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viernes, 26 de abril de 2013

Una larga hoja de servicios: Juan del Águila (I)

Hace más o menos un mes fue el día de San Patricio y una vez más medio mundo se tiñó, literalmente,  de verde. No deja de sorprenderme y, en cierto modo, causarme envidia ver como determinados paisanos son capaces de exportar sus fiestas, jolgorios, gastronomía y, en fin, marca. Vamos al ejemplo de nuestros amigos irlandeses; una taberna irlandesa suele ser un sitio bastante agradable, por lo general tirando a oscuro, ni muy tranquilo ni muy ruidoso, con una oferta cervecera decente, pero manifiestamente mejorable y algo de manduca básica, de mera subsistencia, vamos...Sin embargo no hay barrio, casi manzana, que se precie en el mundo que no goce de la presencia de una. Ahora es cuando voy a desvariar y, tal vez, confundir mis gustos con los del resto de la población del mundo civilizado, pero ¿quién querría ir a uno de esos tugurios si tuviera al lado una una taberna como Dios manda, con sus tapas elaboradas y sus jamones colgando (por no hablar de una buena bodega, tanto de botella como de barril)?

Tal vez deberíamos haber intentado en algún momento formar una buena sociedad con ellos para haber tenido lo mejor de ambos mundos y aprendido a vender mejor nuestros antros, que el paño, por muy bueno que sea, en el arca no se vende. Digo esto porque aparte de las ya conocidas andanzas del rompecorazones Cuéllar por la bella Eire, españoles e irlandeses han tenido contacto en bastantes ocasiones, compartir fe es lo que tiene en un mundo como el nuestro...

No todos los protagonistas de las entradas de profundosoconfusos han pasado a la historia como grandes triunfadores. Ya hemos hecho la crónica de algún fracaso o, al menos, semifracaso que, a pesar de todo, mostró tintes de grandeza que le hicieron merecedor de ser recordado. Hoy nos vamos a enfrentar a uno de esos casos siguiendo las andanzas de un (otro, ya vamos conociendo unos cuantos) típico servidor de su católica Majestad.

Antes de comenzar con la historia propiamente dicha he de mostrar mi agradecimiento al amable lector y navegante que me informó de la existencia de este personaje. Espero que el artículo esté a la altura.

Juan Del Águila

Nuestro protagonista de hoy nació en 1545 en... ¡vaya!¡en Ávila! qué casualidad, y vivió la segunda mitad del siglo XVI dando vueltas por el mundo al servicio de Felipe II y Felipe III tras alistarse en 1563. A lo largo de su vida participó en numerosas campañas en media Europa, tantas que no tendríamos megas suficientes para relatarlas, casi ni para enumerarlas, pero creo que merece la pena mencionar algunas:

Amberes, 1576

En el último tercio del siglo XVI el flujo de riquezas desde América era constante, pero también el desgaste que para las arcas de la Corona suponían las distintas guerras en las que andábamos metidos. Lección básica de economía: si tus gastos superan a tus ingresos, tarde o temprano tendrás un problema serio... y lo tuvimos. España ha sido la primera en muchas cosas, entre otras tiene el dudoso honor de ser la primera nación moderna en suspender pagos en 1557. Desgraciadamente no sería la última (por si os lo estáis preguntando, que sé que sí, el último impago de deuda por parte de España fue en 1939... de momento) y en 1575 volvió a suceder. Esa segunda bancarrota nos pilla con una considerable cantidad de soldados en Flandes que, de repente, se quedan sin cobrar. Supongo que os haréis cargo: un ejército bastante fiero y bien entrenado que no cobra sus pagas puede convertirse en un problema bastante gordo. Para acabar de redondear el lío, la situación en Flandes era de lo más complicado. 

A finales de 1576 unos 20.000 holandeses entraron en la ciudad de Amberes y asediaron su castillo, defendido por Sancho Dávila (otro abulense, vaya rachita llevamos). Mientras tanto, unos 1.600 soldados de los tercios que estaban amotinados en Aalst, negándose a obedecer orden alguna hasta cobrar los atrasos, decidieron por su cuenta y riesgo partir a carajo sacado hacia Amberes (unos 60 km de marcha) para socorrer a los sitiados. Una cosa es protestar y otra dejar tirados a unos compatriotas. Igualito que hoy en día, vamos. Consiguieron atravesar las líneas enemigas y entrar en el castillo. Una vez dentro no se les ocurrió otra cosa que... volver a salir, más cabreados que una mona y con ganas de guerra, nunca mejor dicho. Resultado: las tropas de asedio, que eran enormemente superiores en número, pusieron pies en polvorosa y se refugiaron en el ayuntamiento; a partir de ahí, digamos que la cosa se desmadró un poco y la liberación del asedio se convirtió en el saqueo de Amberes, del 4 al 7 de Noviembre de 1576. Este episodio no es, dese luego, de los que provocan demasiado orgullo, aunque habría que verlo con la perspectiva adecuada, no creo que los flamencos fueran repartiendo golosinas, precisamente. Además, dio origen a la expresión "la furia española", que no es que fuera una alabanza, como podéis comprender. 

Pero...¿qué tuvo que ver Juan del Águila con todo esto? Pues por esa época dirigía una compañía en el Tercio de Julián Romero y se dice que fue el que convenció a los sublevados para que marcharan hacia Amberes.

Empel, 1585

Los tercios enfrentados a su final en Rocroi. Cuadro ESPECTACULAR
de Ferrer-Dalmau. No procede mucho cuando aún estamos hablando
de mucho antes, pero es tan bueno...
Casi diez años después la guerra continuaba en Flandes. Y lo que le quedaba...En 1584 Juan del Águila había sido ascendido a Maestre de Campo, tras la muerte en Terramunda (actual Dendermonde, en Bélgica) del entonces Maestre Pedro de Paz. Ernesto de Mansfeld, que años más tarde sería gobernador de los Paises Bajos sucediendo a Farnesio, comandaba un ejército compuesto por tres tercios, uno de los cuales estaba a cargo del Maestre de campo Bobadilla, otro al de Juan del Águila. Este ejército había participado en el sitio de Amberes (nada que ver con el hecho anterior), que había durado algo más de un año, y a finales de otoño de 1585 se dirigía hacia el norte. Al llegar al rio Mosa, Mansfeld ordenó al tercio de Bobadilla que cruzara el río y se asentara en la isla de Bommel, formada por el propio Mosa y el Waal (un brazo del Rhin). Los otros dos tercios de su ejército acamparon en la margen izquierda del Mosa, sin cruzar a la isla. Cuando los holandeses vieron esa maniobra se relamieron de gusto, ya que la isla de Bommel es en realidad un terreno muy bajo que podía ser inundado fácilmente rompiendo los diques de ambos ríos  Tal vez pueda parecer salvaje ahogar a 5.000 soldados enemigos pero, no nos engañemos, la guerra es la guerra y no un club de lectura para jubilados. En fin, que los holandeses no comprendían bien el significado de la frase "al enemigo, ni agua" y abrieron todos los diques que pudieron, con lo que la isla de Bommel se convirtió en un inmenso lago salpicado de islotes formados por los puntos más elevados del terreno. Para acabar de complicar las cosas, el ejército de Holak disponía de casi 100 naves de muy bajo calado que se movían por el terreno inundado con suma facilidad:

"... Y aprestada una armada de casi cien vasos, los más de quillas chatas, desde Dordrecht por el Mossa se arrima à Bommel: y abiertos por algunos lugares los diques, echó el río casi sobre toda la isla, con tanta presteza, que apenas tuvo tiempo Bobadilla para llevar tras el Mosa al lugar de Emple, y a otros de la vecindad, las tropas, Artillería y vituallas. Pero ni aquí los dejó libre la crecida de el Rio. Porque si bien los Españoles havian tomado los pueblos mas altos, sin embargo porque el campo desde la isla de Bommel hasta Bolduque (Nota: Den Bosch) era algo mas baxo, facilmente llamó a si las aguas derivadas, y menos unas assomadas, a que havian subido los soldados, el otro campo cerca del Rio parecía un mar hinchado."
 "Guerras de Flandes. Segunda década", Famiano Estrada, historiador jesuita (vaya racha).
Una vez más nos encontramos en profundosoconfusos a un grupo de españoles en una situación manifiestamente mejorable. Como suele ser habitual, para salir de esta tuvieron que echar mano de todo su arrojo, una buena dosis de astucia, bastante de sugestión y su poquito de suerte, aparte de mucha cabezonería, por no decir inconsciencia. Holak, mientras tanto, seguro de la victoria y/o rendición de Bobadilla estaba ya buscando acomodo para tanto prisionero... y a partir de aquí comienza el mito. La situación era desesperada, pero Holak ofreció una capitulación dizque honrosa a lo que se supone que Bobadilla contestó con la famosa frase:

"Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos"
que, unida a la de "¡Contad los muertos!" supuestamente pronunciada tras Rocroi definen el espíritu mítico de los tercios. En cualquier caso, de estos tipos se podían esperar salidas como esta así que, de nuevo, se non è vero è ben trovato.

En resumidas cuentas: bravuconadas aparte, no se rindieron, eso no es discutible. Tenemos a 5000 tíos ateridos de frío, calados hasta los huesos, con escasez de armas y provisiones, hacinados en varios diques e isletas y hostigados por el enemigo. Al tiempo, los tercios que no habían cruzado el Mosa intentaban ayudar a sus compañeros:


"Y aunque este aviso se rechazó con igual audacia y desdén, hizo sin embargo mayor herida en los pechos de aquellos fuertes varones, quanto se veían cada día destituidos, mas no solo de socorro, pero aun de esperanza. Porque los barcos luengos despachados con cartas para el Príncipe de Parma (Nota: Farnesio) los havia puesto su audacia, ò su poca suerte, en manos del enemigo: y Mansfeld por una parte, de otra Águila con los de Bolduque, haviendo intentado llegarse a los Españoles, fueron dos veces repelidos"
La foto no tiene resolución suficiente, pero me da que esos que caminan
sobre el hielo en Holanda no son nuestros tercios.

El día 7 de diciembre de 1585, uno de los soldados sitiados (de los afortunados, este estaba en la zona más amplia de las ocupadas) se puso a cavar un agujero para guarecerse del frio cerca de la iglesia de Empel y se topó con una tabla flamenca de la Virgen, justo el día de la vigilia de la Concepción de María. Gran alborozo. Querría pensar que los mandos, informados del hallazgo, decidieron usarlo para insuflar algo de valor a la tropa, pero no sé yo si, en realidad, estaban convencidos de lo que decían. El hecho es que el hallazgo de la Virgen fue tomado como una señal divina de apoyo y supongo que reconfortó los ánimos. Lo que ya no es tan normal es lo que sucedió esa misma noche: de repente llegó el más crudo de los inviernos. Las temperaturas descendieron bruscamente y el agua que rodeaba al ejército comenzó a congelarse. Los holandeses, temerosos de que sus naves quedaran bloqueadas por el hielo comenzaron a sacarlas hacia la corriente principal del Mosa. Al amanecer, el agua que cubría la isla estaba congelada, las naves holandesas en retirada y los cazados pasaron a ser cazadores: Los soldados españoles salieron de las isletas y diques y comenzaron a hostigar la flota holandesa con todo lo que pudieron:

"...unos corrían armados sobre el dique de Emple, para ver si algunas naos enemigas se movían tardas para el Mosa por las mismas bocas de los diques, y las fatigaban con continuas cargas. Otros, estimulandoles, y prestandoles vigor, la ira repressada por mucho tiempo, saltando de los diques, por los campos inundados y endurecidos con el yelo, de qualquiera modo que pudiessen, se abalanzavan contra el enemigo: y hazian prueva de que estaban vivos y con brios para vengarse"

O sea, que salieron con el cuchillo entre los dientes y se cobraron la mala semanita que les habían hecho pasar, supongo que con creces, en sangre, saqueos y capturas.

A este hecho, acaecido hace 400ypico años,  se debe que la Inmaculada sea la patrona de los pisahormigas la gloriosa infantería española.

La guerra en Flandes seguiría desangrando a la corona aún muchos años y Juan del Águila sirviendo a su rey y engrosando su hoja de servicios, pero para conocer algo más de sus aventuras habrá que esperar a la siguiente entrada... porque os estaréis preguntando qué tenía que ver la entradilla de Irlanda con todo esto ¿no?

sábado, 6 de abril de 2013

En busca del agua: Pedro Páez

Dicen que Juan de Rhebiner, el embajador del emperador Rodolfo II en la corte de España, se refería al majestuso río que cruza Madrid como el único río de Europa navegable a caballo, e incluso en coche. No se sabe muy bien si la definición tenía solo animus iocandi o incluía también algo de animus iodiendi, pero los madrileños hemos de reconocer que puestos a presumir de algo (y en eso somos unos maestros), mejor no hacerlo de río, no vaya a ser que nos baje los humos cualquier arroyuelo de tercera división de algún país en el que sí sepan lo que es un río comilfó. 

No es de extrañar, por tanto, que para muchos españoles, especialmente para los mesetarios, el paraíso sea un sitio donde haya mucha agua y que nos quedemos bastante atontados mirando verdes praderas o, sencillamente, un río como es debido. Hoy vamos a hablar de un personaje que de haber nacido en nuestro tiempo habría tenido el inmenso honor de ser madrileño, pero en su época debió conformarse con ser castellano, el pobre... don Pedro Páez, natural de Olmeda de las Cebollas, hoy Olmeda de las Fuentes, municipio de la casi desconocida Alcarria madrileña. Don Pedro fue jesuita  con lo que enlazamos con nuestra anterior entrada, pero obviamente no es por eso por lo que le recordamos...

Las Crecidas




La presa de Asuán es, en sí misma, una maravilla de la ingeniería, pero es que además comportó actuaciones muy lucidas para hacer reportajes de National Geographic y tal. Adicionalmente, a los españoles nos supuso el regalo por parte del gobierno egipcio del templo de Debod, aquí presente. No fuimos los únicos agraciados con la pedrea de templos, otros tres fueron regalados a los EEUU, Italia y Holanda y todos ellos se encuentran en distintos museos. De los más de 2000 años que tiene el templo lleva solo 40 en su actual ubicación, desde el 18 de Julio de 1972.



La imagen más espectacular de la construcción de la presa tuvo lugar, sin embargo, muchísimos km al sur de Assuan, en Abu Simbel, (Profanation, qué tiempos los del Spectrum) donde se trasladaron dos templos para salvarlos del ahogamiento. En Abu Simbel había dos templos excavados en la roca, uno dedicado a Ramsés II y otro a su esposa Nefertari. Ahora sigue habiendo dos templos, pero ya no están ni excavados en la roca ni en su emplazamiento original. Como os iba diciendo, la presa de Asuán fue un obrón incluso visto desde la España de inicios del siglo XXI, aquella en la que construíamos y construíamos y construiamos... Se inició en 1960, se terminó en 1970 y se llenó del todo en 1976 (169.000.000.000 m3 de agua tardan en conseguirse...para que os hagáis una idea, abastecería el caudal medio del Ebro a su paso por Zaragoza durante... 21 años! Vale, reconozco una pequeña trampa, he usado la capacidad total, no la de agua, que será mucho menor por los limos y otras zarandajas). La presa en sí mide casi 4 km y tiene en su base un espesor de casi 1000 metros. Cuando por fin alcanzó su máxima producción de electricidad suministraba el 50% de la energía eléctrica producida en Egipto. Sin embargo, a pesar de esa fantástica cifra, la presa de Asuán no se construyó primariamente para ser una central hidroeléctrica....

Desde tiempos inmemoriales la vida en Egipto giraba en torno a un hecho que sucedía todos los años con machacona regularidad: a principios de verano el nivel del gran río que cruzaba el desértico territorio egipcio comenzaba a subir. Aquí jugaba fuertemente a favor de los egipcios de entonces un hecho del que tal vez no eran conscientes: los habitantes de Egipto no eran españoles. De haberlo sido, probablemente habrían construido sus casas en la zona arrasada por la riada, con lo que habrían tenido que reconstruirlas cada año y se habrían quedado sin tiempo para levantar templos y pirámides. Afortunadamente no era así y los poblados se construían en zonas más o menos seguras, mientras que las zonas anegadas año tras año se usaban como tierras de cultivo. Lo sorprendente del caso era que en Egipto no llovía nada; tampoco había que ser muy listo para saber que en algún lugar aguas arriba sí llovía. Y bastante. Mucho. Un egg, vamos. Pero...¿donde?

De Olmeda de las Cebollas al reino de Saba


Pedro Páez nació en Olmeda en 1564 y estudió para jesuita en Belmonte, en la Universidad de Alcalá de Henares y en Coimbra. A don Pedro le llamaban las misiones desde jovencito, así que en 1588, antes incluso de ser ordenado sacerdote, partió desde Lisboa hacia oriente. Estando, como estaba, vinculado con la parte portuguesa de la Compañía, era lógico que su destino fuera Asia y no América, así que tras un nada cómodo viaje llegó a Goa, con la intención original de continuar hacia China y Japón, donde tal vez habría acabado coincidiendo con los mártires o, incluso, dada la capacidad de adaptación y comprensión que después demostró, cambiando la historia...De momento, nada más llegar a Goa, intensificó sus estudios para ser ordenado lo antes posible mientras preparaba sus siguiente salto. En ese trance estaba cuando le llegó una petición, cuando menos, sorprendente...

El reino del Preste Juan

El Preste en su reinado
La primera cruzada hizo de Oriente Próximo un lugar bastante entretenido a finales del siglo XI y marcó (para el resto de Europa, nosotros ya sabíamos de qué iba la vaina desde el 711) el inicio de la hostilidad cristiano-musulmana. Las cruzadas las libraron un conglomerado de reinos, condados, imperios y hasta comunidades de vecinos cristianas contra varias dinastías y califatos musulmanes. En esas circunstancias, aglomerar al máximo de naciones cristianas era esencial y aquí hace su aparición la leyenda del Preste Juan, que controlaba un reino cristiano aislado de los reinos europeos. Las leyendas, leyendas son y una de sus características es que crecen y se hacen fuertes en la mente de la población. La leyenda del Preste Juan apareció en torno al siglo XII y fue tomando forma con los años, siendo tal vez la más extendida la de un potentísimo reino cristiano al sur de Egipto. Numerosos exploradores y expedicionarios intentaron localizar este reino y obtener su apoyo. 

En Etiopía había cristianos desde el siglo IV, con la llegada de San Frumencio y su hermano Edesio, que convirtieron al cristianismo al rey de la zona. Puesto que, además, los etíopes se consideraban descendientes de Yul Brinner y Gina Lollobrigida, estooooo.... de Salomón y la reina de Saba, quería decir, se creó una mezcla curiosa de religiones entre judaísmo y cristianismo (respetaban, por ejemplo, tanto sábado como domingo, así que tal vez fueran los inventores a los que debemos el weekend ¡un hurra por los etíopes!). Esto, unido a su remota ubicación y consecuente evolución independiente, hizo que, aún manteniéndose la esencia cristiana de la religión, fuera separándose de la practicada en Europa. Como nota cultureta y apunte de otro viaje deseable, no dejéis de buscar información o documentales (hay muchos) sobre las iglesias del Lalibela.

Bien, ya sabemos que durante siglos corrió la leyenda de un reino cristiano aislado del resto y que efectivamente existía algo parecido a ello en Etiopía. Además ahora añado que los portugueses, deseosos de hacer su ruta hacia oriente lo más segura posible, habían mandado embajadas a Etiopía ya en el siglo XV (Alfonso de Paiva, en 1487) y que los propios jesuitas habían llegado a mediados del siglo XVI.

En ese entorno, no es que fuera obvio, pero al menos no era tan sorprendente que se pidiera a Pedro Páez que no marchara hacia Oriente, sino hacia Etiopía.


Primer intento: agua (es un decir)

El minarete de adobe más alto del mundo
em Tarim (Yemen)
El 2 de febrero de 1589 Pedro Páez sale de Goa acompañando al catalán (de Vic) Antonio de Montserrat, experimentado viajero por la India y aledaños. El viaje comenzó por la costa india de forma más o menos controlada, pero saltar a la península arábiga era ya algo más complicado. Se disfrazaron de armenios e intentaron seguir su viaje navegando hasta Iraq, para pasar de allí a Siria, Egipto y por fin Etiopía. Un rodeíllo de nada, reconocedlo. Ese plan falló y el siguiente intento fue navegar hasta la costa de Somalia, pero fueron capturados por piratas, aunque puestos en libertad en breve. Previo pago, claro. Tercer intento: seguro que estabais echando de menos el huracán ¿no? Pues eso, tempestad que les impide llegar a Somalia. Lo que es peor, en todo este proceso son identificados como portugueses y los turcos, que andaban por allí, los trincan  y trasladan primero a Dhofar y luego a Tarim, en Yemen (por cierto, apuntaos Yemen en la ya larga lista de viajes deseables, bien que "peligrosillos"). De allí siguen a Ma'rib y San'a cruzando parte del desierto de Rubalcaba, quicir, Rub'al Khali en condiciones lamentables para después pasar unos mesecitos en Moca, todo ello como prisioneros, no os olvidéis. Tras todas estas idas y venidas Felipe II autoriza pagar rescate por ellos y son devueltos a Goa, donde llegan en ¡1596! Siete años de penurias que Páez aprovechó para aprender árabe y persa, para comprender mejor a los turcos, árabes y todos aquellos con los que se encontró y para ser de los primeros europeos en probar y describir el café. Montserrat, ya mayor, falleció al poco, pero para Páez la vida no había hecho más que empezar y siete años de desierto y cautiverios no iban a apartarle de la misión encomendada...

Segundo intento: agua (esta vez NO es un decir)

Como os podéis imaginar los dos viajeros llegaron a Goa bastante perjudicados, pero Pedro se recuperó tras una larga convalecencia y varias recaídas. En cuanto estuvo en condiciones volvió a intentar llegar a Etiopía y finalmente lo consiguió via Massawa, en la actual Eritrea y de ahí a Fremona, que era la base de los misioneros católicos en la zona y donde había muerto el misionero, también jesuita, Andrés de Oviedo (que era de Illescas, Toledo, como su propio nombre indica) en 1577.

Imagen de Lalibela robada de aquí
Pero, si ya había habido numerosos misioneros en Abisinia, y desde hacía bastante tiempo, ¿qué hizo que Páez fuera tan importante? Supongo que el carácter abierto y la enorme inteligencia de Páez le vinieron de serie, pero no hay duda que su duro cautiverio en Arabia antes de llegar a Abisinia le permitió alcanzar experiencias y conocimientos de valor incalculable. Para empezar decidió aprender, más que aprender, dominar, la lengua local, el ge'ez. Ya hasta el nombre era raro... Al mismo tiempo, Páez no se lanzó inmediatamente a la evangelización radical, sino que se esforzó por comprender la cultura local y la visión que tenían del cristianismo, de modo que pudo ir adaptando su estrategia. Finalmente consiguió conocer y ganarse el respeto de tres reyes sucesivos:  Za Denghel, Yaqob y Socinios. Este último fue acercándose al catolicismo y llegó a hacer oficial su conversión en 1622. Es cierto que aparte de la labor de persuasión de Páez hubo componentes políticos en la decisión puesto que Socinios esperaba obtener el apoyo de la corona Española en sus aspiraciones territoriales, ya que el enemigo común eran los otomanos. Pabernos matao; imaginaos abrir, en medio de la Guerra de los treinta años, un nuevo frente ¡en Etiopía! Eso aparte de los esfuerzos en América y Asia, claro.

Páez no sólo se ganó la confianza de tres emperadores de Etiopía, sino que en los 19 años que pasó allí se dedicó a observar, a aprender y a escribir, resultado de lo cual fue su Historia Aethiopiae (¡Toma ya enlace culto!¡En latín (y portugués)! aunque ahora ya está editado en español), un estudio global sobre la historia, la geografía y los usos y costumbres que conoció. Resulta curioso observar que el manuscrito en sí fue casi olvidado hasta el siglo XX y sólo conocido por referencias de referencias, por ejemplo:

"Los Jesuitas atribuyen el honor de este descubrimiento al Patriarca de Abisinia Paez, que dexó escritos dos tomos en folio sobre las cosas de la Abisinia. No he podido ver esta relación en su original, pero el P. Kirker publicó una descripción de las fuentes del Nilo, que dice había sacado de la historia de Paez. Es cosa bien extraña que los Jesuitas no hayan publicado este descubrimiento de Paez que hace tanto honor á su Sociedad y a la nacion Española"
Esta referencia le he encontrado en "El viajero Universal, o noticia del mundo antiguo y nuevo", cuaderno XXV, obra recopilada de los mejores viajeros por D.P.E.P. Publicado en Madrid en 1797, Pedro Estala.

Lo que nos lleva a lo más llamativo, aunque en absoluto lo más importante, de la vida de Páez: el día en que se adelantó en "solo" 150 años al escocés con cara de pánfilo James Bruce de Kinnaird, que hizo honor a su careto dedicando 12 años a buscar las fuentes del Nilo Azul, a las que llegó en 1770. Como premio a su denodado esfuerzo descubridor (fina ironía, por si no la habéis captado), en su tierra no le creyó nadie. Mientras, él se dedicaba a restar crédito a Páez y a Lobo, otro jesuita que siguió a don Pedro. Un crack, el Bruce. Bien, leamos de la misma fuente que la cita anterior:

"Los Ethiopes dan el nombre de Abaoi al Nilo: este rio nace en el Reyno de Gojam, y en el distrito de Sabala (Sacala) cuyos habitantes se llaman Agous. El nacimiento del Nilo está en la parte occidental de Gojam, y en el parage mas elevado de un valle que se parece a una gran llanura, rodeada de altas montañas. Hallándome, dice Paez, en este pais el 21 de Abril de 1618 con el Rey y el exército, subí hasta el parage en que está el nacimiento de este río, y lo observé todo con atención. Descubrí primeramente dos fuentes redondas, cada una de las quales tendria como quatro palmos de diámetro, y contemplé con el mayor placer lo que ni Ciro, ni Cambyses, ni Alexandro ni Cesar pudieron descubrir. El agua sale de la montaña que domina á la llanura, y los naturales dicen que está llena de agua. Los Agous habitan en la parte inferior á esta montaña hacia el occidente á una legua de estas fuentes, y este lugar se llama Geesh, que estará a un tiro de cañón de la montaña"
Cito a Estala que cita a Kirker, que cita a Páez 
La importancia que dio Páez a este descubrimiento fue relativa: llegó, vio, reflexionó, contó y se marchó.

Páez murió en Etiopía en Mayo de 1622 y está enterrado en una tumba casi olvidada por aquella zona. Su labor también fue enterrada pronto ya que ni sus sucesores ni los de Socinios tuvieron las ganas ni la capacidad de mantener en marcha la labor comenzada.

El Nilo, sin embargo, sigue fluyendo desde las fuentes que Páez describió, precipitándose en las cataratas de Tis Abay y haciendo fértiles las tierras de Egipto con sus crecidas, ahora contenidas por la presa de Assuán

Cataratas del Nilo Azul.








jueves, 14 de marzo de 2013

El Zipango ibérico: mártires en Japón

Puede que éste sea el momento en el que más historias estén esperando su turno para aparecer en profundosoconfusos desde su creación hace casi un año. Tengo pendientes al menos tres asuntos que ya se han comentado en el blog en algún momento y sobre los que me queda aún mucha información que buscar. Además, un amable lector (y sin embargo amigo) me ha sugerido una historia que desconocía completamente y que tiene una pinta excelente y se adapta a la perfección a esta bitácora. Les animo, por cierto, a hacer sugerencias, que los comentarios están más parados que el caballo de un fotógrafo.

Esta semana, sin embargo, la actualidad me ha traído, de la forma más insospechada posible, un regalo que no puedo rechazar. Ayer fue elegido el nuevo Papa de los católicos: Papa Francisco. Parece que el ex-obispo de Buenos Aires no ha elegido ese nombre en honor de San Francisco Javier, misionero de la Compañía de Jesús y compañero de su fundador, San Ignacio de Loyola, pero nosotros vamos a seguir por ese camino. Da la casualidad de que Francisco Javier pasó un tiempecito por Japón y aún hoy es muy conocido por allí. De hecho, está entre los cinco personajes reales más nombrados cuando preguntas a los japoneses por españoles (junto a Antonio Gaudí, Pablo Ruiz Picasso, varios jugadores de fútbol a los que consideramos como uno solo y otro Francisco... sí, Franco). Supongo que el hecho de que San Francisco Javier escribiera cosas como esta:

"Toda la gente que hemos encontrado hasta ahora son en mucho la mejor de todos los países descubiertos. Y me parece que nunca encontraremos un pueblo entre los no cristianos igual al de Japón. Tienen excelentes modales, no son maliciosos… son hombres de honor que lo anteponen a todas las cosas"

habrá ayudado a cimentar su popularidad en el país del sol naciente...

Dado que el origen de este blog fue contar un viaje a Japón y que luego ha devenido en un buscador de pequeñas historias que nos recuerden la importancia de España, había que encontrar algún modo de sacar provecho de esta coincidencia. No, no voy a contarles la historia de San Francisco Javier, que por otra parte es interesantísima, pero sí empezaremos la entrada con su llegada a Japón...

La cruz llega a Nihon

Monumento a Francisco Javier en Shimonoseki. Ya, no parece gran cosa...
De los 266 papas que la historia ha visto, creo que solo 3 han sido españoles, aunque yo no soy nada experto en esta materia. Mr. Google sí parece serlo. Si hubiera que relacionar las nacionalidades de los papas con aquellos países que más hicieron a lo largo de la historia por que el cristianismo sea hoy la religión más extensa geográficamente del mundo, no cabe duda de que el número de españoles o portugueses debería ser destacado; como hemos ido diciendo, los ibéricos no pararon de evangelizar "infieles" en todo el mundo conocido durante cientos de años. En fin, unos llevan la fama y otros cardan la lana...

En el verano de 1549, Francisco Javier llega a Kagoshima, en el sur de Kyushu, la isla más meridional de las cuatro principales que conforman Japón (de N a S: Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu) junto a dos compañeros religiosos y un traductor. Francisco Javier pasó en Japón poco más de dos años, durante los cuales tampoco puede decirse que alcanzara un éxito arrollador en cuanto a conversiones. Sin embargo sí plantó una semilla que dio origen a una pequeña comunidad católica en el sur de Japón. Francisco Javier partió hacia India y luego China, donde murió en 1552. Esta breve estancia en tierras niponas fue suficiente para ser recordado por casi todos los japoneses, e incluso identificado como español, como os decía antes.

El siguiente hito en la historia del cristianismo en Japón fue la llegada del jesuita Alessandro Valignano en 1579, de italianísimo nombre por haber nacido en 1539 en el sur de Italia, a la sazón parte de la corona española. Valignano fue el  impulsor de las actividades comerciales por parte de los jesuitas y lo fue desde un punto de vista puramente pragmático: las misiones establecidas en Japón necesitaban recursos y  las asignaciones recibidas no les permitían sostenerse. Puesto que los jesuitas estaban presentes tanto en Macao como en Japón ¿por qué no favorecer activamente el comercio entre ambos lugares? Básicamente iba seda (de China) y volvía plata (de Japón) y, claro, los jesuitas pillaban cacho, en concreto unos cinco mil ducados  por cargamento. La cosa funcionó, más aún desde que en 1580 el daimyo local, Omura Sumitada (que se había convertido al cristianismo y era conocido como Don Bartolomé) cede el puerto de Nagasaki a los jesuitas a perpetuidad. Perpetuidad que duró 8 años, por cierto.

Felipe II recibe a la embajada Tensho
Hubo un episodio sorprendente en los años siguientes, la conocida como Embajada Tenshō así llamada porque tuvo lugar en la era Tenshō (1573-1592). El mismo Valignano organizó la visita de los hijos de cuatro destacados nobles japoneses convertidos al cristianismo a los centros de poder católicos de la época, es decir, España y Roma. Salieron de Nagasaki el 20 de febrero de 1582 y tras un largo viaje por Macao, Goa y Kerala, llegaron a Lisboa el 11 de agosto de 1584. El 14 de Noviembre de ese mismo año son recibidos por el rey Felipe II y poco después parten hacia Roma, donde el 23 de Marzo de 1585 uno de los visitantes (Julián Nakaura, recordad su nombre) es recibido por el Papa Gregorio XIII, el del calendario gregoriano. Nakaura no fue un tipo con suerte, como luego veremos,  y la primera pista de su condición de gafe es que el Papa murió sólo unos días después, el 10 de Abril, así que los muchachos asistieron a la fumata blanca por Sixto V. Antes de volver a Japón, Felipe II los volvió a recibir en Monzón, lo que da una idea de la importancia de la embajada. Llegaron de regreso a Japón en Julio de 1590.

Fueron muchos otros misioneros jesuitas y franciscanos los que tomaron el relevo, entre ellos nos vamos a fijar en Pedro Bautista (desde 1862 San Pedro Bautista, no le apeemos el tratamiento), por ser de los primeros, por tener una interesante historia que contar y, sobre todo, por ser de Ávila.

Pero antes de investigar a San Pedro y sus circunstancias, parémonos un momento a ubicarle a él y al resto de los misioneros que se movían por la zona y, sobre todo, a comprender cómo era el país al que llegaban. Japón es un país muy antiguo y complejo, lo que unido a la peculiaridad de todas las civilizaciones insulares hace que comprenderlos sea, digamos... no sencillo. Creedme, sé lo que digo. El final del siglo XVI y el principio del XVII (siempre según nuestro calendario, claro está) marcaron la historia de Japón durante los dos siglos y medio siguientes, hasta la restauración Meiji de 1868. Hasta ese año, en Japón imperó un sistema feudal, casi medieval en muchos aspectos y básicamente aislado del resto del mundo. El inicio de ese periodo de aislamiento coincidió -y desde luego no fue casualidad- con la llegada de misioneros católicos y la rápida expansión de esta religión en Japón.

Ahora, volvamos a nuestro abulense...

San Pedro Bautista

Toyotomi Hideyoshi.
No me imagino como, con esa cara
de buena gente, se puso como se puso.
A finales del XVI los españoles ya estaban confortablemente asentados en Filipinas y dar de nuevo el salto a Japón para continuar evangelizando era el siguiente paso natural. Hacía ya casi 50 años de la llegada de Francisco Javier, pero no se había consolidado la presencia. Es más, había una creciente hostilidad por parte de los gobernantes japoneses, especialmente de Toyotomi Hideyoshi, el daimyo que ya estaba sentando las bases de lo que finalmente conseguiría Tokugawa. Don Toyotomi, de hecho, envió algunos mensajes a Filipinas de los que no se deducía en absoluto que estuviera dispuesto a ser un buen vecino:

"Reconoced mi señorío, porque si no viniéredes luego a hacerme reverencia y postraros delante de mi rostro por tierra, sin duda enviaré mi ejército y os haré destruir y asolar"

OK, mensaje recibido. Los españoles ya sabían que Japón no era igual al resto de países de la zona y que los japoneses eran raritos, pero había que tomárselos muy en serio.

Se enviaron un par de embajadas desde Manila, yendo a la cabeza de la segunda de ellas el franciscano Pedro Bautista, en 1593. No sé como nos las apañamos, pero allí donde parte una expedición española, aparece un huracán. Sea donde y cuando sea... en este caso los tifones estuvieron a punto de dar al traste con la embajada, pero finalmente solo separaron los barcos, que llegaron a distintos puntos de Kyushu. Le llevó un tiempo, pero finalmente Pedro Bautista pudo entrevistarse con Hideyoshi y, para sorpresa de todos los presentes, la reunión acabó bastante mejor de lo que empezó. Sorprendentemente, Hideyoshi pasó de amenazar a los españoles con asolación y viento divino (bueno, en realidad lo del viento divino, que ya había dado al traste con la invasión mongola del siglo XIII no lo rescatarían hasta 1944, más o menos) a ofrecerles un solar en Kyoto para abrir una iglesia; los japoneses debían ya saber que un español con un solar vacío es más feliz que un perro con dos colas. Por otra parte, está claro que Fray Pedro llegó lejos en esto de la religión, no creo que se pueda ascender mucho más allá de santo, pero de no haberlo hecho habrá tenido un prometedor futuro como comercial, el tío.

El orensano
San Francisco Blanco,
otro de los mártires
El 4 de Octubre de 1595, día de San Francisco, se inauguró la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y no mucho más tarde un par de hospitales para leprosos, el de Santa Ana y el de San José y las habituales escuelas. Ahora sí podía decirse que el crecimeinto del cristianismo estaba cuajando para cabreo generalizado de cierta parte de la sociedad japonesa y... de los jesuitas y portugueses, que se imaginaban que ese crecimiento sería algún día cortado de raiz y eso les podría perjudicar también a ellos (y a los negocios luso-nipones, claro). Ajeno a todo esto, Pedro Bautista continuó abriendo conventos, iglesias, hospitales y lo que pudo, básicamente en Osaka y Nagasaki (ciudad esta última que había sido fundada por los portugueses como puerto de entrada a Japón)

Solo un año después, a finales de 1596 el buen rollito se acabó. Hideyoshi fue sucumbiendo a la opinión de sus consejeros más feroces y cambió de idea respecto a los forasteros. Pedro fue arrestado en Kyoto y posteriormente, ya en 1597 fue trasladado a Nagasaki, donde el 5 de febrero  fue ejecutado junto a  otros 25 cristianos (6 franciscanos, 3 jesuitas y 17 laicos japoneses, con nombres tan sonoros como Cosme Takeya o Pablo Suzuki). En esta ocasión, en lugar de usar el sistema tradicional de ejecución japonés, los 26 fueron crucificados y lanceados en la colina de Nishizaka, lugar en el que hoy hay un monumento a los "26 mártires". Se podría decir que, con esta acción, los nipones dieron origen al infundado (por supuesto) estereotipo de que se dedican básicamente a copiar y evolucionar inventos de otros. Los 26 fueron canonizados en 1862 por Pio IX (sí, el de los pastelitos granaínos). Hideyoshi falleció al año siguiente en el castillo de Fushimi, que debió ser tan impresionante como la réplica, de 1964, que ahora hay en su lugar. Su muerte dio paso, tras unos años de conflictos a la era Tokugawa, que se extendió hasta 1868 y que no se caracterizó precisamente por su apertura.


Los Tokugawa


Podría esperarse que el triste óbito del simpático y afable Hideyoshi diera paso a una etapa menos tensa entre nipones y misioneros, pero 1.- nada más lejos de la realidad y 2.- a estas alturas os habréis dado cuenta de que entender a los japoneses es más difícil que barrer una escalera para arriba. Al inicio de su shogunato, Tokugawa fue condescendiente o, al menos, consintió el cristianismo con tiras y aflojas, algunas ejecuciones, destrucciones de iglesias... lo normal, ni contigo ni sin ti  Don Ieyasu murió en 1616 (y se construyó este pedazo de mausoleo) y a partir de ahí las cosas fueron a peor. Japón había enviado alguna embajada más a Europa y los resultados no fueron buenos. Por el camino, en 1609, se había concedido a los holandeses el derecho a comerciar con el puerto de Hirado, abriendo una nueva forma de comercio no relacionada con los religiosos. Pudiera parecer que se había consentido la presencia de los misioneros mientras fueron más o menos necesarios para favorecer el comercio y se les persiguió al máximo una vez las nuevas vías estuvieron en marcha, pero no vamos a ser malpensados.

El goteo de ejecuciones fue continuo, con momentos especialmente agresivos en 1622 y 1633 con Nagasaki como epicentro de los martirios. Precisamente en 1633, el 21 de Octubre, fue martirizado, de nuevo en la colina de Nishizaka, nuestro viejo amigo Julian Nakaura, que había conocido personalmente a dos reyes de España (Felipe II y Felipe III, a este como príncipe) y dos Papas de Roma (Gregorio XIII y Sixto V).

El número total de asesinados fue de centenares, entre misioneros, principalmente españoles y portugueses, y bautizados locales.

En 1636 se concluyó la construcción de la isla artificial de Dejima, que debería ser el único punto de contacto entre el mundo exterior y Japón, que quedaba de esa forma básicamente aislado. Originalmente los comerciantes eran portugueses, pero entre 1641 y 1853 fueron los holandeses los que se aprovecharon de este monopolio. Como veis, relación a tres bandas entre política, religión y, por encima de todo, comercio.

Siguió habiendo cristianos en Japón durante generaciones, pero en un número reducidísimo.

Como cierre, permitidme una fotografía no relacionada de forma directa con lo hechos de hoy. Se trata de uno de los monumentos que se han preservado (en parte) en Nagasaki en el estado en que quedaron en agosto 1945, tras Fat Man. Curiosamente, en una ciudad que fue centro de la persecución a los cristianos en Japón y en la que tantos encontraron la muerte, se trata de una catedral, la de Urakami. Fat Man detonó a escasos 500 m y la destruyó completamente, matando a todos los fieles que, a las 11:02 del 9 de Agosto de 1945 asistían a misa. La catedral se reconstruyó más o menos en el mismo sitio en 1959, aunque en su día hubo muchas discusiones ya que hubo quien pretendió dejarla tal como estaba, igual que el memorial de la paz que está en Hiroshima. Precisamente fue la importancia histórica del cristianismo en Nagasaki la que hizo que se reconstruyera. Se conservaron algunos de los muros en ruinas, nada más.

Nota, no me he equivocado en la fecha, la foto es de 1946, no de 1945.


AÑADO el 23.04.13: Parece ser que Scorsese está preparando una película sobre el tema. Se llamará Silencio y está basada en la novela homónima de Shusaku Endo




viernes, 1 de marzo de 2013

Tres islas, tres nombres, tres hombres.

Klaatu desciende de su nave
Si hacemos caso de las películas -que, sinceramente, es la única fuente de información al respecto que tenemos- los alienígenas tienen por costumbre aterrizar en nuestro planeta en algún lugar más o menos aislado de los Estados Unidos de Norteamérica: Nuevo Méjico, Arizona y tal. Una vez allí, se suelen dirigir con bastante calma a los lugareños para pedir que les lleven hasta su líder. Claro, en el siglo XVI o XVII aún no había cine. De haber sido así, tal vez Klaatu habría aterrizado su platillo en Madrid y ahora el famoso "Klaatu barada nikto" habría sustituido al menos llamativo "¿Qué pasa tío?". Incluso si Klaatu no hubiera dado con un villorrio de 12.700 habitantes (los que tenía Madrid en 1561, cuando fue designada capital del más vasto, con uve, imperio de la época), las probabilidades de encontrarse con un grupete de españoles era muy alta. Aterrizase donde aterrizase. VER NOTA AL FINAL DE LA ENTRADA.

En efecto, ya en el siglo XVI parte de los menos de 8 millones de españoles estaban repartidos por el ancho mundo, básicamente en Europa y América, pero como ya hemos visto algunos se aventuraron mucho más lejos. Hoy vamos a hablar de tres de estos españoles, cuyas aventuras, o desventuras, ligaron su nombre a tres islas o archipiélagos, bien es cierto que las tres dejan muchos interrogantes sobre la certeza de cada uno de sus detalles. Sin un orden concreto.. bueno, sí, hay un orden, para qué os voy a a engañar...

1.- El archipiélago de Juan Fernández

Se suele decir que la Isla de Pascua es la isla habitada permanentemente más alejada de otro asentamiento humano, lo que la convierte en un lugar bastante remoto, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, aunque es ciertamente un lugar aislado, hay algunas islitas entre Rapanui y la costa Chilena. Las Islas de Juan Fernández forman parte de esa cadena. 

El archipiélago está compuesto por tres islas principales, aparte de numerosas islas menores e islotes: la Robinson Crusoe, la Alejandro Selkirk y la Santa Clara. Esos son los nombres actuales, los antiguos eran bastante más descriptivos, ya que las dos primeras se llamaban Más a Tierra y Más afuera. Sencillo ¿no?

Priápico mapa de las islas Juan Fernández.
No haré comentario alguno.
Las corrientes marinas no se ven, pero se sienten. Tanto se sienten que en la época de la que hablamos imposibilitaban directamente algunos viajes; otros, sencillamente, los dificultaban. El viaje hacia el sur por la costa pacífica de Perú y Chile era sumamente complicado y lento debido a la corriente de Humboldt.  Esta corriente es responsable de la aridez de la zona costera de Chile y Perú, muy diferente de lo esperable a esas latitudes. Al tratarse de una corriente muy fría reduce la evaporación del agua del mar, lo que a su vez genera unas precipitaciones casi nulas. Aparte de ese efecto, la corriente hacía muy lento el viaje de el Callao a Valparaíso. El marino cartagenero Juan Fernández pensó con acierto -y doscientos años antes que Humboldt-  que la corriente sería mucho más fuerte junto a la costa y decidió alejarse hacia el interior del Pacífico antes de tomar rumbo sur. De esa forma acortó el viaje de seis meses a 30 días. Como aportación al progreso del comercio no está mal, pero no se quedó ahí. Esa ruta le llevó a avistar el archipiélago que ahora lleva su nombre en algún momento entre 1563 y 1574, aunque sea este último año el que se de como fecha oficial del descubrimiento. Como nota curiosa, fijaos como queda descrito por Fernando de Montesinos en los Anales del Perú:

"1574. Este mismo año descubrió Juan Fernández las islas de su nombre, yendo casualmente al Pirú, y tocó en ellas por fuerza de viento yendo de Chile, de donde era vecino. Dejó allí una cabra, y se marchó."
Sí, evidentemente andábamos escasos de pobladores, cuanto más de colonizadores. Además una cabra. Sola. Aburrida...

Os habrán llamado la atención los nombres actuales de las dos islas principales: Selkirk y Crusoe, por abreviar. Alexander Selkirk fue un marino escocés nacido a finales del XVII. En 1704 formaba parte de la tripulación de un cascarón llamado Cinque ports, que tocó la costa de la entonces deshabitada Más a Tierra (actual Robinson Crusoe). En ese punto, no sabemos si arengado por el ron, Selkirk osó decir que el Cinque Ports no estaba en condiciones de cruzar el Pacífico y que, si el barco no era reparado allí mismo, él prefería quedarse en la isla. Dicho y hecho, el capitán ordenó que Selkirk desembarcara con todos sus pertrechos mientras ellos zarpaban. Parece ser que Selkirk se arrepintió en el acto y, probablemente ya sin ron en las venas, perdió toda su fanfarronería y dignidad pidiendo a gritos que lo subieran de nuevo a bordo, a lo que el capitán contestó con el equivalente británico de una pedorreta. Cuatro años y cuatro meses pasó Selkirk en Más a Tierra. Si os digo que Daniel Defoe supo de esta historia e incluso se entrevistó con Selkirk antes de publicar su más famosa novela, ya iréis entendiendo por qué Más a Tierra se llama ahora Robinson Crusoe. Como Selkirk también se merecía un homenaje, el hombre, le pusieron su nombre a otra isla del archipiélago, la Más adentro. Por cierto, en la tercera parada de esta entrada por capítulos  comprobaremos (y demostraremos) que tanto Selkirk como Crusoe eran unos marikitas.

Isla de Robinson Crusoe o de Más a Tierra
Por su parte, Juan Fernández ganó mucha menos fama que Selkirk o Crusoe, pero sus aportaciones no se quedaron ahí. Después de abrir de forma definitiva y práctica la navegación entre Perú y Chile siguió pilotando, que era lo suyo y, aunque no haya pruebas concluyentes de ello, parece probable que llegara a Nueva Zelanda y Australia. Las expediciones a nuevas tierras debían estar autorizadas por la corona, pero es sabido que se producían expediciones "clandestinas" con cierta regularidad. Si en alguna de esas expediciones se encontraba alguna costa potencialmente interesante, había que intentar obtener el permiso a posteriori, pero sin dar demasiadas pistas de lo que se iba a buscar ni donde. Precisamente en una de esas peticiones al rey (Felipe III en este caso) encontramos motivos para sospechar que Fernández llegó a NZ:

"...proponiendo conquistar las tierras que había descubierto el piloto Juan Fernández, luego de haber navegado durante un mes desde las costas de Chile hacia el oeste, habiendo sido el mismo que antes había reducido a sólo 30 días de viaje la navegación entre Lima y la costa central de Chile"

Sea  como fuere, Juan Fernández no dio cuenta de ese descubrimiento, si es que lo hubo, así que le recordaremos solo como descubridor del archipiélago al que dió nombre y de la ruta que evitaba la corriente de Humboldt.

2.- El Atolón de Diego García

Durante la guerra del Golfo (la primera, la de Bush padre, la de Felipe González y, con perdón, la de Marta Sánchez), era muy frecuente oír noticias sobre bombardeos realizados por los B52 que habían partido de un lugar al que en la tele se referían como "Diego García", sin más datos. En esa época me llamaron mucho más la atención los B52, provecto anciano que sigue operativo, que la ubicación de lo que quiera que fuese "Diego García", además estamos hablando de principios de los 90, 8 años antes de la fundación de Google y, por descontado, con escasas posibilidades de acceso a internet. No fue muy difícil averiguar que Diego García era el nombre de una isla o atolón bajo soberanía británica, que estaba ubicada en el Océano Índico y que en ella se había instalado una base aeronaval americana. Y ya, nunca supe más del tema hasta hace poco.

Impresionante imagen de un B52 y un B2 Spirit rodando en Diego García
Resulta que el atoloncito forma parte del archipiélago de Chagos y goza de una posición estratégica inmejorable, en pleno centro del Océano Índico, con países potencialmente problemáticos como Sudán, Somalia, toda la península arábiga, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán... en un radio de menos de 5000 km. Esta ubicación hacía el lugar idóneo para ser la base de operación de los bombarderos estratégicos en la zona, así que en 1965 los británicos compraron por 3 millones de libras el archipiélago completo dentro del programa de defensa conjunta con los EEUU. En 1971, buen año,  se comenzó la construcción de la actual base. Como es habitual, no a todo el mundo le sentó bien esta compra y aún hoy hay un movimiento de protesta que exige el retorno de los antiguos pobladores a la isla.

Claro, que puestos a ser pijoteros, podríamos pedir el retorno de los más antiguos pobladores de la isla e, incluso, de los más antiguos que los más antiguos pobladores de la isla... hasta llegar a su descubridor que, no os soprenderá, se llamaba ¡Diego García (de Moguer)! y era paisano de Juan Ramón Jiménez.

Diego García nació en Moguer en 1484 y participó en la expedición de Magallanes/Elcano (1519) que acabó circunnavegando el globo, sólo que García estaba embarcado en la San Antonio, al mando de Esteban Gómez, que al ver la pinta del estrecho de Magallanes decidió dar media vuelta y volver a Sevilla. Gómez Fue juzgado por ello, aunque volvió a tener oportunidades de servir a la corona, pero eso es otra historia. Así pues, nuestro personaje estuvo embarcado hacia la gloria, pero la esquivó hábilmente. Puede que de paso también esquivara la muerte, lo que le permitió continuar con su vida de explorador.

El atolón de Diego García, la base aérea a las 10.
En Google earth podéis ver varios B52 y B1.
Los B2 están en los hangares
Para 1526 don Diego había progresado lo suficiente como para comandar su propia expedición, en este caso auspiciada por la casa de contratación de La Coruña y con motivos puramente mercantiles. Llegó al rio de la Plata y allí se encontró con el veneciano Caboto, sí, el mismo que había sido enviado en auxilio de Loaysa. Como ya sabíamos, Caboto no cumplió su misión de pasar al Índico en ayuda de Loaysa, sino que se entretuvo en el norte de Argentina, donde se lo encontró Diego García. Se produjo entre ellos una discusión sobre quién tenía derecho a explorar por allí: que si yo he llegado primero... ya pero las capitulaciones son mías... pero yo he fundado el Sancti Spiritu... tú te largas porque lo digo yo...Al final no llegó la sangre al río y, al menos, no protagonizaron la primera pelea entre un italiano y un español en Argentina.

Todo lo anterior está muy bien, pero navegando por el río de la Plata no es fácil descubrir una isla que se encuentra casi en las antípodas, así que no debió ser en esta ocasión en la que escribió su nombre en los mapas. Lamentablemente esta vez tendremos que ser bastante confusos ya que hay pocos datos para ser profundos. La versión más extendida dice que Diego García comandó una expedición portuguesa por la zona en 1554 y fue el descubridor de la isla que acabó llevando su nombre, pero el asunto no está en absoluto claro. Hay incluso quien opina que el nombre actual proviene de una mala interpretación de la expresión latina "Deo Gratia" o de Don Garcia, por el gobernador portugués Garcia de Noronha. En cualquier caso, se non è vero, è ben trovato y este atolón tan importante en la geoestrategia mundial llevará para nosotros el nombre de un casi olvidado navegante onubense del siglo XVI.

3.- El Banco Serrana

Nuestras anteriores paradas fueron, primero todo un archipiélago y después un atolón como es debido, con su buena laguna interior y 25 km de largo. La próxima no pasa de ser una barra arenosa, aspirante de atolón, situada a unos 300 km de la costa caribeña de Nicaragua conocida como Banco Serrana. Un bulto sospechoso y peligroso en medio del mar, vamos. Se diría que hemos bajado no uno, sino todos los escalones posibles en la jerarquía interna de las islas, pero no así en los hechos que les dieron nombre.

Pedro Serrano fue un marino español del siglo XVI, uno de tantos, de cientos, que participaron de forma casi anónima en la expansión del mundo conocido. En 1526 andaba el hombre saltando entre los distintos puertos que los españoles controlaban ya en América a bordo de un patache. En uno de sus viajes le sorprendió un fuerte temporal que mandó su embarcación al fondo del Caribe, que por entonces ya estaría bastante surtido de pecios, pero hoy debe estar alfombrado, literalmente. Murió toda la tripulación menos el propio Serrano, que alcanzó a nado la barra que hoy lleva su nombre según nos cuenta el Inca Garcilaso  principal fuente de información sobre el suceso.

El Banco Serrana. Hay fotos mucho mejores que
esta, pero impresionan menos
Una vez hecho a la idea y repuesto del naufragio en sí, don Pedro se dio una vuletecilla por la isla, lo que a.- no le debió llevar demasiado tiempo y b.- le debió servir para darse cuenta de que su situación era manifiestamente mejorable. El lugar en el que había dado con sus huesos no era más que una serie de bajíos que en algunas zonas asomaban ligeramente sobre el agua, sin vegetación, sin agua dulce, sin vigilantes de la playa y, lo que es peor, sin chiringuito. Para completar el desastre, la zona era conocida por su peligrosidad, precisamente por los bajíos, así que era evitada por las naves que cruzaban el Caribe, lo que Pedro ya sabía, pero tendría tiempo de sobra para constatar...

Pero lo primero es lo primero y había que buscar algo que llevarse a la boca. Pedro tuvo la suerte de que, si bien el atolón era poco frecuentado por humanos, era lugar de desove para tortugas, así que de tortugas, cangrejos, caracoles y similares fue viviendo como pudo. En concreto las tortugas suministraban carne, sangre y concha, que Pedro utilizaba para recoger agua:

"De esta manera se sustentó los primeros días con matar todas lar tortugas que podía, y algunas había tan grandes y mayores que las mayores adargas, y otras como rodelas y como broqueles, de manera que las había de todos tamaños. Con las muy grandes no se podía valer para volverlas de espaldas porque le vencían de fuerzas, y aunque subía sobre ellas para cansarlas y sujetarlas, no le aprovechaba nada, porque con él a cuestas se iban a la mar, de manera que la experiencia le decía a cuáles tortugas había de acometer y a cuáles se había de rendir. En las conchas recogió mucha agua, porque algunas había que cabían a dos arrobas y de allí abajo."
Hay que ver lo que se parecía Pedro Serrano a Tom Hanks
Por no haber, en la isla no había ni piedras, así que Pedro hubo de buscarlas en el mar. Con alguno de los guijarros que sacó y restos de madera y vegetación que sacaba del mar consiguió hacer fuego, lo que unido a la abundancia de mariscos y tortugas, ponía a Pedro más cerca de convertirse en propietario de chiringuito, que seguro que era lo que le pedía el cuerpo. Desgraciadamente sus circunstancias habían mejorado algo, pero no lo suficiente como para pensar en fundar una cadena hostelera.

En ese estado pasó unos tres años, whenderepente apareció en la isla otro náufrago, que como es lógico no podía ser más que español y, como era de esperar, Pedro y él acabaron tirándose los trastos a la cabeza. Normal, dos españoles en una isla tan pequeña y sin gran cosa que hacer, acaban discutiendo. Uno sería del Barça y otro del Madrid o algo...

"Así vivieron algunos días, mas no pasaron muchos que no riñeron, y de manera que apartaron rancho, que no faltó sino llegar a las manos (por que se vea cuán grande es la miseria de nuestras pasiones). La causa de la pendencia fue decir el uno al otro que no cuidaba como convenía de lo que era menester; y este enojo y las palabras que con él se dijeron los descompusieron y apartaron. Mas ellos mismos, cayendo en su disparate, se pidieron perdón y se hicieron amigos y volvieron a su compañía, y en ella vivieron otros cuatro años. En este tiempo vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, de que ellos quedaban tan desconsolados que no les faltaba sino morir."

Así pues, Pedro pasó en total unos ocho años en la isla antes de ser rescatado por un navío que finalmente vio sus señales. No sabemos el nombre de su compañero durante cuatro años y NO le llamaremos Viernes, pero el pobre murió en el camino de regreso a casa, que sí completó Pedro Serrano. De hecho, conservó el aspecto de homínido barbudo que se le debió quedar hasta presentarse delante el emperador y contar su historia.

Fuera o no cierta en su totalidad la historia de Pedro Serrano, es casi seguro que Daniel Defoe supo de ella y, tras conocer a Selkirk, las historias de ambos le sirvieron de base para su Robinson Crusoe. Como os adelanté al hablar de Selkirk, sus andanzas fueron unas vacaciones en un todoincluido al lado de las peripecias del amigo Serrano.

A modo de conclusión

Paradójicamente, en ninguna de las tres paradas de hoy hubo contacto hispano-aborígen, sin embargo es un buen momento para reflexionar sobre él. Suponed que una destelleante nave espacial desciende a las afueras de vuestro pueblo. De ella baja un individuo antropomorfo con un brillante traje metálico acompañado por un androide de unos 3 metros de altura y os dice "Klaatu barada nikto" ¿saldríais corriendo o le intentaríais comprender? Y si en lugar de un platillo volante fuera una nao castellana de la que bajara un barbudo bajito, cabreado y con coraza montado sobre un enorme cuadrúpedo ungulado y diciendo: "Abraza la fe de Cristo" ¿le haríais caso?

Éramos nosotros los que decíamos "Klaatu barada nikto"

Nota a pie de entrada

Las películas de ciencia ficción de los 50 son absolutamente apasionantes, tanto las buenas como las malas. Por sí solas darían para un magnífico maratón de fin de semana ante la tele. Mi pequeña lista (dos para el viernes, 4 para el sábado y 4 para el domingo):

 






domingo, 3 de febrero de 2013

Mal lugar para naufragar: Francisco de Cuéllar

Antes incluso de publicar la anterior entrada en el blog me encontré con una historia que desconocía e inmediatamente decidí que sería el tema del siguiente artículo, el que ahora lees. Ya entonces sabía que publicarlo me llevaría algún tiempo, primero porque no ando precisamente sobrado de ídem, y segundo porque aunque la historia es interesantísima, tengo mis dudas sobre como llevarla al papel de forma no plúmbea. No obstante comencé a recopilar algo de información de inmediato. Hace unos días me encontré con un "twit" de don Arturo Pérez-Reverte en el que anunciaba su siguiente artículo. Don Arturo, esas cosas no se hacen, hombre... ¡entre bomberos no nos pisamos la manguera!

Aún intentando reponerme de la pasada por la derecha, me pongo a pensar alguna forma imaginativa a la par que inteligente de introducir el tema y, claro, hay que ir a lo obvio: la Armada Invencible. Puede parecer una pregunta estúpida, pero ¿qué fue la Armada Invencible? En realidad, con ese nombre deberíamos referirnos a un perfecto ejemplo del triunfo de la propaganda. Parece lógico pensar que semejante nombre le fue puesto a la Armada por el soberbio Felipe II, ya que él mismo se creería casi invencible. Sin embargo no fue así, en España jamás se conoció a la Armada como "la Invencible", sino como la "Grande y Felicísima", fueron los británicos los que le pusieron ese nombre, obviamente para magnificar su... ¿victoria? Pues tampoco, en este caso está claro que sí hubo un fracaso, incluso una derrota, la española, pero no hubo victoria, de hecho no hubo prácticamente ni batalla.

En cualquier caso, no es de las grandes historias de las que nos ocupamos en Profundosoconfusos, sino de las pequeñas, de las de los individuos o pequeños grupos que consiguen hazañas, cuando menos, sorprendentes. Supongo que ya os habéis dado cuenta de que creo mucho en el individuo y nada en las sociedades...Bien, hoy vamos a centrarnos en las peripecias de algunos de los 30.000 hombres que se embarcaron, de los que más de 10,000 murieron. En concreto, nuestro principal protagonista es el capitán Francisco de Cuéllar, que fue de los que vivió para contarlo e, incluso, escribirlo


La vuelta Naval a las Islas Británicas

La ruta de la Armada.
Lamento que figure lo de "Invencible"
Como os decía, en esta entrada vamos a centrarnos en las desventuras sufridas por Cuéllar depués de la cancelación del intento de invasión de Inglaterra. La misión de la Armada era, en realidad,  la de transportar los tercios de Flandes desde Holanda a las costas Británicas en algún lugar del estuario del Támesis. Cuando Farnesio se niega a embarcar sus tropas, la misión puede darse por concluida y se inicia el regreso a casa. Peeeeeeero hay un pequeño problema, el embarque de tropas se iba a realizar en las costas de Flandes, que es donde, tras mucho esfuerzo, había llegado la Armada. Volver a cruzar el canal de la Mancha con el rabo entre las piernas para volver a España no parecía muy apetecible. Las condiciones meteorológicas también dificultaron el retorno, así que al final la flota se dispersó mientras se dirigía al norte, dando la vuelta completa a las Islas Británicas y volviendo hacia el sur por el Oeste de Irlanda.

No creo que esta ruta fuera de placer en ningún momento, pero las cosas terminaron de ponerse chungas a unos 54º de latitud norte, frente a las costa atlántica de Irlanda, cerca de la población de Sligo. No os lo vais a creer, pero esa podría ser la ubicación de la ficticia Innisfree; degraciadamente no el lugar en el que se rodó la película, de haber sido así el viaje estaba cantado...

Una vez más contamos con la enorme suerte de tener un relato por escrito de primera mano, en concreto una carta dirigida por el propio Francisco de Cuéllar a Felipe II. Ahora que caigo, hay que ver la cantidad de personajes que en aquella época le dirigían cartas al Rey; un día de estos me decido y le cuento mi vida a SM. Por que quede constancia de mi lucha diaria, más que nada, como parece que lo guardan todo...

Bien, comenzamos propiamente con las desventuras de don Francisco:

Náufrago en tierra extraña

El 25 de Septiembre de 1588 tres naves que habían fromado parte de la Grande y Felicísima Armada, "La Lavia", "La Julianía" y la "Santa María de la Visión" embarrancaron frente a Streedagh Strand, en el Noroeste de Irlanda. Aquí:


Ver mapa más grande

A bordo, varios cientos de hombres, entre los que se encontraba Francisco de Cuéllar, antiguo capitán del "San Pedro". Durante la ruta por el Mar del Norte Cuéllar había sido relevado de su puesto y condenado a la horca -en guerra no nos andamos con chiquitas- pero finalmente el auditor Martín de Aranda se negó a cumplir la orden salvo que se la dieran firmada por el Duque (Medina-Sidonia). Entre mensajes y no mensajes llegaron a la playa mencionada, donde se refugiaron ante el mal tiempo. Las tres naves  fondearon frente a la playa esperando que el tiempo mejorase, pero lo que sucedió fue todo lo contrario. El temporal empeoró y las tres naos encallaron "a más de media legua de la tierra", lugar en el que permanecieron unos cuatro días sin poder recibir ayuda ni bajar a tierra.

Como diría Murphy: "toda situación desesperada es susceptible de empeorar" y Francisco de Cuéllar había agotado todas las posibles mejoras de su situación cuando se libró de colgar del palo mayor. Tras cuatro días embarrancados el temporal no sólo no amainó sinó que empeoró, si cabe:
"...dar fondo más de media legua de la tierra, donde estuvimos cuatro días sin proveer nada, ni aun lo podían hacer, y al quinto vino tan gran temporal en travesía, con mar por el cielo, de suerte que las amarras no pudieron tener ni las velas servir, y fuimos á embestir con todas tres naos en una playa llena de arena bien chica, cercada de grandísimos peñascos de una parte y de otra, cosa jamas vista , porque en espacio de una hora se hicieron todas tres naos pedazos, de las cuales no se escaparon 300 hombres, y se ahogaron más de mil, y entre ellos mucha gente principal, capitanes, caballeros y otros entretenidos"
Hay que reconocerle cierta capacidad de generar dramatismo a don Francisco, eso de "la mar por el cielo"... acongoja sólo leerlo. En cualquier caso no hace falta caer en exageraciones para comprender que el naufragio fue un desastre sin paliativos. Y las desgracias no había hecho sino comenzar...

No soy en absoluto experto en historia de Irlanda, pero creo que es notoria la difícil relación que a lo largo de los siglos han tenido ingleses e irlandeses. En la segunda mitad del siglo XVI los ingleses andaban luchando con distintas familias irlandesas para establecer un control efectivo de la isla y tenían acuartelamientos en distintas zonas. Sligo era una de ellas.

Los pocos supervivientes del naufragio que iban llegando a la playa se encontraron, primero, con grupos de irlandeses dispuestos a pillar lo que pudieran y a abandonar a los españoles a su suerte y, después, con soldados ingleses dispuestos a pillar lo que pudieran y a dar matarile a los españoles que habían osado organizar una Armada para conquistarles:

"Los enemigos y salvajes que estaban en tierra desnudando á los que podían salir nadando, no me tocaron ni llegaron á mí, por verme como he dicho, las piernas y manos y los calzones de lienzo llenos de sangre, y así me fuí poco á poco andando lo que pude y topando muchos españoles desnudos en cueros, sin ningún género de ropa sobre; sí, tentando de frió, que le hacía cruel"
Este naufragio no tiene nada que ver con el tema, pero la
foto me gusta y me trae excelentes recuerdos de cuando la hice.
Es la bahía del naufragio en la  isla jónica de Zakynthos.
Por fortuna para Cuéllar y algunos pocos más, el botín que había ya en la playa era sumamente tentador, así que tanto los "salvajes" (irlandeses) como los ingleses estaban bastante entretenidos carroñeando y/o matando náufragos, de modo que los que de alguna manera conseguían abandonar la playa encontraron algo de tranquilidad.

Cuéllar se dirigió a un monasterio cercano, pero se lo encontró casi destruido y con doce españoles ahorcados dentro. Por si a estas alturas no le había quedado claro, supongo que este detalle ya le hizo percatarse definitivamente de que se encontraba en una situación manifiestamente mejorable. Supongo que os imagináis, sin embargo, que sus circunstancias no iban a ir precisamente a mejor.

Algunos días después tuvo un encuentro con un inglés, que se supone que ya venía enseñado de la playa al respecto de donde guardaban los españoles lo poco de valor que aún pudieran llevar encima y, efectivamente, le aliviaron aún más de carga:

"...el salvaje me empezó á desnudar hasta quitarme la camisa, y debajo della traia una, cadena de oro de valor de poco más de mil reales, y como la vieron, alegráronse mucho, y buscaron el jubón hilo por hilo, en el cual yo traía cuarenta y cinco escudos de oro, que me había mandado dar el Duque en la Coruña por dos pagas, y como el inglés vio que yo traía cadena y escudos, quísome tomar en prisión, diciendo que le ofreciese rescate"
Así que añadimos el intento de secuestro a las afrentas que pasó nuestro amigo Cuéllar. Afortunadamente consiguió convencer al inglés para que se contentara con la cadena y la pastizara y quedó libre, aunque en un estado lamentable: herido, hambriento y semidesnudo. A partir de ese momento fue valiéndose de la ayuda de distintos irlandeses que fue encontrando mientras se dirigía hacia el norte, donde le habían dicho que un tal O'Rourke estaba ayudando a los españoles que podían llegar hasta allí. El camino no fue en absoluto sencillo, pero de una u otra forma fue saliendo del paso, incluso encontró algún otro compañero español en circunstancias parecidas a las suyas. Finalmente llegaron a las tierras de O'Rourke, pero...

"...en el cual hallé más de setenta españoles, que todos andaban desnudos y bien maltratados, porque el Señor no estaba allí, que había ido á defender una tierra que los ingleses le venían á tomar, y aunque éste es salvaje, es muy buen cristiano y enemigo de herejes, y siempre tiene guerra con ellos. Llámase el señor de Ruerge O'Rourke. Yo aporté á su casa con harto trabajo, cubierto de pajas y rodeado un pedazo de estera por el cuerpo, de suerte que no había quien no se moviese á gran lástima de verme así."
Paisaje de la zona de Sligo. Hay que ir.
Antes de que regresara O'Rourke, fueron los españoles informados de que había aparecido otra nao en una bahía próxima. Ante tal noticia, hubo estampida por llegar a ella, pero algunos de los heridos no pudieron llegar antes de que la nao zarpara, llevando consigo a su tripulación y a cuanto náufrago pudo cargar. Cuéllar se quedó en tierra, maldiciendo su suerte. Ciertamente cambió de opinión al enterarse de que la nao naufragó en aquella misma costa y que todos sus ocupantes se ahogaron o fueron pasados a cuchillo. Este hecho debió ser el punto de inflexión en las penas de don Francisco y, a partir de ahí, las cosas fueron poco a poco a mejor. Cuéllar fue cogiendo soltura en el trato con los locales, en ocasiones tal vez demasiada soltura:

"La mujer de mi amo era muy hermosa, por todo extremo y me hacía mucho bien, y un dia estallamos sentados al sol ella y otras sus amigas y parientas; preguntábanme de las cosas de España y de otras partes, y al fin me vinieron á decir que les mirase las manos y les dijese su ventura; yo, dando gracias á Dios, pues ya no me faltaba más que ser gitano entre los salvajes, comencé á mirar la mano de cada una y á decirles cien mil disparates, con lo cual tomaban tan grande placer, que no habia otro mejor español que yo."
Ya. Venga, capitán Cuéllar ¡que nos vamos conociendo!... y llevas embarcado entre maromos desde primavera, ¡hombre!

Esto pueden ser los restos del castillo de MacClancy
Si, sin duda Cuéllar iba cogiendo soltura, incluso confianza, lo que demostró en extremo en el siguiente episodio de su camino. Cuéllar se hallaba acogido por el Sr. MacClancy, al que él llamaba Manglana, en su castillo, donde pasaba el tiempo tonteando, como hemos visto. Hasta allí llegó la noticia de que los ingleses acuartelados en Dublín habían decidido mandar un pequeño ejército para limpiar definitivamente la zona de los españoles que hubieran sobrevivido. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (y el Liffey por Dublín) ya puestos limpiarían también el condado de jefezuelos poco colaboradores, entre ellos MacClancy. Ante esta información, Manglana tomó la decisión estándar en Irlanda para estos casos: huir a las montañas.


"y visto este salvaje el grande poder que contra él venía, y que no tenía resistencia, determinó huir á las montañas, que es todo su remedio á más no poder. Los españoles que con él estábamos ya teníamos nueva del mal que nos venía y no sabíamos qué hacer ni dónde nos guardar, y un domingo después de misa nos apartó el señor melena hasta los ojos, y ardiendo en cólera dijo cómo no podía esperar y que se determinaba huir con todo su pueblo y ganados y familias"

Claro, los 1700 ingleses que habían partido hacia el norte debía esperar eso, lo normal, que los castillos y aldeas estuvieran vacíos y sus habitantes refugiados en las montañas. La sorpresa vino al llegar al castillo de MacClancy (Rossclogher Castle) y encontrárselo ocupado por un feroz y numeroso ejército de nueve (9) hispanos semidesnudos y cabreados


"...y pues teníamos buena ocasión no habia que aguardar más ni andar huyendo por montañas y bosques desnudos, descalzos y con tan grandes fríos como hacía, y pues el salvaje sentía tanto desmamparar su castillo, alegremente nos metiésemos los nueve españoles que allí estábamos, en él, y le defendiésemos hasta, morir, lo cual podíamos hacer muy bien, aunque viniesen oí dos tantos poder más del que venía, porque el castillo es fortísimo y muy malo de ganar como no le bulan con artillería..."
Ruta aproximada de Cuéllar por el norte de Irlanda
Y es que una cosa está clara, entre quedarnos en nuestro castillo y salir a pasar frío y buscarnos las habichuelas, los españoles preferimos quedarnos aunque de frente venga la VI flota. A estas alturas ya no os sorprenderá si os digo que los nueve aguantaron. En concreto soportaron un asedio de 17 días, hasta que el ejército asediante decidió volver a Dublín debido a la llegada del crudo invierno y, supongo, a que no acababan de entender a los harapientos que les gritaban desde el castillo incitándoles a acercarse.

Tras la exitosa defensa del castillo, los MacClancy volvieron. Cuéllar, sin embargo, no estaba del todo cómodo, ya que se maliciaba que ahora era demasiado valioso para los irlandeses y no le dejarían marchar, así que finalmente, diez días después de la navidad de 1588, decidió huir acompañado por cuatro de sus soldados. Su intención era llegar a la católica Escocia para desde allí partir hacia España, para lo que se dirigieron hacia el norte, atravesando el actual Ulster. Cuéllar iba herido y finalmente se quedó de nuevo solo y en situación precaria, en una zona hostil con fuerte presencia inglesa y poca colaboración de los locales. Aún así, no perdió sus aficiones:
"...de suerte que se podia andar libremente en la villa, que era de casas pajizas, y allí había unas mozas muy hermosas, con las cuales yo tenía mucha amistad, y entraba en sus casas algunos ratos á conversación y parlar..."
En esta parte de su carta ya parece que Cuéllar se adorna en demasía y cuenta algunos episodios propios de opereta bufa. Os recomiendo vivamente la lectura de su relato, es muy breve (por ejemplo, AQUI).

Finalmente logró pasar a Escocia con la ayuda de un Obispo Irlandés, sin embargo no encontró allí la ayuda esperada y hubo de malvivir en Escocia otros 6 meses hasta que consiguió embarcar y llegar a Amberes, desde donde en octubre de 1589 escribió a SM Felipe II la carta que nos ha servido de guía para este relato. Irónicamente, el barco en el que volvía a Flandes también naufragó cerca de la costa y Cuéllar fue uno de los -no muchos- supervivientes, de modo que su aventura terminó prácticamente como había empezado: con el capitán saliendo del mar por los pelos para salvar su vida.

Conclusión


Los Irlandeses sabían que por allí había una tilde, pero
no tenían muy claro donde (foto de la wiki)
No parece que Cuéllar fuera muy distinto a una buena parte de los integrantes de los ejércitos de España en los siglos XVI Y XVII. Un tanto pillo, tirando a jeta, no demasiado trabajador, pero valeroso y sufrido. En esos siglos pocas cosas debían ser más temidas que un soldado español cabreado. El caso es que a él le tocó vivir una historia personal realmente increíble y además dejó cuenta de ella. Su historia no es más que una mínima anécdota en el episodio de la Grande y Felicísima Armada, pero ¿a que es apasionante?

Como os he dicho, nunca he estado en Irlanda aunque, a diferencia del resto de mis destinos soñados, estoy razonablemente seguro de que alguna vez iré. Según parece, la historia de Cuéllar es bastante conocida por la zona en la que se movió y su ruta se usa como atractivo turístico. También parece que en la playa de Streedagh, 425 años después del naufragio, aún se ven restos del mismo en los días de bajamar extrema. 

La historia, a veces, se empeña en ser recordada.

Sarmiento: Lio en Rio

                         Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1 , ...