a Sanlúcar y luego a Sevilla, vuelta al mundo mediante, en septiembre de 1522 al mando del segundo Juan Sebastián más importante de la historia. Por poco, pero segundo. No contento con eso, y como debió hacer buenas migas con Elcano, los dos partieron de nuevo en la expedición de Loaysa en julio de 1525. Si la expedición de Magallanes había sido un carajal, la de Loaysa no se quedó atrás. Elcano la espichó en medio del Pacífico, pero nuestro Juan (y Urdaneta, como vds. saben) le sobrevivió y llegó a las Molucas, pasó todo el follón de allí y finalmente volvió con pasaje portugués a Lisboa en 1536... tras haber dado OTRA vuelta al mundo. Si las cuentas no me fallan, eso son DOS vueltas al mundo.


    Así que ahí tienen al mushasho, en 1536 y siendo el primer bípedo implume con, ¡no una, señora! sino ¡DOS! vueltas al mundo completas en el coleto. Hora de asentarse en una granjita en las Ardenas, ¿no, Hans? Pues no. Al tío le iba la marcha y dijo que para qué iba a parar tan joven, así que en 1542 se enroló con Villalobos aunque de ésta ya no salió con vida. Estiró la pata en algún lugar del Pacífico; no sabemos si antes o después de avistar Hawaii.


    Y, como os había avisado, todo lo anterior no es más que la introducción que pone en perspectiva la tercera vuelta al mundo que, eso sí, fue la...


Primera vuelta al mundo completada por un pirata

       Cuando nuestro amigo Juan cerró su segunda vuelta al mundo, el mayor pirata del s. XVI aún no había nacido en la pérfida Albión. El Draque ya ha pasado varias veces por el blog, en formato historia por capítulos y en formato brevérrima entrada, que os recuerdo porque vendrá al caso en breve. Ya sabemos que la mayor afición del Draque era dar polculo perseguir barcos españoles y rapiñar sus puertos, siempre con la aquiescencia de la reina Isabel. La primera, no la madre del de ahora. 


    Según vimos en la brevérrima, en los paneles explicativos alrededor de la réplica de la Golden Hinde expuesta en Londres no se esconden lo más mínimo y dicen, literalmente (me autoplagio foto y texto):

"En 1577, tras una reunión secreta con su Majestad la Reina, partió en su viaje más famoso, una expedición  en aguas del Pacífico para explorar los territorios bajo dominio español, lo que resultó en la primera circunnavegación del globo por un capitán inglés. Los enormes tesoros que trajo de vuelta, tomados a los españoles, pagaron la deuda nacional inglesa e hicieron a Drake uno de los hombres más ricos de Inglaterra. Fue nombrado caballero por sus esfuerzos por la reina Isabel I en 1581" 

    Enefeto, el Draque, conchabado con la Reina, decidió que ya era hora de probar en las ligas mayores y dejar el pillaje europedo. Se lanzó hacia el sur, cruzó el Estrecho de Magallanes y se plantó en el Pacífico donde nadie lo esperaba. En aquella época de su relativa juventud, la verdad es que el tío le echaba dos gónadas y aprovechó a fondo la ventaja de la sorpresa.   

                       Puerto de El Callao.                      
Inconfundible
El Draque llegó al Pacífico en agosto de 1578, aunque no se puso a lo suyo de inmediato, ya que las tormentas no afectan sólo a los españoles y él sufrió varias, la pérdida de todos los barcos menos la recién renombrada Golden Hinde (antes era el Pelican), la de la mitad de sus hombres y su propia salud.  Aun así, en diciembre ya estaba desarrollando su actividad profesional en las costas de Chile, dando su primer golpe en Valparaíso. 

    Por aquella época el 5G no era demasiado estable en la zona y, aunque el Virreinato tenía unas redes de información bastante aceptables, no fueron lo suficientemente rápidas como para avisar al virrey de los palos que el Draque iba dando por el sur de Chile.

    En torno al 7 de febrero de 1579, Drake estaba en Arica, el 13 de febrero (viernes tenía que ser) entró en el Callao. No trincó demasiado porque los barcos que pudo asaltar no estaban cargados, pero daño causó bastante. Además, obtuvo información vital: unos días antes, el Nuestra Señora de la Concepción (Cagafuego) había salido hacia el norte cargado de plata. Ese barco estaba sirviendo la ruta habitual de la plata del Potosí, que bajaba por tierra hasta Arica, embarcaba hasta Panamá, cruzaba el istmo por tierra y de allí ya embarcaba hacia donde fuera (Europa principalmente). Drake, que tenía el motor de la Golden Hinde al ralentín, pisó a fondo y dio caza al Cagafuego frente a Ecuador a primeros de marzo. Para trasvasar la carga a su barco, se arrimaron a la costa y el proceso duró ¡seis días!

    A partir de aquí ya no nos importa demasiado lo que hizo Drake, no os destripo la pinícula si digo que no lo trincamos. Él siguió hacia el norte con la esperanza de encontrar el deseado paso Norte hacia el Atlántico. Fondeó en California, cerca de Bodega Bay, tomó ficticia posesión de la zona, a la que llamó "Nueva Albión" y acabó volviendo a Inglaterra por el Pacífico-Índico, completando la primera vuelta al mundo por un pirata cargado de plata. Llegó a Plymouth en septiembre de 1580. Nosotros nos despedimos de él aquí, ya que lo que nos importa es la sucesión de acontecimientos que se inició con sus correrías Pacíficas (que no pacíficas).


La Persecución y un viejo conocido

    Ahora nos vamos a marcar un efecto Rashomon de manual, para lo cual, como es habitual en el blog, vamos a aprovecharnos de quien nos da el trabajo hecho. En concreto, de la mismísima relación de uno de los protagonistas, nuestro viejo amigo Pedro Sarmiento de Gamboa, el de las Salomón in person: "RELACIÓN DE LO DE QUE EL CORSARIO FRANCISCO HIZO Y ROBÓ EN LA COSTA DE CHILE Y PIRÚ, Y LAS DILIGENCIAS QUE EL VIREY DON FRANCISCO DE TOLEDO HIZO CONTRA ÉL". En esta relación también da muchísimos detalles interesantes de las correrías del Draque ANTES de llegar a El Callao, pero esos los vamos a obviar.

    Desde que nos despedimos de don Pedro, allá por 1569, en El  Realejo (Nicaragua), el hombre había estado, sobre todo, al servicio de don Francisco Álvarez de Toledo. Cuando Mendaña y Sarmiento volvieron de las Salomón (léanse la entrada, no sean vagos), llegaron como el perro y el gato. Tanto que acabaron ante la Audiencia de Lima dirimiendo sus cuitas. El resultado de aquello fue que Mendaña cayó en desgracia y Sarmiento fue nombrado cosmógrafo general por el virrey, que le acabó encargando, entre otras muchas cosas, que escribiera la Historia de los Incas. Bueno, también había estado dando esquinazo a la Santa. A la Santa Inquisición, no a su santa esposa. 

    Volvamos a febrero del 79. A Lima. Gran sorpresa, bastante incredulidad... pero había que ponerse a la tarea de inmediato. De forma más o menos espontánea, un grupete de caballeros salió a lo loco a la caza del pirata. Dos naves y doscientos hombres partieron de El Callao inmediatamente después del asalto y persiguieron al pirata durante dos días hasta que lo perdieron de vista, entre otras cosas porque sus naves habían salido deprisa y corriendo y sin lastrar, con lo que no podían dar toda la vela. La salida había sido corajuda, pero demasiado atropellada. Nuestro amigo Sarmiento describe:

"... y lo que más parescia que en esto hacía fuerza, era que muchos caballeros iban muy mareados y no estaban para poderse tener en pié ni poder pelear, aunque otros muchos habia para poderlo hacer." 

    Biodraminas, caballeros. Biodraminas.

    Era obvio que aquello no iba a ningún sitio, así que se volvieron a puerto. Ahora ya con la cabeza algo más fría, el mismísimo virrey se puso a la labor y organizó una flota para perseguir, atrapar y, en su caso, descabezar al Draque. Diego de Frías Trejo sería el almirante y Maese de campo, mientras que el mismo Sarmiento era sargento mayor. Salieron de El Callao el 27 de febrero sin mucha esperanza, ya que habían concedido una ventaja de quince días. De hecho, en varios de los puertos que tocaron supieron que Draque había pasado por allí justo dos semanas antes, pegado el palo o palito correspondiente y puesto pies en polvorosa (Sarmiento es bastante detallado con los robos e incluso con los valores de lo robado. Salvo en un caso, os ahorraré los detalles).

            Monumento a Sarmiento enAlcalá de Henares (Wiki).        
Conste que me he acercado a hacer yo la foto,
pero lo han quitado por obras

    Sarmiento era tendente al autobombo, así que hay que tomar con cautela todo lo que explica en su relación respecto a sus predicciones sobre lo que iba a hacer Draque, pero es que lo clava el tío. Deduce que el corsario Francisco no se iba a atrever a volver hacia el sur sabiendo que le iban a estar buscando; adivina que van a perseguir al Nuestra Señora de la Concepción, alias Cagafuego, alias el navío de San Juan de Antón (su capitán). Sabe que Draque tiene un piloto portugués renegado que conoce la zona y le dice que al norte de Nueva España va a encontrar pocos españoles, pocos indios y ninguna defensa. Colige que el inglés está acostumbrado a navegar por latitudes más altas que los españoles y no le importará subir por cima de los 45º, especialmente en verano... vamos, que iba a cruzar el Pacífico Norte desde lo que hoy es California-Oregón para volver a casa. De hecho, en torno al 18 de marzo, Sarmiento llega a proponer cambiar de estrategia y, en lugar de ir comprobando en cada puerto si el Draque había pasado, adelantarse a sus movimientos y navegar directos hacia el norte, a Nicaragua, metiendo el turbo para tener más opciones de trincarlo. Muy fiel a su forma de ser, deja escrito que el general cometió un error funesto al no hacerle caso... y más adelante se empeña en demostrarlo.

    En fin, que siguieron costeando hasta que lo que tenía que pasar pasó: el 30 de marzo tuvieron noticias de que el Cagafuego había sido desvalijado y al día siguiente se lo encontraron en el puerto de Perico (Panamá, curiosamente justo donde ahora tiene su salida al Pacífico el canal). San Juan de Antón (menudo nombrecito) le contó a Sarmiento todo lo acontecido:

  • El 1 de marzo, cuando navegaban entre el cabo de San Francisco y la Punta de la Galera (actual Ecuador) se les acercó un barco simulando ser una nave chilena, pero cuando se quisieron dar cuen los estaban arcabuceando, aseteando y, clave, cañoneando, de resultas de lo cual perdieron el palo de mesana con vela y todo.
  • En menos de lo que se persigna un cura loco, los ingleses estaban en el Nuestra Señora.
  • Una vez tomado el control del Cagafuego pusieron rumbo Noroeste, hacia Nicaragua, con los dos barcos. El trato a los españoles fue correcto, incluso afable. 
  • En cuanto el tiempo lo permitió, comenzaron a transferir carga. La plata robada tenía un valor de 362.000 pesos, de los que 106.000 eran del rey. Eso lo registrado, sumando la carga sin registrar el valor era de más de 400.000 pesos. Poco de extranjis me parece a mí eso, pero en fin...
  • El 7 de marzo devolvió el navío a su tripulación y la tripulación al navío, no sin antes darles unos cuantos regalitos. Yatusabe, para que se les quitara el mal sabor de boca. Entre otras cosas, al capitán le dio una escopeta alemana y una taza con un pedazo de "Franciscus Draques" grabado en todo el medio. También les dio un salvoconducto en inglés por si se cruzaban con alguna de las otras dos naves inglesas que por allí rondaban (nosotros sabemos que de eso nasti, pero supongo que era por acollonar un poco):
"...diciéndole que el capitan de uno de los otros dos navíos era muy cruel, y que si le topaba no dejaria hombre á vida, y con aquella patente suya iba seguro dellos : y con esto cada uno fué por el viaje que ya se dijo , y San Juan llegó dende á dos dias al cabo de Corrientes"

    Sí, está claro que era por acollonar.

    ¡Ah! Y aún no os he contado lo más llamativo. Resulta que el Draque enseñó a San Juan de Antón una "carta de marear" de más de dos varas de largo que decía haber encargado en Lisboa, que le había costado nada menos que 800 ducados, y que le mostraba cuatro salidas hacia su casa, donde pensaba llegar en unos seis meses. Según él podía volver por el Cabo de Buena Esperanza, por el Estrecho de Magallanes, por Noruega (¿¡Ein?!) y otra que no quería decir pero que todos entendieron que sería el paso del noroeste. Un timo completo no parece que fuera, pero me da la impresión de que el cartógrafo portugués se había adornado en exceso. 

    Para finalizar con la relación de San Juan de Antón dentro de la Relación de Sarmiento, el capitán del Cagafuego afirma que Drake le dijo que se dirigiría a la isla del Caño, en Costa Rica, para hacer aguada, lo que da la excusa perfecta a Sarmiento para calcular que, de haber seguido su sugerencia e ido directos a Nicaragua, habrían adelantado al pirata y tenido oportunidad de atraparlo.

    Un asuntillo paralelo en el que no vamos a entrar es la ofuscación que muestra Drake respecto a la patada en el traseramen que recibió junto a su tío John Hawkins (mencionado en la relación como Juan Dracles) en Veracruz en 1568. En un alarde de cara de adamantium, Drake usa el temita para justificar quedarse con la plata del Cagafuego. 

    La armadilla permaneció en Panamá hasta el 13 de abril, aunque sin recibir demasiada ayuda de las autoridades locales. En ese tiempo llegaron noticias de otras dos naves inglesas dando vueltas por el Pacífico Sur que, obviamente, resultaron rumores infundados. Finalmente, salieron juntas de Perico la Almiranta, la Capitana y el mismísimo Cagafuego. Entre el 12 y el 15 de junio llegaron al puerto de Santa, cerca de Chimbote. El 17 llegó un pliego de la Real Audiencia de Panamá para el virrey y una carta para el almirante que contenía básicamente información que en la armadilla ya tenían, rumores falsos incluidos, más un dato que enseguida os podréis imaginar el efecto que causó en Sarmiento: 

 "...y agora este dia, 8 de Mayo, se tuvo nueva de como el capitan Francisco, con su navío, llegó á la costa de Nicaragua á los 20 de Marzo, á do dió lado al navío y tomó agua en la isla que llamandel Caño, veinte leguas deNicoya; y, estando allí, al finde dicho mes robó un navezuelo que venía para esta ciudad..." 

    En leyendo eso me imagino a Sarmiento calculando los días y las fechas y gritando un "¡OS LO DIJE, CARACATRES! Si es que... 

    También decían que los testigos habían informado de que la Golden Hinde estaba ya en un estado manifiestamente mejorable y necesitada de ser echada a tierra para reparaciones. Nosotros sabemos que eso acabó sucediendo en California.

    El remate fue que el 27 de junio recibieron respuesta del virrey pidiéndoles que volvieran a Lima y Sarmiento "casualmente" extrae lo siguiente de la orden:

"Aunque es verdad el disgusto que yo he rescibido el no haber atravesado vosotros cuando lo dijistes á la costa de Nicaragua, pues era guardar mis instrucciones, demás de haber la razon que pedia que lo hiciésedes"

    No hay más preguntas, señoría.

    Visto lo visto y las órdenes recibidas, salieron de Santa el 1 de Julio y llegaron el 12 a Lima, donde se deshizo la flota y se dio por cerrada la  (fallida) caza del corsario.

    Y, poco más o menos, eso es todo lo que tengo que decir de la persecución de Drake por Sarmiento, pero no de los líos que esto causó. No, no, no, no, no... pero eso sí que queda para otra entrada.

    Con Dios

    

martes, 19 de mayo de 2026

Connery, Patinkin y 300 gallegos

    Montoya, aparte de rimar con pilila, es un apellido español bien conocido fuera de nuestras fronteras, aunque allí no le pillan la rima. Puede que los dos Montoyas más famosos de la historia reciente hayan sido Juan Pablo Montoya, natural de Bogotá, e Íñigo Montoya, aborigen de un pueblo español en una zona más o menos montañosa y que no es Toledo. Sí, claro, me refiero al Íñigo Montoya de "La princesa prometida", que no sólo es uno de los dos grandísimos espadachines españoles (o así, luego veremos) del cine de los 80, sino que le ha dado nombre a un guíaburros para escribir corredos electrónicos: el Método Montoya que se basa en su más famosa frase en la pinícula, a la sazón:

"Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir"

    El tío no era de Toledo, según la novela era catalán de cerca de Montserrat (catalán.... Montoya...), pero podría ser de Burgos perfectamente. En trece palabras te saluda, se presenta, te cuenta la historia que centra su interés y te informa de lo que va a hacer a continuación.    

          Juan Sánchez Villalobos, de la Wiki         

    Como decía, Montoya salía en "La princesa prometida", piniculón de Rob Reiner de 1987, pero es que un año antes había aparecido otro espadachín español (o así) en la conocida, pero mucho pedor flim, "Los inmortales". En ella, el tito Sean da vida a un inmortal de origen egipcio, pero que se nos presenta en forma de caballero español del s. XVI. Su nombre completo es Juan Sánchez Villalobos Ramírez y nos dice que es responsable de armas de Carlos IyV. Ná menos. Como recordaréis, Ramírez se presenta en las Highlands para entrenar al pasmarote de Lambert, que hace de escocés del clan Mcleod. Bueno, en realidad hace de exmiembro del clan McLeod porque lo han expulsado del clan, que parece tener su base en un muy fotogénico castillo situado en la costa oeste de Escocia, el famosérrimo castillo de Eilean Donan.

    En la peli, el castillo luce tan precioso como ahora mismo, aunque ese estado es relativamente reciente. No es un decorado, pero casi. Antes de 1912 no era más que un montón de piedras y pocos muros en un estado ruinoso. Se reconstruyó entre 1912 y 1932, pero ¿qué lo llevó al estado de ruinas? Pues nada menos que un montón de barriles de pólvora española. ¿¡Comor!? ¿Nos estás diciendo, gran Panoly, que los españoles, miserables, se allegaron hasta el norte de Escocia y les volaron el castillo a los McKenzie y a los McRae (que eran los verdaderos dueños del castillo, no los McLeod)? Pues no, no exactamente. La cosa es un poco más complicada, pero ya os adelanto que los que se cargaron el castillo fueron los de siempre...


Alberoni y los Jacobitas

    Utrecht, abril de 1713, se firma el tratado que pondría fin a la guerra de sucesión española, aunque entre flecos, anexos, dimes, diretes, ponte bien y estate quieta, la cosa no se pudo dar por definitiva (¡jas!) hasta 1715. Para esas fechas, un tal Giulio Alberoni ya llevaba un tiempo haciendo de las suyas por España, donde había llegado de la mano de Luis José de Borbón, primo lejano (como Balki y Larry) de Felipe V. Al lío, que lo nuestro tiene que apuntar hacia Escocia de alguna manera cuanto antes. El tal Alberoni, que no os he dicho que a esas alturas ya era cardenal, tuvo la genial idea de dar polculo importunar a los ingleses allá donde se pudiera que, aunque él era italiano, era cosa fácil en la que convencer a un español como el rey Felipe V. ¡Ah! no, espera... bueno, es igual que fuera español o francés, el caso es que lo convenció para montar una nueva empresa de Inglaterra e ir a invadirlos. 

    La excusa era fácil de encontrar: aprovechando una de las revueltas jacobitas que se producían cada poco en Escocia, don Giulio convenció al rey de apoyar a los jacobitas, que negaban la legitimidad de los reyes de Escocia que no fueran herederos de la línea de Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. La historia inglesa de esa época es un carajal de cohone, así que no nos vamos a meter. Como tampoco debió hacerlo el cardenal italiano ese...

    Por dar un mínimo de contexto: érase una vez un aristócrata irlandés de nombre James Butler, que acabaría siendo 2º Duque de Ormonde sucediendo a su abuelo, también llamado James Butler (por ahorrar en cartelitos se saltaron al padre del 2º e hijo del 1º, que se llamaba Thomas, yatusabe). Bueno, pues el Butler que nos interesa era anglicano, sorprendentemente, y lo fue toda su vida, pero era un rancio Tory y, cuando el parlamento inglés defenestró a Jacobo IIyVII (de Inglaterra y Escocia respectivamente) en medio de una revolución de los protestantes contra un rey católico, James Butler (a partir de aquí simplemente Ormonde) empezó a mirar con ojitos a los jacobitas, que defendían la ilegitimidad de la nueva línea dinástica. ¿Por qué lo hizo? Pues porque la reina María II y su marido Guillermo III favorecían a los Whigs frente a los Tories. Nos quedamos con esto: un duque irlandés cabreao con la nueva línea dinástica inglesa y deseoso de apoyar a los Estuardo.

    Nos volvemos a finales de 1718. Ormonde entra de incógnito en España por los Pirineos y se dirige hacia Madrid; el 17 de diciembre llega a Alcalá de Henares y, desde allí, confirma su llegada por carta a Alberoni. 

         Imagen de la Wiki de la cabeza de Carlos XII de Suecia        
con el agujero del mosquetazo.
 
   Pero, queridos ninios, esta historia está quedando demasiado simple. Os había hurtado la existencia de una tercera pata en este banco pro-jacobita: el rey de Suecia, a la sazón Carlos XII, que también tenía intereses contra los ingleses. En los años anteriores a 1718, Carlos XII y Jorge I de Inglaterra andaban a la gresca por temas territoriales, comerciales y pollás típicas de reyes. La acción contra Inglaterra se había acordado con una aportación nada despreciable de hasta 10.000 soldados suecos, peeeeeeero justo cuando Ormonde estaba aposentando sus reales en Madrid, a Carlos XII de Suecia le pasaban otras cosas más intensas por la cabeza. En concreto, una bala de mosquete o similar que le atravesó el cráneo de oreja a oreja mientras estaba el hombre en las trincheras asediando la fortaleza de Fredriksten en su intento de invadir Noruega. No nos hemos metido mucho en el lado sueco de la historia porque al final no intervinieron, como veréis, pero sí interesa decir que es posible, incluso probable, que el mosquetazo que acabó con la vida (ah, sí, no os lo había dicho: murió en el acto) de Carlos XII partiera de sus propias filas. Al poco del real óbito, el principal consejero de Carlos XII y defensor de la participación de Suecia en el temita que nos ocupa, el barón Görtz, fue detenido, juzgado y decapitado en cuestión de semanas. Y hasta aquí el paréntesis sueco. Volvemos con lo nuestro, que ya están tardando en aparecer los 300 gallegos. Ah, sólo una cosa más, la sombra del espionaje inglés en la muerte del rey y el barón larga es.

    A finales de enero de 1719, tanto Alberoni como Ormonde conocen la muerte de Carlos XII y tienen la seguridad de que Suecia no va a participar en la empresa. Tras un breve periodo de dudas, deciden seguir adelante de todos modos, lo que nos lleva a...


La gran expedición projacobita


   Ya sin la participación sueca, la expedición principal iba a ser liderada por Ormonde y salió desde Cádiz (ojo, sin Ormonde, que estaba en La Coruña y se uniría desde allí) el 7 de marzo. No está muy clara la exacta composición de la flota, hay informes contradictorios de la inteligencia francesa e inglesa (sí, los ingleses tenían bastante información de lo  que se les venía encima), pero la cosa era más o menos así:

  • 5.000 soldados (4.000 de infantería y 1.000 de caballería)
  • 300 caballos
  • 10 cañones de campaña
  • 1.000 barriles de pólvora
  • 15.000 mosquetes 

    Todo ello embarcado en unas 40 naves de transporte escoltadas por 7 u 8 barcos de guerra.

    ¿Qué nos falta? Gran empresa, respetable flota, destino Inglaterra... exacto, nos falta la gran tormenta. Dicho y hecho; en la madrugada del 29 de marzo de 1719, a unas 50 leguas (unas 150 millas nauticas, o 275 km) al oeste de Finisterre se dieron de bruces con tremenda tormenta que duró tres días. La flota se dispersó, algunos barcos fueron completamente desarbolados, buena parte de la carga, incluidos los cuadrúpedos, fue arrojada por la borda, y el desastre fue tan completo que los barcos se volvieron como pudieron a distintos puertos de Galicia, Portugal y Cádiz, y la expedición tuvo que ser cancelada. Fin de la historia, ¿no? Pues no. No, no, no, no...

Aquí vamos a poner un pequeño paréntesis. La fuente principal de este artículo es "The Jacobite attempt of 1719", de la Scottish History Society (1895), que recoge la correspondencia entre Ormonde y Alberoni, así como algunas otras cosillas relacionadas con el asunto, recopiladas por un tal William Kirk Dickson. Adicionalmente, he buscado información en la siempre útil Historia de la Armada de Cesáreo Fernández Duro y, obviamente, en artículos y revistas varios, de los que he encontrado muchos más de lo esperado, por cierto. El problema es que la relación difiere, y mucho, entre fuentes. Según algunas, se da por hecho que la flota salió completa y cargada desde Cádiz y se enfrentó a la tormenta en Finisterre. Según otras, salió de Cádiz y pasó por Vigo, La Coruña, Santander y Pasajes, antes de la tormenta. Fernández Duro dice que el Jefe de Escuadra, D. Baltasar de Guevara, salió con parte de la flota desde Cádiz y luego se le fueron uniendo naves, soldados y armas para los rebeldes. Sea como fuere, todas las versiones coinciden en que la tormenta les pilló en Finisterre. Parece claro que alguna escala hicieron y embarcaron personal y provisiones. Lo que sí es seguro es que Ormonde no llegó a embarcar y en sus cartas del mes de marzo tanto a Alberoni como a su rey, se iba poniendo cada vez más nervioso ante la ausencia de noticias sobre la llegada de la flota. Ormonde se movió por España más que los baules de la Piquer, cosa que sabemos por el origen de cada una de sus cartas (208 en total). Estuvo en La Coruña hasta el 30 de abril, aunque fue informado del desastre el día 9, cuando cinco barcos llegaron a La Coruña hechos polvo.


La pequeña expedición projacobita

    Hasta ahora hemos hablado de una nada despreciable operación con destino Inglaterra. Creo que podríamos decir que la tormenta la detuvo... por fortuna, porque los ingleses tenían pleno conocimiento de lo que se estaba cocinando a pesar de los intentos de ocultarlo. De haber llegado a Inglaterra, el resultado seguramente habría sido manifiestamente mejorable. O no, vete tú a saber... Pero  el caso es que la flota de Guevara, con o sin Ormonde, no iba a ser la única. No, qué va, en la otra punta de España se estaba organizando otra expedición, mucho más pequeña, más quirúrgica, más selecta.

    Y, precisamente, esa es la que nos ocupa, aquí siempre hemos sido admiradores de lo quirúrgico.

    Nicolás de Castro y Bolaño era un militar de rancio abolengo que, no se sabe muy bien por qué, es citado como Pedro de Castro en la mayoría de la documentación que hay del temita, entre otros, nuestro libro base que ya os he mencionado. Para más lío, en algunos sitios aparece el regimiento como el "Don Pedro de Castro's regiment of foot"... comandado por Nicolás Bolaño. Un follón. Fuera Pedro o fuera Nicolás, el tío era un militar de prestigio, a la sazón Tcol. o Col., tampoco se sabe muy bien, al mando del Regimiento Galicia. Es muy probable que de ese regimiento fueran la mayor parte de las tropas embarcadas en la flota de Guevara, pero no todo el regimiento se fue con Guevara... un selecto grupo de 288 infantes (doce de cada una de las 24 compañías), a los que se sumaban el propio de Castro, 6 capitanes, 6 tenientes y 6 alféreces, más algunos auxiliares tipo tambores y tal, hasta sumar 307 paisanos, formaron una expedición "B" que tenía dos misiones principales: servir de distracción a la expedición principal y soliviantar a los montarazes "highlanders" de los clanes escoceses que iban a apoyarlos masivamente. 

   
      El castillo de Dunnottar, sede de los Keith,         
 poco antes de los hechos (de la Wiki).

De Castro era el líder del contingente español, pero no de la expedición en su conjunto. Esa función recaía, por consejo de Ormonde, en George Keith, un jovenzuelo de unos 25 años que a la sazón era Earl Marischal (título nobiliario creado ex profeso para el clan Keith, que tenía como base uno de los castillos más espectaculares de Escocia, en el s.XII). Aparte de este Keith y de Ormonde hay otros dos anglos que tenemos que tener en mente: el hermano del Earl, James (que acabaría dando más vueltas que un trompo, ya os comentaré) y el Marqués de Tullibardine, lugar ahora famoso por su destilería. No digo más.

   El Earlde Castro, y los 306 cuates restantes se concentraron en Pasajes por ser éste un puerto más discreto y en el que poder pasar medio desapercibidos, y de allí partieron en dos fragatas el 8 de marzo, casi a la vez que el contingente principal desde Cádiz. 

    Por cierto, recordaréis quién era de Pasajes, ¿no? Igual andaba por allí de permiso entre batalla y batalla antes de tirar para América y se cruzó con De Castro en el txoko o algo, quién sabe...

    El Keith pequeño no salió con su hermano desde Pasajes, sino que se recorrió media Francia, pasó por París, le vieron todos los espías al servicio de Inglaterra, le dio tiempo (era joven, pero nada tonto) a darse cuen de que entre los Jacobitas había facciones y que aquello podía acabar como el rosario de la Aurora...

    Él y Tullibardine llegaron a Escocia, en concreto a la Isla de Lewis en las Hébridas Exteriores, el 4 de abril. Allí se encontraron las dos fragatas españolas fondeadas frente a Stornoway con los gallegos aún a bordo. Keith Pequeño se fue rápidamente a ver al Earl para advertirle de lo que había percibido en París. Aun así, Earl decidió desembarcar en las Highlands tan pronto como fuera posible, con la intención de marchar hacia Inverness dando tiempo a que llegara Ormonde que, como Vds. saben pero ellos no, en esos días estaba justo enterándose del desastre de la flota y asumiendo que no habría expedición.

    Y aquí, queridos ninios, nos encontramos a los 307 a tomar polculo relativamente lejos de sus casas, con unos cuantos escoceses exaltados por mandos y, pronto veremos, con los ingleses al acecho. ¿Qué podría salir mal? Pues todo, claro. Todo. Eso sí, formaban el último contingente extranjero "oficial" que libraría una batalla campal en suelo británico.

El polvorín de Eilean Donan

    El Keith pequeño se había dado perfecta cuen de que entre los Jacobitas había dos bandos, pero es que, además, el que se suponía que era "su" bando estaba también partido. Los Keith querían darle marcha al asunto y ponerse de inmediato a la tarea, Tullibardine y algunos otros remoloneaban e incluso jugaban con la idea de coger los barcos y marchar de vuelta a Galicia, que se come mucho mejor y también hay gaitas. Y eso incluso antes de enterarse de que la armada principal había sido cancelada vía tormenta. Que vamos, que nos quedamos, que vamos a esperar un poco, que se nos pasa el arroz... entre discusiones y dudas se iban pasando los días y, ante semejante tesitura, el Earl decidió quemar las naves. A ver, no literalmente, que eran prestadas, las mandó de vuelta a España, pero a los efectos era lo mismo. Antes de marcharse, las dos fragatas trasladaron a toda la comitiva a las orillas del Loch Alsh, en concreto a la islita de Eilean Donan, donde se ubica el castillo del mismo nombre que, ya entonces, estaba bastante hecho polvo, sin techumbres y tal. El día 30 de abril zarparon las dos fragatas de vuelta y, ahora sí, ya no quedaba otra que batirse...

    Durante la segunda quincena de abril, varios de los secuaces escoceses del contingente se dedicaron a moverse por las Highlands para recabar el segurísimo apoyo de los indomables clanes escoceses. Yatusabe, por las pinículas y tal, que aquello era una mezcla de Esparta y Vietnam. Los tíos iban en faldita porque no había manera de acomodar sus gónadas y, claro, mejor que aquello fuera al aire. En cuanto los jefes de los clanes supieran que el Earl, por indicación de Ormonde y éste del legítimo Rey James, estaba preparando lo que estaba preparando, una ola de terror se desbordaría por Inglaterra.

    Esto... a ver cómo os lo digo... que no. Que no. Que los líderes de los clanes dijeron que ya si eso, cuando llegara Ormonde, igual se levantaban, pero que, mientras tanto, a ver si el Earl se apañaba con cuatro locos y dos lisiados.

   
                                     Eilean Donan (de la Wiki)                             

Así que nos encontramos a don Nicolás de Castro 
con sus 306 cuates viendo todo este sindiós y asumiendo que eso de que iban a ser la fuerza de élite que diera sentido a una turba de escoceses feroces retomando las Highlands se había transformado en un "a ver cómo cohone salimos de aquí con las menores bajas posibles". De primeras dividió sus fuerzas y dejó una pequeña guarnición en Eilean Donan mientras que el grueso del contingente acampó algo más hacia el interior en la misma orilla del Loch en un sitio llamado Inverinate.

    A todo esto, como es lógico, los ingleses habían enviado una fuerza bastante respetable a la caza de los jacobitas y el día 10 de mayo los navíos HMS Worcester (50 cañones), HMS Enterprise (44) y HMS Flamborough (20) se plantaron frente al castillo, con la HMS Assistance y la HMS Dartmouth rondando por las cercanías. 

    Os ahorro los detalles: el jefe de la guarnición española se negó a rendirse, así que las tres fragatas cañonearon con todo durante dos horas el día 10 y casi toda la tarde del 11. Bolaño intentó echar una mano desde el campamento, pero le resultó imposible por la situación de la marea y los ingleses que no paraban de cañonear. Esa misma tarde los ingleses tomaron el castillo (bueno, al final sí que se rindieron), en el que  encontraron 343 barriles de pólvora y 52 de munición de mosquete. 39 de los 307 fueron hechos prisioneros y trasladados a Edimburgo, donde llegaron a finales de mayo. Como diría Agatha Christie, ya sólo quedaban 268.

    Los ingleses volvieron a meter  23 de los 343 barriles de pólvora confiscados en el castillo, que fue volado en dos espectáculos pirotécnicos distintos los días 12 y 13. Así que ahora ya sabéis quién voló el castillo de Eilean Donan con pólvora española: los de siempre... El castillo, sus restos, mejor dicho, no se volvieron a tocar hasta principios del s. XX. La pinta actual tiene menos de 100 años. El resto de la fuerza jacobita salió por piernas de Inverinate, no sin antes volar todo aquello que no se pudieran llevar. Según los ingleses, la voladura fue tan gorda que dejaron Inverinate reducido a escombros.

El privilegio de poder elegir, al menos, el lugar de tu derrota

    Una vez perdido el castillo, el cuasiser de Tugabardina se decidió por fin a hacer lo que debería haber intentado con todas sus fuerzas un mes antes, que era soliviantar y reclutar clanes locales. Por desgracia para él, las noticias de la cancelación de la expedición de Ormonde ya habían llegado a Escocia y, si antes era difícil convencerlos, ahora ya era directamente imposible. Supongamos que lloraría un rato por la leche derramada, pero ya poco se podía hacer más allá de buscar la mejor posición defensiva posible. 

    El día 23 de mayo los jacobitas, con nuestros ya menos de 300 cuates gallegos, marcharon hacia el interior y comenzaron a tomar posiciones en la zona de GlenShiel, un valle angosto que ofrecía al menos alguna posibilidad de defensa. En total, entre los Mckenzies, los McGregor (Rob Roy in person) y alguna otra familia de por ahí, no llegaron a 1000 los escoceses que se apuntaron y, además, según dejó escrito el Earl: "...incluso esos no parecían demasiado interesados en la campaña". Por cierto, puestos a que el clima esté en contra, esos primeros días de Junio de 1719 fueron excepcionalmente calurosos en Escocia. Tanto que, según una carta posterior de un obispo escocés que mantuvo contacto con Nicolás de Castro, el día 4, en una marcha hacia posiciones elevadas del Glen "Hacía calor incluso comparado con España" y "Uno de sus hombres más fuertes y sanos cayó sofocado y murió". Para no recobrarse, añade. Menuda fe tenía el obispo.

    A primeros de junio ya estaban todos en Glenshiel, casi coincidiendo con la partida de la fuerza terrestre inglesa desde Inverness que, comandada por el general Wightman, incluía unos 850 infantes, 120 dragones, 130 Highlanders y, mucho más importante, contaban con morteros ligeros.

   
                           El paso de los Españoles. (de la Wiki).                      

Toooootal, que el día 10 por la tarde se dio la batalla. Los jacobitas formaron con unos doscientos españoles en el centro y toda la retahíla de bípedos implumes escoceses variados en las alas. Os ahorraré los detalles; a las primeras de cambio y con tres o cuatro morterazos, los aborígenes pensaron que allí había cantidad de montaña para correr. Los ingleses habían concentrado primero la morterada en una de las alas, que cedió isofato. Rob Roy y sus Mcgregors no se sabe muy bien si intentaron echar una valerosa mano a William y sus McKenzies o, sencillamente, decidieron que ese era el mejor camino para salir corriendo, porque pasaron de largo y se perdieron en la montaña. En un par de horas estaba todo solucionado. ¿Todo? No, aún quedaba un pequeño contingente de gallegos resistiendo en el centro del valle, junto a la carretera. A última hora de la tarde y durante la noche, ante la perspectiva de ver huir hasta al apuntador, incluidos los profesionales escoceses comandados (en la huida, ni retirada fue) por Tugabardine, incluso don Nicolás y sus cuates fueron retirándose hacia un alto en el que aguantaron la noche y que hoy es conocido localmente como 
Bealach-na-Spainnteach o Paso de los Españoles. 

    A la vista de toda esta película, sobre todo la escasa predisposición para la lucha de los clanes, esa noche el Earl decidió que ya estaba todo visto para sentencia. Los pocos "clansmen" que quedaban recibieron permiso para largarse, y a los españoles se les pidió que se rindieran, lo que hicieron a primera hora de la mañana. En total hubo unas 100 bajas en la batalla, según el Earl. Los ingleses, sin embargo, afirman que tuvieron 21 muertos y 120 heridos solo ellos.

    Wightman no se cortó un pelo tras la batalla y, según dice en carta a su vuelta a Inverness el 30 de Junio: "He utilizado todos los medios posibles para infundir temor en aquellos que han estado más directamente involucrados en esta reciente rebelión antinatural, y según todas las fuentes fidedignas, estoy seguro de que los rebeldes están totalmente dispersos.". "Todos los medios posibles" incluyó quemar las casas de los relacionados con la revuelta, entre otras cosillas.

    En esa misma carta confirma que los 274 prisioneros españoles habían llegado en marcha escoltada a Inverness y que estaban listos para salir rumbo a Edimburgo el 27 (y de ahí a Plymouth, dice).
 

Cautiverio en Edimburgo

    Don Nicolás y sus cuates se habían rendido formalmente tras luchar y defender sus posiciones de forma más que respetable, así que los ingleses los trataron bien, dentro de lo que cabe. Como nos adelantó Wightman se trasladaron a pie primero a Inverness por la verita del Lago Ness,  y después a Edimburgo, donde se reunieron con los de Eilean Donan.

    Aunque parezca mentira, o no, uno de los principales obstáculos para atender bien a un contingente de prisioneros es el coste. Aquí todo el mundo anda canino y no estamos para malgastar en dar lujos a los prisioneros. La mayoría de los soldados quedan retenidos en el mismísimo castillo de Edimburgo, pero los oficiales tuvieron cierta libertad de movimiento por la ciudad bajo su palabra (por cierto, leyendo estos textos he caído en por qué la libertad condicional en inglés se conoce como "parole"; "palabra" en francés). También recibieron ayudas y préstamos de los aborígenes, que los veían con cierta simpatía por haber ayudado a la causa jacobita y porque , en general, mantuvieron un actitud de lo más digna y su "soberbia española" les impedía quejarse.

   A finales de Octubre se pudo alcanzar un acuerdo para su repatriación y los prisioneros embarcaron en Leith de vuelta a España. De lo que fue de ellos después de su vuelta y, concretamente, de Bolaño, poco se sabe. Más bien nada. 

    Los jacobitas siguieron a lo suyo más o menos hasta la batalla de Culloden en 1746, cerca de Inverness, tras la que la cosa jacobita ya se dio por muerta. Tugabardine fue hecho preso en Culloden y acabó muriendo en prisión poco después. Los dos hermanos Keith se movieron por Europa como pudieron y ambos llegaron a tener cargos de responsabilidad en la corte de Prusia a las órdenes de Federico el Grande. Ambos murieron allí, el Keith pequeño en la guerra de los siete años. Ormonde siguió viviendo y murió en el exilio, pero se le perdonó una vez muerto y está enterrado en la Abadía de Westminster junto a bípedos implumes de dispar prestigio (recuerden a Vernon)

    Finalmente, a Alberoni lo echaron a patadas con cierta displicencia de la corte de Felipe V, tuvo que andar escondiéndose y silbando el puente sobre el río Kwai hasta volver a Italia y vivir una larga y plácida vida allí.

    Y.... poco más o menos eso es todo lo que tengo que decir sobre Glenshiel y sus circunstancias.

Con Dios.

PS: notaréis que todas las fotos son de la Wiki. Espero poder remediarlo en breve.

Sarmiento y Toledo: del tapón del Darién al del Estrecho de Magallanes

    Venga, que nos saltamos la entrada rollista y nos vamos directos al turrón, pero no os acostumbréis.         Habíamos dejado a nuestro a...