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viernes, 1 de mayo de 2015

Una batalla para la historia: Pavía

Manuel estaba ya bastante acostumbrado a que no le llamaran casi nunca por su nombre, pero al menos solía escuchar siempre el mismo alias. Entre eso y que acababa de bajarse de un coche en cuyo asiento trasero llevaba dormitando tres horas, le costó darse cuenta de que "¡Eh!¡Tú!¡El de los pelos!" era él.

El que se parecía a Harold Lloyd miraba alternativamente a
 su amigo y al forastero greñoso.
Levantó la vista del café con leche que tenía delante y no le costó identificar el origen de la interpelación, básicamente porque el bar de la gasolinera en la que acababan de parar estaba prácticamente vacío. Unos metros más allá, en pie junto al mostrador de mármol había dos soldados de uniforme. Uno de ellos miraba a través de sus gruesas gafas una tapa de queso con seriedad. Si Manuel hubiera sabido quién era Harold Lloyd, le habría venido inmediatamente a la mente el careto del actor de Nebraska pero, claro, no tenía ni la más remota idea de quién era ese señor. El otro, con una mano en el bolsillo y otra sujetando un chato, lo miraba directamente a él; "con esas greñas no entras en Aranjuez" dijo, con marcado acento del Cerrato palentino, sea éste como fuere. Bueno, de hecho no pensaba entrar; ni siquiera sabía que estaban en Aranjuez. Para él, ese bar de gasolinera era solo la última parada antes de llegar a casa, en Córdoba. El soldado dejó el chato y dio unos pasos hacia él mientras echaba mano de unas tijeras que estaban a su alcance tras el mostrador. "¿No me has oído? Te vamos a pelar ahora mismo". El que se parecía a Harold Lloyd seguía con el queso, pero ahora lo miraba también a él. Manuel se giró y se dio cuenta de que toda su cuadrilla le rodeaba, en total seis paisanos, apoderado incluido, así que se sintió más que seguro, por muy chalado y/o tajado que estuviera el de las tijeras. Y ambas cosas parecían bastante probables.

Como casi siempre que crece la tensión en un grupo exclusivamente masculino, especialmente si ésto sucede con nocturnidad y en un bar, la discusión vira indefectiblemente a lo mismo: las gónadas (Nota: si no hay tensión vira también hacia las gónadas, pero en este caso las femeninas... ya me entienden). "¿Qué pasa?¿No tienes huevos para contestar?". El picador, que para eso era el más grande, fue el primero en abrir la boca: "Er maehtro demuehtra cada tarde loh buevoh que tiene"

"Ah, ¿si? Pues vamos a verlo" dijo el soldado mientras volvía a dejar las tijeras sobre el mostrador y se lanzaba con una agilidad felina, impropia de su pedete lúcido, al cinturón del melenudo que, en un abrir y cerrar de ojos se encontró sin él y luchando por que no le bajaran los pantalones. Harold dejó el queso, pero no se movió de su sitio.

Pepe, el camarero, había aprovechado mientras tanto que el cuartelillo de la Meretérita estaba al lado mismo para avisar y ya estaba llegando de vuelta al bar con una pareja y el cabo de guardia. Cuando los cuatro entraron en el bar se encontraron una escena surrealista: una figura del toreo con los pantalones por los tobillos, andando como un pingüino sobre el serrín que cubría el suelo de terrazo y sujetándose los calzoncillos mientras un militar con seis maromos encima tiraba de ellos hacia abajo al grito de "¡Vamos a verlos hombre!¡Vamos a ver si tienes huevos!". Justo en ese momento, Manuel se trastablilló con sus propios pantalones y los ocho cayeron redondos en medio del bar en un amasijo indiscernible de manos, piernas y gritos. Harold se terminó la caña que acompañaba la tapa de queso y, por fin, se separó del mostrador dirigiéndose al cabo de la Benemérita, al que tan solo hizo un gesto antes de ayudar a su amigo a levantarse del suelo.

Cuando Manuel se puso más o menos en pie, el soldado loco estaba sacudiéndose el serrín del uniforme justo antes de salir junto a su compañero. El cabo se cuadró cuando salían del local y pronunció un inequívoco: "Mis sargentos...". 

Los dos suboficiales ya estaban arrancando sus motos (uno Lambretta, otro Vespa) y Manuel aún no tenía muy claro qué demonios acababa de pasar; el cabo de la Guardia Civil no ayudaba demasiado ya que no paraba de decir: "Aquí no ha pasado nada, aquí no ha pasado nada...". En fin, mañana (ya hoy) sería otro día, Manuel estaría en Córdoba y los dos sargentos en sus regimientos: uno en Almansa Nº5, otro en Pavía Nº4.

La bicoca de las Guerras de Italia (1522)


Uno de los sistemas tradicionales para nombrar agrupaciones en el ejército español es asignarles el nombre de alguna batalla importante de nuestra historia. Lógicamente nos centramos solo en victorias y, por fortuna, hay cienes y cienes donde escoger. En esta entrada de profundosoconfusos vamos a saltarnos las motivaciones habituales para buscar personaje o hecho sobre el que enrollarnos un ratillo y, me evitarán Vds tener que explicar por qué, nos vamos a centrar en una batalla: la mantenida en torno a la ciudad lombarda de Pavía hace solamente 490 años, en febrero de 1525.

Si alguna vez soy capaz de llevar a cabo un proyectillo que tengo, no será la última vez que Pavía aparezca en el blog, pero sí es la primera, así que vamos a ver si lo hacemos medianamente interesante. Al lío...

Ya hemos hablado varias veces de la presencia del Emperador en Italia (por ejemplo aquí y aquí), pero si hay un momento importante de la presencia de Carlos IyV en la península de la bota es precisamente la batalla de Pavía, de la que se dice, supongo que con razón, que fue el pistoletazo de salida a la hegemonía hispana en Uropa.

Villalobos explicando a McLeod, de manera asaz convincente,
que solo puede quedar uno.
A finales del XV el norte de Italia era un revoltijo bastante complicado pero enormemente próspero en el que florecía el comercio y la cultura. Es curioso como en esa época la pujanza económica y cultural se ubicaba en ciudades más o menos independientes, no en grandes estados, pero esa es otra historia, no nos despistemos. El caso es que ese florecimiento cultural y, sobre todo, económico, acabó atrayendo a aquellos estados que no habían invertido en arte, sino en soldados. C'est la vie...

Al olor de las sardinas llegaron los austriacos y los franceses que se intercambiaron unos cuantos soplamocos por la zona, aunque en realidad todo era el continuóse del siguióse del empezóse. La cosa había comenzado en 1494 en forma de un "Francia contra todos" por el reino de Nápoles. Treinta años, docenas de batallas y varios libros de cuentas del Gran Capitán después, el asunto no se había arreglado ni una miajita, antes al contrario. A la muerte de Maximiliano I, abuelo de Carlos IyV, se presentaron a oposiciones de sucesor dos candidatos principales: el antedicho Carlos y el perejil de todas las salsas Francisco I de Francia. Como diría Sean Sánchez Villalobos Connery: "Solo puede quedar uno!" y el uno, no podía ser de otra manera, fue el emperador Carlos. Curiosamente, el tal Sánchez Villalobos interpretado por Connery era, en la ficción de Highlander, empleado de Carlos IyV, en concreto "espadero mayor/chief metallurgist". El mundo es un moquero. Si ya antes de la Elección Imperial de 1519 Francisco I no debía ser demasiado feliz como vecino de Carlos IyV, después las cosas fueron a pedor y se sucedieron las zancadillas del uno allá donde el otro estuviera.

Las batallas cuerpo a cuerpo con picas y espada debieron ser salvajes.
De la wiki.
Por empezar por algún sitio, trasladémonos a lo que hoy es un barrio industrial al norte de Milán llamado Bicocca, sede, por ejemplo, de empresas como Pirelli, pero en el siglo XVI era una aldeílla a las afueras de Milán. Allí tuvo lugar, el 27 de Abril de 1522, una no-batalla que, para no ser batalla, les debió hacer la gracia justa a los franceses, a los venecianos y, sobre todo, a los temibles mercenarios suizos (ojito, lo de mercenarios no es peyorativo, es que iban de eso), que cayeron como chinches sin llegar siquiera a luchar. El ejército Imperial no estaba comandado por Darth Vader, no, sino por Próspero Colonna y Fernando de Ávalos que, sabedores de la potencia de la infantería suiza pero también de sus tácticas y medios algo anticuados, plantearon una de las primeras batallas basadas en las armas de fuego ligeras (esto de ligeras es un decir, un arcabuz podía pesar casi 30 kg) de la historia. Precisamente era Ávalos el que dirigía a los arcabuceros españoles, que se dispusieron en lo alto de una colina con una zona pantanosa a un lado y un canal al otro y allí esperaron la acometida de los suizos; cuando éstos estuvieron a tiro (50 metritos, no os creáis) comenzaron una serie de descargas que acabaron arrasando con la unidad helvética. Lamento informar, especiamente a nuestro nutrido grupo de lectores suizos, que, en este caso, ellos se lo habían buscado ya que fueron los suizos los que presionaron al general francés Lautrec, a la sazón su cliente, para lanzar el ataque de esa forma y en ese momento. Un pequeño exceso de confianza lo tiene cualquiera...

El resultado fue salvajemente espectacular; dicen las crónicas que no hubo ninguna baja española por más 3000 suizos muertos e inmediata retirada de las tropas enemigas, que inicialmente contaban con total superioridad. Las consecuencias de la victoria Imperial no fueron menos espectaculares: Venecia, aliada de Francia, se vio obligada a volver a cuidar de sus canales, los mercenarios suizos nunca volvieron a ser tan temibles, los franceses se cabrearon como una mona y las reglas del combate a campo abierto cambiaron para siempre. No está mal para una soleada mañana de primavera en Lombardía...

Por si alguien se lo pregunta, que seguro que sí, la expresión "ser una bicoca" viene, obviamente, de este día. Así la define la RAE:
bicoca.
(Del it. bicocca, y este de Bicocca, población italiana al oeste de Milán, y nombre de la batalla que en este lugar libraron franceses y españoles en 1522).
1. f. coloq. Cosa de poca estima y aprecio.
2. f. coloq. ganga (‖ cosa apreciable que se adquiere a poca costa).
3. f. ant. Fortificación pequeña y de poca defensa.


Pavía, 24 de Febrero de 1525


Bicoca fue un desastre, pero el ejército francés en realidad apenas sufrió. Bien es cierto que perdieron a los venecianos y a los suizos como aliados/subcontratados, pero Francia seguía siendo un pedazo de país con un rey cabreado y con ganas de tocarle la moral al Emperador, así que continuaron maniobrando con sus ejércitos por Lombardía, aunque sin dar ninguna batalla de importancia.

Marx Stittich von Ems. Peaso de nombre
 y peaso de careto. Parece su suegra. De la wiki
A finales de 1524 conquistan Milán (salvo la ciudadela) y en Noviembre se lanzan sobre la ciudad de Pavía, defendida por españoles y Lansquenetes (más o menos equivalente alemán de los mercenarios suizos), todos ellos bajo el comando del riojano Antonio de Leyva. Los primeros ataques fueron repelidos y, aunque Francisco I estaba "on fire", no estaba loco de atar, así que ante tales defensas decidió no atacar sino asediar, que además tenemos la Navidad encima ytalytal...

Pero claro, asediando corres menos riesgo, pero das tiempo al enemigo a montar ejércitos de socorro, que fue exactamente lo que ocurrió. De nuevo Fernando de Ávalos se puso a la tarea, se unió a las tropas alemanas de Frundsberg y de Marx Sittich von Ems y se lanzaron a carajo sacao velozmente en auxilio de los asediados.

La situación no dejaba de ser curiosa: Leyva en la ciudad, Francisco I en el campamento de asedio y, más al este, Ávalos en el de ayuda al asediado. En esta ocasión era el ejército imperial el que contaba con mercenarios Lansquenetes a los que no había con qué pagar y presionaban para una batalla rápida, incluso algunas unidades se largaban a la vista de las tropas francesas, que veían que el paso del tiempo les favorecía. La situación estaba justo como menos le gustaba a Fernando de Ávalos, famoso por opinar:

"Dé me Dios cien años de guerra, y no un día de batalla, de la qual son tan varios y dudosos los successos, y tan ciertos y calamitosos los peligros"

Pero ya no había solución, había que plantear batalla y había que hacerlo ya mismito, antes de que los alemanes se volvieran en masa a beber cerveza a Baviera. El ejército Francés era más numeroso que las tropas de Ávalos y había tenido tiempo de fortificarse mucho mejor así que el factor sorpresa sería clave. Mientras, en la ciudad reina el hambre y comienzan las encamisadas, salidas nocturnas de las tropas sitiadas para rapiñar víveres, causar desconcierto y matar lo que se pudiera.

Reconozco que la literatura descriptiva de batallas y sus tácticas, cuando está bien hecha, es apasionante, pero si no lo está es patética. No quiero caer en el patetismo así que solo diremos que, una vez más, los planteamientos de Ávalos y el dominio de las armas de fuego del ejército Imperial funcionaron a la perfección y la superioridad artillera y de la caballería francesas no sirvieron de nada. El desastre francés fue total, con destrucción casi absoluta de su ejército y más de 10.000 muertos entre franceses y aliados (incluyendo casi todos los jerifaltes) por, según algunas fuentes, menos de 500 en el bando Imperial.

Se consiguió una victoria absoluta, pero es que esta vez fue algo más que una victoria...

Francisco I en Madrid


En medio de la batalla de Pavía, cuando ya estaba clara la victoria española y los franceses que aún podían intentaban ponerse a salvo, tres soldados españoles, en concreto un vasco, un gallego y un andaluz, de nombres Juan de Urbieta, Alonso Pita da Veiga y Diego Dávila se encontraron con un francés que huía en un pequeño grupo. Sus ropajes no eran de soldado raso, sino más bien de hombre noble, así que, en lugar de darle matarile in situ e ir a por más, le condujeron a sus superiores, no fuera a ser un tío importante.

"...quando un arcabuzero le mató el cavallo, y yendo á caer con el, llegó un hombre de armas de la compañía de Don Diego Mendoça, (llamado Juanes de Urbieta bascongado, natural de Hernani en Guipuzcoa) y como le vio tan señalado, fue sobre él al tiempo que el cavallo cayó. Y poniendole el estoque al un costado, por las escotaduras de las armas, le dixo que se rindiesse. El Rey viendose en peligro de muerte, dixo: La vida, que yo soy el Rey. El Guipuzcoano lo entendio aunque era dicho en Frances: y diziendole que se rindiesse, el dixo: Yo me rindo al Emperador"

Torre de los Lujanes vigilada por don Álvaro de Bazán.
 Eso es un segurata y lo demás son tonterías. Foto mía.
Y de esta forma tan tonta se encontró el Emperador con su archienemigo derrotado y preso. Francisco I fue trasladado a Madrid, primero a la Torre de los Lujanes en la actual Plaza de la Villa y después al Real Alcázar, el que se quemó en 1734 con unos cuantos cuadros de Velázquez dentro. El Rey de Francia estuvo retenido en condiciones cómodas pero, evidentemente, estaba en una posición manifiestamente mejorable para negociar así que en enero de 1526 aceptó firmar el Tratado de Madrid en el que básicamente aceptaba dejar de tocar las pelotas incomodar al Emperador. Tardó en romper el tratado lo mismo que en llegar a la frontera con Francia. Es que hay algunos que no aprenden nunca.

Francia lo tenía todo para ser el gran megarreino Europeo y lo pudo haber sido en varios momentos de la historia, pero al final, por unas cosas o por otras nunca pudo serlo. Una de esas "cosillas" fue la batalla de Pavía que, efectivamente, figura entre las batallas con consecuencias más importantes de la historia.

Ah, un detalle curioso, la espada de Francisco I permaneció en España hasta 1808, cuando Fernando VII, ese peaso de rey, se la regaló a Napoleón.

Con Dios.

PS: El regimiento de Pavía se fundó como Tercio de Dragones el 1 de mayo de 1684, justo hoy hace 331 años y sigue existiendo, integrado ahora en la Brigada de Caballería Castillejos II y su sede está en Zaragoza.

PS2: Tengo intención de añadir una fotillo de la Torre de los Lujanes, a ver si me acerco luego. HECHO

lunes, 20 de abril de 2015

Los Pájaros y el Noroeste: Pérez, Hezeta y Bodega (y III)

Supongo que el más popular era el camarero, incluso creo recordar que el actor que lo encarnaba hizo unos cuantos bolos por España. Ahora que lo pienso ¿no protagonizó el anuncio de una bebida? ¡Sí, hombre! ¡No sé qué piña colada! Creo que no hay duda que era el personaje de la serie más famoso en España, pero aparte de él estaban el capitán, el médico, el sobrecargo feucho, la rubia e, incluso, en los últimos años, la hija del capitán, que pasó de ser una niña monilla a una adolescente más bien poco agraciada. Eran los personajes principales de "Vacaciones en el mar" (o "El barco del amor" en su título original), pero aparte de ellos hubo una larguísima ristra de personajes invitados, algunos lindando lo friki. En esta serie debutó Tom Hanks, por ejemplo. 


Tede Lange como Isaac Washington. De la wiki
Por segunda vez en los últimos meses confieso un secreto inconfesable de mi niñez: a mí me gustaba "Vacaciones en el mar". No tanto como "Los Roper", pero me gustaba. La serie tenía un conceto curioso: personajes fijos y personajes móviles con historias amables y entremezcladas y final feliz a bordo de un barco que surcaba el Pacífico y que llevaba el inequívoco nombre de "Princesa del ídem" (quicir, del Pacífico) y que solía parar en Acapulco y Puerto Vallarta (Jalisco (¡no te rajes!)).

Ya os he contado alguna vez que un crucero se parece tanto a mi ideal de vacaciones como una feliz estancia de 6 meses en un campo de concentración de Kampuchea, aunque he de reconocer que no he probado ninguna de las dos cosas... y espero que así siga siendo, pero, por motivos que escapan a mi razón, parece que hay gente a la que le va el temita. El de los cruceros, claro, el otro supongo que a Pol Pot y cuatro más. Tanto aficionado hay a la tortura crucerita que ahora hay cienes y cienes de navíos que podían dedicarse tan a gusto a transportar rabos de boina de puerto en puerto favoreciendo el comercio mundial y, en cambio, se dedican al crucero de placer (?!?). Sin embargo, no hace tanto hubo otra Princesa del Pacífico que tuvo misiones de más altas miras que llevar en sus entrañas a 1000 turistas dispuestos a bailar la conga alrededor de la mesa del capitán, que ya me contarán Vds. si eso no es el colmo del SIMON BOS®.

Partamos hacia el Norte, otra vez

En nuestra última y distante entrada nos enteramos de lo acontecido en la segunda expedición al Noroeste, la integrada por Bodega y Quadra y Hezeta (1775), que mejoró sustancialmente lo conseguido en la anterior, un año antes. Tanto Bodega como Hezeta fueron ascendidos, a Teniente de Navío y Capitán de Fragata respectivamente, por lo conseguido en su expedición. En 1776 el ministro de Indias José de Gálvez (tío de nuestro viejo amigo Bernardo, el de Pensacola) se carteó con el Virrey Bucareli para informarle de que el rey Carlos III aprobaba el asunto de seguir mandando expediciones, peeeeeeeero 1776 fue el año de la explosión definitiva de hostilidades de la independencia de los futuros EEUU y parte de los ya escasos recursos del reino se dedicaron a ayudar a los rebeldes. Como consecuencia, la tercera expedición al Noroeste se retrasó, lo que tuvo su parte positiva, ya que al final fue, de largo, la mejor preparada de las tres.

Retrato de la Sra. esposa de Cook. No me extraña
que no parara de viajar, el tío. De la wiki.
A lo largo de los últimos años hemos mencionado varias veces que, en muchas ocasiones, la carga más importante de los navíos españoles que daban vueltas y vueltas por el mundo eran los mapas y libros en los que describían sus viajes. Es cierto que a estas alturas de la historia la cosa podía no ser tan crítica como en el siglo XVI, pero el secretismo de las expediciones se seguía manteniendo. En concreto, ninguna de las dos expediciones anteriores hacia el Noroeste había sido publicitada en absoluto. Para el mundo exterior España seguía sin estar interesada en lo que había allá arriba. Secretismo es sinónimo de espías, tanto esfuerzo se dedicaba a que los demás no supieran de lo tuyo como a husmear lo que hacían ellos, así que es de imaginar un nutrido grupo de espías, contraespías y agentes dobles, triples e incluso cuádruples. El problema de esta gente es que muy fiables no terminan de ser y nunca se sabe al servicio de quién espían, así que es más que probable que alguno de los que informaron a Carlos III de que los ingleses y franceses seguían empeñados en encontrar el mítico paso del Noroeste fuera el que le hizo llegar a los ingleses el diario de Mourelle. En resumen, que los ingleses sabían que habíamos mandado dos expediciones a Alaska, nosotros sabíamos que lo sabían e, incluso, sabíamos que andaban también preparando expediciones a la zona, alentadas por el parlamento británico, que había ofrecido la nada despreciable cifra de 20.000 libras al primero que transitare el mítico paso del Noroeste. Lo que no sabíamos es que nos habían madrugado la merienda y que Cook ya tenía los diarios y mapas de la expedición de 1775 antes de iniciar su tercer viaje en julio de 1776, sólo una semana después de la declaración de independencia useña.

La leyenda no siempre casa con la realidad. En la primera de nuestros tres entradas sobre los pájaros y el NO, mencionamos la historieta de las cucharas del "Santiago" y su importancia a la hora de fijar fronteras. Lo que no cuela, Jaimito, es que te sorprendieras al encontrarlas ... ¡Pero hombre, si llevabas los mapas y el diario!

Volviendo a lo nuestro, estábamos en que se había decidido acometer una tercera expedición, que sería la...

Expedición de Arteaga y Bodega y Quadra de 1779

Por desgracia, andábamos cortos de pastizara.

Y de barcos.

Y de bípedos implumes.

Así que la tercera expedición al Noroeste tuvo que sea pospuesta sine die. Al menos no se perdió el tiempo del todo y poquito a poquito fueron preparando cosas. Se procedió a construir un nuevo barco en los astilleros de San Blas: el Nuestra Señora del Rosario. Al mismo tiempo, Bodega fue enviado a su Perú natal a comprar otro barquichuelo, que resultó ser una fragatita de 22m de nombre Nuestra Señora de los Remedios. Pero, claro, con nombres tan largos y tan parecidos, ni los expedicionarios ni nosotros íbamos a llamar a las fragatas de esa forma, así que fueron denominadas Princesa y Favorita, respectivamente y puestas al mando de Ignacio de Arteaga, que era también el jefe jefazo de la expedición, y de nuestro amigo Bodega. Mourelle volvía a acompañar a Bodega como segundo de a bordo.

Lentos pero seguros, el 11 de febrero de 1779 un total de 198 paisanos estaban listos para zarpar, cargados con suministros para algo más de 1 año y con los objetivos esperables. A saber: tomar posesión de la costa entre los 50º y 70º N (aquí se pasaron siete pueblos de optimistas), caer simpáticos a los lugareños, informar de posibles navíos y/o asentamientos ingleses o rusos... lo normal. El 3 de mayo ya habían echado el ancla en Puerto de Bucareli y estaban dispuestos a comenzar la misión en serio. Las primeras semanas fueron relativamente tranquilas, dedicadas sobre todo a reconocer la costa en lanchas y aprovisionarse de agua, leña y demás zarandajas, aparte de dejarse robar por los lugareños, que parecían dados al temita.

Mapa entre los 59º30' y los 61º realizado en la expedición de 1779

El 13 de Junio, sin embargo, surge el primer contratiempo. Dos marineros decidieron desertar o, al menos, darse un garbeo con los indios (y, seguramente, con las indias); en algún momento los lugareños dejan de mostrarse amistosos y colaboradores, trincan a los dos marineros y les hacen pasar una noche toledana a más de 8.000 km de Toledo. En el intento de rescate posterior las cosas se lían y, aunque los marineros son rescatados con vida, la palman dos indios. Después de la noche de torturas con los indios, Arteaga ordenó que los dos marineros... fueran azotados públicamente. Cien latigazos a cada uno, por poner en peligro la seguridad de la misión. Y por listos.

El 1 de Julio abandonaron la zona del Puerto Bucareli, que es hoy la parte más meridional de Alaska, y se lanzaron en busca de los 70º N ordenados. Enseguida se encuentran con que la costa comienza a tender hacia el Oeste y acaban fondeando el día 22 en la actual isla de Hinchinbrook, llamada por ellos Isla Magdalena y que es, poco más o menos, lo más al norte que se puede llegar en el golfo de Alaska, a algo menos de 61ºN. Durante un par de semanas exploraron aquellos andurriales, con tomas de posesión incluidas, así como encuentros con esquimales, descripción de montes y volcanes... pero el tiempo empezó a ponerse shungo y la enfermedad a hacer seria mella, así que el 7 de Agosto se decide iniciar el retonno. Por el camino ambas fragatas se separan, pero llegan con diferencia de solo un día a San Francisco el 14 y 15 de septiembre, dando por finalizada la expedición.

Una vez más, no vieron ni británicos ni rriusos por el camino, lo que tal vez dio una falsa sensación de seguridad que derivó en un nuevo enfriamiento del interés expedicionario. En concreto, no vimos a don James Cook, que había estado por allí unos meses antes, pero justo en la semana de la partida de Arteaga y Bodega desde San Blas, estaba bastante ocupado siendo asesinado en Kealakekua Bay (Hawai). Además, estábamos de nuevo en guerra con Inglaterra (nos metimos en la guerra de independencia de los EEUU), lo que no evitó que ellos sí que siguieran husmeando y estableciendo rutas comerciales. España perdió la delantera en esos años y nunca la recobraría.

Aún así, nuestra presencia por la zona no se terminó en absoluto y tal vez algún día vuelva a estas páginas. De hecho, es posible que incluso nos reencontremos con Bodega, que fue ni más ni menos que negociador español en las convenciones de Nutka con Vancouver sentado al otro lado de la mesa. Irónicamente, Vancouver había continuado la senda exploratoria que Bodega comenzó y no le dejaron continuar...

Y, en fin, esas fueron las tres primeras grandes expediciones a Alaska, a ver si para la próxima entrada buscamos un lugar algo más acogedor o, al menos, menos frío... que como paraíso Alaska es manifiestamente mejorable.

Con Dios.

sábado, 14 de febrero de 2015

Los Pájaros y el Noroeste: Pérez, Hezeta y Bodega (II)

Vale, vale, la expedición de Pérez no fue un éxito rotundo y arrollador pero, siendo sensatos, tampoco se podía esperar mucho más de ella dados los medios (escasos), la experiencia previa (nula) y lo ambicioso de los objetivos. Lo que sí quedó claro es que había que insistir en el empeño y cuanto antes, mejor.

La fase de preparación del siguiente intento comenzó casi inmediatamente después del retonno de Pérez y sus cuates en agosto de 1774. El Virrey Bucareli puso al frente de la expedición al bilbaino Bruno de Hezeta, un oficial relativamente joven y recién llegado a América. Juan Pérez volvió a unirse a la expedición, esta vez como segundo a bordo del Santiago, con una tripulación de 90 paisanos.

Maqueta del Santiago, de la Oregon Historical Society maritime collection
Una de las cosas que se habían aprendido en la expedición del 74 era que con un solo barco poca cosa se podía hacer: para afrontar las shungas condiciones en la mar abierta del Pacífico y llevar todos los pertrechos necesarios hacía falta un barco con cierto empaque, pero para acercarse a la costa (agreste y desconocida) era sin embargo necesario algo más pequeño y manejable. La expedición de 1775 se pensó para tres buques: el principal (Santiago, con Hezeta y Pérez), un paquebote de suministros que iría solo hasta Monterrey (San Carlos, comandado por Miguel Manrique, aunque no por mucho tiempo) y una goleta, poco más que un cascarón de 12 metros, con una sola cubierta bajo la cual no podía ponerse un hombre de pie (la Sonora, al mando de Juan Manuel de Ayala, también por poco tiempo). A bordo de la goleta se encontraba un jovenzuelo coruñés llamado Francisco Antonio Mourelle de la Rúa que, aparte de ser piloto de la Sonora, se encargó de escribir un diario del viaje que usaremos con fruición en la entrada de hoy. Os voy advirtiendo que, por motivos que luego explicaré, no he encontrado la versión en español de este diario, así que los pasajes que copie son mi traducción de una versión en inglés publicada poco después de los hechos.

Antes de partir, la Sonora fue modificada completamente para adaptarla a las duras condiciones a las que se iba a enfrentar, no dejaba de ser un barco muy pequeño, del tamaño de muchos yates de recreo de los que vemos por los puertos en vacaciones.

La expedición fue aprovisionada para un año, aunque en esta ocasión no cargaron animales vivos, quicir cuadrúpedos vivos, no es es descartable que más de uno de los marineros fuera un cachocarne con ojos. Lo que sí es seguro es que no eran demasiado profesionales: buena parte de los 160 paisanos que embarcaron no eran en realidad marineros sino braceros de los ranchos mejicanos, probablemente fortachones, pero que el agua la habían visto una vez al año para bañarse. Si eso.

O sea, que la carga consistía en la consabida mezcla de cecina de vaca, pescado seco, galleta marinera, manteca, legumbre variada, especias (más que nada para tapar la peste del resto), vino, coñac... en fin, el menú habitual.

El 16 de Marzo de 1775 la flotilla partió hacia el norte con unas órdenes muy parecidas a las que había recibido Pérez un año antes: alcanzar los 65ºN, pasar olímpicamente de los occidentales que vieran, si es que los veían, tomar nota si avistaban algún rriuso, tocar tierra tantas veces como pudieran y tratar a los locales tan bien como fuera posible.

La cosa no comenzó demasiado bien, ya que tan solo tres (3) días después de la partida el San Carlos disparó sus cañones dos veces e izó la bandera roja en señal de emergencia. Resultaba que al teniente Manrique le había dado un yuyu de cierta importancia, se le había ido la cabeza y no estaba en condiciones de distinguir su mano derecha de su pie izquierdo, cuanto menos de comandar un barco. Se decidió devolverle a San Blas a la vez que se hacía correr el escalafón y Juan Manuel de Ayala pasó a comandar el San Carlos, mientras que Juan Francisco de la Bodega y Quadra, hasta entonces segundo de Ayala, pasaba a jefazo del Sonora.

"El día 13 a las 3 de la tarde, el paquebote San Carlos hizo una señal pidiendo ayuda, ante la cual nuestro capitán mandó un bote en el que Don Miguel Manrique (que comandaba el paquebote) fue traído a nuestro barco, momento en el que descubrimos con claridad, por sus acciones, que estaba fuera de sí. Al verlo, nuestros oficiales principales le acompañaron a bordo de la fragata para que el capitán pudiera dar las órdenes oportunas en esta ocasión. Se organizó un consejo y los médicos le examinaron y se comprobó la locura de D. Manrique, así que se decidió mandarlo a tierra y también dar el mando del paquebote a don Juan de Ayala, teniente de fragata y el de la goleta a Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, que era del mismo rango."

Ahora sí que sí, ya lo tenemos todo en orden, así que... ¡rumbo al norte! Lo malo es que la Sonora, aparte de pequeña estaba tan preparada para las aguas abiertas como el barquito de cáscara de nuez de Miliki y su mosquito, así que la singladura fue lenta, tanto que el Santiago acabó remolcando a su escolta para poder avanzar. Aún así, en este viaje estaban decididos a desembarcar y reclamar los territorios que pisaran para el rey de España y así lo hicieron por primera vez el 9 de Junio en la actual bahía de Trinidad, unos 400 km al norte de San Francisco. Tras la toma de posesión y comerciar algo con los indios, se hicieron de nuevo a la mar.

Un Chinook más moderno que los primos de los Quinault
Hasta el 11 de Julio no volvieron a divisar tierra, la actual costa del estado de Washington, a unos 48ºN. Durante un par de días anduvieron buscando un lugar adecuado para echar el ancla, cosa que finalmente se hizo frente al actual Point Grenville, un pequeño cabo ya muy cerca de Vancouver. Siguiendo el procedimiento habitual, el Santiago se mantuvo más o menos alejado de la costa rocosa, mientras que la Sonora se acercaba a tierra rodeada de canoas de los indios locales, en este caso parece ser que los Quinault, primos y vecinos de los Chinook. Los paisanos Quinault estos se mostraron en todo momento afables y hospitalarios, lo que ya debía haber hecho sospechar algo, los cuentos de hadas no existen...

El 12 de Julio se produjo el primer desembarco de europedos en el actual estado de Washington. Nueve hombres, entre los que se encontraban el propio Hezeta, fray Benito de la Sierra, Cristóbal Revilla, Juan González e, irónicamente, Juan Pérez, pusieron pie en tierra y realizaron un acto formal de toma de posesión. El punto se denominó Rada de Bucareli en honor del Virrey; hoy ese nombre español ha desaparecido, como casi todos los de la zona, y se conoce este lugar como Bahía de Grenville. Estuvieron lo justo para el acto y se dieron el piro de inmediato, antes de que las mareas, el mal tiempo o cualquier otra circunstancia les pusiera las cosas difíciles. Sin embargo, dado que aún se esperaba que quedaran  bastantes semanas de navegación, Hezeta pidió que parte de la tripulación de la Sonora bajara de nuevo a tierra para recoger leña y hacer aguada. Bodega preparó un pequeño grupo de siete hombres al mando de Pedro de Santa Ana:

"Nuestro destacamento se dirigió a tierra en la zona más profunda y lo más cerca posible del río. Apenas lo habían hecho, sin embargo, cuando los indios bajaron corriendo de las colinas en número de 300 y, rodeando inmediatamente a nuestros marineros, concluimos que el destacamento entero había sido asesinado (Nota: degollado), ya que no escuchamos más que un único disparo de nuestra gente y que los dos únicos hombres que corrieron hacia la orilla se tiraron al mar y no supimos más de su destino en los bajíos de la costa.
Puesto que no podíamos acercarnos en ayuda de nuestros compañeros al no tener suficiente profundidad para nuestro barco, disparamos nuestros cañones y mosquetes, pero nuestros disparos no alcanzaron a los indios y, como ellos no podían saber el daño que les podíamos hacer a esa distancia, no se movieron en absoluto"

A bordo del Sonora solo quedaban cinco hombres sanos, cuatro enfermos y un grumete, pero consiguieron maniobrar y mover la goleta a aguas algo más profundas. Los Quinault se lanzaron también a la mar en sus canoas persiguiendo al navío español que volvió a hacer fuego (a pesar de que sólo tres de los tripulantes podían disparar un mosquete: Bodega, su sirviente y el propio Mourelle, que se supone que dejó de escribir mientras disparaba)  y, esta vez sí, se cepillaron a seis de los indios. La Sonora se reunió con el Santiago, que no había sido testigo de la refriega y, tras un miniconsejo, los comandantes decidieron atenerse a las órdenes de Bucarelli y no dar escarmiento alguno a los Quinault, así que continuaron con la misión. Seis marineros del Santiago pasaron a la goleta y las dos naves siguieron hacia el norte. En honor de los fallecidos nombraron el cabo junto al que había pasado todo como Punta de los Mártires, actual Point Grenville.


La Sonora sigue hacia el Norte


A finales de Julio la Sonora y el Santiago perdieron contacto de forma definitiva. La fragata comandada por Hezeta llegó a la zona de la actual frontera con Canadá y a continuación decidió volver hacia el Sur, aunque lo hizo muy cerca de la costa, cartografiando lo que veían desde el barco. Por ejemplo, el día 17 de Agosto divisaron la desembocadura del actual río Columbia, llamando a su estuario "Bahía de la Asunción de Nuestra Señora", pero la muy mala salud de la tripulación no les permitió entrar en ella y remontar el río. El Santiago llegaría a Monterrey a primeros de Septiembre, su tripulación en unas condiciones lamentables. Juan Pérez no se recuperó y falleció el 3 de Noviembre.

Mientras, en la Sonora la tripulación acordó que pa chulos ellos y que, a pesar de no tener un barco adecuado para la navegación en solitario, ellos iban a llegar tan al norte como pudieran, que para eso se había gastado el rey una pastizara en la expedición:

"El día 5 de Agosto el viento comenzó a ser favorable del SO y la fragata aún no aparecía. Nuestro capitán nos consultó si deberíamos continuar con la expedición. En los últimos dos meses se nos había ido reduciendo la ración de provisiones, un cuarto de agua diario desde que nos alejamos de tierra por última vez, nuestro pan estaba casi completamente echado a perder por el agua que entraba en la despensa y la estación para navegar hacia el norte estaba a punto de concluir. A pesar de todo esto y algunas otras objeciones, llegamos unánimemente a la decisión de ejecutar nuestras órdenes porque, si lo hiciéramos de otra manera, su majestad habría financiado una expedición fallida."
El Monte Jacinto (wiki)
Así que, dicho y hecho, siguieron hacia el norte y el 16 de agosto volvieron a avistar tierra a unos 57ºN. En esta ocasión sí que pudieron descender del barco y se convirtieron en los primeros europedos no rriusos en pisar Alaska. Localizaron un posible puerto, al que denominaron Puerto de los Remedios (57.18ºN), también dieron nombre a un volcán apagado, el actual Monte Edgecumbe, al que denominaron Monte Jacinto. Mucho mejor Jacinto que Edgecumbe, donde va a parar... En esa zona, cerca de la actual Sitka, pasaron aproximadamente una semana, se hicieron con madera para reparaciones y recargaron agua y pescado en abundancia, aparte de conocer a los lugareños y realizar una toma formal de posesión. Una vez hecho eso y, estando como estaban más bien hechos polvo, viraron de nuevo al sur y comenzaron el descenso. Mourelle describe como, el día 24 de Agosto, entran en una bahía (a 55.17ºN) en la que la temperatura era algo más llevadera comparada con el frío pelón que estaban ya pasando y lo achaca a la presencia de volcanes "cuya luz veíamos por la noche, aunque a una distancia considerable". Bodega ya andaba demasiado perjudicado como para bajar a tierra, pero encomendó esa misión a Mourelle, que tomó posesión de la zona con el nombre de Puerto de Bucareli.

A primeros de Octubre, con la tripulación algo mejor de salud, pero aún en condiciones manifiestamente mejorables, entraron en una bahía situada a 38.18ºN que confundieron con la de San Francisco y siguieron hasta un buen puerto ubicado a 38.13ºN. En realidad acababan de entrar en la Bahía de Tomales, justo frente a la actual Bahía de  Bodega, la de Hitchcock, la de Tippi Hedren (por cierto, madre de Melanie Griffith y, por lo tanto, abuela de Dakota Johnson, tan de moda estos días por el bodrio ese de Grey) y la de Rod Taylor.

La de "Los Pájaros", en suma.

Llegada a Monterrey 

El día 7 de octubre llegaron por fin a Monterrey en un estado bastante lamentable, prácticamente ninguno de los hombres de la tripulación pudo bajar del barco por su propio pie. Los Frays de la misión de Monterrey se ocuparon de cuidarlos unos días hasta que, el 1 de Noviembre, juntos de nuevo el Santiago y la Sonora, partieron hacia San Blas para dar cuenta de su viaje.

La segunda expedición al Noroeste había concluido con bastante más éxito que la primera: se habían realizado actos de posesión y los datos y diarios traídos por ambos barcos serían esenciales para continuar las exploraciones y, en su caso, conquistas. Estos diarios y los mapas derivados de ellos eran considerados información hiper-reservada y tratados con el mayor secretismo, peeeeeeeeeeero... ¿recordáis que el principio he dicho que las citas del diario de Mourelle son traducciones de una versión en inglés? Desconozco si hay alguna copia del diario original, yo no he podido encontrar ninguna; sin embargo la he encontrado en inglés y editada en....¡1781! ¡Solo 6 años después del viaje! Lo más grave del asunto es que se sabe que James Cook, el gran explorador inglés, tenía una copia del diario de Mourelle antes de partir en su tercer viaje...¡en 1776! y la usó con mucha más fruición que yo. Lo que quiere decir que algún agente británico lo había distraído casi antes de que el propio Mourelle pudiera rendir cuentas.

Estaba claro que los rriusos y los ingleses estaban interesados en el lejano Noroeste.

Aquí va a haber lío...





domingo, 11 de enero de 2015

Los Pájaros y el Noroeste: Pérez, Hezeta y Bodega (I)

Por muchas vueltas que le daba, la que debería haber sido la cuadragésimo octava entrada de profundosoconfusos me estaba quedando tan entretenida y digerible como un bocadillo de polvorones con pan de ayer. Hace unos días decidí aparcarla, espero que temporalmente, y pasar al siguiente personaje de la lista. Como la casualidad se mofa de la astucia y de la previsión, la actualidad ha venido a brindarme una entradilla que ni pintada para el artículo en ciernes, desgraciadamente bastante luctuosa. Hoy ha fallecido Rod Taylor, un actor más que eficiente y aseado que, al menos en mi memoria cinematográfica, tuvo dos cumbres que revisito de tanto en tanto. Una es La máquina del tiempo, basada en la novela de H.G. y que también está muy de actualidad por la actitud happypasiva de los humanos del año 802.701 dC ante los Morlocks antropófagos que se los van a comer con patatas, comparable a la de los europedos de hoy frente a lo mismo... pero sin "l", "c" ni "k".

En este cartel más parece un cruce entre
 Indiana Jones y Pancho Villa que Marco
La otra es, claro, Los pájaros

Es conocida la afición de don Alfredo Hitchcock por las rubias gélidas. Fiel a su eslógan "ponga una rubia en su peli" acabó dirigiendo a toda una buena colección, desde Grace Kelly a Kim Novak, pasando por Doris Day. Con Tippi  Hedren hizo dos películas consecutivas: Los Pájaros y Marnie, con Sean Connery. No cabe duda de que "Los Pájaros" se ha convertido en uno de los iconos de la historia del cine. A mi me encanta, recuerdo haber pasado miedo, pero miedo, miedo, en uno de aquellos "Sábado Cine" que presentaba Martín Ferrand. La verdad es que no sé muy bien qué es lo que yo entendía de aquella película, si "Haha wo tazunete sanzenri(Marco, para los despistados, que hay que decíroslo todo (PERO... ¿ESTO QUÉ ES?!?!?)) ya era demasiado complicada para mí en aquellos años...

A lo que iba: ese final en el que los protagonistas abandonan el pueblo mientras los cuervos y las gaviotas abarrotan las ramas y los cables de la luz y los miran con cara de... bueno, con cara de pájaro... angustioso. En esa escena se ven unos preciosos rayos de sol que se cuelan entre las nubes e iluminan la bahía en la que se asienta el pueblo. Al comienzo de la película nos enteramos de que tanto el pueblo como la bahía, unos 100 km al norte de San Francisco, se llaman "Bodega bay" y, por una vez y sin que sirva de precedente, no solo ese lugar existe en realidad, sino que la peli fue rodada allí mismo, con su mecanismo. Con el mecanismo de Hitchcock que era un mecanismo bastante peculiar.

Y, claro, uno se pregunta ¿eso de Bodega Bay de donde viene? Porque, aunque el lugar no esté lejos del valle de Napa, no parece que esa enocercanía sea suficiente para llamar Bodega a la Bahía. No, claro, la razón es histórica y tiene que ver con uno de tantos marinos españoles que recorrieron el mundo casi desde antes de que se le pudiera llamar mundo: don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, natural de Lima, Virreinato del Perú, España.

Al Norte de San Blas


A los que cojeen de ese pie, que no es mi caso, les sonará esta población mejicana por una canción de Maná sobre una loca y un muelle, o algo así. Adicionalmente, resulta que San Blas era el puerto español más importante en el Pacífico Norte a finales del XVIII, de hecho fue fundado en febrero de 1768 con el objeto de que
"San Blas sirviera de mansión de los buques destinados a California y Sonora"
Claro, norte, norte, lo que se dice norte... no era mucho. San Blas está bastante más al sur que las Canarias, por ejemplo, pero no controlábamos ningún puerto más al norte, lo que da idea de la mala relación interés/dificultad que California ofrecía en esa época.

Como ya sabemos de las andanzas de Junípero y Anza, en la segunda mitad del XVIII, por unos motivos o por otros, las miradas se tornaron hacia el norte y la tierra que hasta entonces no nos había interesado en absoluto, pasó a ser apetecible. En esta ocasión el esfuerzo explorador no fue soportado por intrépidos conquistadores casi autónomos, sino que se hizo un programa serio de exploraciones y asentamientos. Hoy nos vamos a quedar con tres de estas expediciones.

Al lío, la primera de ellas fue la

Expedición de Juan Pérez (1774)


La primera de las expediciones lanzadas para explorar las costas tan al norte como se pudiera fue la de Juan José Pérez Hernández. En concreto, para esta expedición, el virrey Bucareli fijó como objetivo llegar a los 60ºN. Ya se sabe, lo de los jefes y la fijación de objetivos realistas... sólo brillantes excepciones...

Esquema supuestamente de la fragata Santiago
 que aparece en numerosos documentos
 al respecto. No las tengo yo todas conmigo...
Para tal fin se construyó una fragata de 25 m de eslora diseñada para una tripulación de 64 paisanos, pero acabaría llevando 88 tripulantes, 24 pasajeros, 12 bovinos, 24 ovinos, 15 caprinos y 79 pollinos (quicir, pollos, gallinas, no burros), aparte de más de 5 toneladas de carne seca, casi dos de pescado, 17 toneladas de galleta... en fin, que ligeros no iban. El más principal de los pasajeros no era otro que nuestro amigo Fray Junípero, que se dirigía a la misión de Monterrey con un lote de colonos. Él fue el encargado de la bendición del barco, bautizado como Santiago, el día de su partida, el 25 de enero de 1774. La expedición comenzó de forma manifiestamente mejorable, ya que el barco tenía algunos defectillos que pulir, así que Pérez decidió hacer un alto de 25 días para arreglos varios en San Diego. El 8 de Mayo alcanzaron Monterrey y allí quedaron Fray Junípero y sus colonos, con parte de los cuadrúpedos. Ya puestos, hicieron otra parada de 26 días para más reparaciones y otros poyaques antes de partir el 3 de Junio. Aprovechando la coyuntura se unió a la expedición otro viejo amigo nuestro: el fray Juan Crespí, como cura y como relator del asunto. Obviamente, gracias a él tenemos diario detallado del primer viaje serio hasta las costas al norte de California.

Una vez concluida la parte transportista de la misión, Pérez procedió a abrir las orden secreta de la expedición, que para nosotros ya no es ninguna sorpresa, en la que se le pedía llegar a los 60ºN y buscar buenos puertos por el camino, así como se le daban instrucciones sobre como describir todo lo que viera para que esta descripción fuera válida en una reclamación de soberanía, que hay mucho listo por ahí. Asimismo, el Virrey Bucareli insistía en mantener buena relación con los aborígenes, tratarlos con respeto y convencerlos de que se convirtieran. Al cristianismo, claro.

Pérez no llegó a los 60ºN. Navegó un mes hacia el norte en aguas abiertas en medio de la lluvia y de la niebla, que les acompañaría casi todo el viaje y dificultaría incluso la toma de coordenadas, hasta llegar más o menos a los 55ºN, donde el 18 de Julio se encontró con unas islas que llamó de Santa Margarita (hoy de la Reina Carlota). Puesto que la tripulación ya iba algo perjudicadita de salud, las condiciones meteorológicas eran tirando a chungas, llevaba solo un barco y no conocían en absoluto las costas que tenían delante, Pérez (con más miedo que vergüenza) no se atrevió a tomar tierra y menos aún a realizar ningún acto de toma de posesión. Nos cuenta Crespí:

"Jueves veinte y uno de Julio amaneció no tan cerrado de neblina como los antecedentes aunque llovisnando y soplando el sueste fuerte con una buena marejada : á las ocho de la mañana viraron de bordo poniendo la proa para la punta que ayer vimos y que se nombró por el señor capitan la punta de Santa Margarita por haberse divisado ayer dia de la gloriosa santa : caminamos á la bolina con la proa al E. ' al N. Ε. Como á las doce (que no se pudo observar por estar el sol tapado con nublados) estávamos como un cuarto de légua cerca la punta de Santa Margarita la que fuimos costeando hacia el E. S. E. en donde nos parecia hacer recodo, con el fin de registrar y sondear para dar fondo y saltar á tierra y plantar en ella el estandarte de la santa cruz ; pero no fué posible montar dicha punta ni cerciorarnos si era isla ó punta de la tierra firme por la fuerza de las corrientes que nos rechazaban al S."

Desde Santa Margarita Pérez comenzó el retonno mucho más cerca de la costa que, al menos, pudieron observar y describir. Hubo una importante parada en la actual isla de Vancouver, en concreto en la zona del estrecho de Nutka, al que denominó Surgidero de San Lorenzo. Se volvió a intentar bajar a tierra y tomar posesión, peeeeeeeero:

"Martes nueve de Agosto amaneció el dia en calma como toda la noche, el dia algo claro por el N. O. aunque por los demas rum- bos cerrado de espesa neblina. En quanto amaneció se dió mano á hechar la lancha al agua á fin de ir á tierra y clavar la santa cruz, y estando en esta maniobra vimos salir de tierra 15 canoas, y en breve rato estuvieron cerca nosotros y vimos venian en ellas como cien hombres y algunas mugeres aunque no muchas. Se les dió á entender se arrimasen sin miedo, y se acercaron y comenzaron á comerciar con nosotros quanto traian en sus canoas que todo ello se reducia á pieles de nutria y de otros animales no conocidos...
...Como á las seis de la mañana estando ya la lancha á la agua y pronta para ir á tierra se levanto el viento O. y se reparo que nos hechava á tierra arrastrando la ancla ; luego mando el señor capitan levar la dicha ancla para ponernos á la vela é ir bordeando mientras iva la lancha á tierra y volvia, pero el mucho viento y marejada por instantes nos hechava sobre la tierra : y visto y el evidente peligro en que estávamos de perdemos, tomo á buen partido el señor capitan perder la ancla y calabrote y asi mando cortar este y luego se hizo á la vela poniendo la proa al S. O. 1/4S. y con mucho trabajo pudimos montar una punta de piedra que sale una légua á la mar; rebasada la punta y apartados ya de la tierra como tres léguas fué tanto el viento y marejada que fué preciso aferrar todas las velas y quedamos con sola la trinquetilla para poder subir á bordo la lancha y estando en esta faena vino un golpe de mar que dió á la lancha, que de milagro no la perdimos y con ella algunos marineros que estaban en ella."

O sea, que tampoco. Aún así esta parada tendría su importancia ya que durante la misma los nativos, que sí subieron al Santiago, se quedaron con dos cucharas de plata de la vajilla personal del segundo piloto Juan José Martínez, no se sabe si a cambio de algo o, sencillamente, las distrajeron. ¿Y qué importancia pueden tener dos cucharas? Pues bastante, sobre todo cuando resulta que James Cook las vio cuando pasó por la zona cuatro años después y fueron prueba de que los españoles habían tenido contacto con los nativos antes que él. Con el devenir de los años este hecho supuso que la actual frontera entre Canadá y los EE.UU esté donde está y no más al sur, como querían los ingleses. Esta curiosa disputa territorial, que heredaba reivindicaciones y tratados entre Rusia, los EE.UU, Inglaterra y España, no se resolvió del todo hasta 1846 con el tratado de Oregón.

El 20 de agosto llegaron de vuelta a Monterrey y ahí termina el diario de Crespí. Juan Pérez y sus cuates se volvieron a San Blas siendo claros protagonistas de un "casi... pero no". No habían cumplido ninguno de sus objetivos principales, pero al menos habían vuelto con información más que útil para el futuro, tanto que, casi de inmediato, se organizó la

Expedición de Hezeta (1775)


No nos vamos a engañar, el sabor que dejó la expedición de Pérez no fue demasiado dulce. Aún así, se consideró que su experiencia era valiosa y fue incorporado a la expedición de Hezeta como segundo.

Pero de eso y del motivo por el que Rod Taylor paseó su palmito por Bodega Bay y no por, pongamos, Flanagan's Bay hablaremos en la próxima entrada.

Con Dios.


lunes, 10 de noviembre de 2014

La matanza de Yuma: Garcés, Islas, Rivera y Fages

Andan estos días a vueltas en algunos medios celebrando el trigésimo aniversario de 1984, no ya por la novela de Orwell, sino porque dicen que 1984 dio una excelente cosecha para el cine. No seré yo quien lo discuta... bueno, si, seré yo ¿1984? ¿En serio? A ver, decidme, aparte de Terminator ¿qué mas?

Vayámonos, un suponer, a 1957. Tampoco es que fuera de esos años en los que surgen las obras maestras como setas en bosque recién llovido, pero no fue malo, no. Por ejemplo, una de las pelis más famosas del año, la que de hecho se llevó el Óscar a la mejor pinícula, fue esencial en la historia mundial del disimulo: "El puente sobre el río Kwai", con ese coronel Nicholson y ese coronel Saito, a cual más trastornado. También despuntó ese año el rey del cine de acción desbordante, ese genio de las persecuciones al volante que fue Ingmar Bergman, con "El séptimo sello" y, ahora hablando muy en serio, dos obras maestras de dos genios del cine: "Senderos de gloria" de Kubrick y "Testigo de cargo", la película de Hitchcock que no hizo Hitchcock, sino el gran Billy Wilder, así como un clásico del teatro cinematográfico y/o televisivo: "12 hombres sin piedad". No sería un mal menú para un lluvioso fin de semana otoñal, no...

Pero no nos hemos ido a 1957 por ninguno de las anteriores flins, sino por una peli del Oeste dirigida por Samuel Fuller y protagonizada por Rod Steiger y por ¡Sarita Montiel! haciendo de india: "Run of the arrow", también conocida como... Yuma. Evidentemente ésta no es absoluto una joya pero, aunque reconozco no haberla visto ni tener intención alguna de hacello, supongo que con ese nombre la acción se ubicará en o cerca de Yuma (Arizona).

El Gila y el Colorado


Como ya sabemos por varias historias que han pasado previamente por nuestras teclas, la frontera Oeste entre los EEUU y los EEUU (los de América y los Mejicanos, respectivamente) es una zona asaz árida y de no fácil tránsito, especialmente a caballo, con carretas, ganado y tal... por lo que durante años, casi siglos, los españoles pasamos por allí lo justito, a pesar de tener el terreno a nuestra disposición casi en exclusiva. Adicionalmente, para dirigirse hacia California, una vez harto de desierto, en algún punto hay que cruzar el río Colorado, que hace de frontera natural entre Arizona y California durante no pocos kilómetros. Toda esta película ya nos la sabemos de las aventuras de Anza (I y II) y también entonces descubrimos que el punto más indicado para cruzar el Colorado resulta ser la zona en la que se une a su afluente principal: el Gila.

Desde las primeras expediciones por la zona (Alarcón y Melchor Díaz, por ejemplo), se sabía que el encuentro de ambos ríos era una importante ubicación estratégica por lo que acabamos de comentar, era el mejor punto  de vadeo en cientos de kilómetros (bueno, entonces de leguas).

Misión de San Javier de Bac. Foto de la wiki
Por ese punto había pasado ya n veces un viejo amigo del blog, el padre Garcés, el Indy Jones de los frays, que, sólo o en compañía de otros, había dedicado años de su vida a recorrerse la zona buscando indígenas a los que cristianar. Por ejemplo, lo recordamos de las dos expediciones de Anza ya que participó en ambas, pero ya entonces lo hizo debido a su conocimiento y experiencia previas. Garcés, maño de Morata del Jalón, había llegado al nuevo mundo con 30 añitos y le habían asignado a la misión de San Javier del Bac, cerca de la actual Tucson (Arizona) y que dista sólo 21 km de otro de esos lugares que no quiero morirme sin ver (y, ahora que no nos oye nadie, igual lo hago dentro de muy poco tiempo (verlo, no morirme (bueno, eso nunca se sabe (salgamos de este jardín tetraparentésico...)))): The Boneyard. Arrrrrrfffffffsssssssss!!!!

A lo nuestro. Garcés se movió como una lagartija -nunca mejor dicho- por los desiertos de Sonora, por los ríos Colorado y Gila, por el Mojave.., de hecho se convirtió en el primer europedo en cruzar el Mojave y en contactar con los indios de la zona, lo que le permitió encontrar el paso hacia el Pacífico que luego asentaría con Anza: Todos esos desplazamientos los hizo ganándose la confianza de las distintas tribus locales, lo que probó su habilidad para integrarse en el ambiente y le hizo valiosísimo para expediciones posteriores. Según nuestro también viejo conocido Pedro Font:

"Es el Padre Garcés tan a propósito para entenderse con los Yndios, y andar entre ellos, que no parece sino Yndio. El gasta una flema en todo, como los Yndios: se sienta con ellos a la rueda, ó de noche cerca de la lumbre, cruzado de piernas, y se estará dos o tres horas, ó más, embobado sin acordarse de nada, platicando con ellos con mucha serenidad y pachorra: y siendo las comidas de los Yndios tan asquerosas, y sin asseo, como ellos immundos, el Padre las come con mucho gusto y dice que son estomacales, y muy regaladas. En fin, lo ha criado Dios, según veo, totalmente a propósito para buscar estas infelices Gentes, ignorantes y rústicas."
De uno de los dos diarios que llevó Font de la expedición de Anza, en concreto del privado, anotación del Viernes 8 de diciembre de 1775. Font no parece que fuera muy partidario de los usos y costumbres locales...


Incluso antes de participar en las expediciones de Anza, Garcés había conocido en uno de sus rulos a Olleyquotequiebe, miembro de la tribu quechan y cuyo nombre significaba algo así como "el que resuella", seguramente porque era asmático. Garcés podría ser aficionado a integrarse con los indios, pero lo de Olleyquotequiebe era demasiado, así que le rebautizó como Salvador Palma y nosotros no vamos a ser menos así que como Palma se queda. Este encuentro fue bueno para ambos, ya que las sucesivas expediciones que fueron pasando en busca de California lo hicieron por territorio quechan y eso suponía comercio y regalos, lo que a su vez hizo subir a Palma en el escalafón hasta hacerse cabecilla de la tribu.

"Nos hospedaron los Yumas en una ramada, que aqui havia mandado hacer el Capitan Palma luego que supo nuestra venida, y acudieron muchos Yndios de ambos sexsos a visitarnos muy festivos y alegres, y muy embijados de varios modos, y de diversos colores"
De nuevo del diario privado de Font, esta vez del día 28 de Noviembre

La pinta de los Yumas/Quechan.
De la wiki
Obviamente, cuando Anza pasó por la zona con sus cuates rápidamente se dio cuenta de la importancia del lugar y de que las buenas relaciones con Palma iban a ser esenciales pero, como hemos visto, buena parte del trabajo ya estaba hecho (por Garcés) y la expedición fue recibida con los brazos abiertos, así que aparte de agasajarle con regalos se lo llevó consigo a la vuelta hasta Sonora. Palma pasó allí un año y se supone que le gustó el asunto, pero las autoridades españolas aún tenían dudas respecto a la propuesta de Anza y Garcés, que consistía en enviar colonos a establecerse en la zona del paso del Colorado. Tras ese año se aprobó el asentamiento y, ya en 1780, partió una reducida expedición al mando militar de un joven alférez de origen italiano llamado Santiago Islas y al espiritual (y algo más) de nuevo del padre Garcés. Islas era el típico militar ascendido a base de "valor demostrado" pero con una experiencia organizativa manifiestamente mejorable y se llevó como segundo al sargento primero Juan de la Vega. Garcés fue acompañado por los padres Barreneche, Moreno y Díaz. Palma volvió a su casa con la expedición.

Nada más llegar, Islas eligió el lugar del primer asentamiento en una colina junto al río Colorado justo frente a la unión con el Gila y lo llamó "Purísima Concepción". El sargento de la Vega fue enviado más al norte y fundó otro asentamiento, al que llamó " San Pedro y san Pablo Bicuñer", a unos 20 km río arriba. Los Frays se repartieron: Garcés y Barreneche en la Purísima y Moreno y Díaz en Bicuñer. Para que os hagáis una idea del tamaño de los asentamientos, con Islas quedó de segundo el cabo Pascual Rivera, los dos frays, ocho soldados y 15 familias civiles (86 bípedos implumes en total). Vega, por su parte, se llevó de segundo al cabo Palomino, los otros dos frays, otros ocho soldados y doce familias civiles (77 paisanos en total).

A mitad de camino entre la Purísima y Bicuñer quedó uno de los asentamientos Quechan. Por cierto, las dos misiones estarían hoy dentro de la reserva india de Fort Yuma, un área de 180.000 km² mayoritariamente en el actual estado de California.

En parte debido a las reticencias de las autoridades la misión no estaba especialmente dotada, ni de militares, ni de civiles, ni de ganado, así que cuando Palma llegó con ellos a su pueblo, los quechan quedaron asaz desilusionados, evidentemente esperaban algo mucho más llamativo que 150 personas y cuatro vacas. A partir de ahí la estrella de Palma comenzó a debilitarse.

Y eso nos vendría muy mal...

Pateando la colmena


Una vez fundados los dos poblados los colonos pusieron manos a la obra y comenzaron por lo más importante, claro: construir dos iglesias. Luego ya, si eso, se pondrían con cosas menores como reconocer bien el terreno, construir casas, establos y tal...

Cuenca del Gila, de la wiki
Parece ser que los años 1780 y 1781 fueron especialmente secos en Sonora y aledaños lo que, unido a la poca habilidad mostrada por Islas a la hora de repartir tierras y aguas, llevó a un retraso en las cosechas y a que, de hecho, los colonos tuvieran que subsistir con las reservas alimenticias de los indios, lo que mucho no debió gustarles. Para acabar de mejorar la situación, cuando los indios comenzaron a mostrar su malestar, Islas decidió azotar a algunos de ellos y arrestar (según algunas fuentes después de haberle nombrado Gobernador de San Pedro y San Pablo, lo que se le subió a la cabeza) al cabecilla de las protestas que resultó no ser otro que Ignacio Palma, el hermano de Salva. 

Ante todos estos hechos, los quechan ya iban mirando al asmático un poco de reojillo, en plan: "Vamos a ver, Olleyquocito... te haces amiguito del alma de los españoles estos, te largas con ellos un año a su pueblo, vuelves con cuatro mataos y tres vacas famélicas, nos quitan el agua y las mejores tierras porque ellos van a sacar mejores cosechas, no sacan nada y encima les tenemos que dar de comer. ¡Menudo negocio, macho!"

Mientras tanto, fray Gracés seguía a lo suyo, haciendo todos los esfuerzos posibles por congeniar con los locales. Se había construido una choza a las afueras de Purísima Concepción y desde ella se esforzaba en evangelizar a los quechans, en esta ocasión con un éxito limitado.

El hecho definitivo que desencadenó la revuelta fue la llegada en Junio a Yuma de uno de nuestros viejos amigos: Fernando Rivera y Moncada. Rivera había sido Gobernador de California, pero en 1781 ya había abandonado ese puesto y en ese momento estaba al cargo de una expedición de gran tamaño que viajaba hacia California para fundar la misión de Santa Bárbara. Esta expedición sí que era de cierto porte como atestiguan las más de mil cabezas de ganado que llevaban. Como ya nos sabemos, el camino hacia California pasaba indefectiblemente por los puestos fundados por Islas y no sólo eso, sino que era el lugar ideal para parar a que bípedos y cuadrúpedos descansasen... y ahí, precisamente ahí, estuvo el principio del fin.

Ni Rivera ni Islas le echaron demasiada cuenta al creciente descontento de los quechan. Rivera se limitó, en su burocrática eficiencia, a organizar a los suyos para que se repusieran lo antes posible del tute que ya llevaban y se prepararan para lo que quedaba. Las más de mil cabezas de ganado quedaron sueltas por la zona y se metieron, claro, en los sembrados de los quechan, a los que el asunto no les hizo demasiada gracia. Lo malo, para ellos, es que junto a los 1000 cuadrúpedos iba un considerable número de curtidos dragones de cuera y eso ya eran palabras mayores.

Tras descansar unos días, el grueso de la expedición continuó su camino hacia California, pero Rivera se quedó atrás con solo 19 soldados al cargo de 250 cabezas de ganado que no estaban aún en condiciones de viajar. En esos días el nerviosismo de los quechan era ya más que evidente, pero no se tomaron acciones extraordinarias de protección, con lo que el 17 de Julio:

"El domingo día diez y siete de Julio de ochenta y uno, se tocó a Misa y no habiendo en el pueblo de la Concepción más Soldados que el Comandante Isla y el cabo Baylón, concurrieron a ella con la mugeres y uno u otro de los Pobladores, porque los demás andaban en el campo desparramados y quedando el Cabo de centinela por si venían los Indios armados como los días antecedentes para que no intentasen algún alboroto. Comenzó el Padre Garcés la Misa, y al pasar el Misal para el Evangelio, se oyó el alarido de los Indios, que cayeron en grandes escuadras y sitiaron la Iglesia y las casas. Suspendida la Misa salió el Comandante a tomar las armas y al salir de su casa que estaba muy inmediata, le oprimieron los enemigos y rápidamente le quitaron la vida a palos."
De la "Crónica Seráfica y Apostólica del colegio de propaganda fide de la Santa Cruz de Querétaro en la Nueva España, dedicada al santísimo patriarca, el señor san Joseph", escrita por el franciscano Juan Domingo Arricivita.

Mientras, en San Pedro y San Pablo las cosas fueron aún más drásticas, ya que a la misma hora el poblado fue asaltado, en este caso de manera mucho más eficiente. Cayeron ambos frays y todo el personal que por allí andaba fue muerto o apresado. En concreto, al padre Matías Moreno le cortaron la cabeza con un hacha "no se supo si estando vivo o muerto".

Durante todo el día 17 los supervivientes que habían quedado en la Purísima Concepción estuvieron esperando una segunda oleada, sin embargo esta no se produjo ya que los quechans andaban muy ocupados con otro asuntillo.

Habíamos dicho que Rivera se había quedado por la zona tras poner en marcha el grueso de su expedición, pero no se quedó en ninguno de los dos poblados, sino en un campamento algo alejado de ellos. Cuando se enteró de los dos ataques decidió prepararse para la defensa, no se encontraba en condiciones de atacar ya que, recordemos, contaba solo con 19 soldados, pero tal vez le fuera posible echar una mano a los que pudieran huir del poblado. Tal y como esperaba, los indios le atacaron a él y, aunque lógicamente los yumas sufrieron muchísimas bajas, finalmente acabaron con todos los dragones de cuera. De ese grupo sólo sobrevivió la mujer de uno de los soldados y un intérprete.

Ya el 18 de julio, Garcés y Barreneche salieron por piernas del poblado liderando a los supervivientes, seguros de que los yumas se lanzarían sobre él de inmediato (cosa que, obviamente, ocurrió esa misma tarde). Los frays y el resto habían encontrado acomodo en la casa de una india "que siempre había manifestado amor a los Misioneros" y allí pasaron el 18 y 19 de julio. Pero claro, la situación, más que manifiestamente mejorable, era directamente desesperada. El mismo 19 fueron localizados, molidos a palos hasta la muerte y enterrados allí mismo (supongo que el enterramiento lo haría alguno de los ya cristianados).

En esos tres días murieron 105 españoles: 37 soldados, 64 civiles y los 4 frays. Adicionalmente 76 personas quedaron en poder de los quechan, entre ellas 30 mujeres y 37 niños.

Un ejército como Dios manda nuca deja atrás a sus caídos


Los hechos de Yuma se conocieron relativamente pronto gracias a la intervención de otro veterano dragón de cuera, el Alférez Cayetano Limón. Limón era uno de los oficiales que acompañaron la expedición de la que se había separado Rivera hacia California. Sus órdenes eran garantizar la seguridad de la expedición y, una vez hecho esto, volver a Sonora. El hecho de que Rivera no hubiera dado señales de vida le tenía mosqueado y sus sospechas se confirmaron del todo cuando un grupo de indios no beligerantes se lo contó todo poco antes de llegar al Colorado. Aún así y a pesar de contar sólo con tres soldados, uno de ellos su propio hijo, continuó hasta llegar a Yuma, encontró los restos de los incendios, incluso cadáveres desparramados y salió de allí a carajo sacado para llevar las noticias a California. Durante días fue hostigado por los quechan y perdió a dos de sus soldados, pero finalmente llegó a un puesto español e informó de lo sucedido.

De nuevo un viejo amigo, el ilerdense Pedro "el oso" Fages fue enviado a 
1.- rescatar a los prisioneros, principalmente mujeres y niños, que habían quedado en poder de los quechans y
2.-  ya puestos, organizar un buen escarmiento y recuperar el control de la zona
Fiel a su costumbre, Fages escribió un diario de su misión, por el que sabemos que el jueves 18 de octubre de 1781 Fages dió con el asmático que, entre resuello y resuello aceptó liberar a 48 de los prisioneros "a trueque de bayeta, frezadas, avalorios y zigarros... un sombrero mio apuntado y guarnezido de plata con su escarapela, con una camisa, y algunas caxillas de zigarros". Ese mismo día encontraron los cuerpos de Rivera (al que reconocieron por una "quebradura que tenía en la espinilla de una pierna") y sus soldados. El 19 siguieron las negociaciones y se liberó a otros 14 prisioneros. Ese mismo día, una alianza de indios enemigos de los yumas (a saber: Alchidumes, Pimas Gileños y Cocomoricopas) informó a Fages de su intención de lanzarse contra los yumas al día siguiente, cosa que hicieron con cierto apoyo por parte española, por lo que los yumas se dispersaron y huyeron hacia el norte. A pesar de que aún quedaban 5 mujeres y algunos churumbeles en poder de los yumas, la situación aconsejaba la retirada... temporal.

Todo el mes de Noviembre y primeros de diciembre se sucedieron permanentemente las escaramuzas y el hostigamiento de los campamentos por grupos de hasta 1500 yumas. En esos días se consiguió el rescate del resto de cautivos (esta vez a cambio de prisioneros indios), el día 7 dieron con los restos de los padres Díaz y Moreno, que fueron recogidos, los de los soldados y civiles fueron incinerados y las cenizas recogidas. El 10 de Diciembre encontraron enterrados y semi-incorruptos a Garcés y Barreneche:
"...estavan enterrados los dos juntitos, como sy los hubieran sepultado, vno, al lado del otro, bien parejitos, y compuestos, con sus paños menores, y avn se hallaban casy yncorruptos, en espezial el cuaerpo del R.P. Garzes, y en las orillas donde estavan enterrados, havia criado mucha manzanilla muy olorosa; nos aseguraron havia echo, la buena obra de enterrarlos, vna Yndia que los estimaba mucho"

Ergo se confirma lo de la india.

La operación de Fages continuó hasta bien entrado 1782, pero ni él ni nadie después que él logró pacificar la zona, con lo que la ruta de Anza quedó cortada sólo unos años después de ser abierta, lo que limitó enormemente la posibilidad de desarrollo de California. España andaba demasiado liada luchando con los ingleses en media América en el marco de la guerra de independencia de los EEUU como para prestar atención a una zona tan remota y agreste (Nota mía: ERROR, craso error). No sería hasta 1829 cuando Antonio Armijo abrió otra vía estable de comunicación hacia California, mucho más al norte, estableciendo lo que se conoce como "Old Spanish trail"

El levantamiento de unos cuantos indios, ni los más guerreros ni los más numerosos, pero en el peor sitio y en el peor momento tuvo unas consecuencias tremendas para la historia, aunque en este caso dudo que ellos supieran el daño que hacían.

Hoy otros aborígenes, igualmente escasos y poco beligerantes también pretenden aprovechar momento y lugar para hacer un daño mucho mayor. Esta vez a sabiendas.

La historia no para de repetirse...





domingo, 9 de noviembre de 2014

Brevérrima entrada sobre nuestro íntimo archienemigo Sir Francis Drake y su barquichuelo

Hace unos meses disfrutamos de la presencia por estos lares, no de un español célebre por defender a su patria, sino de un inglés famoso por tocarnos lo que no suena a la menor oportunidad. Creo que la historieta no quedó del todo mal, dentro de lo que cabe, pero hoy voy a añadir una minúscula mención que querría haber puesto entonces pero no pude. 

Hace justo un año disfruté en Londres de un fin de semana extraordinario con unos amigos, de consecuencias del cual surgió la entradilla de Vernon, Lezo y la pedorreta. Por desgracia un fin de semana es muy breve y no nos dio tiempo a acercarnos a uno de los lugares que tenía previstos: la réplica del Golden Hinde que está en la ribera sur del Támesis, cerca del puente de Londres. Además, desde allí hay un paseito hasta el Mayflower pub, situado junto al muelle desde el que el Mayflower abandonó Londres hacia Southampton y después hacia Massachusetts (recordemos, en 1620, cuando en América ya había diez (10) universidades y la catedral más antigua del continente llevaba 80 años terminada).

El agua tiene una limpieza
manifiestamente mejorable
Bien, esta semana, casi por casualidad, he pasado junto al Golden Hinde así que me permito abrir esta entradilla solo para compartir un par de fotos. El barco es una réplica moderna, más o menos parecida al Golden Hinde original, que se construyó en los 70 del siglo XX para conmemorar los 400 años del viaje de Drake. Después de unos cuantos rulos por el mundo lo colocaron aquí y, siguiendo con la profesión de su capitán original, sablean al personal con la excusa de la historia. Lo han ubicado en una zona interesante de la ciudad, antigua zona de muelles y almacenes que, como casi todo en Londres últimamente, han revalorizado y es muy agradable de visitar. Justo al lado hay un mercado muy interesante, el Borough Market que tiene "sólo" 1000 años de antigüedad (y en el que, como en cada mercado inglés que se precie, hay un puesto en el que ofrecen unas paellas de aspecto y olor pedor que infames). Toda esta zona está al pie del Shard.

En los minutillos que anduve por allí pude escuchar una parte de la charla que un individuo disfrazado de dizque marinero del siglo XVI les estaba soltando a un grupo de muchachuelos inequívocamente ingleses. No era momento ni lugar para intervenir, menos aún teniendo en cuenta que el barco está junto a un  tradicional pub del que me esperaba pudieran salir docenas de aficionados del Crystal Palace con aviesas intenciones hacia mi persona, pero no habría estado mal hacer algunas puntualizaciones. Una cosa curiosa y en parte admirable de los ingleses es que disimulan poco: lo que no asumen, lo obvian y lo que asumen no se cortan un pelo en publicarlo. Lo que me lleva a la tercera y más interesante foto del lugar: la de mi dedo. Lean, lean lo que señalo... Por cierto, juro que la elección del dedo anular como señalador es pura casualidad.


"En 1577, tras una reunión secreta con su Majestad la Reina, partió en su viaje más famoso, una expedición  en aguas del Pacífico para explorar los territorios bajo dominio español, lo que resultó en la primera circunnavegación del globo por un capitán inglés. Los enormes tesoros que trajo de vuelta, tomados a los españoles, pagaron la deuda nacional inglesa e hicieron a Drake uno de los hombres más ricos de Inglaterra. Fue nombrado caballero por sus esfuerzos por la reina Isabel I en 1581"
PS: Recuerdo, una vez más, que cuando Drake llegó al Pacífico, hizo de las suyas y terminó volviendo a casa por el camino más largo, Andrés de Urdaneta hacía años que había fallecido tras pasar los últimos años de su vida descansando plácidamente en Méjico y, por lo tanto, la ruta de VUELTA del Pacífico ya estaba abierta. Que sí, que dar la vuelta al mundo era shungo en cualquier caso, pero por entonces era un asunto que hacía mucho que estaba superado por los navegantes españoles.

PS2: Por cierto, el ataque al "Cagafuego", así como el muy posterior ataque a la "Mercedes" (por favor, no dejen de visitar las exposiciones al respecto en el MAN y el Museo Naval. Interesantísimas) fueron ataques a objetivos militares en tiempo de paz y sin aviso previo. Muy en línea...



Sarmiento: Lio en Rio

                         Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1 , ...