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martes, 4 de agosto de 2020

Panolys en la Nueva Nueva España (VI): de Frisco a LA


 NOTAS: Uno de los motivos por los que estoy tardando más de la cuenta en actualizar el relato es que blogger ha cambiado de interfaz y en el nuevo hay ciertas cosas que no están bien resueltas, como la ubicación de las fotos . Como veréis, no he conseguido más que dejarlas en medio como pasmarotes. Da un aspecto horrible, pero no consigo arreglarlo de momento (NOTA POSTERIOR: Parcialmente arreglado). El segundo motivo es que ha coincidido la rabia antiestatuas justo ahora, justo con la entrada en que hablaba de ella. Me estuve pensando si dedicarle una buena parte del relato, pero no creo que pueda hacer justicia, así que va a ser que no. Lo mencionaremos, en cualquier caso.



El poderoso Eclipse bajando por Lombard


...y tocaba madrugón porque era sábado y quería llegar a un determinado sitio antes de que se colapsaran los aparcamientos y no dejaran entrar. Este fue uno de los días que más renuncias tuve que hacer al programar: ni parada en Palo Alto/Stanford, ni en Mountain View (Cupertino=kk), ni en Laguna Seca, ni en 17 mile drive… al final decidí(mos) algo menos clásico: ir directos a Point Lobos. La ventaja de salir tan temprano es que me pegué el capricho de bajar en coche por Lombard, parar el coche en medio de la calle, bajarme y hacerle una foto al poderoso Eclipse sin molestar a nadie. Cumplimos objetivo y llegamos a eso de las 0900 a las inmediaciones del parque estatal, tan en hora que nos concedimos un desayuno formal. En un Starbucks, no os vayáis a pensar. De ahí directos a Point Lobos (36.518786, -121.949781), que ya tenía bastante afluencia, pero aún dejaban entrar sin problemas. Justo ese cabo estaba cubierto por nubes bajas, así que la visita no fue tan bonita como esperaba, pero el parque parece muy interesante. Recorrimos varias de las calas tranquilamente viendo pajarracos, focas, leones marinos y nada de sol. Con él debe ser espectacular.

Er Mushasho contemplando las evoluciones natatorias
de una foca (que sale en la foto) en Point Lobos


A continuación fuimos a una de las paradas obligatorias del viaje: la misión de San Carlos Borromeo de Carmelo (36.543342, -121.919531) en Carmel by the Sea, el pueblo del que Clint fue cherif, quicir, alcalde. Pequeña y relativa decepción, da la impresión de haber sido construida ayer para albergar un outlet modenno. Menos mal que al día siguiente vimos por fin una misión como es debido. 

Tal y como estaba el cielo y viendo que Monterey parecía soleado, metimos una de las variantes previstas: retroceder a comer en Cannery Row (36.614242, -121.898954). Cannery row es una zona de restaurantes y algún hotel junto a la costa en la parte sur de la bahía de Monterrey, casi al comienzo de la visitadísima 17-mile drive, que nosotros nos saltamos ya por cierto hastío. Así dicho parece chic y tal; de hecho tiene muy buen aspecto y mucha animación, pero si caes en la cuen de que estás paseando por antiguas plantas de enlatado de sardinas… mola menos. El caso es que está muy animado, hacía muy bueno y nos reconfortó el ánimo el fish&chips que nos tomamos mirando la playa. Lo que no me gustó tanto fue comprobar que, en algún momento, existió una marca de sardinas en lata llamada Portola (no Portolá, claro). Toma ya, les fundas todas las ciudades importantes del estado (en concreto y específicamente Monterrey, justo en la que estamos), se lo mapeas, les trazas los caminos y lo abres al mundo… y te dedican una lata de sardinas. Ya hablaremos del nefastísimo trabajo que ha hecho España y lo que se está permitiendo que según quienes digan de SU propio pasado. Lo dejo por ahora, que me enciendo (por si alguien quiere saber del ilerdense Portolá, aquí la entrada que tuvo en su momento
)

Bien, nada más comer partimos hacia el sur por la carretera de la costa (Cabrillo Hwy, en honor al primer europedo que oficialmente pisó California en 1542: Juan Rodríguez Cabrillo, aunque yo creo que es posible que fuera Alarcón un par de años antes en un arabesco colateral de la expedición de Coronado, pero no me voy a enrollar), atravesando el Big Sur con paradas obligadas pero a pie de carretera en el Puente Bixby (36.372490, -121.902900) y la cala McWay (36.158916, -121.670468). En el puente Bixby fue en el único sitio en el que nos encontramos gente, digamos, no amable. Varios lugareños mostraron a gritos desde su coche que no tenían demasiada simpatía por los turistas que ralentizaban la circulación. Algo de “Tourists Lock off!” gritaban. Bueno, igual no era Lock. 


La cala Mcway con su cascadita.
Es más idílica en foto que al natural, pero mola igualmente

A partir de ahí la carretera se descurviza un tanto y ya enfilamos hacia Cambria, donde hacíamos noche, previa última parada a ver los elefantes marinos del Elephant Seal Vista Point (35.662982, -121.257140) en la que puede ser considerada casi una parada AnlTVECI, S. Tienen una historia curiosa los elefantes estos: los miles que hay ahora a lo largo de la costa Pacífica de las Californias derivan de 15 o 20 ejemplares que quedaron vivos en algún islote perdido después de que los cazaran como si no hubiera mañana por sus grasotas. Hay una frase de la wiki que no me resisto a copiar: 


“They were thought to be extinct in 1884 until a remnant population of eight individuals was discovered on Guadalupe Island in 1892 by a Smithsonian expedition, who promptly killed seven of the eight for their collections” (En 1884 se pensaba que se habían extinguido, hasta que una una expedición del Smithsonian encontró una población residual de 8 ejemplares en la isla de Guadalupe en 1892. Inmediatamente mataron a 7 de los 8 para sus colecciones)"

 
Eso es una expedición ecologista y lo demás son tonterías. Afortunadamente no eran los 7 u 8 últimos... En fin, que llegamos a Cambria, que dio tiempo a un baño de la ninia y er mushasho en la piscina y nada más que contar de ese día. Bueno sí, que nos alojamos en el Cambria Pines Lodge, que resultó ser una especie de complejo hotelero que, aunque no le vendría ya mal una manita de pintura, era amplio, cómodo, con un personal (otra vez) de lo más amable y en el que, una vez más, el desayuno estaba incluido aunque nos habían dicho que no. Desayuno que fue opíparo y de lo más agradable al solecito en la terraza. Muy bien por el Pines Lodge.


Puesto que ayer era Sábado, hoy es Domingo, eso incluso en la Nueva Nueva España. Dado que por la zona había 3 misiones que quería visitar (y una cuarta que quité del programa por quedar un poco a trasmano) miré los horarios de misas y dejamos a la Santa atender el oficio en la misión de San Luis Obispo (35.280846, -120.665307) mientras yo me daba una vuelta con los ninios por el pueblo. Un pueblo de lo más “chic”, con toda la gente de “brunch”, todo muy pijo y tal… bueno, todo menos las paredes de un callejón que tienen literalmente cubiertas enteras de chicles pegaos. Asqueroso. Aparte de pasear por el pueblo teníamos como misión comprar víveres para comer en la siguiente parada AnlTVECI, S pero, a pesar de haber tanto chic en el downtown con el brunch en la morning del weekend… supermercados o tiendas de bocatas para llevar, ni una, lo que tendría funestas consecuencias, como veréis. Al menos, er mushasho descubrió aquí el ROSS dress for less y en LA tendría oportunidad de demostrar en otro establecimiento de la cadena que ha salido tan agarrao como su padre, que aún tiene la cara de Franco grabada en la palma de la mano de lo fuerte que agarró el primer duro que le dieron. La misión, por cierto, está plenamente integrada en el pueblo al que da nombre y en perfectísimo estado de revista. Por lo general el lugar transmite una sensación de lo más agradable, brunches aparte. Justo al lado de la misión hay un riachuelillo y varios locales con terraza que dan al mismo.

Misión de San Luis Obispo. Aquí no se ve la estatua de Fray Junípero, pero está.
O estaba, si no se la han cargado a estas alturas.


Bien entrada la fase de preparación del viaje había descubierto a escasos 25 km de San Luis Obispo un lugar más que propicio para la expansión de ninia, mushasho y adultos alike: nada menos que una playa en la que se entra con el coche, puedes alquilar buggies, quads y similares, cosa que no pensábamos hacer, pero al menos sí conducir por la arena, melena al viento, esquivando olas. Moreover, la playa practicable está adosada a un sistema de dunas protegidas que tenía muy buena pinta y, sabiendo como son los USeños, me imaginaba que no muy frecuentado dada su ubicación. Desgraciadamente, al no llevar bocatas preparados al final caímos en la tentación de comer en un garito al lado de la playa con un espléndido sol. Estaba muy lleno y tardamos algo más de lo previsto…. cuando salimos se había echado encima la niebla. La entrada a la playa  motorizable es por (35.105667, -120.630302), pero tras muchas horas de hinbestigación previa (en serio, lo miré y remiré), había determinado que el mejor sitio para aparcar y acercarse al parque de dunas era (35.094004, -120.616519). 

Nos allegamos a la caseta que había en el acceso a la playa, desde donde se veían docenas de monstertrucks entrando y saliendo. La guarda me dijo que allá yo, que no estaba prohibido entrar, pero si me quedaba tirado no respondían. Miré a mi derecha y leí, isofato, la mente de la Santa: “Tú sabes con qué parte de tu anatomía vas a tirar del coche si empanzamos ¿verdad?”. Así que el poderoso Eclipse se quedó sin disfrutar en la arena de la Oceano Beach. Media vuelta y a las dunas. Echamos un rato largo de lo más agradable. Solos, solitos. Pena de niebla, porque el sitio mola mucho. Lo de pena de niebla es por las fotos, en vivo la mezcla de dunas, niebla y soledad daba un aspecto de lo más surreal onírico* que resultaba bastante atractivo. Un rato, al menos.

* Me requiere un lector a eliminar el inexistente palabro "surreal" de un texto como este, cuya brillantez raya con el virtuosismo. Para un lector que tengo que, además, tiene razón, le voy a hacer caso, aunque creo que el palabro definía mejor lo que allí había. Para mí, al menos. Pero vamos, que sea, que surreal fuera, onírico dentro.

¡Ese Panoly!


Esa noche ya acabábamos durmiendo en El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula, en adelante L.A. o, incluso, LA por economía de bytes, aunque me había dejado convencer en mala hora para elegir hotel en Santa Mónica. Error, pero ya llegaremos a ello. 

Decía que esa tarde teníamos bastantes millas por delante y aún una parada que me interesaba pero que en el programa estaba en categoría amarilla (Hay 4: negra, roja, amarilla y verde, ya pondré un pantallazo del excel). Otro error, debería haber sido categoría negra. Afortunadamente pillaba de camino y, aunque no hicimos esfuerzo por ello, llegamos antes de que cerraran. Se trata, ni más ni menos, de la única misión que nos transmitió, sobre todo a la famiglia, la sensación de lo que fueron, cómo lo fueron y por qué lo fueron. Ninios y Ninias, si queréis entender de un vistazo lo que supuso España en California y cuál fue el origen verdadero del estado más potente de los EEUU, con un PIB casi el triple que el de España, tenéis que visitar la Purísima de Lompoc. Da talmente la impresión que un día de 1821 los frays y los soldados españoles se piraron y todo está cómo quedó ese día. A ver, está completamente reconstruida, cuando se abandonó llegó a quedar en ruinas, pero lo han hecho con criterio y sentido. Creo que hay alguna otra misión en un estado parecido, pero más a trasmano, ésta es muy accesible. Aquí nos sorprendió la imagen que veis en la foto, que además contribuía a la sensación que os he dicho antes. La "Misión de la Purísima Concepción de María Santísima", que es el nombre completo de la Purísima de Lompoc, fue de las primeras misiones de la segunda etapa, una vez fallecido Fray Junípero y se fundó en 1787 (como es casi obvio por el nombre que le dieron, el día 8 de Diciembre, así que ésta misión también está relacionada con el milagro de Empel). 


Abrimos paréntesis. Os decía antes que es un poco descorazonador ver cómo se trata la historia de esta zona y su relación con España. Sé que el hombre es reo de su época y ahora estamos en una de progresismo(?) salvaje y, a mi juicio, agilipollado, pero, aún así, renegar de tu pasado y hacerlo quitando estatuas de ¡Fray Junípero! es de una menflez que raya con la deficiencia mental severa, pero por el lado de allá. Cierto es que a partir de 1810, con España en la guerra de Independencia contra Francia, las cosas en las misiones de la Alta California se complicaron bastante. Dejaron de llegar suministros e incluso las pagas de los soldados de los presidios que, en cierto modo, quedaron a la buena de Dios (nunca mejor dicho, ya que su sustento pasó a depender totalmente de las misiones). La situación se encadenó con un terremoto en 1812 y con el grito de Dolores y finalmente la independencia de México, lo que dio lugar a un larguísimo periodo de... digamos... descontrol. Esta situación se vio reflejada en el trato que, sobre todo los soldados, comenzaron a dar a los indios. En concreto en la Purísima de Lompoc llegaron a vivir unos 1000 indios Chumash. El día 21 de febrero de 1824, siendo ya México independiente y California parte de su territorio, se produjo una revuelta de los Chumash de las misiones de Santa Inés, Santa Bárbara y La Purísima. La chispa que la ocasionó fue la paliza que el cabo Valentín Cota (natural de Santa Bárbara, California) le metió a un indio vaya Vd. a saber por qué tontería. 

Bueno, no. En realidad sí que lo sabemos. Según nos cuenta el padre Antonio Ripoll (en realidad se lo cuenta a Fray Vicente Francisco de Sarría, a la sazón jefecillo de todos los Frays de la Alta California, pero mis espías paraguayos me han conseguido una copia de la carta), la cosa fue más o menos como sigue: Un indio de la Purísima se desplazó a Santa Inés para ver a un familiar que, parece ser, estaba en la trena. El Cabo Cota le dijo que ni hablar del peluquín y que se fuera por donde había venido. El indio, que no debía estar demasiado a la última de los acontecimientos, contestó: "¿Es que acaso el Rey prohíbe a los prisioneros que hablen con sus familias?" a lo que el cabo contestó "Aquí ya no hay más rey que el capitán" y comenzó la golpiza.

La revuelta duró poco y para finales de Junio las cosas volvían a estar más o menos como antes, tras el perdón a los sublevados por parte del Gobernador. De todas formas, a las misiones no les quedaba mucha vida y sólo 10 años después pasaron a manos privadas. Cerramos paréntesis.

Y ya lo que me termina por sacar de mis casillas es que los que protestan y piden que se borre del mapa a Junípero sean los blancos blanquérrimos de ascendencia anglo o europeda en general que se asentaron en California a partir de mediados del XIX fumigando previamente a todos los indígenas que, hasta entonces, había vivido (casi) tranquilamente con los Frays, que pasearían por los soportales de aquí al lado. Mucho mejor que si no hubieran llegado los Frays, añado (
https://www.wikiwand.com/en/California_Genocide). En serio, vivimos realidades paralelas. En fin, dejemos el temita y echemos el cierre al capítulo, que ya sólo nos queda el camino hasta lo de la Porciúncula y algunas recapitulaciones, seguramente fuera de lugar...

Con Dios.

 


sábado, 14 de febrero de 2015

Los Pájaros y el Noroeste: Pérez, Hezeta y Bodega (II)

Vale, vale, la expedición de Pérez no fue un éxito rotundo y arrollador pero, siendo sensatos, tampoco se podía esperar mucho más de ella dados los medios (escasos), la experiencia previa (nula) y lo ambicioso de los objetivos. Lo que sí quedó claro es que había que insistir en el empeño y cuanto antes, mejor.

La fase de preparación del siguiente intento comenzó casi inmediatamente después del retonno de Pérez y sus cuates en agosto de 1774. El Virrey Bucareli puso al frente de la expedición al bilbaino Bruno de Hezeta, un oficial relativamente joven y recién llegado a América. Juan Pérez volvió a unirse a la expedición, esta vez como segundo a bordo del Santiago, con una tripulación de 90 paisanos.

Maqueta del Santiago, de la Oregon Historical Society maritime collection
Una de las cosas que se habían aprendido en la expedición del 74 era que con un solo barco poca cosa se podía hacer: para afrontar las shungas condiciones en la mar abierta del Pacífico y llevar todos los pertrechos necesarios hacía falta un barco con cierto empaque, pero para acercarse a la costa (agreste y desconocida) era sin embargo necesario algo más pequeño y manejable. La expedición de 1775 se pensó para tres buques: el principal (Santiago, con Hezeta y Pérez), un paquebote de suministros que iría solo hasta Monterrey (San Carlos, comandado por Miguel Manrique, aunque no por mucho tiempo) y una goleta, poco más que un cascarón de 12 metros, con una sola cubierta bajo la cual no podía ponerse un hombre de pie (la Sonora, al mando de Juan Manuel de Ayala, también por poco tiempo). A bordo de la goleta se encontraba un jovenzuelo coruñés llamado Francisco Antonio Mourelle de la Rúa que, aparte de ser piloto de la Sonora, se encargó de escribir un diario del viaje que usaremos con fruición en la entrada de hoy. Os voy advirtiendo que, por motivos que luego explicaré, no he encontrado la versión en español de este diario, así que los pasajes que copie son mi traducción de una versión en inglés publicada poco después de los hechos.

Antes de partir, la Sonora fue modificada completamente para adaptarla a las duras condiciones a las que se iba a enfrentar, no dejaba de ser un barco muy pequeño, del tamaño de muchos yates de recreo de los que vemos por los puertos en vacaciones.

La expedición fue aprovisionada para un año, aunque en esta ocasión no cargaron animales vivos, quicir cuadrúpedos vivos, no es es descartable que más de uno de los marineros fuera un cachocarne con ojos. Lo que sí es seguro es que no eran demasiado profesionales: buena parte de los 160 paisanos que embarcaron no eran en realidad marineros sino braceros de los ranchos mejicanos, probablemente fortachones, pero que el agua la habían visto una vez al año para bañarse. Si eso.

O sea, que la carga consistía en la consabida mezcla de cecina de vaca, pescado seco, galleta marinera, manteca, legumbre variada, especias (más que nada para tapar la peste del resto), vino, coñac... en fin, el menú habitual.

El 16 de Marzo de 1775 la flotilla partió hacia el norte con unas órdenes muy parecidas a las que había recibido Pérez un año antes: alcanzar los 65ºN, pasar olímpicamente de los occidentales que vieran, si es que los veían, tomar nota si avistaban algún rriuso, tocar tierra tantas veces como pudieran y tratar a los locales tan bien como fuera posible.

La cosa no comenzó demasiado bien, ya que tan solo tres (3) días después de la partida el San Carlos disparó sus cañones dos veces e izó la bandera roja en señal de emergencia. Resultaba que al teniente Manrique le había dado un yuyu de cierta importancia, se le había ido la cabeza y no estaba en condiciones de distinguir su mano derecha de su pie izquierdo, cuanto menos de comandar un barco. Se decidió devolverle a San Blas a la vez que se hacía correr el escalafón y Juan Manuel de Ayala pasó a comandar el San Carlos, mientras que Juan Francisco de la Bodega y Quadra, hasta entonces segundo de Ayala, pasaba a jefazo del Sonora.

"El día 13 a las 3 de la tarde, el paquebote San Carlos hizo una señal pidiendo ayuda, ante la cual nuestro capitán mandó un bote en el que Don Miguel Manrique (que comandaba el paquebote) fue traído a nuestro barco, momento en el que descubrimos con claridad, por sus acciones, que estaba fuera de sí. Al verlo, nuestros oficiales principales le acompañaron a bordo de la fragata para que el capitán pudiera dar las órdenes oportunas en esta ocasión. Se organizó un consejo y los médicos le examinaron y se comprobó la locura de D. Manrique, así que se decidió mandarlo a tierra y también dar el mando del paquebote a don Juan de Ayala, teniente de fragata y el de la goleta a Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, que era del mismo rango."

Ahora sí que sí, ya lo tenemos todo en orden, así que... ¡rumbo al norte! Lo malo es que la Sonora, aparte de pequeña estaba tan preparada para las aguas abiertas como el barquito de cáscara de nuez de Miliki y su mosquito, así que la singladura fue lenta, tanto que el Santiago acabó remolcando a su escolta para poder avanzar. Aún así, en este viaje estaban decididos a desembarcar y reclamar los territorios que pisaran para el rey de España y así lo hicieron por primera vez el 9 de Junio en la actual bahía de Trinidad, unos 400 km al norte de San Francisco. Tras la toma de posesión y comerciar algo con los indios, se hicieron de nuevo a la mar.

Un Chinook más moderno que los primos de los Quinault
Hasta el 11 de Julio no volvieron a divisar tierra, la actual costa del estado de Washington, a unos 48ºN. Durante un par de días anduvieron buscando un lugar adecuado para echar el ancla, cosa que finalmente se hizo frente al actual Point Grenville, un pequeño cabo ya muy cerca de Vancouver. Siguiendo el procedimiento habitual, el Santiago se mantuvo más o menos alejado de la costa rocosa, mientras que la Sonora se acercaba a tierra rodeada de canoas de los indios locales, en este caso parece ser que los Quinault, primos y vecinos de los Chinook. Los paisanos Quinault estos se mostraron en todo momento afables y hospitalarios, lo que ya debía haber hecho sospechar algo, los cuentos de hadas no existen...

El 12 de Julio se produjo el primer desembarco de europedos en el actual estado de Washington. Nueve hombres, entre los que se encontraban el propio Hezeta, fray Benito de la Sierra, Cristóbal Revilla, Juan González e, irónicamente, Juan Pérez, pusieron pie en tierra y realizaron un acto formal de toma de posesión. El punto se denominó Rada de Bucareli en honor del Virrey; hoy ese nombre español ha desaparecido, como casi todos los de la zona, y se conoce este lugar como Bahía de Grenville. Estuvieron lo justo para el acto y se dieron el piro de inmediato, antes de que las mareas, el mal tiempo o cualquier otra circunstancia les pusiera las cosas difíciles. Sin embargo, dado que aún se esperaba que quedaran  bastantes semanas de navegación, Hezeta pidió que parte de la tripulación de la Sonora bajara de nuevo a tierra para recoger leña y hacer aguada. Bodega preparó un pequeño grupo de siete hombres al mando de Pedro de Santa Ana:

"Nuestro destacamento se dirigió a tierra en la zona más profunda y lo más cerca posible del río. Apenas lo habían hecho, sin embargo, cuando los indios bajaron corriendo de las colinas en número de 300 y, rodeando inmediatamente a nuestros marineros, concluimos que el destacamento entero había sido asesinado (Nota: degollado), ya que no escuchamos más que un único disparo de nuestra gente y que los dos únicos hombres que corrieron hacia la orilla se tiraron al mar y no supimos más de su destino en los bajíos de la costa.
Puesto que no podíamos acercarnos en ayuda de nuestros compañeros al no tener suficiente profundidad para nuestro barco, disparamos nuestros cañones y mosquetes, pero nuestros disparos no alcanzaron a los indios y, como ellos no podían saber el daño que les podíamos hacer a esa distancia, no se movieron en absoluto"

A bordo del Sonora solo quedaban cinco hombres sanos, cuatro enfermos y un grumete, pero consiguieron maniobrar y mover la goleta a aguas algo más profundas. Los Quinault se lanzaron también a la mar en sus canoas persiguiendo al navío español que volvió a hacer fuego (a pesar de que sólo tres de los tripulantes podían disparar un mosquete: Bodega, su sirviente y el propio Mourelle, que se supone que dejó de escribir mientras disparaba)  y, esta vez sí, se cepillaron a seis de los indios. La Sonora se reunió con el Santiago, que no había sido testigo de la refriega y, tras un miniconsejo, los comandantes decidieron atenerse a las órdenes de Bucarelli y no dar escarmiento alguno a los Quinault, así que continuaron con la misión. Seis marineros del Santiago pasaron a la goleta y las dos naves siguieron hacia el norte. En honor de los fallecidos nombraron el cabo junto al que había pasado todo como Punta de los Mártires, actual Point Grenville.


La Sonora sigue hacia el Norte


A finales de Julio la Sonora y el Santiago perdieron contacto de forma definitiva. La fragata comandada por Hezeta llegó a la zona de la actual frontera con Canadá y a continuación decidió volver hacia el Sur, aunque lo hizo muy cerca de la costa, cartografiando lo que veían desde el barco. Por ejemplo, el día 17 de Agosto divisaron la desembocadura del actual río Columbia, llamando a su estuario "Bahía de la Asunción de Nuestra Señora", pero la muy mala salud de la tripulación no les permitió entrar en ella y remontar el río. El Santiago llegaría a Monterrey a primeros de Septiembre, su tripulación en unas condiciones lamentables. Juan Pérez no se recuperó y falleció el 3 de Noviembre.

Mientras, en la Sonora la tripulación acordó que pa chulos ellos y que, a pesar de no tener un barco adecuado para la navegación en solitario, ellos iban a llegar tan al norte como pudieran, que para eso se había gastado el rey una pastizara en la expedición:

"El día 5 de Agosto el viento comenzó a ser favorable del SO y la fragata aún no aparecía. Nuestro capitán nos consultó si deberíamos continuar con la expedición. En los últimos dos meses se nos había ido reduciendo la ración de provisiones, un cuarto de agua diario desde que nos alejamos de tierra por última vez, nuestro pan estaba casi completamente echado a perder por el agua que entraba en la despensa y la estación para navegar hacia el norte estaba a punto de concluir. A pesar de todo esto y algunas otras objeciones, llegamos unánimemente a la decisión de ejecutar nuestras órdenes porque, si lo hiciéramos de otra manera, su majestad habría financiado una expedición fallida."
El Monte Jacinto (wiki)
Así que, dicho y hecho, siguieron hacia el norte y el 16 de agosto volvieron a avistar tierra a unos 57ºN. En esta ocasión sí que pudieron descender del barco y se convirtieron en los primeros europedos no rriusos en pisar Alaska. Localizaron un posible puerto, al que denominaron Puerto de los Remedios (57.18ºN), también dieron nombre a un volcán apagado, el actual Monte Edgecumbe, al que denominaron Monte Jacinto. Mucho mejor Jacinto que Edgecumbe, donde va a parar... En esa zona, cerca de la actual Sitka, pasaron aproximadamente una semana, se hicieron con madera para reparaciones y recargaron agua y pescado en abundancia, aparte de conocer a los lugareños y realizar una toma formal de posesión. Una vez hecho eso y, estando como estaban más bien hechos polvo, viraron de nuevo al sur y comenzaron el descenso. Mourelle describe como, el día 24 de Agosto, entran en una bahía (a 55.17ºN) en la que la temperatura era algo más llevadera comparada con el frío pelón que estaban ya pasando y lo achaca a la presencia de volcanes "cuya luz veíamos por la noche, aunque a una distancia considerable". Bodega ya andaba demasiado perjudicado como para bajar a tierra, pero encomendó esa misión a Mourelle, que tomó posesión de la zona con el nombre de Puerto de Bucareli.

A primeros de Octubre, con la tripulación algo mejor de salud, pero aún en condiciones manifiestamente mejorables, entraron en una bahía situada a 38.18ºN que confundieron con la de San Francisco y siguieron hasta un buen puerto ubicado a 38.13ºN. En realidad acababan de entrar en la Bahía de Tomales, justo frente a la actual Bahía de  Bodega, la de Hitchcock, la de Tippi Hedren (por cierto, madre de Melanie Griffith y, por lo tanto, abuela de Dakota Johnson, tan de moda estos días por el bodrio ese de Grey) y la de Rod Taylor.

La de "Los Pájaros", en suma.

Llegada a Monterrey 

El día 7 de octubre llegaron por fin a Monterrey en un estado bastante lamentable, prácticamente ninguno de los hombres de la tripulación pudo bajar del barco por su propio pie. Los Frays de la misión de Monterrey se ocuparon de cuidarlos unos días hasta que, el 1 de Noviembre, juntos de nuevo el Santiago y la Sonora, partieron hacia San Blas para dar cuenta de su viaje.

La segunda expedición al Noroeste había concluido con bastante más éxito que la primera: se habían realizado actos de posesión y los datos y diarios traídos por ambos barcos serían esenciales para continuar las exploraciones y, en su caso, conquistas. Estos diarios y los mapas derivados de ellos eran considerados información hiper-reservada y tratados con el mayor secretismo, peeeeeeeeeeero... ¿recordáis que el principio he dicho que las citas del diario de Mourelle son traducciones de una versión en inglés? Desconozco si hay alguna copia del diario original, yo no he podido encontrar ninguna; sin embargo la he encontrado en inglés y editada en....¡1781! ¡Solo 6 años después del viaje! Lo más grave del asunto es que se sabe que James Cook, el gran explorador inglés, tenía una copia del diario de Mourelle antes de partir en su tercer viaje...¡en 1776! y la usó con mucha más fruición que yo. Lo que quiere decir que algún agente británico lo había distraído casi antes de que el propio Mourelle pudiera rendir cuentas.

Estaba claro que los rriusos y los ingleses estaban interesados en el lejano Noroeste.

Aquí va a haber lío...





miércoles, 28 de agosto de 2013

Donde Hewlett conoció a Packard: Portolá, Junípero y el Camino Real

Albion Walter Hewlett murió, el pobre, de un tumor cerebral en 1925, tras 9 años como profesor en la facultad de medicina de Stanford. Dicha universidad, en parte como favor y muestra de respeto hacia su difunto padre, aceptó en su seno a William Redington Hewlett, que se graduaría en 1934 antes de marchar al M.I.T. a obtener su título de ingeniero (eléctrico, no todo el mundo puede aspirar a ser ingeniero de verdad).

David Packard destacó desde su juventud en Pueblo (Colorado, EEUU) en varios deportes y, ya en su época universitaria, participó en los equipos de fútbol americano y baloncesto de Stanford, donde se graduó en 1934. Tras un breve paso por General Electric retornó a Stanford, donde obtuvo su título de ingeniero (también eléctrico, ¡Ntchs!).

Hewlett, Packard... ¿de qué me sonarán a mí estos tíos?

En Stanford todo destila seriedad, incluidas la mascota y las animadoras
Stanford es hoy en día una de las universidades más prestigiosas del mundo, situándose entre las cinco primeras en casi todos los listados. Nada menos que 52 Premios Nobel han estudiado y/o dado clase allí y hay un dato que a mí me parece escalofriante: las empresas fundadas por alumnos de Stanford tienen una facturación combinada de... ¡2.700.000.000.000 $! (casi el doble que el PIB de España). Creo que más de uno y más de dos debería-mos darle una pensada al por qué, no parece tan difícil. Podríamos fijar el origen de esa función alumbradora de empresas allá por finales de los 30, cuando Frederick Terman, por entonces profesor en Stanford, empezó a animar a sus alumnos (David Packard fue uno de ellos) para que fundaran empresas en las que desarrollar libremente sus ideas, incluso invirtió personalmente en algunas de ellas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Terman auspició un programa de alquiler de terrenos propiedad de la Universidad para el establecimiento de empresas, poniendo la semilla de lo que hoy conocemos como... Silicon Valley.

El campus de Stanford está ubicado al sur de la Bahía de San Francisco, rodeado de ciudades como Palo Alto, Cupertino o Mountain View, nombres que hemos leído mil veces en crónicas sobre tecnología. El cogollo del campus está limitado al norte por la avenida "El Camino Real" (literal) y al sur por "Junípero Serra Boulevard". Vaya ¡qué casualidad! Justo de Fray Junípero y del Camino Real os quería hablar yo hoy...

La Alta California: mucho bosque y poca chicha 

Puede parecer sorprendente, pero el territorio que hoy conocemos como California fue explorado muy tardíamente y por obligación. Cuando hablamos de Coronado mencionamos a Fernando de Alarcón como el primer europedo que, posiblemente, puso pie en la actual California, aunque si lo hizo fue por casualidad y solo un ratito, allá por 1540. Un año antes, Francisco de Ulloa ya había explorado el Golfo y había determinado que Baja California (entonces solo California) no era una isla sino una península, aunque los cartógrafos no le hicieron ni puñetero caso y siguieron dibujando una isla, en parte porque desapareció sin dejar rastro en esa misión. En efecto, después de rodear casi toda la península de Baja, Ulloa mandó la siguiente carta desde la Isla de Cedros:
"He decidido seguir en el Trinidad con las pocas provisiones y hombres, si Dios me otorga buen tiempo, tan lejos como pueda, y el viento lo permita, y enviar este barco (el Santa Águeda) y estos hombres a la Nueva España con este informe. Dios quiera que el desenlace sea el que su señoría desea...Beso la ilustre mano de su señoría. Francisco de Ulloa"

Que no os engañe la foto. Baja California era bastante invivible
 en la época que nos ocupa.
Y a partir de aquí no se sabe más de él con seguridad. Hay quien opina que volvió a Nueva España y quien dice haber encontrado sus restos al norte de San Diego. De hecho, entre los buscatesoros americanos aún hay discusiones sobre Ulloa y el Trinidad, que iría según ellos cargado de oro, lo que parece harto improbable. Bueno, eso se lo dejamos a los Goonies y así (por cierto, muy risible que en la taducción española de la peli, el mapa y el pirata pasen misteriosamente a ser ¡italianos! en lugar de españoles)

El primero que estuvo en California de verdad de la buena fue Cabrillo, que desembarcó en San Diego en 1542 y siguió navegando por la costa hasta más allá de San Francisco, aunque no vio la bahía. A partir de ese momento el interés en California decae y prácticamente nadie se pasa por allí en décadas, salvo piratas británicos como Drake y Cavendish que usaron sus costas como puerto de base para hostigar los galeones españoles del Pacífico. En realidad, aunque California estuviera ahí mismito, era bastante difícil llegar a ella, tanto por tierra (había que cruzar desiertos y zonas muy abruptas) como por mar (por la corriente costera hacia el sur), así que no se le hizo mucho caso.

Sin embargo, en la mitad del siglo XVIII, los rusos (pronúnciese "rriusoss") comenzaron a hacer visitas a la costa Pacífica de Norteamérica. Entre 1741 y 1767 varias expediciones salieron desde Alaska hacia el sur explorando la costa, y eso ya si que no se podía consentir, así que se decidió retomar la colonización hacia el norte. En 1765 José de Gálvez y Gallardo (tío del Bernardo de Gálvez que conocemos) es nombrado Visitador real, cargo que debía dar un acongoje importante a los administradores de las Américas, incluidos los virreyes. Gálvez fue enviado con varias misiones, una de ellas era controlar la Alta California.

Hubo otro hecho esencial que sucedió en 1767: la expulsión de España (sí, de España, de toda España, o sea, también de Nueva España) de los jesuítas, que era la orden que controlaba las pocas misiones que había en la Baja California, así que la parte evangelizadora pasaron a llevarla los franciscanos, en concreto Fray Junípero Serra.

Fray Junípero Serra y Gaspar de Portolá


Miquel Josep Serra Ferrer nació en Petra (Mallorca) en 1713, muy pronto hará 300 años. En 1731 entró en la orden franciscana y cambió su nombre por el de Junípero, mucho más adecuado para un misionero, dónde va a parar. Porque, claro, Junípero no se iba a quedar predicando en la bella isla de Mallorca, además no dominaba el alemán, así que en 1749 se embarca hacia Nueva España para iniciar su labor misionera. Durante bastante tiempo se quedó en la zona de Querétaro, pero tras la expulsión de los jesuítas, Junípero y sus frays se hicieron cargo de las 14 misiones existentes en Baja California (ojo, ocupadas por 16 jesuítas, no fue demasiado complicado desalojarles) y pasaron a formar parte del esfuerzo colonizador de Gálvez y Portolá. De hecho, Junípero y el ilerdense Gaspar de Portolá acabaron siendo muy buenos amigos y residentes en California y su abierta colaboración fue esencial para el desarrollo de la zona.

La expedición de 1769 a California fue organizada de forma sumamente profesional por Gálvez, con varios barcos, grupos a pie, gran cantidad de ganado y semillas para establecer granjas... Salieron el 24 de marzo y el primer grupo de viajeros pedestres llegó a San Diego el 13 de Mayo y al día siguiente se fundó el Presidio de San Diego, en la actual Presidio Hill. Fray Junípero llegó en el segundo grupo, unas 6 semanas después y el 16 de Julio fue fundada la primera misión en California: San Diego de Alcalá, primera de 9 que se fundaron en vida de Fray Junípero. Tanto el uno (presidio, que no tiene nada que ver con una cárcel, es un fuerte), como la otra (misión), fueron los primeros asentamientos europedos permanentes en la costa del Pacífico de los EE.UU. y la base para la colonización española de California, pero su primera misión fue la de hacer de hospital para el enorme número de enfermos que iba generando la expedición. De hecho, de más de 200 integrantes, sólo unos 100 sobrevivieron.


Nada más fundar San Diego, no se dío ni un día de descanso, el tío, Portolá salió hacia el Norte con 63 hombres, entre los que destacaban Pedro Fages (El Oso) y sus voluntarios catalanes, el ingeniero Miguel Costansó y el cura Juan Crespí. Partieron el 14 de Julio de 1769 en busca de Monterrey, del que se pensaba que debía ser el mejor puerto de la zona. Y ¿por qué se pensaba eso? Pues muy sencillo: a comienzos del siglo XVII se retomó brevemente la idea de explorar California y se formó una expedición bajo mando de Sebastián Vizcaíno que exploró la costa del Pacífico (incluso alguno de sus cuates llegó hasta Oregón). Desgraciadamente no encontraron ningún puerto excepcionalmente bueno, así que... se lo inventaron o, por ser justos, "exageraron" en la descripción de las bonanzas de una de las bahías que habían encontrado. Para acabar de quedar bien ante el jefe, le pusieron a dicha bahía el nombre de "Monterrey" en honor del Virrey de Nueva España Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey. Al menos, Monterrey sirvió para albergar en 1967 uno de esos famosos festivales lisérgicos de finales de los 60, del que rescatamos la actuación de mis queridos "The Who" antes de seguir con nuestras cuitas...

Bien, con todos esos antecedentes, quedó fijado que Monterrey era un puerto de primera división y era el objetivo prioritario que Gálvez había fijado para la expedición de Portolá. Monterrey dista unos 700 km de San Diego y además el camino no fue fácil, pero la expedición fue, buscó, rebuscó, discutió, se sorprendió y finalmente decidió que aquella bahía que veían (porque la encontraron, claro) no podía ser la descrita por Vizcaíno porque era pintoresca, pero como puerto manifiestamente mejorable, así que... siguieron hacia el norte en busca del "verdadero" Monterrey. Mejor que yo, dejemos que sea el propio Costansó el que nos lo explique. Esta es la carta que el 10 de Diciembre de 1769 enterraron los expedicionarios en Ensenada Pinos, según el procedimiento que tantas veces ya hemos visto:

"La expedicion de tierra que salió de San Diego el dia 14 de Julio de 1769 años á las ordenes del Governador de Californias don Gaspar de Portolá, entró en la Canal de Santa Barbara el dia nueve de Agosto: pasó la Punta de la Concepcion el dia veinte y siete del mismo: llegó al pié de la Sierra de Santa Lucía el día treze de Septiembre: entró en la sierra dicha el diez y siete del proprio mes: acabó de pasar la sierra ó de descabezarla del todo el día primero de Octubre; y avistó el proprio dia la Punta de Pinos: el siete del mismo, reconocida ya la Punta de Pinos, y las ensenadas a la banda del norte, y sur de ella, sin ver señas del Puerto de Monterrey, resolvió pasar adelante en busca de él: a treinta de Octubre dió vista a la Punta de los Reyes, y farallones del Puerto de San Francisco en numero de siete. Quiso llegar a la Punta de los Reies la expedicion; pero unos esteros inmensos, que se internan extraordinariamente en la tierra, y le precisaban a dar un rodeo sumamente grande, y otras dificultades (siendo la maior la falta de viveres) la precisaron á tomar la buelta, creyendo que el Puerto de Monterrey podría tal vez, hallarse dentro de la Sierra de Santa Lucía; y temiendose haver pasado sin haverlo visto: dió la buelta desde lo ultimo del Estero de San Francisco en onze de Noviembre. Pasó por la Punta de Año Nuevo el diez y nueve del dicho; y llegó otra vez á esta Punta y Ensenada de Pinos en veinte y siete del mismo: desde dicho día hasta el presente nueve de Diziembre practicó la diligencia de buscar el Puerto de Monterrey dentro de la cerranía, costeandola por la mar a pesar de su aspereza, pero en vano: por ultimo desengañada ya, y desesperando encontrarlo despues de tantas dilixencias, afánes y trabajos, sin mas víveres que catorze costales de arina, sale hoi de esta ensenada para San Diego. Pide a Dios todopoderoso la guie, y a ti navegante quiera llevarte su Divina Providencia a puerto de salvamento.
En esta Ensenada de Pinos a nueve de Diziembre de mil setecientos sesenta y nueve años.
Nota: El ingeniero don Miguel Costanso observó la latitud de varios parages de la costa siendo los principales los siguientes. San Diego en el real que ocupó en tierra la expedicion 32° 42 El pueblo de gentiles mas oriental en la Canal de Santa Barbara 34 18 La Punta de la Concepcion 34 30 El principio de la Sierra de Santa Lucía hacia el sur 35 45 Su fin en esta ensenada de la Punta de Pinos 36 36 La Punta de Año Nuevo que es baja y de arrecífes de Piedra 37 04 En tierra cerca del Puerto de San Francisco teniendo los farallones al oeste quarta al noroeste 37 35 Juzgo la Punta de los Reies que miraba al oesnoroeste desde el mismo sitio por 37 44
Se les suplica a los señores comandantes de los pacabotes, ya sea de San José, ó del Principe que si a pocos dias despues de la fecha de este escrito abordaren á esta plaia; enterados de su contenido y del triste estado de la expedicion procuren arrimarse a la costa y seguirla para San Diego a fin de que si la expedicion tuviese la dicha de avistar a una de las dos embarcaciones y les pudiese dar á entender con señas de banderas ó tiros de fusil el parage en que se halle la socorra con viberes si posible fuese.
Alabado sea Dios
"
No, este no es Portolá, es Clint Eastwood con
su inefable poncho
La punta Pinos de la que hablan es el cabo que marca el sur de la bahía de Monterrey y justo al sur de esa misma península se encuentra el famoso puebleciglio de Carmel by the sea, en el que fue alcalde el nunca suficientemente alabado Clint Eastwood y, además, acabaría siendo ubicación de la segunda misión fundada por Serra y sus Frays en California, cosa que harían en Punta Pinos el 3 de Junio de 1770 bajo el nombre de San Carlos Borromeo y según diseño de Costansó. Poco después de su fundación la misión se trasladó y hoy está en Carmel, supongo que cerquita de la casa del Sr. Eastwood, en la prolongación de Junípero Street.

El retorno a San Diego fue bastante penoso, con muy mal tiempo y falta de provisiones. En el camino los expedicionarios se ventilaron doce de las mulas de carga que llevaban, pero el 24 de enero de 1770 consiguieron llegar a San Diego los mismos 66 paisanos que habían salido seis meses antes, lo que no dejaba de ser un gran éxito. La situación en el presidio era casi peor, muchos de los enfermos habían muerto y no habían llegado las provisiones esperadas, pero al menos el presidio y la misión seguían en pie. En esos seis meses la expedición había viajado de San Diego a San Francisco y vuelta, pasando por Monterrey y lo que acabaría siendo Los Ángeles y, curiosamente, acamparon entre el 6 y el 11 de Noviembre de 1769 al pie de dos altos árboles de los que hoy solo queda uno y es... el palo alto de Palo Alto y del escudo de Stanford.

A finales de marzo, cuando Portolá estaba a punto de salir de nuevo, esta vez hacia el sur a buscar provisiones, llegó un barco de aprovisionamiento y las cosas comenzaron a funcionar algo mejor. Como hemos visto, Portolá no era hombre de esperas, así que en cuanto las cosas estuvieron medio controladas, el 16 de abril, partió una nueva expedición hacia el norte, por tierra (Portolá, Fages y Crespí) y por mar (Junípero y Costansó). Ambas partes de la expedición se reunieron en Monterrey donde, como se ha dicho, se fundó la segunda misión el 3 de Junio. Después vinieron San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo de Tolosa (1772), San Francisco de Asís o Misión Dolores en pleno centro de la actual ciudad de San Francisco (1776), San Juan Capistrano (1776), Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782), todas ellas en vida de Fray Junípero. A su muerte, fue Fermín de Lasuén el que tomó el liderazgo misionero y siguieron las fundaciones hasta completar una cadena de 21 misiones, desde San Diego al sur hasta San Francisco Solano, la última y más septentrional.

El programa colonizador de Gálvez había sido llevado a la práctica por fases perfectamente engranadas. Fray Junípero estableció la estrategia fundacional de las misiones que finalizó con una de ellas cada 50 km, aproximadamente, lo que suponía una jornada típica a caballo. Como os habréis imaginado, el Camino Real era el que iba uniendo todas esas misiones. En principio poco más que un sendero, pero poco a poco fue ensanchado y mantenido para mejorar la comunicación "intermisional" y acabó siendo el eje costero de California, uniendo los poblados que fueron surgiendo alrededor de las misiones y, a la postre, las ciudades en las que se convirtieron.

Misión de Santa Bárbara
Las misiones eran gestionadas por los franciscanos, que iniciaron una labor de formación de los indígenas, algunos de los cuales se mostraron hostiles, pero poco a poco se fueron aviniendo a la vida moderna y adaptándose a las explotaciones agrícolas y ganaderas que fueron paulatinamente creciendo alrededor de las misiones y acabaron siendo bastante prósperas. Hay que tener muy presente que las tribus de la zona estaban especialmente atrasadas en aquel momento, muy por detrás de lo visto más al sur, así que pasaron (no sin esfuerzo por su parte, claro) casi de la edad de piedra al siglo XVIII-XIX en un par de décadas. Hombre, por el camino hubieron de bautizarse, ser azotados si se agarraban una melopea, ir a misa diaria y tal... cosas de los frays, supongo que les estirarían de las patillas e incluso les arrearían con la regla en las uñas, pero era por su bien y la eterna salvación de sus almas...

Adicionalmente, el hecho de que las misiones estuvieran tan bien colocadas estratégicamente  medio obligaba a Junípero y sus Frays a ser especialmente hospitalarios con los expedicionarios que por allí se seguían moviendo.

Fray Junípero murió en la misión de San Carlos Borromeo en 1784, pero el movimiento ya se había iniciado y no pararía. Portolá, una vez cumplida a la perfección su misión de abrir la puerta de California la abandonó y no volvería nunca jamás. Fue sucedido como Gobernador por Pedro Fages, que tuvo sus roces con Junípero.

¡Ah! por cierto, a los rriusoss ni los vimos.

Conclusión


La colonización de California, como hemos visto, fue muy tardía, más de doscientos años después de las conquistas sudamericanas, y además la primera colonización planificada. 

El Camino Real sigue existiendo y, aunque no sé si con mucho éxito, es promocionado como atractivo turístico; a la americana, eso sí: se sacaron de la manga unas campanas que señalizan el camino que a mí, sinceramente, me parecen un poco cursis, pero en fin...en cualquier caso, otro destino obligado más. Ahora lamento enormemente no haber visitado la Misión Dolores el único día que estuve en San Francisco. Casi todas las misiones están restauradas y son visitables, ¡algunas incluso mantienen su colegio y su instituto!

Por terminar, dada la circunstancia de que el palo alto de Palo Alto está justo en una de las esquinas de la superficie ocupada por la Uni de Stanford (37°26'49.99"N, 122°10'12.25"W), hemos de colegir que los expedicionarios que allí acamparon durante casi una semana se movieron por la zona e incluso cazaron en ella, así que: Hewlett, Packard, Brin, Page, Knight... ¿quienes creéis que sois, piltrafillas? El primer ingeniero que paseó su coleto por el campus de Stanford se os adelantó en torno a 200 años y fue un ingeniero militar español, de Barcelona para más señas.

Si, ya, no se puede ser perfecto...

Y ahora, a seguir pensando por qué de Stanford sale tanto talento aprovechable y de la universidad de Villabotijos de Abajo (España) no. ¿Será tan complicado?






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