martes, 19 de mayo de 2026

Connery, Patinkin y 300 gallegos

    Montoya, aparte de rimar con pilila, es un apellido español bien conocido fuera de nuestras fronteras, aunque allí no le pillan la rima. Puede que los dos Montoyas más famosos de la historia reciente hayan sido Juan Pablo Montoya, natural de Bogotá, e Íñigo Montoya, aborigen de un pueblo español en una zona más o menos montañosa y que no es Toledo. Sí, claro, me refiero al Íñigo Montoya de "La princesa prometida", que no sólo es uno de los dos grandísimos espadachines españoles (o así, luego veremos) del cine de los 80, sino que le ha dado nombre a un guíaburros para escribir corredos electrónicos: el Método Montoya que se basa en su más famosa frase en la pinícula, a la sazón:

"Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir"

    El tío no era de Toledo, según la novela era catalán de cerca de Montserrat (catalán.... Montoya...), pero podría ser de Burgos perfectamente. En trece palabras te saluda, se presenta, te cuenta la historia que centra su interés y te informa de lo que va a hacer a continuación.    

          Juan Sánchez Villalobos, de la Wiki         

    Como decía, Montoya salía en "La princesa prometida", piniculón de Rob Reiner de 1987, pero es que un año antes había aparecido otro espadachín español (o así) en la conocida, pero mucho pedor flim, "Los inmortales". En ella, el tito Sean da vida a un inmortal de origen egipcio, pero que se nos presenta en forma de caballero español del s. XVI. Su nombre completo es Juan Sánchez Villalobos Ramírez y nos dice que es responsable de armas de Carlos IyV. Ná menos. Como recordaréis, Ramírez se presenta en las Highlands para entrenar al pasmarote de Lambert, que hace de escocés del clan Mcleod. Bueno, en realidad hace de exmiembro del clan McLeod porque lo han expulsado del clan, que parece tener su base en un muy fotogénico castillo situado en la costa oeste de Escocia, el famosérrimo castillo de Eilean Donan.

    En la peli, el castillo luce tan precioso como ahora mismo, aunque ese estado es relativamente reciente. No es un decorado, pero casi. Antes de 1912 no era más que un montón de piedras y pocos muros en un estado ruinoso. Se reconstruyó entre 1912 y 1932, pero ¿qué lo llevó al estado de ruinas? Pues nada menos que un montón de barriles de pólvora española. ¿¡Comor!? ¿Nos estás diciendo, gran Panoly, que los españoles, miserables, se allegaron hasta el norte de Escocia y les volaron el castillo a los McKenzie y a los McRae (que eran los verdaderos dueños del castillo, no los McLeod)? Pues no, no exactamente. La cosa es un poco más complicada, pero ya os adelanto que los que se cargaron el castillo fueron los de siempre...


Alberoni y los Jacobitas

    Utrecht, abril de 1713, se firma el tratado que pondría fin a la guerra de sucesión española, aunque entre flecos, anexos, dimes, diretes, ponte bien y estate quieta, la cosa no se pudo dar por definitiva (¡jas!) hasta 1715. Para esas fechas, un tal Giulio Alberoni ya llevaba un tiempo haciendo de las suyas por España, donde había llegado de la mano de Luis José de Borbón, primo lejano (como Balki y Larry) de Felipe V. Al lío, que lo nuestro tiene que apuntar hacia Escocia de alguna manera cuanto antes. El tal Alberoni, que no os he dicho que a esas alturas ya era cardenal, tuvo la genial idea de dar polculo importunar a los ingleses allá donde se pudiera que, aunque él era italiano, era cosa fácil en la que convencer a un español como el rey Felipe V. ¡Ah! no, espera... bueno, es igual que fuera español o francés, el caso es que lo convenció para montar una nueva empresa de Inglaterra e ir a invadirlos. 

    La excusa era fácil de encontrar: aprovechando una de las revueltas jacobitas que se producían cada poco en Escocia, don Giulio convenció al rey de apoyar a los jacobitas, que negaban la legitimidad de los reyes de Escocia que no fueran herederos de la línea de Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. La historia inglesa de esa época es un carajal de cohone, así que no nos vamos a meter. Como tampoco debió hacerlo el cardenal italiano ese...

    Por dar un mínimo de contexto: érase una vez un aristócrata irlandés de nombre James Butler, que acabaría siendo 2º Duque de Ormonde sucediendo a su abuelo, también llamado James Butler (por ahorrar en cartelitos se saltaron al padre del 2º e hijo del 1º, que se llamaba Thomas, yatusabe). Bueno, pues el Butler que nos interesa era anglicano, sorprendentemente, y lo fue toda su vida, pero era un rancio Tory y, cuando el parlamento inglés defenestró a Jacobo IIyVII (de Inglaterra y Escocia respectivamente) en medio de una revolución de los protestantes contra un rey católico, James Butler (a partir de aquí simplemente Ormonde) empezó a mirar con ojitos a los jacobitas, que defendían la ilegitimidad de la nueva línea dinástica. ¿Por qué lo hizo? Pues porque la reina María II y su marido Guillermo III favorecían a los Whigs frente a los Tories. Nos quedamos con esto: un duque irlandés cabreao con la nueva línea dinástica inglesa y deseoso de apoyar a los Estuardo.

    Nos volvemos a finales de 1718. Ormonde entra de incógnito en España por los Pirineos y se dirige hacia Madrid; el 17 de diciembre llega a Alcalá de Henares y, desde allí, confirma su llegada por carta a Alberoni. 

         Imagen de la Wiki de la cabeza de Carlos XII de Suecia        
con el agujero del mosquetazo.
 
   Pero, queridos ninios, esta historia está quedando demasiado simple. Os había hurtado la existencia de una tercera pata en este banco pro-jacobita: el rey de Suecia, a la sazón Carlos XII, que también tenía intereses contra los ingleses. En los años anteriores a 1718, Carlos XII y Jorge I de Inglaterra andaban a la gresca por temas territoriales, comerciales y pollás típicas de reyes. La acción contra Inglaterra se había acordado con una aportación nada despreciable de hasta 10.000 soldados suecos, peeeeeeero justo cuando Ormonde estaba aposentando sus reales en Madrid, a Carlos XII de Suecia le pasaban otras cosas más intensas por la cabeza. En concreto, una bala de mosquete o similar que le atravesó el cráneo de oreja a oreja mientras estaba el hombre en las trincheras asediando la fortaleza de Fredriksten en su intento de invadir Noruega. No nos hemos metido mucho en el lado sueco de la historia porque al final no intervinieron, como veréis, pero sí interesa decir que es posible, incluso probable, que el mosquetazo que acabó con la vida (ah, sí, no os lo había dicho: murió en el acto) de Carlos XII partiera de sus propias filas. Al poco del real óbito, el principal consejero de Carlos XII y defensor de la participación de Suecia en el temita que nos ocupa, el barón Görtz, fue detenido, juzgado y decapitado en cuestión de semanas. Y hasta aquí el paréntesis sueco. Volvemos con lo nuestro, que ya están tardando en aparecer los 300 gallegos. Ah, sólo una cosa más, la sombra del espionaje inglés en la muerte del rey y el barón larga es.

    A finales de enero de 1719, tanto Alberoni como Ormonde conocen la muerte de Carlos XII y tienen la seguridad de que Suecia no va a participar en la empresa. Tras un breve periodo de dudas, deciden seguir adelante de todos modos, lo que nos lleva a...


La gran expedición projacobita


   Ya sin la participación sueca, la expedición principal iba a ser liderada por Ormonde y salió desde Cádiz (ojo, sin Ormonde, que estaba en La Coruña y se uniría desde allí) el 7 de marzo. No está muy clara la exacta composición de la flota, hay informes contradictorios de la inteligencia francesa e inglesa (sí, los ingleses tenían bastante información de lo  que se les venía encima), pero la cosa era más o menos así:

  • 5.000 soldados (4.000 de infantería y 1.000 de caballería)
  • 300 caballos
  • 10 cañones de campaña
  • 1.000 barriles de pólvora
  • 15.000 mosquetes 

    Todo ello embarcado en unas 40 naves de transporte escoltadas por 7 u 8 barcos de guerra.

    ¿Qué nos falta? Gran empresa, respetable flota, destino Inglaterra... exacto, nos falta la gran tormenta. Dicho y hecho; en la madrugada del 29 de marzo de 1719, a unas 50 leguas (unas 150 millas nauticas, o 275 km) al oeste de Finisterre se dieron de bruces con tremenda tormenta que duró tres días. La flota se dispersó, algunos barcos fueron completamente desarbolados, buena parte de la carga, incluidos los cuadrúpedos, fue arrojada por la borda, y el desastre fue tan completo que los barcos se volvieron como pudieron a distintos puertos de Galicia, Portugal y Cádiz, y la expedición tuvo que ser cancelada. Fin de la historia, ¿no? Pues no. No, no, no, no...

Aquí vamos a poner un pequeño paréntesis. La fuente principal de este artículo es "The Jacobite attempt of 1719", de la Scottish History Society (1895), que recoge la correspondencia entre Ormonde y Alberoni, así como algunas otras cosillas relacionadas con el asunto, recopiladas por un tal William Kirk Dickson. Adicionalmente, he buscado información en la siempre útil Historia de la Armada de Cesáreo Fernández Duro y, obviamente, en artículos y revistas varios, de los que he encontrado muchos más de lo esperado, por cierto. El problema es que la relación difiere, y mucho, entre fuentes. Según algunas, se da por hecho que la flota salió completa y cargada desde Cádiz y se enfrentó a la tormenta en Finisterre. Según otras, salió de Cádiz y pasó por Vigo, La Coruña, Santander y Pasajes, antes de la tormenta. Fernández Duro dice que el Jefe de Escuadra, D. Baltasar de Guevara, salió con parte de la flota desde Cádiz y luego se le fueron uniendo naves, soldados y armas para los rebeldes. Sea como fuere, todas las versiones coinciden en que la tormenta les pilló en Finisterre. Parece claro que alguna escala hicieron y embarcaron personal y provisiones. Lo que sí es seguro es que Ormonde no llegó a embarcar y en sus cartas del mes de marzo tanto a Alberoni como a su rey, se iba poniendo cada vez más nervioso ante la ausencia de noticias sobre la llegada de la flota. Ormonde se movió por España más que los baules de la Piquer, cosa que sabemos por el origen de cada una de sus cartas (208 en total). Estuvo en La Coruña hasta el 30 de abril, aunque fue informado del desastre el día 9, cuando cinco barcos llegaron a La Coruña hechos polvo.


La pequeña expedición projacobita

    Hasta ahora hemos hablado de una nada despreciable operación con destino Inglaterra. Creo que podríamos decir que la tormenta la detuvo... por fortuna, porque los ingleses tenían pleno conocimiento de lo que se estaba cocinando a pesar de los intentos de ocultarlo. De haber llegado a Inglaterra, el resultado seguramente habría sido manifiestamente mejorable. O no, vete tú a saber... Pero  el caso es que la flota de Guevara, con o sin Ormonde, no iba a ser la única. No, qué va, en la otra punta de España se estaba organizando otra expedición, mucho más pequeña, más quirúrgica, más selecta.

    Y, precisamente, esa es la que nos ocupa, aquí siempre hemos sido admiradores de lo quirúrgico.

    Nicolás de Castro y Bolaño era un militar de rancio abolengo que, no se sabe muy bien por qué, es citado como Pedro de Castro en la mayoría de la documentación que hay del temita, entre otros, nuestro libro base que ya os he mencionado. Para más lío, en algunos sitios aparece el regimiento como el "Don Pedro de Castro's regiment of foot"... comandado por Nicolás Bolaño. Un follón. Fuera Pedro o fuera Nicolás, el tío era un militar de prestigio, a la sazón Tcol. o Col., tampoco se sabe muy bien, al mando del Regimiento Galicia. Es muy probable que de ese regimiento fueran la mayor parte de las tropas embarcadas en la flota de Guevara, pero no todo el regimiento se fue con Guevara... un selecto grupo de 288 infantes (doce de cada una de las 24 compañías), a los que se sumaban el propio de Castro, 6 capitanes, 6 tenientes y 6 alféreces, más algunos auxiliares tipo tambores y tal, hasta sumar 307 paisanos, formaron una expedición "B" que tenía dos misiones principales: servir de distracción a la expedición principal y soliviantar a los montarazes "highlanders" de los clanes escoceses que iban a apoyarlos masivamente. 

   
      El castillo de Dunnottar, sede de los Keith,         
 poco antes de los hechos (de la Wiki).

De Castro era el líder del contingente español, pero no de la expedición en su conjunto. Esa función recaía, por consejo de Ormonde, en George Keith, un jovenzuelo de unos 25 años que a la sazón era Earl Marischal (título nobiliario creado ex profeso para el clan Keith, que tenía como base uno de los castillos más espectaculares de Escocia, en el s.XII). Aparte de este Keith y de Ormonde hay otros dos anglos que tenemos que tener en mente: el hermano del Earl, James (que acabaría dando más vueltas que un trompo, ya os comentaré) y el Marqués de Tullibardine, lugar ahora famoso por su destilería. No digo más.

   El Earlde Castro, y los 306 cuates restantes se concentraron en Pasajes por ser éste un puerto más discreto y en el que poder pasar medio desapercibidos, y de allí partieron en dos fragatas el 8 de marzo, casi a la vez que el contingente principal desde Cádiz. 

    Por cierto, recordaréis quién era de Pasajes, ¿no? Igual andaba por allí de permiso entre batalla y batalla antes de tirar para América y se cruzó con De Castro en el txoko o algo, quién sabe...

    El Keith pequeño no salió con su hermano desde Pasajes, sino que se recorrió media Francia, pasó por París, le vieron todos los espías al servicio de Inglaterra, le dio tiempo (era joven, pero nada tonto) a darse cuen de que entre los Jacobitas había facciones y que aquello podía acabar como el rosario de la Aurora...

    Él y Tullibardine llegaron a Escocia, en concreto a la Isla de Lewis en las Hébridas Exteriores, el 4 de abril. Allí se encontraron las dos fragatas españolas fondeadas frente a Stornoway con los gallegos aún a bordo. Keith Pequeño se fue rápidamente a ver al Earl para advertirle de lo que había percibido en París. Aun así, Earl decidió desembarcar en las Highlands tan pronto como fuera posible, con la intención de marchar hacia Inverness dando tiempo a que llegara Ormonde que, como Vds. saben pero ellos no, en esos días estaba justo enterándose del desastre de la flota y asumiendo que no habría expedición.

    Y aquí, queridos ninios, nos encontramos a los 307 a tomar polculo relativamente lejos de sus casas, con unos cuantos escoceses exaltados por mandos y, pronto veremos, con los ingleses al acecho. ¿Qué podría salir mal? Pues todo, claro. Todo. Eso sí, formaban el último contingente extranjero "oficial" que libraría una batalla campal en suelo británico.

El polvorín de Eilean Donan

    El Keith pequeño se había dado perfecta cuen de que entre los Jacobitas había dos bandos, pero es que, además, el que se suponía que era "su" bando estaba también partido. Los Keith querían darle marcha al asunto y ponerse de inmediato a la tarea, Tullibardine y algunos otros remoloneaban e incluso jugaban con la idea de coger los barcos y marchar de vuelta a Galicia, que se come mucho mejor y también hay gaitas. Y eso incluso antes de enterarse de que la armada principal había sido cancelada vía tormenta. Que vamos, que nos quedamos, que vamos a esperar un poco, que se nos pasa el arroz... entre discusiones y dudas se iban pasando los días y, ante semejante tesitura, el Earl decidió quemar las naves. A ver, no literalmente, que eran prestadas, las mandó de vuelta a España, pero a los efectos era lo mismo. Antes de marcharse, las dos fragatas trasladaron a toda la comitiva a las orillas del Loch Alsh, en concreto a la islita de Eilean Donan, donde se ubica el castillo del mismo nombre que, ya entonces, estaba bastante hecho polvo, sin techumbres y tal. El día 30 de abril zarparon las dos fragatas de vuelta y, ahora sí, ya no quedaba otra que batirse...

    Durante la segunda quincena de abril, varios de los secuaces escoceses del contingente se dedicaron a moverse por las Highlands para recabar el segurísimo apoyo de los indomables clanes escoceses. Yatusabe, por las pinículas y tal, que aquello era una mezcla de Esparta y Vietnam. Los tíos iban en faldita porque no había manera de acomodar sus gónadas y, claro, mejor que aquello fuera al aire. En cuanto los jefes de los clanes supieran que el Earl, por indicación de Ormonde y éste del legítimo Rey James, estaba preparando lo que estaba preparando, una ola de terror se desbordaría por Inglaterra.

    Esto... a ver cómo os lo digo... que no. Que no. Que los líderes de los clanes dijeron que ya si eso, cuando llegara Ormonde, igual se levantaban, pero que, mientras tanto, a ver si el Earl se apañaba con cuatro locos y dos lisiados.

   
                                     Eilean Donan (de la Wiki)                             

Así que nos encontramos a don Nicolás de Castro 
con sus 306 cuates viendo todo este sindiós y asumiendo que eso de que iban a ser la fuerza de élite que diera sentido a una turba de escoceses feroces retomando las Highlands se había transformado en un "a ver cómo cohone salimos de aquí con las menores bajas posibles". De primeras dividió sus fuerzas y dejó una pequeña guarnición en Eilean Donan mientras que el grueso del contingente acampó algo más hacia el interior en la misma orilla del Loch en un sitio llamado Inverinate.

    A todo esto, como es lógico, los ingleses habían enviado una fuerza bastante respetable a la caza de los jacobitas y el día 10 de mayo los navíos HMS Worcester (50 cañones), HMS Enterprise (44) y HMS Flamborough (20) se plantaron frente al castillo, con la HMS Assistance y la HMS Dartmouth rondando por las cercanías. 

    Os ahorro los detalles: el jefe de la guarnición española se negó a rendirse, así que las tres fragatas cañonearon con todo durante dos horas el día 10 y casi toda la tarde del 11. Bolaño intentó echar una mano desde el campamento, pero le resultó imposible por la situación de la marea y los ingleses que no paraban de cañonear. Esa misma tarde los ingleses tomaron el castillo (bueno, al final sí que se rindieron), en el que  encontraron 343 barriles de pólvora y 52 de munición de mosquete. 39 de los 307 fueron hechos prisioneros y trasladados a Edimburgo, donde llegaron a finales de mayo. Como diría Agatha Christie, ya sólo quedaban 268.

    Los ingleses volvieron a meter  23 de los 343 barriles de pólvora confiscados en el castillo, que fue volado en dos espectáculos pirotécnicos distintos los días 12 y 13. Así que ahora ya sabéis quién voló el castillo de Eilean Donan con pólvora española: los de siempre... El castillo, sus restos, mejor dicho, no se volvieron a tocar hasta principios del s. XX. La pinta actual tiene menos de 100 años. El resto de la fuerza jacobita salió por piernas de Inverinate, no sin antes volar todo aquello que no se pudieran llevar. Según los ingleses, la voladura fue tan gorda que dejaron Inverinate reducido a escombros.

El privilegio de poder elegir, al menos, el lugar de tu derrota

    Una vez perdido el castillo, el cuasiser de Tugabardina se decidió por fin a hacer lo que debería haber intentado con todas sus fuerzas un mes antes, que era soliviantar y reclutar clanes locales. Por desgracia para él, las noticias de la cancelación de la expedición de Ormonde ya habían llegado a Escocia y, si antes era difícil convencerlos, ahora ya era directamente imposible. Supongamos que lloraría un rato por la leche derramada, pero ya poco se podía hacer más allá de buscar la mejor posición defensiva posible. 

    El día 23 de mayo los jacobitas, con nuestros ya menos de 300 cuates gallegos, marcharon hacia el interior y comenzaron a tomar posiciones en la zona de GlenShiel, un valle angosto que ofrecía al menos alguna posibilidad de defensa. En total, entre los Mckenzies, los McGregor (Rob Roy in person) y alguna otra familia de por ahí, no llegaron a 1000 los escoceses que se apuntaron y, además, según dejó escrito el Earl: "...incluso esos no parecían demasiado interesados en la campaña". Por cierto, puestos a que el clima esté en contra, esos primeros días de Junio de 1719 fueron excepcionalmente calurosos en Escocia. Tanto que, según una carta posterior de un obispo escocés que mantuvo contacto con Nicolás de Castro, el día 4, en una marcha hacia posiciones elevadas del Glen "Hacía calor incluso comparado con España" y "Uno de sus hombres más fuertes y sanos cayó sofocado y murió". Para no recobrarse, añade. Menuda fe tenía el obispo.

    A primeros de junio ya estaban todos en Glenshiel, casi coincidiendo con la partida de la fuerza terrestre inglesa desde Inverness que, comandada por el general Wightman, incluía unos 850 infantes, 120 dragones, 130 Highlanders y, mucho más importante, contaban con morteros ligeros.

   
                           El paso de los Españoles. (de la Wiki).                      

Toooootal, que el día 10 por la tarde se dio la batalla. Los jacobitas formaron con unos doscientos españoles en el centro y toda la retahíla de bípedos implumes escoceses variados en las alas. Os ahorraré los detalles; a las primeras de cambio y con tres o cuatro morterazos, los aborígenes pensaron que allí había cantidad de montaña para correr. Los ingleses habían concentrado primero la morterada en una de las alas, que cedió isofato. Rob Roy y sus Mcgregors no se sabe muy bien si intentaron echar una valerosa mano a William y sus McKenzies o, sencillamente, decidieron que ese era el mejor camino para salir corriendo, porque pasaron de largo y se perdieron en la montaña. En un par de horas estaba todo solucionado. ¿Todo? No, aún quedaba un pequeño contingente de gallegos resistiendo en el centro del valle, junto a la carretera. A última hora de la tarde y durante la noche, ante la perspectiva de ver huir hasta al apuntador, incluidos los profesionales escoceses comandados (en la huida, ni retirada fue) por Tugabardine, incluso don Nicolás y sus cuates fueron retirándose hacia un alto en el que aguantaron la noche y que hoy es conocido localmente como 
Bealach-na-Spainnteach o Paso de los Españoles. 

    A la vista de toda esta película, sobre todo la escasa predisposición para la lucha de los clanes, esa noche el Earl decidió que ya estaba todo visto para sentencia. Los pocos "clansmen" que quedaban recibieron permiso para largarse, y a los españoles se les pidió que se rindieran, lo que hicieron a primera hora de la mañana. En total hubo unas 100 bajas en la batalla, según el Earl. Los ingleses, sin embargo, afirman que tuvieron 21 muertos y 120 heridos solo ellos.

    Wightman no se cortó un pelo tras la batalla y, según dice en carta a su vuelta a Inverness el 30 de Junio: "He utilizado todos los medios posibles para infundir temor en aquellos que han estado más directamente involucrados en esta reciente rebelión antinatural, y según todas las fuentes fidedignas, estoy seguro de que los rebeldes están totalmente dispersos.". "Todos los medios posibles" incluyó quemar las casas de los relacionados con la revuelta, entre otras cosillas.

    En esa misma carta confirma que los 274 prisioneros españoles habían llegado en marcha escoltada a Inverness y que estaban listos para salir rumbo a Edimburgo el 27 (y de ahí a Plymouth, dice).
 

Cautiverio en Edimburgo

    Don Nicolás y sus cuates se habían rendido formalmente tras luchar y defender sus posiciones de forma más que respetable, así que los ingleses los trataron bien, dentro de lo que cabe. Como nos adelantó Wightman se trasladaron a pie primero a Inverness por la verita del Lago Ness,  y después a Edimburgo, donde se reunieron con los de Eilean Donan.

    Aunque parezca mentira, o no, uno de los principales obstáculos para atender bien a un contingente de prisioneros es el coste. Aquí todo el mundo anda canino y no estamos para malgastar en dar lujos a los prisioneros. La mayoría de los soldados quedan retenidos en el mismísimo castillo de Edimburgo, pero los oficiales tuvieron cierta libertad de movimiento por la ciudad bajo su palabra (por cierto, leyendo estos textos he caído en por qué la libertad condicional en inglés se conoce como "parole"; "palabra" en francés). También recibieron ayudas y préstamos de los aborígenes, que los veían con cierta simpatía por haber ayudado a la causa jacobita y porque , en general, mantuvieron un actitud de lo más digna y su "soberbia española" les impedía quejarse.

   A finales de Octubre se pudo alcanzar un acuerdo para su repatriación y los prisioneros embarcaron en Leith de vuelta a España. De lo que fue de ellos después de su vuelta y, concretamente, de Bolaño, poco se sabe. Más bien nada. 

    Los jacobitas siguieron a lo suyo más o menos hasta la batalla de Culloden en 1746, cerca de Inverness, tras la que la cosa jacobita ya se dio por muerta. Tugabardine fue hecho preso en Culloden y acabó muriendo en prisión poco después. Los dos hermanos Keith se movieron por Europa como pudieron y ambos llegaron a tener cargos de responsabilidad en la corte de Prusia a las órdenes de Federico el Grande. Ambos murieron allí, el Keith pequeño en la guerra de los siete años. Ormonde siguió viviendo y murió en el exilio, pero se le perdonó una vez muerto y está enterrado en la Abadía de Westminster junto a bípedos implumes de dispar prestigio (recuerden a Vernon)

    Finalmente, a Alberoni lo echaron a patadas con cierta displicencia de la corte de Felipe V, tuvo que andar escondiéndose y silbando el puente sobre el río Kwai hasta volver a Italia y vivir una larga y plácida vida allí.

    Y.... poco más o menos eso es todo lo que tengo que decir sobre Glenshiel y sus circunstancias.

Con Dios.

PS: notaréis que todas las fotos son de la Wiki. Espero poder remediarlo en breve.

viernes, 16 de abril de 2021

Salomón sin la reina de Saba: Mendaña y Sarmiento en Guadalcanal

Dicen que fue Orson Welles, antes de venirse a España a ver corridas, el que dijo aquello de que los tres mejores directores de la historia del cine habían sido, por este orden, "John Ford, John Ford y John Ford". No le quitaremos la razón a don Orson. El genio de Maine se ve muchas veces asociado a paisajes semidesérticos como el Monument Valley, aunque rodó joyas ambientadas en Irlanda e incluso en la Polinesia. Lo que no suele ser tan conocido (bueno, no nos engañemos, sí que es conocido) es que Ford colaboró muy activamente en el esfuerzo de guerra norteamericano en la Segunda Guerra Mundial rodando documentales para mejorar la higiene sexual de los soldados (sip, en 1942) o filmando él mismo, con su mecanismo y en primerísima persona, la batalla de Midway y el desembarco de Normandía, entre otras acciones de guerra. 

Sip, John Forn in person dirigió esto. (capturado de Youtube)
La batalla de Midway tuvo lugar justo 6 meses después de Pearl Harbor y fue la primera gran victoria norteamericana en el Pacífico. Otros dos meses más tarde se produjo la primera ofensiva terrestre de los yankees en una remota isla al suroeste del Pacífico con un sonorísimo nombre: Guadalcanal.

Los más avezados lectores de profundosoconfusos ya se habrán ido maliciando que ese nombre muy aborigen de la zona no suena. Japonés...como que no, yankee no es, ni tampoco inglés, holandés, o de cualquier otro de los países cuyas armadas pasaron en alguna ocasión por la zona, bien es cierto que décadas o incluso siglos después de que... sí, lo habéis adivinado, unas cuantas docenas de hispanos metidos en dos barcos se fueran a buscar la Terra Firme que deducían debía existir por allí. Esa Terra Firme no la encontraron, pero la expedición de Álvaro de Mendaña se hartó de encontrar islas en los mares del sur.

Y, claro, alguien decidió ponerle el nombre de su pueblo a alguna de esas islas que acababan de situar en el mapa  allá por los 60s del siglo XVI. Por ejemplo, el de Guadalcanal, provincia de Sevilla.

Como en este blog somos muy fans de quienes nos dan el trabajo hecho, vamos a entrar en el temita siguiendo básicamente dos escritos: la relación que el propio Mendaña hizo llegar al rey Felipe II y la de Hernando Gallego, natural de La Coruña y piloto de la expedición, que quedaron recogidos con el pomposo (pero en el formato habitual) nombre de:


Relación cierta y verdadera de la navegación de las Islas del Poniente en la Mar del Sur


Antes de empezar he de confesar que, como viene siendo tristemente habitual, no he encontrado la versión original de la relación de Gallego, sino una traducción al inglés recogida en un libro impreso en Londres en 1901 por la Hakluyt Society, pero encontrado en una biblioteca de Berkeley.

En fin, al lío.

En 1567 (o 1566, luego explico por qué la duda), hacía sólo 45 años que Elcano había vuelto de su sailabout, 40 que la había palmado durante la expedición de Loaisa, en la que pasó el testigo a Andrés de Urdaneta y sólo 1 (o 2) que el propio Urdaneta había completado el Tornaviaje. También hacía sólo unos 30 años que se habían fundado Lima y Callao, pero en aquella época los españoles no se andaban con tonteridas y se dieron una priesa sorprendente en cubrir lo más que pudieron la inmensidad del Pacífico. 

Pues ya que don Lope era de Ponferrada,
vamos a poner una foto de las Médulas
Lope García de Castro, natural de Villanueva de Valdueza (Ponferrada) era a la sazón el séptimo Gobernador del Virreinato del Perú y recibió la orden del rey Felipe de mandar expediciones para buscar las islas y Tierra firme que se sabía existía al suroeste del Pacífico. Don Lope encargó tal empresa a su sobrino (Mendaña) a pesar de haber tenido otros tres voluntarios, siendo uno de ellos don Pedro Sarmiento de Gamboa, que tendrá su entrada propia por estos lares más pronto que tarde, y los otros don Pedro de Ahedo y Diego Maldonado, que incluso financiaban el asunto. El caso es que al final el mochuelo le cayó al sobrino de veintidós añitos, aunque Sarmiento recibió el premio de consolación de ser nombrado capitán de la capitana, valga la rebuznancia. Los temas de personal son shungos siempre, pero a la hora de programar una expedición al quinto pino son de una importancia capital y... digamos que el ponferradino la cagó defecó. Pero bien cagada defecada, vamos. 

Pero no nos adelantemos; el miércoles 19 de Noviembre de 1567 (aunque Gallego anota 1566, no sabía ni en qué año vivía, el tío, pero vamos, que no hay duda que es 1567 por muchas otras referencias) partían del Callao a bordo del Los Reyes y el Todos los Santos los siguientes:
  • Álvaro de Mendaña, general de la expedición
  • Pedro Ortega Valencia, maese de campo
  • Fernando Enríquez, Alférez General
  • Pedro Sarmiento de Gamboa, capitán de la Capitana
  • Hernán Gallego, piloto mayor
  • Otros tres pilotos
  • 4 frays franciscanos. Ninguna expedición sin sus frays.
  • 157 bípedos implumes entre marineros, soldados y esclavos (Gallego dice 100, pero he visto 157 en otras fuentes y visto lo visto con el chaval... seguro que eran 157)

No nos cuentan demasiadas cosas de lo que sucedió durante la travesía del Pacífico, salvo que el 30 de Noviembre chocaron contra una ballena (que ya hay que tener mala suerte, con lo grande que es el Pacífico) y estuvieron a punto de irse a pique. Tanto Mendaña como Gallego pasan casi de puntillas por un hecho fundamental en la expedición, y es que a mediados de diciembre abandonan la latitud que habían llevado en toda la travesía hacia el oeste (entre 15,5º y 16ºS) y Gallego dice que ÉL decide navegar algo más al norte, mientras que Mendaña afirma que fue idea suya pasar a 6ºS. Lo que los dos callan es que Sarmiento era de la opinión contraria y sugirió ir aún más al sur, a los 23ºS. De hecho Sarmiento había propuesto su expedición al Gobernador con unas intenciones bastante precisas de navegar por esa latitud. De haber hecho caso a Sarmiento, la cosa hubiera sido muy, muy distinta. Pero que muy.

Antes os he engañado miserablemente ya que no sólo vamos a seguir dos relaciones del viaje, sino TRES porque, por supuesto, Pedro Sarmiento también escribió la suya. De relaciones no iremos cortos, no... Pues bien, en su relación don Pedro dejaba caer que el Gobernador le había dado a él la última palabra sobre los derroteros de la travesía, pero que el dúo Mendaña-Gallego pasaron de él desde el primer minuto. Lo que parece sospechoso es que Sarmiento tuviera esa certidumbre de la latitud en la que navegar... 

En cualquier caso lo que queda claro es que en la expedición ya se habían formado al menos dos bandos: Mendaña + Gallego iban a lo suyo e ignoraban, cuando no despreciaban, a Sarmiento. Además, tiene pinta de que Gallego tampoco es que fuera muy disciplinado frente a su jefe y en varias ocasiones hizo lo que le vino en gana, generalmente tendente a no meterse en líos y hacer la expedición lo más corta posible. En fin, que como siempre decimos, aquí todo el mundo va a lo suyo. Menos yo, que voy a lo mío.

El 15 de enero de 1568 tocan su primera isla (es un decir, porque la vieron pero pasaron de largo sin desembarcar. Entre otras cosas porque Gallego se hizo el sueco y cuando quiso contestar ya se habían pasado. Les dio tiempo a ver que estaba habitada por aborígenes "mulatos") a la que llaman Isla de Jesús (un atolón en la actual Tuvalu). Un par de semanas después se encuentran con otro atolón, probablemente el actual Ongtong Java, que es nada menos que uno de los atolones más grandes del mundo, y que ellos llaman La Candelaria.

De momento nos hemos cruzado ese pedazo de Océano Pacífico para ver dos atolones y de lejos... pero las cosas cambiarían de inmediato.

El día 7 de Febrero de 1568 por fin se avista una isla comilfó, una isla ligeramente más pequeña que Mallorca, pero sin turistas alemanes (al menos entonces). Le pusieron Santa Ysabel de la Estrella y hoy sigue llamándose Santa Isabel, parte de ya de las Salomón. Aquí Gallego se tira un rollo de autobombo sobre como él solito se atrevió a buscar por donde cruzar el arrecife que les separaba de la costa que... no me resisto a poneros un extracto:

"Mandé recado a Juan Enríquez, que estaba en el bote, de que debía acercarse a la costa y buscar un lugar para anclar los barcos pero, viendo tantos arrecifes, volvió al barco. Cuando vi que no lo iba a hacer, yo mismo me subí al bote para ir a buscar un fondeadero, pero los que estaban en el barco vieron mi determinación y no me querían dejar ir. Ante esto, el general mandó órdenes a Juan Enríquez de que debía volver a buscar fondeadero. Yo dije que lo haría yo mismo con los barcos porque todo eso era una pérdida de tiempo..."


Fondeando, que es gerundio.
Por cierto, el nombre de Santa Ysabel de la Estrella le cayó a la isla porque en el rato que Gallego andaba chuleando de habilidad marinera se veía una estrella en el cielo a pleno día. Seguramente era Venus, no una estrella, pero Santa Ysabel de Venus quedaba pedor. Ah, otra cosa: Gallego anotó latitud "8 grados menos 10 minutos" en el fondeadero, así que debieron echar el ancla en una de estas dos ensenadas cerca de Bolitei.

Llamárase como se llamase, esa isla ya era una isla más que decente. Se tomó posesión della en nombre del Rey, plantaron una cruz y los frays dijeron misa. Hecho todo lo cual, ¡al lío! los expedicionarios se pusieron a explorar. La isla estaba habitada y hasta conocemos los nombres de algunos caudillos locales o Tauriquis: Biley Banharra, Salacai, Riquia, Havi... Mendaña y sus cuates poco más o menos que cumplieron con el decálogo del buen conquistador echando virutas: aparte de tomar posesión, poner la cruz, decir misa, establecer contacto con los aborígenes, mandar expediciones tierra adentro, etc. que son cosas de primer curso de "Ciencias de la Exploración", ellos se pusieron a construir un bergantín para moverse con más facilidad por esas costas, cosa que ya entra en el programa avanzado de los "Exploración y Conquista".

Mientras esperaban que el bergantín pudiera ponerse a flote, fueron enviando distintas avanzadillas por tierra y entablando contacto con los aborígenes. Gallego, por ejemplo,  dedujo con una perspicacia digna de encomio que los aborígenes le daban a pescado y a carne. En concreto a carne humana: 
"Un día llegaron a puerto catorce canoas armadas que se acercaron al lugar en que estábamos construyendo el bergantín mientras escuchábamos misa en la orilla; y el cacique principal de ellos, llamado un Taurique, envió una representación al general con un regalo, que era un cuarto de un muchacho con su brazo y mano y algunas raíces de benaus. Ante esto, el general ordenó que se retirara para que pudieran entender que no comíamos carne humana. Y ordenó que se enterrara ante ellos, ante lo que se avergonzaron mucho y agacharon la cabeza..."

No sé cómo pudo deducir lo de que comían carne humana...

De las escaramuzas de Sarmiento no hay fotos.
Ésta, de la wiki, es en el mismo sitio unos
375 años después.
En los 54 días que tardaron en construir el bergantín se sucedieron las expediciones y la participación en el Juego de Tronos con taparrabos que era aquella isla, con luchas y tiranteces entre el taurique Biley Banharra, el taurique Meta, el taurique Babalay y algunas otras tribus. A partir del 4 de abril, que fue cuando terminaron el barco, la cosa fue igual pero por mar. Costeando fueron encontrando tribus, caciques e islas, muchas islas: La Galera, Buenavista, Florida, San Dimas, Isla de Ramos (por llegar a ella el domingo de ídem), San Jorge, Isla de Flores... y, el 11 de Mayo de 1568 (pronto hará 453 años), Guadalcanal, nombrada así por el maestre de campo Pedro Ortega en honor a su pueblo en Sevilla, como ya sabemos. Aquí el taurique se llamaba Mano y al principio pareció amistoso y coleguita, pero en algún momento se le cruzaron los cables y se pasó por la piedra a nueve expedicionarios, así que Pedro Sarmiento (dice que) encabezó una expedición de castigo de nueve días por el interior en la que muchos amigos no creo que hiciera... literalmente:  "...los isleños fueron castigados y rechazados y los españoles recuperaron su prestigio, y los otros tuvieron gran temor."

Después de eso se quedaron unos 40 días en la isla, suficiente para comprobar que era una isla fértil, rica en jengibre, canela, clavo y alguna otra especia y adecuada para agricultura y ganadería. Como era de esperar (esto siempre es de esperar), aunque no se encontró oro algún aborigen listo convenció a parte de los expedicionarios de que allí no, pero un poco más allá había oro, perlas y, básicamente, lo que ellos quisieran que hubiera. Fuera por eso, por la hostilidad de algunas de las tribus locales, por la falta de pertrechos o por que la expedición nunca es que fuera demasiado profesional, nuestros barbudos con morrión fueron alejándose poco a poco de la misión encomendada, que era asentarse, colonizar y cristianar. Finalmente, hartos de descubrir islas, de escaramuzas, de cristianos heridos e indios muertos en represalia, en julio de 1568 se organizó una asamblea para decidir qué hacer... y decidieron volverse. Según Mendaña:

"... como no teníamos provisiones para continuar descubriendo nuevas tierras, reuní a la compañía, capitanes, soldados así como pilotos y marineros, y les pregunté a todos sin distinción qué era lo mejor que podíamos hacer, y si debíamos asentarnos allí o no. Fueron todos de la opinión de que debíamos volver y dar cuenta de lo que habíamos hecho, porque éramos muy pocos para asentarnos, y la mayoría estábamos enfermos; además estábamos escasos de munición, como plomo y yesca, y la mayoría de los cerrojos de los arcabuces estaban dañados y algunos habían reventado; que esta tierra era tan remota que los que allí se asentaran no podrían ser socorridos y que lo mejor para el servicio de su Majestad era volver y dar cuenta de lo hecho pero que, a pesar de eso, si les pedía que se quedaran, lo harían"

Así que el 11 de Agosto de 1568 iniciaron el viaje de vuelta. Mendaña dice que era de la opinión de tirar hacia el sur y luego este, directo a Chile, pero los pilotos le dijeron que, aunque él fuera patrón, ellos eran marineros y en este caso mandaban ellos (¿¡Cómo puedo ser tan ingenioso?!). En serio. Literalmente: "El hombre de tierra razona, el de mar navega" Piltrafilla, añado yo. Peeeeeeeero según Mendaña se hizo lo que él dijo y tiraron para el sur-sureste (o, mejor dicho, lo intentaron) durante casi un mes. A primeros de Septiembre los pilotos le volvieron a rogar cambiar de rumbo y Mendaña cedió. A partir de este punto Sarmiento casi no cuenta nada en su relación pero Gallego va dando todas las coordenadas diarias según subían hacia el norte, cruzaban el ecuador, tocaban las Islas Marshall (Musquillo)....

Dispuestos a seguir preparando el terreno para los yankees en la 2ªGM con casi 400 años de adelanto, el 2 y 3 de octubre hicieron aguada en la que llamaron isla de San Francisco, hoy isla de Wake que sería atacada por los japoneses casi a la vez que Pearl Harbor en 1941. El 7 de Octubre cruzaron el trópico de Cáncer y continuaron hacia el norte-noreste. Los pilotos sabían que tenían que tocar costa en lo que entonces se conocía como Cabo de Fortunas (actual Point Arenas en California, a unos 39ºN) y hacia allá que tiraron. Por cierto, seguro que estáis echando de menos algo... correcto, una peaso de tormenta que se encontraron el 17 de Octubre a unos 31ºN. La tormenta fue de tal calibre que en ambas naves decidieron cortar los palos mayores, perdieron botes y aparejos y además se perdieron de vista (durante 3 meses, nada menos). A partir de esos días comenzaron a pasarlas realmente canutas: escasísimos de agua y de comida, con la mayor parte de la tripulación hecha paté, con tormentas frecuentes... aún así aguantaron hasta el 20 de diciembre en que finalmente la Capitana vio  tierra, mucho más al sur de lo previsto, en la actual Baja California, probablemente en la actual Bahía de Sebastián Vizcaíno. Tanto el barco como los bípedos implumes que los ocupaban estaban, más que en situación manifiestamente mejorable, en un estado absolutamente lamentable, pero no les quedaba más remedio que seguir costeando como pudieron hasta que, por fin, alcanzaron un puerto en el que poder descansar: Santiago de Colima, actual Manzanillo. 

Cosas del destino, al día siguiente, el 24 de enero de 1569 apareció la Almiranta en el mismo puerto. Ambas tripulaciones estaban convencidas que la otra nave había naufragado en el tormentón, pero una vez juntas en Manzanillo se quedaron 40 días descansando para recuperar  a los enfermos. Habían tenido unas 40 bajas en los 5 meses que les costó cruzar de vuelta el Pacífico. Una vez recuperados siguieron bajando hasta Nicaragua, donde por fin pudieron reparar los barcos para el último tramo de la travesía hasta Callao, puerto en el que entraron tanto Mendaña como Gallego el 11 de Septiembre de 1569.

¿Y Pedro Sarmiento?¿No llegó con ellos? ¿Acaso la había diñado? Pues no, aún estaba vivo, pero no llegó al Callao con la expedición. Ni Gallego ni Mendaña hacen mención en su relación, pero Sarmiento en la suya dice él quería declarar y protestar ante el Rey para darle evidencia, se supone que de lo mal que se había gestionado todo el viaje, así que Mendaña lo apresó en Manzanillo para después dejarlo en el Realejo (Nicaragua). No sólo eso, tras apresarlo destruyó todos los documentos que don Pedro había generado, cartas náuticas incluidas. El hecho de que Mendaña lo dejara atrás y saliera por piernas puede hacer pensar que no las tenía todas consigo. La cosa es que en cuanto Sarmiento se enteró de que Lope García de Castro (recordad, tío de Mendaña) había dejado de ser Gobernador de Perú (ese mismo año, poco después de la llegada a Perú de lo que quedó de la expedición), volvió, fue escuchado y exonerado de cualquier culpa. No hay más preguntas, señoría.

Como cierre, vamos a poner el último párrafo de la relación de Sarmiento. Así, como diciendo...

"No pudieron obtener mucha información sobre el país porque ni tuvieron suficiente tiempo, ni el General quiso examinarlo ni tomar posesión de él. De esta relación se desprende que las buenas tierras para obtener oro se encuentran a mano izquierda hacia el sur, enfrente de Chile"

Como os dije, Sarmiento volverá a visitarnos pronto y le echaremos de nuevo cuenta a sus cuitas con Mendaña...

Hasta entonces, con Dios.




sábado, 30 de enero de 2021

Panolys en la Nueva Nueva España (VII): Nunca quise ir a LA

 

Bien, queridos ninios, cerremos el asunto de la Nueva Nueva España, que había quedado colgando y sin rematar y, además (no me lo credo ni yo), creo que tengo nuevo tema para una entrada de las formales. Veremos si se sustancia.


El famosérrimo y prescindible muelle de Santa Mónica

Nos habíamos quedado con ben sabor de boca en la última misión visitada, La purísima de Lompoc. Desde allí nos fuimos a -Insertar aquí barrio shungo de vuestra ciudad- con playa. Originalmente tenía alojamiento al lado del DolbyTheatre en Hollywood, pero me dejé convencer de cambiar a Santa Mónica. No es que Hollywood hubiera sido mucho mejor, la verdad es que ambos sitios me parecieron bastante poco atractivos… será porque se acababa el Panolyviaje, no sé. A lo que voy: que Santa Mónica muy mal, el muelle un truño, mucha gente malencarada y turista perdido, la playa aún pedor que cualquier playa de las costas de Somalia rodeado de señores de la guerra con hienas encadenadas de animal de compañía, el hotel carísimo y malo (un Marriott, ojo. Bueno, a ver, el hotel en sí no era malo, pero el trato fue tirando a pésimo). Aquí debe haberse asentado otra raza diferente, porque lo que había sido amabilidad y buenrollismo todo el viaje se transformó en bordería y refunfuñaje. Ya digo que, al contrario que Loquillo, nunca quise ir a LA, pero era un trago que había que pasar.


Er Mushasho en el Observatorio Griffith con una visibilidad manifiestamente mejorable de la ciudad

A los únicos sitios que nos movimos fue al observatorio Griffith (34.119038, -118.300485), a afotar el cartel de Hollywood desde un par de sitios  (34.126575, -118.326417, por ejemplo. Aquí me calzaron una multa de 62 USD por aparcar mirando pabajo en lugar de parriba). Obviamente Los Ángeles es una ciudad muy relacionable con el cine y hay mil sitios que recordar de alguna película. Pooooor ejemplo, me permito recordar el observatorio Griffith a través de Rebelde sin causa (claro) y para el cartelón de HOLLYWOOD vamos a ser algo más originales y recomendar Argo que, aparte de ser una película bastante apreciable, lo muestra hecho porvo y medio derruido como estaba en los '70. 


Aquí fue donde la multa

De allí nos fuimos al paseo de la fama en Hollywood Boulevard a ver las huellas, las estrellas, el glamour…. A ver cómo os explico… Esa zona tiene pinta de polígono industrial de las afueras, de esos que han puesto un megachino y un restaurante “Gran Muralla” o “Hong Kong City” con pagodas falsas de plástico, sólo que lleno de turistas mirando nosequé con admiración. De verdad, todo muy, pero que muy, cutre salchichero. Además, como buena meca del cine, no sólo es que sea cutre, es que parece un decorado, quicir, detrás no hay nada más que edificios feos, solares y aparcamientos. No esperaba gran cosa y me encontré menos aún. Eso tuvo su parte buena para la Famiglia, ya que el bajón fue tal que ni media protesta hice ante la alternativa de volver al hotel y pasar la tarde en la playa. Así que me hice foto en las huellas del gran Mario Moreno “Cantinflas”, comimos una guarrerida infame enfrente del teatro Chino TCL y nos largamos con viento fresco (es un decir, hacía un calor sahariano). La única sorpresa positiva fue que el parking fue barato.

Y aquí viene bien comentar la segunda gran contradicción de este gran país, después del papel higiénico finorris: las monedas. Hay básicamente dos cosas que siguen funcionando con monedas en los EEUU, aunque en ambos casos el pago con tarjeta está viniendo a solucionarles a estos paisanos su cabezonería: las lavanderías y los parquímetros. Sobre las monedas hay dos cosas de Aurora Boreal:

  • Las de uso y circulación común son básicamente 4: de 1, 5, 10 y 25 centavos. Hay también de 50 c y de 1 USD, pero esas no se ven. Eso quiere decir que por cima de unos 0,22 € no hay moneda, ya pasas al billete de 1 USD. A ver, almas de cántaro, con la afición que le tenéis a las monedas en parquímetros y lavanderías, en las que no es anormal tener que meter 3 o 4 dólares para lavar y otros 3 o 4 para secar  ¿no os parece, digamos, poco operativo tener que hacer eso con 4 monedas por dólar? Literalmente tienes que ir con un saquito. En las lavanderías vaya que vaya, suele haber máquinas de cambio, pero en los parquímetros te ves fotut. Ya digo que ahora hay muchos parquímetros que admiten tarjeta, lo que debe ser carísimo, porque siguen con la técnica de 1 parquímetro por coche.

  • Lo que es de juzgado de guardia es que la moneda de 10 centavos se llama One Dime. Vale, perfecto, como nosotros le pusimos “rubia” a la peseta o “duro” a las 5 pesetas. Lo que ya no es normal es que en la moneda ponga “One Dime” y no 10 c. ¿Os imagináis una moneda de “cinco duros”? Y el turista despistao que arree… Si, a la primera ya lo has pillado, pero no deja de ser una estupidez.


La playuqui de Santa Mónica

El camino hacia Santa Mónica lo hicimos por Beverly Hills, recorriéndonos completo el Sunset Boulevard. Que sí, que muy pijo y molón y tal, pero ni paramos. Y eso que quería haber hecho una foto al hotel del a portada de “Hotel California” de los Eagles o, sencilamente otro en el cartel de la calle d¡que da nombre a la obra maestra que es "El crepúsculo de los Dioses" pero ni eso. Se me había ido quitando la ilusión a lo largo de la cutre mañana. Volvemos a la playa. Nos acercamos a la zona de la antigua Muscle beach, al lado del muelle de Santa Mónica que tanto nos había gustado la noche anterior. ¡Ah! Se me olvidó comentar que en el pugnetero muelle ese se supone que termina la ruta 66. La Famiglia se bañó y yo paseé y esperé la puesta de sol. No soy yo quien para juzgar playas porque todas me parecen un horror, pero ésta no debe ser de las buenas. A cambio, ofrece algunas posibilidades medio decentes de fotografiar puestas de sol.

Al día siguiente ya nos volvíamos, así que habíamos reservado la mañana para hacer bien el equipaje, las cuatro compras de rigor en un outlet...he de decir que en eso la Famiglia se portó estupendamente, cayeron sólo un par de Levi’s y otro par de camisetas. De hecho, como ya os dije, er mushasho había descubierto en San Luis Obispo el Ross (dress for less) y fuimos a uno en LA. Se compró dos camisetas de ultrasaldo de nosequé marca carísima de moda entre los surferos o patinadores o algo.

De ahí al aeropuerto y para casita.

Y, más o menos, eso es todo lo que puedo decir sobre la Nueva Nueva España sin enrollarme demasiado. Si, ya sé, es un final un poco anticlimático pero es que, de verdad, Los Ángeles me pareció un horror. Seguro que si vas a lo que vas y le dedicas tiempo tiene que ser una ciudad interesante, pero hay que tener mucha predisposición... especialmente después de todo lo bien que había salido lo anterior.



Panolyviajómetro: 8/10 (como referencia: Islandia 8,5/10, Croacia 5,5/10). Los dos últimos días en Los Ángeles privaron a la ruta por la Nueva Nueva España de, como poco, empatar con Islandia a la cabeza del Panolyviajómetro.



Con Dios