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jueves, 23 de julio de 2026

Sarmiento: Lio en Rio

                    Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1, Sarmiento2, Sarmiento3 y Sarmiento4

    

    Cuando el 11 de mayo de 1568 Sarmiento y sus cuates de entonces (Mendaña y tal) estaban bautizando la isla de Guadalcanal, en las Salomón, Miguel López de Legazpi, ya sin Urdaneta,  estaba pasándolas canutas en la isla de Cebú, Filipinas. Legazpi se rehizo de esa situación difícil de manejar en la que se encontraba y, justo tres años después, llegó a Manila utilizando ya como puerto la península de Cavite. Un par de décadas más tarde, el gobernador Gómez Pérez das Mariñas fundaba en ella el Astillero de Rivera, que acabaría siendo tremenda base naval.

    Diciembre de 1941: la armada japonesa golpea puntos estratégicos con la aviesa intención de hacer colapsar la fuerza estadounidense en el Pacífico occidental.  Apenas tres días después del ataque a Pearl Harbor, un enjambre de Mitsubishis G3M y G4M, escoltados por numerosos "Zeros", se lanza sobre la base naval de Cavite destruyendo buena parte de la Flota Asiática y dejando gravemente dañado al USS Sea Tiger, un sumergible de la clase Balao (*). En el carajal posterior al ataque, la tripulación del Tiger intenta repararlo, pero un nuevo ataque poco más de una semana después les obliga a salir por patas del puerto. A pesar del lamentable estado del navío y sin haber recibido aún la capa de pintura rosa que le hará famoso, el Sea Tiger se hace a la mar para evitar ser cazado como un conejo en sucesivas incursiones niponas. Todo lo anterior sucede amenizado por la música del maravilloso Henry Mancini... ah, sí, perdón, no os había dicho que se trata de una película dirigida por el no menos talentoso Blake Edwards.


(*) Ya sé que no podía ser un Balao por fechas, pero a don Blake lo que le prestaron fue un (varios, de hecho) Balao. Y, si a él le valían, a nosotros también.


        El USS Sea Tiger con la pinta que le hizo famoso            
Edwards y Mancini colaboraron nada menos que en 26 pinículas, pero la producción de don Henry fue mucho más larga e incluye tres obras maestras con uno de mis directores favoritos de entre los "no tan famosos": Stanley Donen, que tiene una lista de peliculotes a sus espaldas que quita el hipo, desde las siete novias, los bailes bajo la lluvia, charadas, arabescos y muchas obras medianas más. Bueno, también hizo una decente película basada en esa afrenta a la humanidad que es "El principito"... y bastantes cosas mediocrillas, aunque en mi debilidad por el tío Stanley (y por Michael Caine), alguna incluso la reveo de vez en cuando, como "Lío en Río".

    Como son VVMM gente lista y perspicaz, habrán colegido que nuestro episodio de la vida de Sarmiento de hoy incluye un lío en Río...

Haciendo pasillos

    Ya vamos conociendo a nuestro amigo Sarmiento, así que nada os sorprenderá si os digo que el tío era "a man on a mission" desde incluso antes de subirse al Nuestra Señora de la Esperanza, su Capitana, en Callao. Ya se le podía poner por delante lo que fuera, que él tenía unas órdenes que cumplir, así que según puso el pie en tierra en Cádiz, su siguiente escala era nada menos que Su Majestad Felipe II. A todo esto, la Capitana llegó a la bahía de Cádiz en un estado tan sumamente calamitoso que naufragó frente a Rota, no sabemos si antes o después del desembarco.

    El Rey, por su parte, estaba a lo suyo, que en ese momento era reclamar el trono de Portugal. En junio el Prior de Crato se había proclamado rey de Portugal y ese mismo mes los tercios comandados por el Duque de Alba entraron en Portugal desde Badajoz. La cosa acabó con la victoria de Alba en Alcántara. En cualquier caso, para seguir mejor los acontecimientos, el propio Felipe II se había trasladado a Badajoz y allí andaba el hombre en verano de 1580. Andaba él, andaba la reina Ana (de Austria), andaba la corte y... andaba el virus (o bacteria*) de la primera gran pandemia de gripe bien documentada de la historia. Tan libre andaba el virus que la reina falleció y el Rey a punto estuvo.
(*)Hay alguna teoría que dice que no fue gripe sino tos ferina. Uséase, bacteria Bordetella pertussis
    
   Pues bien, a pesar de haber estado al borde mismo de la muerte y pendiente de la campaña por el trono de Portugal durante semanas, Felipe II recibió a Sarmiento a finales de Septiembre. Don Pedro le entregó la relación que conocemos de los anteriores episodios tal y como le había ordenado el virrey del Perú, le explicó todo lo sucedido y le mostró todas las cartas de marear que él mismo había levantado… y el Rey compró el proyecto desde el primer momento.

    En su Sumaria Relación, que es la base de esta parte del serial de Sarmiento (ya sabéis que me encanta cuando me dan el trabajo hecho), don Pedro dice literalmente, justo después de mencionar la reunión con el Rey:

"Proveyó vuestra majestad en esto con larga y real mano, con abundantísima expedición de gente y pertrechos de todo género. Y nombró a Diego Flores de Valdés por general de mar, costas del Brasil y estrecho, mandándole recognocer el estrecho y en la parte más angosta fabricar dos fuertes correspondientes, uno de una parte y otro de otra, y que no viniese de allá hasta acabar los dichos fuertes; y reconocer y visitar aquellas costas y dejar cuatrocientos hombres de guerra en los fuertes, con los alcaides y capitanes, como consta por el tercero y cuarto capítulo de la instruición que vuestra majestad dio a Pedro Sarmiento y por la del dicho Diego Flores de Valdés."

   
Algo raro veo en este retrato de Felipe II que me ha dado Gemini
Pero, espera, espera... si hay algo que nos guste más que que nos den el trabajo hecho es que, nada menos, ¡nos lo haga el rey más poderoso de todos los tiempos! Adelante los tres documentos con los que Felipe II puso en marcha a Sarmiento que, reconozcámoslo, había que chincharle poco para que se lanzara al mar a jugarse el tipo explorando: la Real Provisión, la Capitulación y la Instrucción. No sólo eso, a través de nuestros muy mejores amigos de la Hakluyt Society tenemos también acceso a la relación que del viaje hizo el escribano real, un tal Pedro de Rada, que desde luego parece que nació para notatio, porque lo anota todo con frialdad ártica y nos va a valer para aplicarle un buen factor de corrección al autobombo de Sarmiento. Curiosamente, el original de esa relación parece que NO está en archivos españoles (ni Simancas ni Indias), sino en manos privadas de una institución californiana. No es la primera vez (y seguramente tampoco la última) que accedemos a la traducción al inglés de documentos originales españoles a falta de digitalización del original fetén.

    Diego Flores de Valdés, nombrado por Felipe II como "General de la mar, costas de Brasil y Estrecho", era un marino asturiano que había hecho ya varios viajes a las Indias, entre otros, el que trasladó al anterior jefe de Gamboa, el virrey Álvarez de Toledo, pero tampoco nada destacado. Flores de Valdés no era el tío más valiente de su pueblo; eso lo tenemos claro por cómo acabaría toda la cosa, pero también es evidente que, de toda esta historia, el documento que más ha influido en cómo se ha contado ha sido la relación del propio Sarmiento, que también vamos sabiendo cómo era. La aparición relativamente reciente de la relación de Rada nos va a dar otra perspectiva. Pero vamos, tampoco nos pasemos, que Sarmiento es el prota de esta peli y tampoco lo vamos a machacar...

   Para acabar de liarla, en la expedición había un tercero en discordia: Alonso de Sotomayor, recién nombrado nuevo gobernador de Chile y que se marchaba para allá a tomar posesión con 600 soldados, nada menos. Sarmiento, en su línea, nos lo iría describiendo como un aliado de Flores y saboteador de SU misión (la de Sarmiento). 

Partida (no) definitiva


    Entre el 25 y el 27 de septiembre de 1581 partieron de Sanlúcar 23 naves (una galeaza, la capitana San Cristóbal, 18 naos y 4 fragatas) con unos 3000 bípedos implumes de ambos sexos y de todas las edades y oficios imaginables a bordo. La salida fue forzada por el Duque de Medina Sidonia en contra de la opinión tanto de Sarmiento como de Flores, que por una vez estaban de acuerdo porque sabían que esas eran fechas típicas de temporales en la zona, pero el Duque era mucho Duque y tenía jurisdicción sobre Sanlúcar, así que a remolque salieron:

"El duque de Medina Sidonia, sin atención de tiempos ni parecer de marineros, hizo salir por fuerza esta armada remolcando las naos con gale ras hasta fuera de la barra del río de Sanlúcar de Barrameda, de 25 de septiembre de 1581 años, contra la voluntad de todos los pilotos y de Diego Flores y de Pedro Sarmiento, el cual, contradiciendo la partida por en tonces, dijo al duque y a don Pedro de Tarsis y a los demás que nos andaban remolcando a fuerza de remos que aquella salida era contra razón de buenos marineros porque era víspera de conjunción de la primera luna de otoño, que por la mayor parte suele en aquella tierra y mar despertar vien tos invernales, sures y susudestes y suduestes, que son contrarios y peligrosos estando dentro de los cabos de San Vicente y Cantín, que echa los navios sobre las Arenas Gordas, donde se pierden naos y gente"
    
    Por cierto, que sé que sois unos malpensados: sí, el cagaprisas este de Medina Sidonia es el mismo que siete años más tarde volvería a cagarla con la Grande y Felicísima después de sustituir a don Álvaro de Bazán, que estaba de baja médica. Definitiva. Que se había muerto, vamos.

    Toootal, que el 27 de septiembre terminaron de salir de Sanlúcar y tres (3) días después estalló gran tormentón que mandó a pique 5 naos con las que se ahogaron 800 hombres, mujeres y ninios. El resto de la flota tuvo que volver a Cádiz donde, por instrucción de Felipe II, fue el mismo Medina Sidonia el que se puso a coordinar reparaciones, reabastecimiento y reclutamiento. Ya, igual a él le habría parecido mejor hacer mutis o ponerse a silbar el puente sobre el río Kwai, pero le tocó pringarse de nuevo.

Partida (sí) definitiva


    Con todo reparado y la flota reabastecida, el 9 de diciembre de 1581 partieron de Cádiz 1 galeaza, 12 naos y 3 fragatas con 2408 personas a bordo. A saber:
    • Gente de guerra: 961
    • Gente de mar: 722
    • Soldados para Chile: 545 (con Sotomayor a la cabeza)
    • Gente para el Estrecho: entre 170 y 272, las fuentes varían
    La gente para el estrecho incluía no solo a los colonizadores en sí, sino frailes, algunos soldados, expertos en fortificaciones… en fin, que al final se había quedado una colonia un tanto esmirriada.

    La flota divisó las Canarias, aunque no paró en ellas y se limitó a atravesar el archipiélago dejando Fuerteventura a babor y Gran Canaria a estribor. Según Sarmiento, el 9 de enero de 1582 llegaron a Santiago, en Cabo Verde, sin mayores contratiempos que haber perdido de vista a la almiranta, que finalmente llegó a Cabo Verde con una semana de retraso. La escala en Cabo Verde duró tres semanas, que se dedicaron a lo esencial: misas, procesiones, intrigas y aprovisionamiento. Bueno, también hubo una corrida de toros, no fuera a ser que en la Patagonia no hubiera suficiente afición.

    Uno de los miembros de la expedición era un tal Bautista Antonelli, hermano menor de su hermano mayor Juan Bautista Antonelli y, supongo, hijo de un padre obsesionado con los Bautistas (para acabar de liarla, Bautista llamó a su hijo... Juan Bautista). En fin, de los Antonelli de toda la vida, famosos por su habilidad para diseñar fortalezas. Obviamente, don Bautista se había embarcado para ser el que diseñara los fuertes del Estrecho, pero ya que estaban le hizo un estudio y algunas recomendaciones a Gaspar de Andrada, el gobernador:

"Estando aquí Pedro Sarmiento, en compañía del gobernador de la tierra y de Diego Flores, reconoció los lugares desta ciudad de Santiago y de la Playa; y con el ingeniero Antonelli los midió y tanteó todos los pasos y sitios peligrosos para repararlos y fortificarlos, de lo cual hizo descripción y deseño"

   

                        Morro de la Habana by the Antonellis                        
Fuera de bromas, ojito con los Antonelli, que dejaron desperdigada por medio mundo una larga ristra de fortalezas que darían para un buen año viajero recorriendo Europa y América. Al menos cuatro de ellas forman parte de conjuntos Patrimonio de la Humanidad: Habana, Cartagena de Indias, Portobelo y San Juan de Puerto Rico. Supongo que, aun así, dejarían más Bautistas que patrimonios de la UNESCO, pero oye, a ver quién te   lo iguala...

    El 2 de febrero de 1582, la flota al completo partió desde Cabo Verde y enseguida se comenzó a enfrentar a problemas de todo tipo: desde vías de agua hasta vientos variables, calmas, aguaceros… de todo. Lo pedor, sin embargo, fue llegando poco a poco en los casi dos meses de travesía: 150 muertos por enfermedades que les causaban dolor de estómago y gran sed nada más llegar a la zona ecuatorial. Como remate, la abundancia de enfermos generó otro roce gordo entre Sarmiento y Flores, Don Pedro acusaba a don Diego de sequedad e incaridad: 

"...en el camino enfermaron muchos y murieron más de ciento y cincuenta. Y murieran muchos más si no fuera por la misericordia de Dios y regalos de buenas personas. Y con la gracia de Dios, Pedro Sarmiento hizo lo que pudo, enviando a diferentes navios, de su despensa, lo necesario a los pobladores enfermos y convalecientes. Y pesábale tanto desto a Diego Flores que, no lo pudiendo disimular, casi se lo quería impidir. Y era tanta esta sequedad e incaridad que diciendo un día a Pedro Sarmiento que un poblador de otro navio era muerto, dijo allí luego: «ojalá se muriesen todos»"

    No solo eso, se metió, según él, en una discusión filosóficohistórica con Flores sobre el derecho del Rey de España sobre las Indias. Así se lo cuenta, como diciendo, a Felipe II:

"«no sé con qué título tiene o puede tener el rey las Indias». Y viendo Pedro Sarmiento una brutalidad tan grande y más en hombre grave y criado de vuestra majestad y tan obligado a su real servicio, se admiró. Y queriéndole endrezar por obligación, cada vez se exasperaba más.Y dándole patentes todos los títulos que vuestra majestad, devinos y humanos, tiene a las Indias, como fray Francisco de Vitoria en sus Relectiones escribe

 [...]

Y todo no bastó a persuadir a Diego Flores a la justa razón, hasta que Pedro Sarmiento le mostró la bula y motuo propio y cierta sciencia, de la beatitud del papa Alejandro Sesto, que fue la primer a concesión, nombramiento, donación y asignación de las Indias a los muy altos y bienaventurados Reyes Católicos, de gloriosa y eterna memoria, bisagüelos de vuestra majestad"

    Parecen evidentes dos cosas: 

  1. Que Felipe II tenía incluso bisagüelos, pero Sarmiento nunca tuvo abuelas.
  2. Que 30 años después de la Controversia de Valladolid, todavía podía haber dos españoles en medio del Atlántico, en un barco, rodeados de enfermos moribundos y dedicándose a discutir si la Corona tenía derecho o no a hacer lo que hacía en América. No nos damos cuen de lo que supone eso.

   

       La expedición al completo haciendo su entrada en Río             
El 25 de marzo, la flota hizo su entrada definitiva en el puerto de Río de Janeiro pero, dado el manifiestamente mejorable estado de la tripulación y que entonces Río era nada más que un puerto de paso portugués, no creo que anduvieran muy deseosos de garotas ni de Copacabanas o Ipanemas. De caipiriñas igual sí, ojo. Además, llegaron tarde para carnaval que, si mis cálculos no fallan, ese año fue en la primera semana de marzo. En cualquier caso, el muy honorable Salvador Correa de Sá, el gobernador, los recibió a cañonazo limpio. De salvas, hombre, no os asustéis.

    Así que allí tenemos a nuestros cuates, justo al inicio del otoño entrando en puerto amistoso, recién declarada por el Gobernador su obediencia a Felipe II, que llevaba ya casi un año como Rey de Portugal.

    Todo pintaba bien, salvo para los difuntos que habían ido quedando por el mar ¿no? Pues no, como ya os adelanté, aquí va a haber lío. Lío en Río.

    Y, de momento, eso es todo lo que puedo contar del enésimo cruce del Atlántico de Pedro Sarmiento de Gamboa.

    Con Dios.

 


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