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martes, 4 de agosto de 2020

Panolys en la Nueva Nueva España (VI): de Frisco a LA


 NOTAS: Uno de los motivos por los que estoy tardando más de la cuenta en actualizar el relato es que blogger ha cambiado de interfaz y en el nuevo hay ciertas cosas que no están bien resueltas, como la ubicación de las fotos . Como veréis, no he conseguido más que dejarlas en medio como pasmarotes. Da un aspecto horrible, pero no consigo arreglarlo de momento (NOTA POSTERIOR: Parcialmente arreglado). El segundo motivo es que ha coincidido la rabia antiestatuas justo ahora, justo con la entrada en que hablaba de ella. Me estuve pensando si dedicarle una buena parte del relato, pero no creo que pueda hacer justicia, así que va a ser que no. Lo mencionaremos, en cualquier caso.



El poderoso Eclipse bajando por Lombard


...y tocaba madrugón porque era sábado y quería llegar a un determinado sitio antes de que se colapsaran los aparcamientos y no dejaran entrar. Este fue uno de los días que más renuncias tuve que hacer al programar: ni parada en Palo Alto/Stanford, ni en Mountain View (Cupertino=kk), ni en Laguna Seca, ni en 17 mile drive… al final decidí(mos) algo menos clásico: ir directos a Point Lobos. La ventaja de salir tan temprano es que me pegué el capricho de bajar en coche por Lombard, parar el coche en medio de la calle, bajarme y hacerle una foto al poderoso Eclipse sin molestar a nadie. Cumplimos objetivo y llegamos a eso de las 0900 a las inmediaciones del parque estatal, tan en hora que nos concedimos un desayuno formal. En un Starbucks, no os vayáis a pensar. De ahí directos a Point Lobos (36.518786, -121.949781), que ya tenía bastante afluencia, pero aún dejaban entrar sin problemas. Justo ese cabo estaba cubierto por nubes bajas, así que la visita no fue tan bonita como esperaba, pero el parque parece muy interesante. Recorrimos varias de las calas tranquilamente viendo pajarracos, focas, leones marinos y nada de sol. Con él debe ser espectacular.

Er Mushasho contemplando las evoluciones natatorias
de una foca (que sale en la foto) en Point Lobos


A continuación fuimos a una de las paradas obligatorias del viaje: la misión de San Carlos Borromeo de Carmelo (36.543342, -121.919531) en Carmel by the Sea, el pueblo del que Clint fue cherif, quicir, alcalde. Pequeña y relativa decepción, da la impresión de haber sido construida ayer para albergar un outlet modenno. Menos mal que al día siguiente vimos por fin una misión como es debido. 

Tal y como estaba el cielo y viendo que Monterey parecía soleado, metimos una de las variantes previstas: retroceder a comer en Cannery Row (36.614242, -121.898954). Cannery row es una zona de restaurantes y algún hotel junto a la costa en la parte sur de la bahía de Monterrey, casi al comienzo de la visitadísima 17-mile drive, que nosotros nos saltamos ya por cierto hastío. Así dicho parece chic y tal; de hecho tiene muy buen aspecto y mucha animación, pero si caes en la cuen de que estás paseando por antiguas plantas de enlatado de sardinas… mola menos. El caso es que está muy animado, hacía muy bueno y nos reconfortó el ánimo el fish&chips que nos tomamos mirando la playa. Lo que no me gustó tanto fue comprobar que, en algún momento, existió una marca de sardinas en lata llamada Portola (no Portolá, claro). Toma ya, les fundas todas las ciudades importantes del estado (en concreto y específicamente Monterrey, justo en la que estamos), se lo mapeas, les trazas los caminos y lo abres al mundo… y te dedican una lata de sardinas. Ya hablaremos del nefastísimo trabajo que ha hecho España y lo que se está permitiendo que según quienes digan de SU propio pasado. Lo dejo por ahora, que me enciendo (por si alguien quiere saber del ilerdense Portolá, aquí la entrada que tuvo en su momento
)

Bien, nada más comer partimos hacia el sur por la carretera de la costa (Cabrillo Hwy, en honor al primer europedo que oficialmente pisó California en 1542: Juan Rodríguez Cabrillo, aunque yo creo que es posible que fuera Alarcón un par de años antes en un arabesco colateral de la expedición de Coronado, pero no me voy a enrollar), atravesando el Big Sur con paradas obligadas pero a pie de carretera en el Puente Bixby (36.372490, -121.902900) y la cala McWay (36.158916, -121.670468). En el puente Bixby fue en el único sitio en el que nos encontramos gente, digamos, no amable. Varios lugareños mostraron a gritos desde su coche que no tenían demasiada simpatía por los turistas que ralentizaban la circulación. Algo de “Tourists Lock off!” gritaban. Bueno, igual no era Lock. 


La cala Mcway con su cascadita.
Es más idílica en foto que al natural, pero mola igualmente

A partir de ahí la carretera se descurviza un tanto y ya enfilamos hacia Cambria, donde hacíamos noche, previa última parada a ver los elefantes marinos del Elephant Seal Vista Point (35.662982, -121.257140) en la que puede ser considerada casi una parada AnlTVECI, S. Tienen una historia curiosa los elefantes estos: los miles que hay ahora a lo largo de la costa Pacífica de las Californias derivan de 15 o 20 ejemplares que quedaron vivos en algún islote perdido después de que los cazaran como si no hubiera mañana por sus grasotas. Hay una frase de la wiki que no me resisto a copiar: 


“They were thought to be extinct in 1884 until a remnant population of eight individuals was discovered on Guadalupe Island in 1892 by a Smithsonian expedition, who promptly killed seven of the eight for their collections” (En 1884 se pensaba que se habían extinguido, hasta que una una expedición del Smithsonian encontró una población residual de 8 ejemplares en la isla de Guadalupe en 1892. Inmediatamente mataron a 7 de los 8 para sus colecciones)"

 
Eso es una expedición ecologista y lo demás son tonterías. Afortunadamente no eran los 7 u 8 últimos... En fin, que llegamos a Cambria, que dio tiempo a un baño de la ninia y er mushasho en la piscina y nada más que contar de ese día. Bueno sí, que nos alojamos en el Cambria Pines Lodge, que resultó ser una especie de complejo hotelero que, aunque no le vendría ya mal una manita de pintura, era amplio, cómodo, con un personal (otra vez) de lo más amable y en el que, una vez más, el desayuno estaba incluido aunque nos habían dicho que no. Desayuno que fue opíparo y de lo más agradable al solecito en la terraza. Muy bien por el Pines Lodge.


Puesto que ayer era Sábado, hoy es Domingo, eso incluso en la Nueva Nueva España. Dado que por la zona había 3 misiones que quería visitar (y una cuarta que quité del programa por quedar un poco a trasmano) miré los horarios de misas y dejamos a la Santa atender el oficio en la misión de San Luis Obispo (35.280846, -120.665307) mientras yo me daba una vuelta con los ninios por el pueblo. Un pueblo de lo más “chic”, con toda la gente de “brunch”, todo muy pijo y tal… bueno, todo menos las paredes de un callejón que tienen literalmente cubiertas enteras de chicles pegaos. Asqueroso. Aparte de pasear por el pueblo teníamos como misión comprar víveres para comer en la siguiente parada AnlTVECI, S pero, a pesar de haber tanto chic en el downtown con el brunch en la morning del weekend… supermercados o tiendas de bocatas para llevar, ni una, lo que tendría funestas consecuencias, como veréis. Al menos, er mushasho descubrió aquí el ROSS dress for less y en LA tendría oportunidad de demostrar en otro establecimiento de la cadena que ha salido tan agarrao como su padre, que aún tiene la cara de Franco grabada en la palma de la mano de lo fuerte que agarró el primer duro que le dieron. La misión, por cierto, está plenamente integrada en el pueblo al que da nombre y en perfectísimo estado de revista. Por lo general el lugar transmite una sensación de lo más agradable, brunches aparte. Justo al lado de la misión hay un riachuelillo y varios locales con terraza que dan al mismo.

Misión de San Luis Obispo. Aquí no se ve la estatua de Fray Junípero, pero está.
O estaba, si no se la han cargado a estas alturas.


Bien entrada la fase de preparación del viaje había descubierto a escasos 25 km de San Luis Obispo un lugar más que propicio para la expansión de ninia, mushasho y adultos alike: nada menos que una playa en la que se entra con el coche, puedes alquilar buggies, quads y similares, cosa que no pensábamos hacer, pero al menos sí conducir por la arena, melena al viento, esquivando olas. Moreover, la playa practicable está adosada a un sistema de dunas protegidas que tenía muy buena pinta y, sabiendo como son los USeños, me imaginaba que no muy frecuentado dada su ubicación. Desgraciadamente, al no llevar bocatas preparados al final caímos en la tentación de comer en un garito al lado de la playa con un espléndido sol. Estaba muy lleno y tardamos algo más de lo previsto…. cuando salimos se había echado encima la niebla. La entrada a la playa  motorizable es por (35.105667, -120.630302), pero tras muchas horas de hinbestigación previa (en serio, lo miré y remiré), había determinado que el mejor sitio para aparcar y acercarse al parque de dunas era (35.094004, -120.616519)

Nos allegamos a la caseta que había en el acceso a la playa, desde donde se veían docenas de monstertrucks entrando y saliendo. La guarda me dijo que allá yo, que no estaba prohibido entrar, pero si me quedaba tirado no respondían. Miré a mi derecha y leí, isofato, la mente de la Santa: “Tú sabes con qué parte de tu anatomía vas a tirar del coche si empanzamos ¿verdad?”. Así que el poderoso Eclipse se quedó sin disfrutar en la arena de la Oceano Beach. Media vuelta y a las dunas. Echamos un rato largo de lo más agradable. Solos, solitos. Pena de niebla, porque el sitio mola mucho. Lo de pena de niebla es por las fotos, en vivo la mezcla de dunas, niebla y soledad daba un aspecto de lo más surreal onírico* que resultaba bastante atractivo. Un rato, al menos.

* Me requiere un lector a eliminar el inexistente palabro "surreal" de un texto como este, cuya brillantez raya con el virtuosismo. Para un lector que tengo que, además, tiene razón, le voy a hacer caso, aunque creo que el palabro definía mejor lo que allí había. Para mí, al menos. Pero vamos, que sea, que surreal fuera, onírico dentro.

¡Ese Panoly!


Esa noche ya acabábamos durmiendo en El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula, en adelante L.A. o, incluso, LA por economía de bytes, aunque me había dejado convencer en mala hora para elegir hotel en Santa Mónica. Error, pero ya llegaremos a ello. 

Decía que esa tarde teníamos bastantes millas por delante y aún una parada que me interesaba pero que en el programa estaba en categoría amarilla (Hay 4: negra, roja, amarilla y verde, ya pondré un pantallazo del excel). Otro error, debería haber sido categoría negra. Afortunadamente pillaba de camino y, aunque no hicimos esfuerzo por ello, llegamos antes de que cerraran. Se trata, ni más ni menos, de la única misión que nos transmitió, sobre todo a la famiglia, la sensación de lo que fueron, cómo lo fueron y por qué lo fueron. Ninios y Ninias, si queréis entender de un vistazo lo que supuso España en California y cuál fue el origen verdadero del estado más potente de los EEUU, con un PIB casi el triple que el de España, tenéis que visitar la Purísima de Lompoc. Da talmente la impresión que un día de 1821 los frays y los soldados españoles se piraron y todo está cómo quedó ese día. A ver, está completamente reconstruida, cuando se abandonó llegó a quedar en ruinas, pero lo han hecho con criterio y sentido. Creo que hay alguna otra misión en un estado parecido, pero más a trasmano, ésta es muy accesible. Aquí nos sorprendió la imagen que veis en la foto, que además contribuía a la sensación que os he dicho antes. La "Misión de la Purísima Concepción de María Santísima", que es el nombre completo de la Purísima de Lompoc, fue de las primeras misiones de la segunda etapa, una vez fallecido Fray Junípero y se fundó en 1787 (como es casi obvio por el nombre que le dieron, el día 8 de Diciembre, así que ésta misión también está relacionada con el milagro de Empel). 


Abrimos paréntesis. Os decía antes que es un poco descorazonador ver cómo se trata la historia de esta zona y su relación con España. Sé que el hombre es reo de su época y ahora estamos en una de progresismo(?) salvaje y, a mi juicio, agilipollado, pero, aún así, renegar de tu pasado y hacerlo quitando estatuas de ¡Fray Junípero! es de una menflez que raya con la deficiencia mental severa, pero por el lado de allá. Cierto es que a partir de 1810, con España en la guerra de Independencia contra Francia, las cosas en las misiones de la Alta California se complicaron bastante. Dejaron de llegar suministros e incluso las pagas de los soldados de los presidios que, en cierto modo, quedaron a la buena de Dios (nunca mejor dicho, ya que su sustento pasó a depender totalmente de las misiones). La situación se encadenó con un terremoto en 1812 y con el grito de Dolores y finalmente la independencia de México, lo que dio lugar a un larguísimo periodo de... digamos... descontrol. Esta situación se vio reflejada en el trato que, sobre todo los soldados, comenzaron a dar a los indios. En concreto en la Purísima de Lompoc llegaron a vivir unos 1000 indios Chumash. El día 21 de febrero de 1824, siendo ya México independiente y California parte de su territorio, se produjo una revuelta de los Chumash de las misiones de Santa Inés, Santa Bárbara y La Purísima. La chispa que la ocasionó fue la paliza que el cabo Valentín Cota (natural de Santa Bárbara, California) le metió a un indio vaya Vd. a saber por qué tontería. 

Bueno, no. En realidad sí que lo sabemos. Según nos cuenta el padre Antonio Ripoll (en realidad se lo cuenta a Fray Vicente Francisco de Sarría, a la sazón jefecillo de todos los Frays de la Alta California, pero mis espías paraguayos me han conseguido una copia de la carta), la cosa fue más o menos como sigue: Un indio de la Purísima se desplazó a Santa Inés para ver a un familiar que, parece ser, estaba en la trena. El Cabo Cota le dijo que ni hablar del peluquín y que se fuera por donde había venido. El indio, que no debía estar demasiado a la última de los acontecimientos, contestó: "¿Es que acaso el Rey prohíbe a los prisioneros que hablen con sus familias?" a lo que el cabo contestó "Aquí ya no hay más rey que el capitán" y comenzó la golpiza.

La revuelta duró poco y para finales de Junio las cosas volvían a estar más o menos como antes, tras el perdón a los sublevados por parte del Gobernador. De todas formas, a las misiones no les quedaba mucha vida y sólo 10 años después pasaron a manos privadas. Cerramos paréntesis.

Y ya lo que me termina por sacar de mis casillas es que los que protestan y piden que se borre del mapa a Junípero sean los blancos blanquérrimos de ascendencia anglo o europeda en general que se asentaron en California a partir de mediados del XIX fumigando previamente a todos los indígenas que, hasta entonces, había vivido (casi) tranquilamente con los Frays, que pasearían por los soportales de aquí al lado. Mucho mejor que si no hubieran llegado los Frays, añado (
https://www.wikiwand.com/en/California_Genocide). En serio, vivimos realidades paralelas. En fin, dejemos el temita y echemos el cierre al capítulo, que ya sólo nos queda el camino hasta lo de la Porciúncula y algunas recapitulaciones, seguramente fuera de lugar...

Con Dios.

 


domingo, 23 de septiembre de 2012

El orgullo de España humillado por el Almirante Vernon

Esa es la leyenda de la moneda o medalla que veis a la derecha. Tal vez una traducción más correcta en el fondo, que no en la forma,  sería algo así como "El almirante Vernon enseña humildad a la orgullosa España". Como en este caso la forma es más que importante, he preferido la versión que titula esta entrada. La moneda muestra a dos personajes ataviados con ropas del siglo XVIII, uno de ellos está arrodillado y entregando su bastón de mando al otro. Para que no nos equivoquemos, nos lo han identificado como "Don Blass", así que el que está de pie debe ser el tal Vernon. 


Para reforzar la ideíta, nos suministran otra medalla conmemorativa, en ella volvemos a ver al elegante Vernon, pero ya no hay ni rastro del harapiento Don Blass. Sin embargo, nos aporta algunos datos de sumo interés: una fecha y un lugar. Esta segunda moneda nos dice: "Admiral Vernon Vhinning the Town of Carthagana" y la fecha "1740:1" o sea "El almirante Vernon tomando la ciudad de Cartagena" en 1741. Para que no haya duda, de fondo vemos unos barquitos, edificios y palmeras que perfectamente pueden representar la ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, aunque en la fecha de la emisión de esta medalla pertenecía al Virreinato de Nueva Granada, corona Española. 


No quedan dudas pues, las dos (o una, no parece que sean el anverso y reverso de una misma moneda, pero todo podría ser) medallas se emitieron como conmemoración de la toma de Cartagena de Indias por un apuesto almirante llamado Vernon, al que suponemos británico, ante un andrajoso y desconocido Don Blass. Pero... ¡un momento! ¿Alguna vez estuvo Cartagena de Indias bajo dominio británico? Pues seguro que sí, no creo que de no ser así los muy serios británicos se hubieran atrevido a emitir esas monedas... ¿O si? 

Pues la respuesta correcta es que si y eso supone uno de los episodios más chuscos de la historia británica, episodio cuidadosamente borrado de sus libros de historia y que es muy útil para cachondearse un rato de algún inglés estirado de la city. Vamos con la historia de Badass Don Blass, Don Blas de Lezo

La guerra del asiento (1739-1748)


En 1741 España estaba en guerra, como casi siempre a lo largo de nuestra no corta historia. En esta ocasión el adversario era Inglaterra, un miembro destacado de la lista de enemigos habituales, lista de gran utilidad para tener siempre a mano alguien con quien guerrear. Además, siempre es más cómodo darse de palos con alguien conocido, de hecho cuando ningún miembro de la lista está disponible los españoles tendemos a pelear entre nosotros y eso interesa un poco menos. 

La guerra en la que en ese momento estábamos inmersos (bueno, en realidad una de ellas) responde en inglés al muy poco honorable nombre de "La guerra de la oreja de Jenkins". No es que en español el nombre gane mucho en marcialidad: "La guerra del Asiento" y era, como tantas otras guerras en la historia, una guerra de origen comercial. La guerra del Asiento se libró básicamente en aguas y costas del Caribe entre 1739 y 1748 y, como os podéis imaginar, supuso una lucha por el comercio desde y hacia los territorios españoles en América. Como casi todos nuestros males durante el siglo XVIII derivaba en parte del tratado de Utrecht, en el que aparte de conceder Gibraltar y Menorca a la corona Inglesa, también les concedimos el "Navío de permiso" y el monopolio sobre el "Asiento de Negros" (sic). Sí, en los Virreinatos españoles se vendían esclavos negros y sí, el monopolio de esa venta lo tuvieron naciones extranjeras durante bastante tiempo. Curiosamente, los británicos no dudaron en pedir (y usar, desde luego) ese privilegio en compensación por... bueno, no se sabe muy bien por qué. Esto también se lo podéis decir al inglés estirado de antes. A lo largo del primer tercio del siglo, la situación se fue enrareciendo ante lo que la Corona Española consideraba abuso y contrabando bajo capa de los privilegios concedidos en Utrecht, así que lo que tenía que pasar pasó: un guardacostas español llamado Fandiño desorejó a un presunto contrabandista, el tal Jenkins, y comenzó de nuevo el lío.

En 9 años de guerra seguro que pasaron cosas terribles y murió mucha gente, pero la importancia histórica de este episodio es casi nula, ya que al final de la misma se volvió al statu quo anterior y España no supo, no pudo o no quiso aprovechar su indudable victoria militar para sacar algo de provecho. Sin embargo, hay al menos dos detalles que recordar de esos nueve años:


  1. La toma de Puerto Bello, PortoBello o Portobelo, puerto ubicado en la actual Panamá y que fue conquistado por Vernon en 1739 (y recuperado por España tras el punto 2 de esta lista). Esta conquista fue muy aclamada en todo el imperio Británico, donde hay montones de lugares llamados Portobelo, por ejemplo la famosa Portobelo road, en Kensington, Londres. Así que por lo menos, el tener el control de Portobelo durante un par de años les sirvió a los ingleses para que su famosísimo (y más que decepcionante, diría yo) mercadillo no esté en Green's lane sino en la más sonora Portobello road.
  2. Mucho más importante y la razón de este artículo, el:

Sitio de Cartagena de Indias (1741)


El amigo Vernon era un veterano de la Marina Británica. Había iniciado su servicio curiosamente en la Guerra de Sucesión Española, pero en 1741 ya llevaba un tiempecito dando vueltas por el Caribe, conquistando Portobelo y tal. De hecho, ya había intentado someter Cartagena por dos veces en marzo y en mayo de 1740, ambas con el mismo resultado: negativo. El almirante se estaba mostrando cada vez más como un inepto de cierta categoría, pero ahí seguía, el tío. 

En 1741 decide que no hay dos sin tres y que de él no se ríen cuatro piojosos españoles, así que monta en Jamaica una flota de las de no te menees. En palabras del Instituto de Historia y Cultura Naval:
"Se despejó la primera incógnita el 15 de Marzo de 1741 al ver desde Cartagena la inmensa flota, que se acercaba en número de 135 velas, las 36 navios; las demás transportes, burlotes y bombardas. Todas fondearon en la ensenada de Canoas."
Vernon se presentó en Cartagena con tal flota, tripulada y ocupada por más de 15.000 marineros y unos 12.000 soldados de distinto tipo. Había preparado nada menos que la invasión anfibia más grande de la Historia hasta Normandía (1944). Una fruslería, teniendo en cuenta que enfrente tenía entre 3.000 y 4.000 hombres, incluyendo 600 arqueros indios, y seis (6) naves. Eso sí, las comandaba Blas "Badass" de Lezo.

Blas de Lezo de Olavarrieta había nacido en Pasajes a finales del siglo de oro y a la edad de 12 años ya estaba embarcado. Participó en distintas batallas de la guerra de sucesión y, como Don Juan, en todas partes dejó memoria amarga de sí. Lo malo es que Blas se lo tomó demasiado en serio y, aparte de dejar memoria, también iba dejando partes de su cuerpo: una pierna en Vélez-Málaga, un ojo en Tolón y un brazo en Barcelona, así que al final de la guerra, con solo 25 años, ya tenemos a Don Blas cojo, manco y tuerto, de hecho era conocido como el "Medio Hombre". Como carrera no está mal, pero no ha hecho más que empezar. Siguió sirviendo a su patria (cuyo nombre, por si alguno no se había dado cuenta, empieza por E, pero no contiene ninguna H ni K, a pesar de su lugar de nacimiento) en distintos lugares hasta que dio con sus huesos, con los que le quedaran, en Cartagena de Indias en 1737 como comandante general del Apostadero de Marina.

Y aquí estamos, a 15 de marzo de 1741 con Don Blas mirando con su único ojo la inmensa flota que Vernon había preparado y que se acercaba a Cartagena. Junto a él, el Virrey, D. Sebastián de Eslava.

"Ambos jefes prepararon la defensa empleando los recursos de que disponían, consistentes en 1.100 hombres de tropa regular, 300 milicianos, dos compañías de negros libres y 600 indios flecheros. Lezo situó sus navios en dos líneas, cubriendo la llamada Boca Chica del puerto, reforzó con marinería y artilleros los castillos, y tendió cadena que cerrara el acceso á los brulotes, utilizando la inacción y tiempo perdido por los enemigos en reconocimientos."

El día 20 de marzo comienza el jaleo, con dos barcos ingleses destruyendo las baterías de San Luis y San José y el desembarco de 8 regimientos. El día 4 de Abril, cuando Lezo y el Virrey estaban juntos decidiendo  la retirada hacia posiciones más interiores de las defensas, casi abandonando la segunda línea, ambos son heridos (a estas alturas herir a Lezo debía ser cada vez más difícil por no hallar donde) y entonces sucede algo que hoy nos permite la carcajada:

"Conseguido el segundo triunfo, despachó el almirante Vernon un bajel ligero para Londres, dando por segura la conquista y posesión del emporio de las Indias, nueva que causó en Inglaterra frenética alegría un tanto anticipada, en verdad."

Y tanto, en Inglaterra se apresuraron a emitir las monedas que abrían esta entrada, mientras en Cartagena...

"Del 12 al 20 de Abril dispararon sin interrupción y con efecto que les pareció suficiente para dar el asalto. Acometieron, pues, al amanecer este día, con 1.200 granaderos, al cerro y castillo dominante de San Lázaro, donde había 250 soldados de marina y de los regimientos de Aragón y de España, y tan serenos dispararon sus armas, que á las siete de la mañana huían los asaltantes abandonando escalas, fusiles y efectos, y dejando la quebrada por donde atacaron cubierta de muertos y heridos. Eslava aprovechó el momento con una salida de tropas que tomaron por la espalda á los ingleses, haciendo la jornada decisiva."

Cuenta la leyenda que uno de los motivos del fracaso de este asalto fue que Don Blas, sabiendo que los ingleses conocían bien la construcción de sus defensas, supuso que traerían escalas con la altura justa para el asalto, así que ordenó excavar una zanja junto a las murallas, haciendo el foso más profundo y convirtiendo a las escalas en inútiles. JUAS!!!

"...pero el 27 se notaron señales ciertas de la retirada: las bombardas se unieron á los navios; empezaron á reembarcar efectos, desalojaron los puntos ocupados, y sucesivamente fueron saliendo de la bahía sus naves, después de quemar las que se les inutilizaron, así como el navio Galicia, y de minar ó demoler los fuertes de que se habían apoderado. El 20 de Mayo desaparecieron del todo. Según los datos consignados en el diario del general Lezo, dispararon durante el sitio 6.068 bombas y más de 18.000 balas de cañón, y por los demás recogidos, perdieron por combate y enfermedades 9.000 hombres; tuvieron que incendiar seis navios y otros 17 quedaron con necesidad de grandes reparos para poder servir"

Así que volvamos la vista unos segundos a las monedas iniciales. El zarrapastroso español que se rinde es Don Blas de Lezo, aunque para no hacer de menos la "gran victoria de Vernon", le transplantaron el brazo,  la pierna y el ojo perdidos en el Mediterráneo. Los ingleses, tal vez porque sabían que les iba a dar por el orto, le añadieron la segunda ese al nombre, lo que me ha permitido a mi rebautizarle como Blas "Badass" de Lezo, que no solo no se rindió, sino que defendió la ciudad con éxito ante una fuerza increíblemente superior. Don Blas enfermó durante el asedio y murió en septiembre del 1741 en Cartagena. Suena ahora, por casualidad, el Adagio de Albinoni (que no es de Albinoni, pero esa es otra historia) en mi ordenador. Sea en su recuerdo.

Vernon siguió haciendo de las suyas, o sea, el ridículo, en el Caribe y acabó siendo expulsado de la Royal Navy en 1746. A pesar de ello descansa en Westminster.

Dejo para el final una nota algo, bastante, amarga. Una carta de Blas de Lezo relatando los hechos y lo que después se hizo, que fue nada.


"Excmo. Sr.: El diario adjunto que paso á manos de V. E. de lo acaecido en esta ciudad y sus fortificaciones, instruirá á V. E. de la realidad que ha mediado en los varios sucesos del tiempo en que los enemigos han intentado su invasión.Bien quisiera omitir lo prolijo de esta narración de que se ha formado este volumen, pero las circunstancias que han precedido de abandono y omisión en esta grave materia, no obstante las anticipadas órdenes de S. M. para el resguardo de esta plaza, y encargos con que me hallo para su consecución, me precisan á exponer, aun contra mi genio, que sólo los efectos de la Divina Providencia han sido causa para "lograr por entero que esta ciudad y comercio no experimentasen su total ruina, sin que causa humana en lo natural pudiese contrarrestar las fuerzas que vinieron, por el lamentable-estado en que se hallaba. Pues habiendo dado cumplimiento á lo que S. M. se dignó ordenarme por las Secretarías de Indias, Marina y Almirantazgo para que con la mayor parte de mis tripulaciones ayudase á la defensa de esta plaza y puerto, lo que practiqué con toda puntualidad, fue preciso concurrir, demás desto, con cañones, balas, pólvora, atacadores, granadas, metralla, cureñas, ruedas y ejes, porque, como no se había dado providencia alguna, se carecía de un todo.
Ni parece creíble que una ciudad amenazada del enemigo con anticipadas noticias del Rey para su resguardo, y mandado se hiciese un repuesto de víveres para seis meses, fuese tal la escasez de los positados, que precisase á D. Sebastián de Eslava á la forzosa valerse de los que tenía para las tripulaciones de mis navios, los que igualmente distribuí, así en la gente de marina, como en la tropa de tierra, porque, aunque le facilité en tiempo oportuno solicitase los necesarios á este importante fin, de las colonias francesas ó del reino de Santa Fe, no asintió á ello con el motivo de no tener caudales.
Con todos estos esfuerzos concurrí á la defensa de esta plaza y puerto, sosteniendo por espacio de diez y siete días el castillo de Bocachica y baterías que se hallaban en la misma infelicidad, trabajando en él y ellas, no como corresponde á general, sino como el último grumete de mis navios, para que el honor de las armas del Rey no padeciese el desdoro que le amenazaba. Y me persuado que si no hubiera tenido las órdenes de mantener una buena correspondencia con el expresado D. Sebastián de Eslava (y éste la misma para conmigo), hubiera, sin duda, con mis cuatro navios terminado la empresa de este formidable armamento de los ingleses en aquel sitio de Bocachica; pero desconfiando de mi inteligencia (aunque mi celo excede al que mas), me creí que un hombre de esta reputación no dispondría cosa que no fuese del mayor servicio del Rey.
Engáñeme en el concepto, porque la experiencia me ha enseñado lo contrario, y que nada hemos tenido que aprender de este General ni en la última expedición, ni en todo lo que ha ejecutado desde su llegada á este puerto.
He sabido por una copia de Diario que pude haber á mis manos, que D. Sebastián de Eslava ha forjado en nombre de D. Carlos de Enaut, ó para disculpar sus omisiones, ó para vestirse de mis trabajos, que no es nuevo en la emulación quererse atribuir por propios ajenos lucimientos, tan siniestro y falto de verdad como justifican los instrumentos que incluyo, reservando en mí los originales con otros, para hacer constar á V. E. que sólo mi Diario refiere los hechos como pasaron, y que el que se remitirá por D. Sebastián de Eslava en nombre del Ingeniero, lleva la nota de sobornado con la esperanza que le ha dado de sus adelantamientos, porque sólo ha tirado contra mi estimación y el Cuerpo de Marina, para obscurecer el desempeño con que se portó, llevando casi todo el peso en el combate, y porque no logre la gloria de que llegue á los reales oídos ser quien sostuvo los intentos enemigos en la entrada del puerto, ciudad y fuera de ella, como á todos es notorio.
Y por último, la ciudad se ha quedado en eí mismo estado que estaba el día 28 de Abril que se hizo el último fuego, sin haberse construido obra alguna para su defensa, pudiendo los enemigos á su voluntad entrar desde la boca hasta la bahía sin oposición alguna; y respecto de que en este puerto ya no me queda que hacer con oficiales, tropa y gente de mar de mis navios por haber reunido en sí D. Sebastián de Eslava todas mis facultades, haberse por esta razón separado el comercio de las que el Rey me dio para su dirección, como más largamente lo expongo al Sr. D. Joseph de la Quintana, suplico á V. E. se sirva hacerlo presente al Rey, para que su benignidad me permita poder pasar á la Europa, por cual quiera vía, en el caso de no haber navios de S. M. en que prontamente pueda conseguirlo este año de cuarenta y uno, para que por este medio mi estimación no padezca las vejaciones que experimenta y pueda conseguir ocuparme en España en lo que S. M. se dignase emplearme, esperando del favor de V. E. protegerá mi instancia que, como tan justa, espero de su justificación.
Dios guarde á V. E. muchos años como deseo. Cartagena de Indias, 30 de Mayo de 1741"—Excmo. Señor.—B. L. M. de V. E. su más seguro servidor, Blas de Lezo.—Excmo. Sr. Marqués de Villanas."



Sarmiento: Lio en Rio

                         Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1 , ...