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jueves, 14 de marzo de 2013

El Zipango ibérico: mártires en Japón

Puede que éste sea el momento en el que más historias estén esperando su turno para aparecer en profundosoconfusos desde su creación hace casi un año. Tengo pendientes al menos tres asuntos que ya se han comentado en el blog en algún momento y sobre los que me queda aún mucha información que buscar. Además, un amable lector (y sin embargo amigo) me ha sugerido una historia que desconocía completamente y que tiene una pinta excelente y se adapta a la perfección a esta bitácora. Les animo, por cierto, a hacer sugerencias, que los comentarios están más parados que el caballo de un fotógrafo.

Esta semana, sin embargo, la actualidad me ha traído, de la forma más insospechada posible, un regalo que no puedo rechazar. Ayer fue elegido el nuevo Papa de los católicos: Papa Francisco. Parece que el ex-obispo de Buenos Aires no ha elegido ese nombre en honor de San Francisco Javier, misionero de la Compañía de Jesús y compañero de su fundador, San Ignacio de Loyola, pero nosotros vamos a seguir por ese camino. Da la casualidad de que Francisco Javier pasó un tiempecito por Japón y aún hoy es muy conocido por allí. De hecho, está entre los cinco personajes reales más nombrados cuando preguntas a los japoneses por españoles (junto a Antonio Gaudí, Pablo Ruiz Picasso, varios jugadores de fútbol a los que consideramos como uno solo y otro Francisco... sí, Franco). Supongo que el hecho de que San Francisco Javier escribiera cosas como esta:

"Toda la gente que hemos encontrado hasta ahora son en mucho la mejor de todos los países descubiertos. Y me parece que nunca encontraremos un pueblo entre los no cristianos igual al de Japón. Tienen excelentes modales, no son maliciosos… son hombres de honor que lo anteponen a todas las cosas"

habrá ayudado a cimentar su popularidad en el país del sol naciente...

Dado que el origen de este blog fue contar un viaje a Japón y que luego ha devenido en un buscador de pequeñas historias que nos recuerden la importancia de España, había que encontrar algún modo de sacar provecho de esta coincidencia. No, no voy a contarles la historia de San Francisco Javier, que por otra parte es interesantísima, pero sí empezaremos la entrada con su llegada a Japón...

La cruz llega a Nihon

Monumento a Francisco Javier en Shimonoseki. Ya, no parece gran cosa...
De los 266 papas que la historia ha visto, creo que solo 3 han sido españoles, aunque yo no soy nada experto en esta materia. Mr. Google sí parece serlo. Si hubiera que relacionar las nacionalidades de los papas con aquellos países que más hicieron a lo largo de la historia por que el cristianismo sea hoy la religión más extensa geográficamente del mundo, no cabe duda de que el número de españoles o portugueses debería ser destacado; como hemos ido diciendo, los ibéricos no pararon de evangelizar "infieles" en todo el mundo conocido durante cientos de años. En fin, unos llevan la fama y otros cardan la lana...

En el verano de 1549, Francisco Javier llega a Kagoshima, en el sur de Kyushu, la isla más meridional de las cuatro principales que conforman Japón (de N a S: Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu) junto a dos compañeros religiosos y un traductor. Francisco Javier pasó en Japón poco más de dos años, durante los cuales tampoco puede decirse que alcanzara un éxito arrollador en cuanto a conversiones. Sin embargo sí plantó una semilla que dio origen a una pequeña comunidad católica en el sur de Japón. Francisco Javier partió hacia India y luego China, donde murió en 1552. Esta breve estancia en tierras niponas fue suficiente para ser recordado por casi todos los japoneses, e incluso identificado como español, como os decía antes.

El siguiente hito en la historia del cristianismo en Japón fue la llegada del jesuita Alessandro Valignano en 1579, de italianísimo nombre por haber nacido en 1539 en el sur de Italia, a la sazón parte de la corona española. Valignano fue el  impulsor de las actividades comerciales por parte de los jesuitas y lo fue desde un punto de vista puramente pragmático: las misiones establecidas en Japón necesitaban recursos y  las asignaciones recibidas no les permitían sostenerse. Puesto que los jesuitas estaban presentes tanto en Macao como en Japón ¿por qué no favorecer activamente el comercio entre ambos lugares? Básicamente iba seda (de China) y volvía plata (de Japón) y, claro, los jesuitas pillaban cacho, en concreto unos cinco mil ducados  por cargamento. La cosa funcionó, más aún desde que en 1580 el daimyo local, Omura Sumitada (que se había convertido al cristianismo y era conocido como Don Bartolomé) cede el puerto de Nagasaki a los jesuitas a perpetuidad. Perpetuidad que duró 8 años, por cierto.

Felipe II recibe a la embajada Tensho
Hubo un episodio sorprendente en los años siguientes, la conocida como Embajada Tenshō así llamada porque tuvo lugar en la era Tenshō (1573-1592). El mismo Valignano organizó la visita de los hijos de cuatro destacados nobles japoneses convertidos al cristianismo a los centros de poder católicos de la época, es decir, España y Roma. Salieron de Nagasaki el 20 de febrero de 1582 y tras un largo viaje por Macao, Goa y Kerala, llegaron a Lisboa el 11 de agosto de 1584. El 14 de Noviembre de ese mismo año son recibidos por el rey Felipe II y poco después parten hacia Roma, donde el 23 de Marzo de 1585 uno de los visitantes (Julián Nakaura, recordad su nombre) es recibido por el Papa Gregorio XIII, el del calendario gregoriano. Nakaura no fue un tipo con suerte, como luego veremos,  y la primera pista de su condición de gafe es que el Papa murió sólo unos días después, el 10 de Abril, así que los muchachos asistieron a la fumata blanca por Sixto V. Antes de volver a Japón, Felipe II los volvió a recibir en Monzón, lo que da una idea de la importancia de la embajada. Llegaron de regreso a Japón en Julio de 1590.

Fueron muchos otros misioneros jesuitas y franciscanos los que tomaron el relevo, entre ellos nos vamos a fijar en Pedro Bautista (desde 1862 San Pedro Bautista, no le apeemos el tratamiento), por ser de los primeros, por tener una interesante historia que contar y, sobre todo, por ser de Ávila.

Pero antes de investigar a San Pedro y sus circunstancias, parémonos un momento a ubicarle a él y al resto de los misioneros que se movían por la zona y, sobre todo, a comprender cómo era el país al que llegaban. Japón es un país muy antiguo y complejo, lo que unido a la peculiaridad de todas las civilizaciones insulares hace que comprenderlos sea, digamos... no sencillo. Creedme, sé lo que digo. El final del siglo XVI y el principio del XVII (siempre según nuestro calendario, claro está) marcaron la historia de Japón durante los dos siglos y medio siguientes, hasta la restauración Meiji de 1868. Hasta ese año, en Japón imperó un sistema feudal, casi medieval en muchos aspectos y básicamente aislado del resto del mundo. El inicio de ese periodo de aislamiento coincidió -y desde luego no fue casualidad- con la llegada de misioneros católicos y la rápida expansión de esta religión en Japón.

Ahora, volvamos a nuestro abulense...

San Pedro Bautista

Toyotomi Hideyoshi.
No me imagino como, con esa cara
de buena gente, se puso como se puso.
A finales del XVI los españoles ya estaban confortablemente asentados en Filipinas y dar de nuevo el salto a Japón para continuar evangelizando era el siguiente paso natural. Hacía ya casi 50 años de la llegada de Francisco Javier, pero no se había consolidado la presencia. Es más, había una creciente hostilidad por parte de los gobernantes japoneses, especialmente de Toyotomi Hideyoshi, el daimyo que ya estaba sentando las bases de lo que finalmente conseguiría Tokugawa. Don Toyotomi, de hecho, envió algunos mensajes a Filipinas de los que no se deducía en absoluto que estuviera dispuesto a ser un buen vecino:

"Reconoced mi señorío, porque si no viniéredes luego a hacerme reverencia y postraros delante de mi rostro por tierra, sin duda enviaré mi ejército y os haré destruir y asolar"

OK, mensaje recibido. Los españoles ya sabían que Japón no era igual al resto de países de la zona y que los japoneses eran raritos, pero había que tomárselos muy en serio.

Se enviaron un par de embajadas desde Manila, yendo a la cabeza de la segunda de ellas el franciscano Pedro Bautista, en 1593. No sé como nos las apañamos, pero allí donde parte una expedición española, aparece un huracán. Sea donde y cuando sea... en este caso los tifones estuvieron a punto de dar al traste con la embajada, pero finalmente solo separaron los barcos, que llegaron a distintos puntos de Kyushu. Le llevó un tiempo, pero finalmente Pedro Bautista pudo entrevistarse con Hideyoshi y, para sorpresa de todos los presentes, la reunión acabó bastante mejor de lo que empezó. Sorprendentemente, Hideyoshi pasó de amenazar a los españoles con asolación y viento divino (bueno, en realidad lo del viento divino, que ya había dado al traste con la invasión mongola del siglo XIII no lo rescatarían hasta 1944, más o menos) a ofrecerles un solar en Kyoto para abrir una iglesia; los japoneses debían ya saber que un español con un solar vacío es más feliz que un perro con dos colas. Por otra parte, está claro que Fray Pedro llegó lejos en esto de la religión, no creo que se pueda ascender mucho más allá de santo, pero de no haberlo hecho habrá tenido un prometedor futuro como comercial, el tío.

El orensano
San Francisco Blanco,
otro de los mártires
El 4 de Octubre de 1595, día de San Francisco, se inauguró la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y no mucho más tarde un par de hospitales para leprosos, el de Santa Ana y el de San José y las habituales escuelas. Ahora sí podía decirse que el crecimeinto del cristianismo estaba cuajando para cabreo generalizado de cierta parte de la sociedad japonesa y... de los jesuitas y portugueses, que se imaginaban que ese crecimiento sería algún día cortado de raiz y eso les podría perjudicar también a ellos (y a los negocios luso-nipones, claro). Ajeno a todo esto, Pedro Bautista continuó abriendo conventos, iglesias, hospitales y lo que pudo, básicamente en Osaka y Nagasaki (ciudad esta última que había sido fundada por los portugueses como puerto de entrada a Japón)

Solo un año después, a finales de 1596 el buen rollito se acabó. Hideyoshi fue sucumbiendo a la opinión de sus consejeros más feroces y cambió de idea respecto a los forasteros. Pedro fue arrestado en Kyoto y posteriormente, ya en 1597 fue trasladado a Nagasaki, donde el 5 de febrero  fue ejecutado junto a  otros 25 cristianos (6 franciscanos, 3 jesuitas y 17 laicos japoneses, con nombres tan sonoros como Cosme Takeya o Pablo Suzuki). En esta ocasión, en lugar de usar el sistema tradicional de ejecución japonés, los 26 fueron crucificados y lanceados en la colina de Nishizaka, lugar en el que hoy hay un monumento a los "26 mártires". Se podría decir que, con esta acción, los nipones dieron origen al infundado (por supuesto) estereotipo de que se dedican básicamente a copiar y evolucionar inventos de otros. Los 26 fueron canonizados en 1862 por Pio IX (sí, el de los pastelitos granaínos). Hideyoshi falleció al año siguiente en el castillo de Fushimi, que debió ser tan impresionante como la réplica, de 1964, que ahora hay en su lugar. Su muerte dio paso, tras unos años de conflictos a la era Tokugawa, que se extendió hasta 1868 y que no se caracterizó precisamente por su apertura.


Los Tokugawa


Podría esperarse que el triste óbito del simpático y afable Hideyoshi diera paso a una etapa menos tensa entre nipones y misioneros, pero 1.- nada más lejos de la realidad y 2.- a estas alturas os habréis dado cuenta de que entender a los japoneses es más difícil que barrer una escalera para arriba. Al inicio de su shogunato, Tokugawa fue condescendiente o, al menos, consintió el cristianismo con tiras y aflojas, algunas ejecuciones, destrucciones de iglesias... lo normal, ni contigo ni sin ti  Don Ieyasu murió en 1616 (y se construyó este pedazo de mausoleo) y a partir de ahí las cosas fueron a peor. Japón había enviado alguna embajada más a Europa y los resultados no fueron buenos. Por el camino, en 1609, se había concedido a los holandeses el derecho a comerciar con el puerto de Hirado, abriendo una nueva forma de comercio no relacionada con los religiosos. Pudiera parecer que se había consentido la presencia de los misioneros mientras fueron más o menos necesarios para favorecer el comercio y se les persiguió al máximo una vez las nuevas vías estuvieron en marcha, pero no vamos a ser malpensados.

El goteo de ejecuciones fue continuo, con momentos especialmente agresivos en 1622 y 1633 con Nagasaki como epicentro de los martirios. Precisamente en 1633, el 21 de Octubre, fue martirizado, de nuevo en la colina de Nishizaka, nuestro viejo amigo Julian Nakaura, que había conocido personalmente a dos reyes de España (Felipe II y Felipe III, a este como príncipe) y dos Papas de Roma (Gregorio XIII y Sixto V).

El número total de asesinados fue de centenares, entre misioneros, principalmente españoles y portugueses, y bautizados locales.

En 1636 se concluyó la construcción de la isla artificial de Dejima, que debería ser el único punto de contacto entre el mundo exterior y Japón, que quedaba de esa forma básicamente aislado. Originalmente los comerciantes eran portugueses, pero entre 1641 y 1853 fueron los holandeses los que se aprovecharon de este monopolio. Como veis, relación a tres bandas entre política, religión y, por encima de todo, comercio.

Siguió habiendo cristianos en Japón durante generaciones, pero en un número reducidísimo.

Como cierre, permitidme una fotografía no relacionada de forma directa con lo hechos de hoy. Se trata de uno de los monumentos que se han preservado (en parte) en Nagasaki en el estado en que quedaron en agosto 1945, tras Fat Man. Curiosamente, en una ciudad que fue centro de la persecución a los cristianos en Japón y en la que tantos encontraron la muerte, se trata de una catedral, la de Urakami. Fat Man detonó a escasos 500 m y la destruyó completamente, matando a todos los fieles que, a las 11:02 del 9 de Agosto de 1945 asistían a misa. La catedral se reconstruyó más o menos en el mismo sitio en 1959, aunque en su día hubo muchas discusiones ya que hubo quien pretendió dejarla tal como estaba, igual que el memorial de la paz que está en Hiroshima. Precisamente fue la importancia histórica del cristianismo en Nagasaki la que hizo que se reconstruyera. Se conservaron algunos de los muros en ruinas, nada más.

Nota, no me he equivocado en la fecha, la foto es de 1946, no de 1945.


AÑADO el 23.04.13: Parece ser que Scorsese está preparando una película sobre el tema. Se llamará Silencio y está basada en la novela homónima de Shusaku Endo




viernes, 1 de marzo de 2013

Tres islas, tres nombres, tres hombres.

Klaatu desciende de su nave
Si hacemos caso de las películas -que, sinceramente, es la única fuente de información al respecto que tenemos- los alienígenas tienen por costumbre aterrizar en nuestro planeta en algún lugar más o menos aislado de los Estados Unidos de Norteamérica: Nuevo Méjico, Arizona y tal. Una vez allí, se suelen dirigir con bastante calma a los lugareños para pedir que les lleven hasta su líder. Claro, en el siglo XVI o XVII aún no había cine. De haber sido así, tal vez Klaatu habría aterrizado su platillo en Madrid y ahora el famoso "Klaatu barada nikto" habría sustituido al menos llamativo "¿Qué pasa tío?". Incluso si Klaatu no hubiera dado con un villorrio de 12.700 habitantes (los que tenía Madrid en 1561, cuando fue designada capital del más vasto, con uve, imperio de la época), las probabilidades de encontrarse con un grupete de españoles era muy alta. Aterrizase donde aterrizase. VER NOTA AL FINAL DE LA ENTRADA.

En efecto, ya en el siglo XVI parte de los menos de 8 millones de españoles estaban repartidos por el ancho mundo, básicamente en Europa y América, pero como ya hemos visto algunos se aventuraron mucho más lejos. Hoy vamos a hablar de tres de estos españoles, cuyas aventuras, o desventuras, ligaron su nombre a tres islas o archipiélagos, bien es cierto que las tres dejan muchos interrogantes sobre la certeza de cada uno de sus detalles. Sin un orden concreto.. bueno, sí, hay un orden, para qué os voy a a engañar...

1.- El archipiélago de Juan Fernández

Se suele decir que la Isla de Pascua es la isla habitada permanentemente más alejada de otro asentamiento humano, lo que la convierte en un lugar bastante remoto, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, aunque es ciertamente un lugar aislado, hay algunas islitas entre Rapanui y la costa Chilena. Las Islas de Juan Fernández forman parte de esa cadena. 

El archipiélago está compuesto por tres islas principales, aparte de numerosas islas menores e islotes: la Robinson Crusoe, la Alejandro Selkirk y la Santa Clara. Esos son los nombres actuales, los antiguos eran bastante más descriptivos, ya que las dos primeras se llamaban Más a Tierra y Más afuera. Sencillo ¿no?

Priápico mapa de las islas Juan Fernández.
No haré comentario alguno.
Las corrientes marinas no se ven, pero se sienten. Tanto se sienten que en la época de la que hablamos imposibilitaban directamente algunos viajes; otros, sencillamente, los dificultaban. El viaje hacia el sur por la costa pacífica de Perú y Chile era sumamente complicado y lento debido a la corriente de Humboldt.  Esta corriente es responsable de la aridez de la zona costera de Chile y Perú, muy diferente de lo esperable a esas latitudes. Al tratarse de una corriente muy fría reduce la evaporación del agua del mar, lo que a su vez genera unas precipitaciones casi nulas. Aparte de ese efecto, la corriente hacía muy lento el viaje de el Callao a Valparaíso. El marino cartagenero Juan Fernández pensó con acierto -y doscientos años antes que Humboldt-  que la corriente sería mucho más fuerte junto a la costa y decidió alejarse hacia el interior del Pacífico antes de tomar rumbo sur. De esa forma acortó el viaje de seis meses a 30 días. Como aportación al progreso del comercio no está mal, pero no se quedó ahí. Esa ruta le llevó a avistar el archipiélago que ahora lleva su nombre en algún momento entre 1563 y 1574, aunque sea este último año el que se de como fecha oficial del descubrimiento. Como nota curiosa, fijaos como queda descrito por Fernando de Montesinos en los Anales del Perú:

"1574. Este mismo año descubrió Juan Fernández las islas de su nombre, yendo casualmente al Pirú, y tocó en ellas por fuerza de viento yendo de Chile, de donde era vecino. Dejó allí una cabra, y se marchó."
Sí, evidentemente andábamos escasos de pobladores, cuanto más de colonizadores. Además una cabra. Sola. Aburrida...

Os habrán llamado la atención los nombres actuales de las dos islas principales: Selkirk y Crusoe, por abreviar. Alexander Selkirk fue un marino escocés nacido a finales del XVII. En 1704 formaba parte de la tripulación de un cascarón llamado Cinque ports, que tocó la costa de la entonces deshabitada Más a Tierra (actual Robinson Crusoe). En ese punto, no sabemos si arengado por el ron, Selkirk osó decir que el Cinque Ports no estaba en condiciones de cruzar el Pacífico y que, si el barco no era reparado allí mismo, él prefería quedarse en la isla. Dicho y hecho, el capitán ordenó que Selkirk desembarcara con todos sus pertrechos mientras ellos zarpaban. Parece ser que Selkirk se arrepintió en el acto y, probablemente ya sin ron en las venas, perdió toda su fanfarronería y dignidad pidiendo a gritos que lo subieran de nuevo a bordo, a lo que el capitán contestó con el equivalente británico de una pedorreta. Cuatro años y cuatro meses pasó Selkirk en Más a Tierra. Si os digo que Daniel Defoe supo de esta historia e incluso se entrevistó con Selkirk antes de publicar su más famosa novela, ya iréis entendiendo por qué Más a Tierra se llama ahora Robinson Crusoe. Como Selkirk también se merecía un homenaje, el hombre, le pusieron su nombre a otra isla del archipiélago, la Más adentro. Por cierto, en la tercera parada de esta entrada por capítulos  comprobaremos (y demostraremos) que tanto Selkirk como Crusoe eran unos marikitas.

Isla de Robinson Crusoe o de Más a Tierra
Por su parte, Juan Fernández ganó mucha menos fama que Selkirk o Crusoe, pero sus aportaciones no se quedaron ahí. Después de abrir de forma definitiva y práctica la navegación entre Perú y Chile siguió pilotando, que era lo suyo y, aunque no haya pruebas concluyentes de ello, parece probable que llegara a Nueva Zelanda y Australia. Las expediciones a nuevas tierras debían estar autorizadas por la corona, pero es sabido que se producían expediciones "clandestinas" con cierta regularidad. Si en alguna de esas expediciones se encontraba alguna costa potencialmente interesante, había que intentar obtener el permiso a posteriori, pero sin dar demasiadas pistas de lo que se iba a buscar ni donde. Precisamente en una de esas peticiones al rey (Felipe III en este caso) encontramos motivos para sospechar que Fernández llegó a NZ:

"...proponiendo conquistar las tierras que había descubierto el piloto Juan Fernández, luego de haber navegado durante un mes desde las costas de Chile hacia el oeste, habiendo sido el mismo que antes había reducido a sólo 30 días de viaje la navegación entre Lima y la costa central de Chile"

Sea  como fuere, Juan Fernández no dio cuenta de ese descubrimiento, si es que lo hubo, así que le recordaremos solo como descubridor del archipiélago al que dió nombre y de la ruta que evitaba la corriente de Humboldt.

2.- El Atolón de Diego García

Durante la guerra del Golfo (la primera, la de Bush padre, la de Felipe González y, con perdón, la de Marta Sánchez), era muy frecuente oír noticias sobre bombardeos realizados por los B52 que habían partido de un lugar al que en la tele se referían como "Diego García", sin más datos. En esa época me llamaron mucho más la atención los B52, provecto anciano que sigue operativo, que la ubicación de lo que quiera que fuese "Diego García", además estamos hablando de principios de los 90, 8 años antes de la fundación de Google y, por descontado, con escasas posibilidades de acceso a internet. No fue muy difícil averiguar que Diego García era el nombre de una isla o atolón bajo soberanía británica, que estaba ubicada en el Océano Índico y que en ella se había instalado una base aeronaval americana. Y ya, nunca supe más del tema hasta hace poco.

Impresionante imagen de un B52 y un B2 Spirit rodando en Diego García
Resulta que el atoloncito forma parte del archipiélago de Chagos y goza de una posición estratégica inmejorable, en pleno centro del Océano Índico, con países potencialmente problemáticos como Sudán, Somalia, toda la península arábiga, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán... en un radio de menos de 5000 km. Esta ubicación hacía el lugar idóneo para ser la base de operación de los bombarderos estratégicos en la zona, así que en 1965 los británicos compraron por 3 millones de libras el archipiélago completo dentro del programa de defensa conjunta con los EEUU. En 1971, buen año,  se comenzó la construcción de la actual base. Como es habitual, no a todo el mundo le sentó bien esta compra y aún hoy hay un movimiento de protesta que exige el retorno de los antiguos pobladores a la isla.

Claro, que puestos a ser pijoteros, podríamos pedir el retorno de los más antiguos pobladores de la isla e, incluso, de los más antiguos que los más antiguos pobladores de la isla... hasta llegar a su descubridor que, no os soprenderá, se llamaba ¡Diego García (de Moguer)! y era paisano de Juan Ramón Jiménez.

Diego García nació en Moguer en 1484 y participó en la expedición de Magallanes/Elcano (1519) que acabó circunnavegando el globo, sólo que García estaba embarcado en la San Antonio, al mando de Esteban Gómez, que al ver la pinta del estrecho de Magallanes decidió dar media vuelta y volver a Sevilla. Gómez Fue juzgado por ello, aunque volvió a tener oportunidades de servir a la corona, pero eso es otra historia. Así pues, nuestro personaje estuvo embarcado hacia la gloria, pero la esquivó hábilmente. Puede que de paso también esquivara la muerte, lo que le permitió continuar con su vida de explorador.

El atolón de Diego García, la base aérea a las 10.
En Google earth podéis ver varios B52 y B1.
Los B2 están en los hangares
Para 1526 don Diego había progresado lo suficiente como para comandar su propia expedición, en este caso auspiciada por la casa de contratación de La Coruña y con motivos puramente mercantiles. Llegó al rio de la Plata y allí se encontró con el veneciano Caboto, sí, el mismo que había sido enviado en auxilio de Loaysa. Como ya sabíamos, Caboto no cumplió su misión de pasar al Índico en ayuda de Loaysa, sino que se entretuvo en el norte de Argentina, donde se lo encontró Diego García. Se produjo entre ellos una discusión sobre quién tenía derecho a explorar por allí: que si yo he llegado primero... ya pero las capitulaciones son mías... pero yo he fundado el Sancti Spiritu... tú te largas porque lo digo yo...Al final no llegó la sangre al río y, al menos, no protagonizaron la primera pelea entre un italiano y un español en Argentina.

Todo lo anterior está muy bien, pero navegando por el río de la Plata no es fácil descubrir una isla que se encuentra casi en las antípodas, así que no debió ser en esta ocasión en la que escribió su nombre en los mapas. Lamentablemente esta vez tendremos que ser bastante confusos ya que hay pocos datos para ser profundos. La versión más extendida dice que Diego García comandó una expedición portuguesa por la zona en 1554 y fue el descubridor de la isla que acabó llevando su nombre, pero el asunto no está en absoluto claro. Hay incluso quien opina que el nombre actual proviene de una mala interpretación de la expresión latina "Deo Gratia" o de Don Garcia, por el gobernador portugués Garcia de Noronha. En cualquier caso, se non è vero, è ben trovato y este atolón tan importante en la geoestrategia mundial llevará para nosotros el nombre de un casi olvidado navegante onubense del siglo XVI.

3.- El Banco Serrana

Nuestras anteriores paradas fueron, primero todo un archipiélago y después un atolón como es debido, con su buena laguna interior y 25 km de largo. La próxima no pasa de ser una barra arenosa, aspirante de atolón, situada a unos 300 km de la costa caribeña de Nicaragua conocida como Banco Serrana. Un bulto sospechoso y peligroso en medio del mar, vamos. Se diría que hemos bajado no uno, sino todos los escalones posibles en la jerarquía interna de las islas, pero no así en los hechos que les dieron nombre.

Pedro Serrano fue un marino español del siglo XVI, uno de tantos, de cientos, que participaron de forma casi anónima en la expansión del mundo conocido. En 1526 andaba el hombre saltando entre los distintos puertos que los españoles controlaban ya en América a bordo de un patache. En uno de sus viajes le sorprendió un fuerte temporal que mandó su embarcación al fondo del Caribe, que por entonces ya estaría bastante surtido de pecios, pero hoy debe estar alfombrado, literalmente. Murió toda la tripulación menos el propio Serrano, que alcanzó a nado la barra que hoy lleva su nombre según nos cuenta el Inca Garcilaso  principal fuente de información sobre el suceso.

El Banco Serrana. Hay fotos mucho mejores que
esta, pero impresionan menos
Una vez hecho a la idea y repuesto del naufragio en sí, don Pedro se dio una vuletecilla por la isla, lo que a.- no le debió llevar demasiado tiempo y b.- le debió servir para darse cuenta de que su situación era manifiestamente mejorable. El lugar en el que había dado con sus huesos no era más que una serie de bajíos que en algunas zonas asomaban ligeramente sobre el agua, sin vegetación, sin agua dulce, sin vigilantes de la playa y, lo que es peor, sin chiringuito. Para completar el desastre, la zona era conocida por su peligrosidad, precisamente por los bajíos, así que era evitada por las naves que cruzaban el Caribe, lo que Pedro ya sabía, pero tendría tiempo de sobra para constatar...

Pero lo primero es lo primero y había que buscar algo que llevarse a la boca. Pedro tuvo la suerte de que, si bien el atolón era poco frecuentado por humanos, era lugar de desove para tortugas, así que de tortugas, cangrejos, caracoles y similares fue viviendo como pudo. En concreto las tortugas suministraban carne, sangre y concha, que Pedro utilizaba para recoger agua:

"De esta manera se sustentó los primeros días con matar todas lar tortugas que podía, y algunas había tan grandes y mayores que las mayores adargas, y otras como rodelas y como broqueles, de manera que las había de todos tamaños. Con las muy grandes no se podía valer para volverlas de espaldas porque le vencían de fuerzas, y aunque subía sobre ellas para cansarlas y sujetarlas, no le aprovechaba nada, porque con él a cuestas se iban a la mar, de manera que la experiencia le decía a cuáles tortugas había de acometer y a cuáles se había de rendir. En las conchas recogió mucha agua, porque algunas había que cabían a dos arrobas y de allí abajo."
Hay que ver lo que se parecía Pedro Serrano a Tom Hanks
Por no haber, en la isla no había ni piedras, así que Pedro hubo de buscarlas en el mar. Con alguno de los guijarros que sacó y restos de madera y vegetación que sacaba del mar consiguió hacer fuego, lo que unido a la abundancia de mariscos y tortugas, ponía a Pedro más cerca de convertirse en propietario de chiringuito, que seguro que era lo que le pedía el cuerpo. Desgraciadamente sus circunstancias habían mejorado algo, pero no lo suficiente como para pensar en fundar una cadena hostelera.

En ese estado pasó unos tres años, whenderepente apareció en la isla otro náufrago, que como es lógico no podía ser más que español y, como era de esperar, Pedro y él acabaron tirándose los trastos a la cabeza. Normal, dos españoles en una isla tan pequeña y sin gran cosa que hacer, acaban discutiendo. Uno sería del Barça y otro del Madrid o algo...

"Así vivieron algunos días, mas no pasaron muchos que no riñeron, y de manera que apartaron rancho, que no faltó sino llegar a las manos (por que se vea cuán grande es la miseria de nuestras pasiones). La causa de la pendencia fue decir el uno al otro que no cuidaba como convenía de lo que era menester; y este enojo y las palabras que con él se dijeron los descompusieron y apartaron. Mas ellos mismos, cayendo en su disparate, se pidieron perdón y se hicieron amigos y volvieron a su compañía, y en ella vivieron otros cuatro años. En este tiempo vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, de que ellos quedaban tan desconsolados que no les faltaba sino morir."

Así pues, Pedro pasó en total unos ocho años en la isla antes de ser rescatado por un navío que finalmente vio sus señales. No sabemos el nombre de su compañero durante cuatro años y NO le llamaremos Viernes, pero el pobre murió en el camino de regreso a casa, que sí completó Pedro Serrano. De hecho, conservó el aspecto de homínido barbudo que se le debió quedar hasta presentarse delante el emperador y contar su historia.

Fuera o no cierta en su totalidad la historia de Pedro Serrano, es casi seguro que Daniel Defoe supo de ella y, tras conocer a Selkirk, las historias de ambos le sirvieron de base para su Robinson Crusoe. Como os adelanté al hablar de Selkirk, sus andanzas fueron unas vacaciones en un todoincluido al lado de las peripecias del amigo Serrano.

A modo de conclusión

Paradójicamente, en ninguna de las tres paradas de hoy hubo contacto hispano-aborígen, sin embargo es un buen momento para reflexionar sobre él. Suponed que una destelleante nave espacial desciende a las afueras de vuestro pueblo. De ella baja un individuo antropomorfo con un brillante traje metálico acompañado por un androide de unos 3 metros de altura y os dice "Klaatu barada nikto" ¿saldríais corriendo o le intentaríais comprender? Y si en lugar de un platillo volante fuera una nao castellana de la que bajara un barbudo bajito, cabreado y con coraza montado sobre un enorme cuadrúpedo ungulado y diciendo: "Abraza la fe de Cristo" ¿le haríais caso?

Éramos nosotros los que decíamos "Klaatu barada nikto"

Nota a pie de entrada

Las películas de ciencia ficción de los 50 son absolutamente apasionantes, tanto las buenas como las malas. Por sí solas darían para un magnífico maratón de fin de semana ante la tele. Mi pequeña lista (dos para el viernes, 4 para el sábado y 4 para el domingo):

 






domingo, 3 de febrero de 2013

Mal lugar para naufragar: Francisco de Cuéllar

Antes incluso de publicar la anterior entrada en el blog me encontré con una historia que desconocía e inmediatamente decidí que sería el tema del siguiente artículo, el que ahora lees. Ya entonces sabía que publicarlo me llevaría algún tiempo, primero porque no ando precisamente sobrado de ídem, y segundo porque aunque la historia es interesantísima, tengo mis dudas sobre como llevarla al papel de forma no plúmbea. No obstante comencé a recopilar algo de información de inmediato. Hace unos días me encontré con un "twit" de don Arturo Pérez-Reverte en el que anunciaba su siguiente artículo. Don Arturo, esas cosas no se hacen, hombre... ¡entre bomberos no nos pisamos la manguera!

Aún intentando reponerme de la pasada por la derecha, me pongo a pensar alguna forma imaginativa a la par que inteligente de introducir el tema y, claro, hay que ir a lo obvio: la Armada Invencible. Puede parecer una pregunta estúpida, pero ¿qué fue la Armada Invencible? En realidad, con ese nombre deberíamos referirnos a un perfecto ejemplo del triunfo de la propaganda. Parece lógico pensar que semejante nombre le fue puesto a la Armada por el soberbio Felipe II, ya que él mismo se creería casi invencible. Sin embargo no fue así, en España jamás se conoció a la Armada como "la Invencible", sino como la "Grande y Felicísima", fueron los británicos los que le pusieron ese nombre, obviamente para magnificar su... ¿victoria? Pues tampoco, en este caso está claro que sí hubo un fracaso, incluso una derrota, la española, pero no hubo victoria, de hecho no hubo prácticamente ni batalla.

En cualquier caso, no es de las grandes historias de las que nos ocupamos en Profundosoconfusos, sino de las pequeñas, de las de los individuos o pequeños grupos que consiguen hazañas, cuando menos, sorprendentes. Supongo que ya os habéis dado cuenta de que creo mucho en el individuo y nada en las sociedades...Bien, hoy vamos a centrarnos en las peripecias de algunos de los 30.000 hombres que se embarcaron, de los que más de 10,000 murieron. En concreto, nuestro principal protagonista es el capitán Francisco de Cuéllar, que fue de los que vivió para contarlo e, incluso, escribirlo. 


La vuelta Naval a las Islas Británicas

La ruta de la Armada.
Lamento que figure lo de "Invencible"
Como os decía, en esta entrada vamos a centrarnos en las desventuras sufridas por Cuéllar depués de la cancelación del intento de invasión de Inglaterra. La misión de la Armada era, en realidad,  la de transportar los tercios de Flandes desde Holanda a las costas Británicas en algún lugar del estuario del Támesis. Cuando Farnesio se niega a embarcar sus tropas, la misión puede darse por concluida y se inicia el regreso a casa. Peeeeeeero hay un pequeño problema, el embarque de tropas se iba a realizar en las costas de Flandes, que es donde, tras mucho esfuerzo, había llegado la Armada. Volver a cruzar el canal de la Mancha con el rabo entre las piernas para volver a España no parecía muy apetecible. Las condiciones meteorológicas también dificultaron el retorno, así que al final la flota se dispersó mientras se dirigía al norte, dando la vuelta completa a las Islas Británicas y volviendo hacia el sur por el Oeste de Irlanda.

No creo que esta ruta fuera de placer en ningún momento, pero las cosas terminaron de ponerse chungas a unos 54º de latitud norte, frente a las costa atlántica de Irlanda, cerca de la población de Sligo. No os lo vais a creer, pero esa podría ser la ubicación de la ficticia Innisfree; degraciadamente no el lugar en el que se rodó la película, de haber sido así el viaje estaba cantado...

Una vez más contamos con la enorme suerte de tener un relato por escrito de primera mano, en concreto una carta dirigida por el propio Francisco de Cuéllar a Felipe II. Ahora que caigo, hay que ver la cantidad de personajes que en aquella época le dirigían cartas al Rey; un día de estos me decido y le cuento mi vida a SM. Por que quede constancia de mi lucha diaria, más que nada, como parece que lo guardan todo...

Bien, comenzamos propiamente con las desventuras de don Francisco:

Náufrago en tierra extraña

El 25 de Septiembre de 1588 tres naves que habían fromado parte de la Grande y Felicísima Armada, "La Lavia", "La Julianía" y la "Santa María de la Visión" embarrancaron frente a Streedagh Strand, en el Noroeste de Irlanda. Aquí:


Ver mapa más grande

A bordo, varios cientos de hombres, entre los que se encontraba Francisco de Cuéllar, antiguo capitán del "San Pedro". Durante la ruta por el Mar del Norte Cuéllar había sido relevado de su puesto y condenado a la horca -en guerra no nos andamos con chiquitas- pero finalmente el auditor Martín de Aranda se negó a cumplir la orden salvo que se la dieran firmada por el Duque (Medina-Sidonia). Entre mensajes y no mensajes llegaron a la playa mencionada, donde se refugiaron ante el mal tiempo. Las tres naves  fondearon frente a la playa esperando que el tiempo mejorase, pero lo que sucedió fue todo lo contrario. El temporal empeoró y las tres naos encallaron "a más de media legua de la tierra", lugar en el que permanecieron unos cuatro días sin poder recibir ayuda ni bajar a tierra.

Como diría Murphy: "toda situación desesperada es susceptible de empeorar" y Francisco de Cuéllar había agotado todas las posibles mejoras de su situación cuando se libró de colgar del palo mayor. Tras cuatro días embarrancados el temporal no sólo no amainó sinó que empeoró, si cabe:
"...dar fondo más de media legua de la tierra, donde estuvimos cuatro días sin proveer nada, ni aun lo podían hacer, y al quinto vino tan gran temporal en travesía, con mar por el cielo, de suerte que las amarras no pudieron tener ni las velas servir, y fuimos á embestir con todas tres naos en una playa llena de arena bien chica, cercada de grandísimos peñascos de una parte y de otra, cosa jamas vista , porque en espacio de una hora se hicieron todas tres naos pedazos, de las cuales no se escaparon 300 hombres, y se ahogaron más de mil, y entre ellos mucha gente principal, capitanes, caballeros y otros entretenidos"
Hay que reconocerle cierta capacidad de generar dramatismo a don Francisco, eso de "la mar por el cielo"... acongoja sólo leerlo. En cualquier caso no hace falta caer en exageraciones para comprender que el naufragio fue un desastre sin paliativos. Y las desgracias no había hecho sino comenzar...

No soy en absoluto experto en historia de Irlanda, pero creo que es notoria la difícil relación que a lo largo de los siglos han tenido ingleses e irlandeses. En la segunda mitad del siglo XVI los ingleses andaban luchando con distintas familias irlandesas para establecer un control efectivo de la isla y tenían acuartelamientos en distintas zonas. Sligo era una de ellas.

Los pocos supervivientes del naufragio que iban llegando a la playa se encontraron, primero, con grupos de irlandeses dispuestos a pillar lo que pudieran y a abandonar a los españoles a su suerte y, después, con soldados ingleses dispuestos a pillar lo que pudieran y a dar matarile a los españoles que habían osado organizar una Armada para conquistarles:

"Los enemigos y salvajes que estaban en tierra desnudando á los que podían salir nadando, no me tocaron ni llegaron á mí, por verme como he dicho, las piernas y manos y los calzones de lienzo llenos de sangre, y así me fuí poco á poco andando lo que pude y topando muchos españoles desnudos en cueros, sin ningún género de ropa sobre; sí, tentando de frió, que le hacía cruel"
Este naufragio no tiene nada que ver con el tema, pero la
foto me gusta y me trae excelentes recuerdos de cuando la hice.
Es la bahía del naufragio en la  isla jónica de Zakynthos.
Por fortuna para Cuéllar y algunos pocos más, el botín que había ya en la playa era sumamente tentador, así que tanto los "salvajes" (irlandeses) como los ingleses estaban bastante entretenidos carroñeando y/o matando náufragos, de modo que los que de alguna manera conseguían abandonar la playa encontraron algo de tranquilidad.

Cuéllar se dirigió a un monasterio cercano, pero se lo encontró casi destruido y con doce españoles ahorcados dentro. Por si a estas alturas no le había quedado claro, supongo que este detalle ya le hizo percatarse definitivamente de que se encontraba en una situación manifiestamente mejorable. Supongo que os imagináis, sin embargo, que sus circunstancias no iban a ir precisamente a mejor.

Algunos días después tuvo un encuentro con un inglés, que se supone que ya venía enseñado de la playa al respecto de donde guardaban los españoles lo poco de valor que aún pudieran llevar encima y, efectivamente, le aliviaron aún más de carga:

"...el salvaje me empezó á desnudar hasta quitarme la camisa, y debajo della traia una, cadena de oro de valor de poco más de mil reales, y como la vieron, alegráronse mucho, y buscaron el jubón hilo por hilo, en el cual yo traía cuarenta y cinco escudos de oro, que me había mandado dar el Duque en la Coruña por dos pagas, y como el inglés vio que yo traía cadena y escudos, quísome tomar en prisión, diciendo que le ofreciese rescate"
Así que añadimos el intento de secuestro a las afrentas que pasó nuestro amigo Cuéllar. Afortunadamente consiguió convencer al inglés para que se contentara con la cadena y la pastizara y quedó libre, aunque en un estado lamentable: herido, hambriento y semidesnudo. A partir de ese momento fue valiéndose de la ayuda de distintos irlandeses que fue encontrando mientras se dirigía hacia el norte, donde le habían dicho que un tal O'Rourke estaba ayudando a los españoles que podían llegar hasta allí. El camino no fue en absoluto sencillo, pero de una u otra forma fue saliendo del paso, incluso encontró algún otro compañero español en circunstancias parecidas a las suyas. Finalmente llegaron a las tierras de O'Rourke, pero...

"...en el cual hallé más de setenta españoles, que todos andaban desnudos y bien maltratados, porque el Señor no estaba allí, que había ido á defender una tierra que los ingleses le venían á tomar, y aunque éste es salvaje, es muy buen cristiano y enemigo de herejes, y siempre tiene guerra con ellos. Llámase el señor de Ruerge O'Rourke. Yo aporté á su casa con harto trabajo, cubierto de pajas y rodeado un pedazo de estera por el cuerpo, de suerte que no había quien no se moviese á gran lástima de verme así."
Paisaje de la zona de Sligo. Hay que ir.
Antes de que regresara O'Rourke, fueron los españoles informados de que había aparecido otra nao en una bahía próxima. Ante tal noticia, hubo estampida por llegar a ella, pero algunos de los heridos no pudieron llegar antes de que la nao zarpara, llevando consigo a su tripulación y a cuanto náufrago pudo cargar. Cuéllar se quedó en tierra, maldiciendo su suerte. Ciertamente cambió de opinión al enterarse de que la nao naufragó en aquella misma costa y que todos sus ocupantes se ahogaron o fueron pasados a cuchillo. Este hecho debió ser el punto de inflexión en las penas de don Francisco y, a partir de ahí, las cosas fueron poco a poco a mejor. Cuéllar fue cogiendo soltura en el trato con los locales, en ocasiones tal vez demasiada soltura:

"La mujer de mi amo era muy hermosa, por todo extremo y me hacía mucho bien, y un dia estallamos sentados al sol ella y otras sus amigas y parientas; preguntábanme de las cosas de España y de otras partes, y al fin me vinieron á decir que les mirase las manos y les dijese su ventura; yo, dando gracias á Dios, pues ya no me faltaba más que ser gitano entre los salvajes, comencé á mirar la mano de cada una y á decirles cien mil disparates, con lo cual tomaban tan grande placer, que no habia otro mejor español que yo."
Ya. Venga, capitán Cuéllar ¡que nos vamos conociendo!... y llevas embarcado entre maromos desde primavera, ¡hombre!

Esto pueden ser los restos del castillo de MacClancy
Si, sin duda Cuéllar iba cogiendo soltura, incluso confianza, lo que demostró en extremo en el siguiente episodio de su camino. Cuéllar se hallaba acogido por el Sr. MacClancy, al que él llamaba Manglana, en su castillo, donde pasaba el tiempo tonteando, como hemos visto. Hasta allí llegó la noticia de que los ingleses acuartelados en Dublín habían decidido mandar un pequeño ejército para limpiar definitivamente la zona de los españoles que hubieran sobrevivido. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (y el Liffey por Dublín) ya puestos limpiarían también el condado de jefezuelos poco colaboradores, entre ellos MacClancy. Ante esta información, Manglana tomó la decisión estándar en Irlanda para estos casos: huir a las montañas.


"y visto este salvaje el grande poder que contra él venía, y que no tenía resistencia, determinó huir á las montañas, que es todo su remedio á más no poder. Los españoles que con él estábamos ya teníamos nueva del mal que nos venía y no sabíamos qué hacer ni dónde nos guardar, y un domingo después de misa nos apartó el señor melena hasta los ojos, y ardiendo en cólera dijo cómo no podía esperar y que se determinaba huir con todo su pueblo y ganados y familias"

Claro, los 1700 ingleses que habían partido hacia el norte debía esperar eso, lo normal, que los castillos y aldeas estuvieran vacíos y sus habitantes refugiados en las montañas. La sorpresa vino al llegar al castillo de MacClancy (Rossclogher Castle) y encontrárselo ocupado por un feroz y numeroso ejército de nueve (9) hispanos semidesnudos y cabreados


"...y pues teníamos buena ocasión no habia que aguardar más ni andar huyendo por montañas y bosques desnudos, descalzos y con tan grandes fríos como hacía, y pues el salvaje sentía tanto desmamparar su castillo, alegremente nos metiésemos los nueve españoles que allí estábamos, en él, y le defendiésemos hasta, morir, lo cual podíamos hacer muy bien, aunque viniesen oí dos tantos poder más del que venía, porque el castillo es fortísimo y muy malo de ganar como no le bulan con artillería..."
Ruta aproximada de Cuéllar por el norte de Irlanda
Y es que una cosa está clara, entre quedarnos en nuestro castillo y salir a pasar frío y buscarnos las habichuelas, los españoles preferimos quedarnos aunque de frente venga la VI flota. A estas alturas ya no os sorprenderá si os digo que los nueve aguantaron. En concreto soportaron un asedio de 17 días, hasta que el ejército asediante decidió volver a Dublín debido a la llegada del crudo invierno y, supongo, a que no acababan de entender a los harapientos que les gritaban desde el castillo incitándoles a acercarse.

Tras la exitosa defensa del castillo, los MacClancy volvieron. Cuéllar, sin embargo, no estaba del todo cómodo, ya que se maliciaba que ahora era demasiado valioso para los irlandeses y no le dejarían marchar, así que finalmente, diez días después de la navidad de 1588, decidió huir acompañado por cuatro de sus soldados. Su intención era llegar a la católica Escocia para desde allí partir hacia España, para lo que se dirigieron hacia el norte, atravesando el actual Ulster. Cuéllar iba herido y finalmente se quedó de nuevo solo y en situación precaria, en una zona hostil con fuerte presencia inglesa y poca colaboración de los locales. Aún así, no perdió sus aficiones:
"...de suerte que se podia andar libremente en la villa, que era de casas pajizas, y allí había unas mozas muy hermosas, con las cuales yo tenía mucha amistad, y entraba en sus casas algunos ratos á conversación y parlar..."
En esta parte de su carta ya parece que Cuéllar se adorna en demasía y cuenta algunos episodios propios de opereta bufa. Os recomiendo vivamente la lectura de su relato, es muy breve (por ejemplo, AQUI).

Finalmente logró pasar a Escocia con la ayuda de un Obispo Irlandés, sin embargo no encontró allí la ayuda esperada y hubo de malvivir en Escocia otros 6 meses hasta que consiguió embarcar y llegar a Amberes, desde donde en octubre de 1589 escribió a SM Felipe II la carta que nos ha servido de guía para este relato. Irónicamente, el barco en el que volvía a Flandes también naufragó cerca de la costa y Cuéllar fue uno de los -no muchos- supervivientes, de modo que su aventura terminó prácticamente como había empezado: con el capitán saliendo del mar por los pelos para salvar su vida.

Conclusión


Los Irlandeses sabían que por allí había una tilde, pero
no tenían muy claro donde (foto de la wiki)
No parece que Cuéllar fuera muy distinto a una buena parte de los integrantes de los ejércitos de España en los siglos XVI Y XVII. Un tanto pillo, tirando a jeta, no demasiado trabajador, pero valeroso y sufrido. En esos siglos pocas cosas debían ser más temidas que un soldado español cabreado. El caso es que a él le tocó vivir una historia personal realmente increíble y además dejó cuenta de ella. Su historia no es más que una mínima anécdota en el episodio de la Grande y Felicísima Armada, pero ¿a que es apasionante?

Como os he dicho, nunca he estado en Irlanda aunque, a diferencia del resto de mis destinos soñados, estoy razonablemente seguro de que alguna vez iré. Según parece, la historia de Cuéllar es bastante conocida por la zona en la que se movió y su ruta se usa como atractivo turístico. También parece que en la playa de Streedagh, 425 años después del naufragio, aún se ven restos del mismo en los días de bajamar extrema. 

La historia, a veces, se empeña en ser recordada.

viernes, 4 de enero de 2013

La guerra de la Nuez Moscada: Loaysa y Urdaneta

España y Portugal no se han llevado demasiado mal a lo largo de la historia, especialmente si tenemos en cuenta que hay 1300 km de frontera entre ambos (¡Atención! Pregunta: ¿Con cuantos países tiene España frontera terrestre hoy en día?). Incluso alguna dolorosa derrota sufrida por los castellanos dio lugar a la construcción del bellísimo convento de Santa María de la Victoria, así que no hay mal que por bien no venga. Es cierto que los españoles generalmente no valoramos adecuadamente a Portugal, pero eso no deja de ser normal entre el vecino grande y el chico (en tamaño, ojo). Lo que ya no es tan normal es que alguno de los encontronazos hispano-portugueses no hayan tenido lugar en la península Ibérica, especialmente si el campo de batalla está en un sitio tan raro, a priori, como las islas Molucas.


Las Molucas y las especias

El archipiélago de las Molucas está ubicado entre Célebes 
y Papúa Nueva Guinea y actualmente forma parte de Indonesia
Hoy nos resulta difícil imaginar la importancia del comercio de especias, pero en el siglo XVI, cuando las cámaras frigoríficas aún no estaban demasiado perfeccionadas, las especias eran esenciales para poder acercar la nariz a más de un plato de carne y pescado. Durante siglos, el monopolio del comercio lo habían tenido los árabes y venecianos, lo que había disparado los precios y generado enormes beneficios para algunas familias (y, como efecto colateral, llevó el Islam a Indonesia ¿nunca os habíais preguntado por qué Indonesia es un país musulmán?). Los avances en la navegación del siglo XV y XVI permitieron a españoles y portugueses lanzarse a surcar los mares, en principio unos hacia el oeste y otros hacia el este. Como los ibéricos somos más chulos que un ocho, menos de dos años después del primer viaje de Colón nos dividimos el mundo a pachas en el Tratado de Tordesillas, de modo que lo que quedaba al Oeste de la línea era de España y el resto portugués (la ubicación exacta de "la línea" fue muy discutida, pero estaba claro que parte de Brasil era portugués y tooooooooodo el resto de América era española). Cuando estudiábamos esto en el colegio siempre me preguntaba qué pasaría por el otro lado; daba por supuesto que a 180º de esta línea habría otra, con lo que el mundo quedaba realmente dividido en dos mitades. Pues no, no era así, entre otras cosas porque nadie sabía a ciencia cierta el tamaño del planeta... hasta que sucedió lo que contamos en la entrada de hoy.

Los viajes de los grandes navegantes portugueses les llevaron a la zona de Indonesia a principios del XVI, momento en el que se rompió el monopolio del comercio de especias y Lisboa se convirtió en uno de los puertos más importantes de Europa, gracias al comercio con África, Asia y Brasil y, sobre todo, gracias a las especias. Podríamos seguir con este interesante asunto, pero lo dejaremos ahí para centrarnos en:


La expedición de Loaysa (o Loaísa, o Loaisa)

No se puede decir de Carlos I que fuera un rey carente de iniciativa. Es muy posible que su excesiva determinación en catolizar la patria de su familia paterna nos costara malgastar la ingente cantidad de recursos que vinieron de América ya en esos años. Bueno, tal vez si no lo hubiéramos gastado en guerrear lo habríamos hecho en algo aún más inútil (como construir aeropuertos en el siglo XVI, capaces somos). En cualquier caso estaba claro que era un personaje con gran determinación. Por eso, aún cuando los primeros pasos de la exploración americana estaban trayendo noticias muy alentadoras, el emperador no estaba satisfecho. Muy poco después de su llegada a España ya había auspiciado la expedición propuesta por Magallanes, que acabaría con la primera circunnavegación del mundo. El principal motivo de ese viaje ya era plantarse en las Molucas navegando hacia el oeste y demostrar que estaban en la mitad española del mundo.

La Nuez Moscada no era la única especia que venía de las Molucas.
Yo tampoco sabía que tenía esa pinta de albaricoque
Aquella expedición terminó en septiembre de 1522 con el retorno de Juan Sebastián Elcano y otros 17 marineros en una única y maltrecha nave. las noticias de su viaje, en el que habían tocado las Molucas, reavivaron el interés del emperador en el asunto y se decidió crear una nueva Casa de Contratación dedicada específicamente a las especias y ubicada en La Coruña. Los portugueses, mientras tanto, protestaron ante los claros intentos de España por acceder a las islas de las Especias (y reclamarlas para sí, eso se da por descontado, desde luego nunca hemos destacado por ser demasiado sibilinos). Tras varios tiras y aflojas no hubo acuerdo sobre la soberanía de las Molucas, así que se dio luz verde a una nueva expedición.

Fray García Jofre de Loaísa fue puesto al frente de una flotilla de 7 barcos de entre 50 y 300 toneles y con una tripulación de 450 hombres... que no se imaginaban la que se les venía encima. Entre ellos se encontraba de nuevo Elcano y un jovenzuelo llamado Andrés de Urdaneta que apuntaba ya muy alto. A finales de julio de 1525 partió de La Coruña una expedición que daría para más de una obra maestra del cine de aventuras "con fundamento". ¡Spielberg! ¡Sé que sigues este blog! ¡No dejes que se te adelanten!


Siete Barquitos


Siete barquitos partieron de La Coruña.
Uno embarrancó, como lo leéis. 
Ya sólo quedan seis. (Sancti Spiritus)
Seis barquitos querían cruzar el estrecho.
Uno desertó ¿de un brinco? 
Ya solo quedan cinco (Anunciada)
Cinco barquitos esperan mejor tiempo.
Uno volvió a Bayona, tardó un rato. 
Ya solo quedan cuatro (San Gabriel)
Cuatro barquitos llegaron al Pacífico.
Uno se perdió, no se le volvió a ver ni una vez. 
Ya solo quedan tres (San Lesmes)
Tres Barquitos se dirigen a Molucas.
Uno viró al Norte y dijo adios.
Ya solo quedan dos (Santiago)
Dos barquitos cruzaron el Océano.
Uno se amotinó, inoportuno
Ya solo queda uno (Santa María de Parral)

Esta patética cancioncilla describe algo más de un año de peripecias en la que la flotilla, ya de por sí ridícula si la vemos con ojos modernos, quedó reducida a un (1) barco, por llamarlo de alguna forma, ya que tenía tantos desperfectos que se mantenía a flote solo si sus ocupantes contenían la respiración. Durante ese año hubo motines, accidentes, tempestades, incendios, errores de navegación, peleas internas, deserciones, un hundimiento y dos barcos desaparecidos para siempre jamás: La Anunciada y el San Lesmes. De este segundo se dice que pudo llegar a Tahití o, incluso, a Nueva Zelanda y Australia.

Así pues, estamos en algún lugar del Pacífico, en verano 1526, a bordo de un cascarón de nuez que hace agua por todas partes, con una tripulación reducida, cansada, enferma y que no sabe muy bien dónde está. Podría ser peor, podría morirse el capitán. Dicho y hecho, Loaisa falleció a primeros de agosto, sumándose a un goteo de fallecimientos casi diarios. Su sucesor fue Elcano, que disfrutó de los galones cinco días, los que tardó él mismo en diñarla. Según Urdaneta:

"Toda esta gente que falleció (unos treinta desde la salida al océano) murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto; yo vi sacar a un hombre tanta grosor de carne de las encías como un dedo, y otro día tenerlas crecidas como si no le hubiera sacado nada."

O sea, escorbuto. El sucesor de Elcano tampoco duró mucho, como un mes. Lo sorprendente es que con lo supersticiosos que son los marinos aún hubiera aspirantes al puesto, pero los hubo. En Septiembre llegaron al otro extremo del Pacífico y tras diversas escalas de aprovisionamiento, por fin tocaron las Molucas a primeros de Noviembre de 1526, con un solo dizquebarco, la Santa María de la Victoria (es pura casualidad que se llame como el convento de Batalha que os puse al principio), que se mantenía a flote porque las pelotas flotan y a bordo había muchas, que era difícilmente maniobrable por todos los desperfectos que tenía pero que había cruzado el Pacífico. A bordo, 105 paisanos que ya llevaban lo suyo vivido, pero les quedaban aún por escribir algunas de las páginas más sorprendentes y desconocidas de la historia de España.

7 años en las Molucas

Espectacular imagen de una reproducción de una Nao del XVI.
Lamento no conocer el nombre del autor para mencionarlo.
Yo de mayor quiero hacer fotos como esta
Nuestros 105 colegas habían pasado las de Caín para dar más de media vuelta al mundo, lo que ya podía considerarse un soberano éxito,  pero, como diría Elwood Blues, "We're on a mission from God", así que no es aún momento para darse a la molicie.

Los españoles llegaron a unas islas controladas por Portugal, que llevaba varios años asentado por allí, con bases próximas y una cadena de puertos en el Índico y el Atlántico que les permitía una ruta segura y regular desde Lisboa hasta las Molucas. Además, los locales estaban constituidos en cuatro reinos o sultanatos: Ternate, Tidore, Gilolo y Bachan. Por otra parte, las instrucciones del emperador eran claras así que los españoles decidieron aprovecharse de las rencillas entre los cuatro reinos y los portugueses y se dirigieron a Tidore, donde llegaron el 1 de enero de 1527. Recordemos que lo que se presentó ante el rey de Tidore fue un barco con más millas en su casco que el abono transportes de Willy Fogg y al que pocas olas le quedaban ya por surcar, cargado con 105 hombres enfermos y cansados. Aún así consiguieron su apoyo y el de Gilolo.

Para entonces los portugueses ya conocían de la presencia de una nave española por la zona y se habían dirigido a sus ocupantes conminándoles a abandonar las Islas de las Especias, propiedad a todas luces del rey de Portugal, según su criterio. Los españoles se fueron haciendo los longuis hasta que a mediados de enero se produjo lo inevitable: un enfrentamiento directo. La Victoria, en sucesivas andanadas, recibió seis impactos directos de la artillería portuguesa. Por su parte, los españoles se defendieron como pudieron. Protegieron la nao en una ensenada y trasladaron los cañones de más calibre a tierra, desde donde al menos podían disparar. Imaginaos cual era el estado de la nave, que "el retroceso de nuestros disparos le causaba más daño que los impactos del enemigo". Además, las municiones y la pólvora escaseaban, como es normal. Aún así, la defensa debió ser de aúpa  ya que tras un par de días los portugueses se retiraron... y la Victoria seguía a flote. Como epílogo de estos días de lucha, los españoles capturaron una embarcación cargadita de clavo, ¡por fin echaban mano a las tan ansiadas especias!

Tras este episodio hubo varios meses de refriegas de todo tipo, en las que tanto portugueses como   españoles iban embarcados en "paraos" locales, lo que indica que las naves portuguesas también estaban bastante perjudicadas. En ese tiempo pasaron cosas de traca, como que el capellán portugués y el español se confesaban mutuamente, por no tener nadie más con quien hacerlo. En todo este periodo destacó el valor y buen hacer de Andrés de Urdaneta. Hay que recordar que los españoles ya habían tenido varias bajas así que eran menos de los 105 que llegaron a las islas, mientras los portugueses habían recibido refuerzos, incluso con un nuevo jefe. En el bando español, se seguía cumpliendo la maldición del jefe: murió Martín Iñiguez en julio de 1527 y se eligió a Hernando de la Torre como sustituto.

La situación se estabilizó durante un tiempo, en el que incluso se intentó construir una nueva nao tras haber considerado a la Victoria irreparable. Por lo que se ve las maderas de la zona no tienen nada que ver con las que los españoles conocían y resultaron no ser válidas para lo que pretendían. Sin embargo, sí pudieron construir una galera, que acabaría combatiendo contra un equivalente portugués en 1528. Imaginaos la situación: una galera portuguesa y una española, ésta última mal construida y peor armada, se enfrentan entre Borneo y Nueva Guinea. El combate se resuelve al abordaje feroz, los españoles no tenían otra alternativa, y la nave portuguesa es capturada. Pero antes de este combate sucedió algo verdaderamente sorprendente...


La llegada de la "Florida"

Por lo que llevamos leído, podría parecer que la expedición de Loaysa fue olvidada y abandonada a su suerte nada más zarpar. Nada más lejos de la realidad. Menos de un año después de sus salida se envió una segunda expedición de apoyo, comandada por el veneciano Caboto, pero éste no era tan cumplidor como sus predecesores y se dedicó durante años a buscar oro en América en lugar de continuar viaje, que aquello parecía muy peligroso, tú.

No sé si los amotinados fueron colgados,
lanzados por la borda o fusilados al amanecer,
pero así aprendéis a hacer nudo de horca,
que es muy útil. En serio.
Así que al final hubo que recurrir a los clásicos. Por entonces, Cortés ya había conquistado Méjico y tenía puertos al Pacífico, así que se le pidió que montara una expedición de ayuda. Salieron el 31 de octubre de 1527 de Zihuatanejo tres naves al mando de Álvaro de Saavedra y con 110 hombres. Dos naves se perdieron, pero la Florida llegó a Indonesia y, por esas casualidades a las que nos vamos acostumbrando, se encontraron con tres ex-tripulantes de la Santa María del Parral. Dos de ellos habían sido de los amotinados así que, se siente, consideraos salvados durante el rato que tardamos en preparar vuestra ejecución.

La Florida encontró lo que quedaba de la expedición de Loaysa, los aprovisionó, les recargó la moral, cargó clavo e inició el viaje de vuelta... con una particularidad, nadie había cruzado aún el Pacífico de Oriente a Occidente y no se sabía ni como ni por donde se podía hacer. Lo intentaron por dos veces en 1528 y de nuevo en primavera de 1529 y, aunque probablemente llegaron hasta Hawaii, hubieron de regresar sin conseguir el "tornaviaje". Ese honor lo alcanzaría alguien que ya conocemos casi 40 años después.

Mientras, los expedicionarios seguían básicamente aislados y los portugueses, como dije, tenían un servicio regular de transporte, aprovisionamiento y llegada de refuerzos. Urdaneta y los suyos siguieron resistiendo obstinadamente, confiados en que la Florida habría informado de su posición y no tardarían en recibir refuerzos. Cuando a finales de 1529 la nao regresó de su segundo intento fallido de volver a Méjico, se dieron cuenta de que la situación era insostenible y, finalmente, se entregaron a los portugueses. Habían pasado tres años completos guerreando en las Molucas.

Conclusión

Hay una frase hecha en inglés que me encanta: "to add insult to injury". Viene a ser una versión de "encima de cornudo, apaleado" que se puede utilizar ante Lady Wyndham mientras tomamos con ella el té. Urdaneta y sus colegas de penurias bien la pudieron usar cuando se enteraron, muy a posteriori, de que sus últimos meses de lucha fueron absolutamente improcedentes, aparte de inútiles. En abril de 1529 se había firmado el Tratado de Zaragoza, en el que se redondeaba (tal vez nunca mejor dicho) lo pactado en Tordesillas y se definía una segunda línea para delimitar las zonas portuguesa y española del mundo, la que yo echaba de menos en mi lejana E.G.B. Esa línea dejaba las Molucas del lado portugués, aunque a cambio de una pasta gansa de la época: algo más de 130 millones de maravedíes. En cierto modo, Carlos IyV, que necesitaba el dinero, había dejado alto el honor de España al hacer pagar a Portugal, que de modo implícito reconocía que las islas eran españolas antes de Zaragoza. De rebote y, en lo que toca al tema de hoy, Urdaneta y sus cuates se habían rendido DESPUÉS del tratado de Zaragoza, es decir, cuando España ya reconocía oficialmente que las islas eran portuguesas. O sea, que ellos, aunque no lo sabían, habían llevado su misión hasta el final y un poco más allá. No sé si esto les aliviaría las penas...

Urdaneta volverá a hacer una aparición estelar en la historia y, espero, en profundosoconfusos. De momento le dejaremos descansar, se lo ha merecido. Por cierto, tras múltiples trabas, llegó a Lisboa en 1536, once años después de la partida y despojado de todos los documentos, notas, mapas y escritos que había ido recolectando en el viaje.

Cuando pensamos en grandes viajes y exploraciones marítimas, a veces nos vienen a la mente las típicas naves inglesas del siglo XVIII e incluso XIX, la Bounty, la Surprise y tal. Esas naves surcaron los mares más de doscientos años después de que los portugueses y españoles abrieran literalmente los océanos. Además, las duras condiciones que vemos en las películas eran lujo asiático comparadas con lo que sufrieron los "nuestros" que, para remate, muchas veces no sabían ni dónde estaban, ni hacia donde iban, ni qué se encontrarían al llegar...si llegaban.

Parece que eso se nos da bien.




sábado, 29 de diciembre de 2012

Buscando una leyenda inventada: Vázquez de Coronado

En 1912, Henry Walton Jones, Jr. estaba participando con sus compañeros escultistas en una excursión a caballo por una zona semidesértica del estado de Utah, cuando descubrieron a unos tipos de aspecto sospechoso merodeando en una cueva al pie de una de las "mesas" de la zona. Haciendo gala de la audacia que terminaría por hacerle famoso, Henry se interna en la cueva y descubre que los tipejos son en realidad saqueadores de tesoros que han encontrado una valiosa pieza que se sospechaba enterrada por la zona. Ni corto ni perezoso se hace con ella y, tras diversas peripecias, consigue llegar a su casa, donde enseña la pieza a su padre, un reputado experto en literatura medieval que tiene como hobby la investigación sobre el santo Grial. No será necesario añadir que el mote cariñoso de Henry es "Indiana" para que reconozcáis en este párrafo el prólogo de la tercera entrega de las aventuras de Indiana Jones ("Indiana Jones y la última cruzada") en el que Indy adquiere en pocos minutos tres de sus características más icónicas: el látigo, el sombrero y el odio a las serpientes. La pieza que Indy posee durante tan breve tiempo (con los años remediará ese mal sabor de boca) no es otra que la "Cruz de Coronado", joya que toma su nombre del conquistador Francisco Vázquez de Coronado y Luján. 

La trilogía de Indiana Jones (lo siento, no considero a la cuarta entrega merecedora ni de estar en el mismo disco duro que las tres primeras) es sumamente entretenida, aunque el nivel de "En busca del Arca Perdida" no lo alcanzan ni de lejos sus hermanas, pero no se esfuerza en ser del todo precisa en sus datos históricos. No existió tal cosa como la cruz de Coronado y éste no pasó por Utah, pero Francisco Vázquez de Coronado merece una de las páginas de oro de la historia de las expediciones... fallidas, en este caso.



La semilla de la leyenda


Los relatos de las peripecias de Cabeza de Vaca calaron rápidamente entre los potenciales nuevos conquistadores, seguros de encontrar más al norte riquezas comparables a las que habían hallado Cortés y Pizarro, por ejemplo. Cabeza de Vaca no dijo que hubiera visto ninguna de las ciudades legendarias que se esperaba encontrar, pero sí que los indios le habían hablado de grandes riquezas. Bastó eso para que Antonio de Mendoza, primer Virrey de Nueva España, enviara una expedición hacia el norte. Al frente estaba el franciscano Marcos de Niza, pero el que llevó el peso de la expedición fue Estebanico, el esclavo supuestamente bereber que había compartido escapada con Cabeza de Vaca. No parece estar claro si el fraile era francés o italiano, pero vista la jeta granítica que demostró, las dudas se disipan (gabacho, fijo). En efecto, fray Marcos envió por delante a Estebanico a abrir camino mientras él asentaba la retaguardia (su retaguardia) en una cómoda aldea del norte de Méjico. Estebanico mandó un par de mensajeros con noticias confusas pero esperanzadoras sobre las riquezas que podían encontrar más al norte y después encontró la muerte a manos de una de las tribus que habitaban el actual Nuevo Méjico. Hay que comprender que Estebanico era esclavo y supongo que esperaba vivir bastante mejor colaborando con exploradores que deslomándose en alguna plantación, así que le interesaba mantener vivo el interés. Fray Marcos no sólo picó sino que amplificó el engaño y volvió al Virrey con la historieta de que había visto Cíbola, que debía ser la más pequeña de las siete ciudades legendarias. Fray Marcos juró que decía verdad y el cuento coló, plantando la semilla que tuvo a cientos de españoles dando vueltas por el agreste sur de los actuales EEUU durante años.



Coronado Parte hacia el Norte


Tanto me gusta este cuadro de Remington  que lo vuelvo a utilizar,
esta vez con más propiedad.
Así las cosas, se formó una expedición con financiación privada para partir en busca de las riquezas del norte. Coronado, por ejemplo, hipotecó la encomienda de Tlapa, que le pertenecía por razón de su matrimonio con Beatriz de Estrada, ya que la encomienda fue la dote en el matrimonio. El encomendero original había sido Alonso de Estrada, padre de Beatriz. Nótese que, al menos entonces, los españoles sí que estaban dispuestos a arriesgar sus bienes y haciendas (nunca mejor dicho) para financiar empresas con cierto riesgo. ¿En qué momento se jodió el Perú? digooo...¿en qué momento de nuestra historia nos adocenamos los españoles?

Coronado partió hacia el norte enfrentándose al peligro, pero difícilmente se puede decir que fuera solo, ya que le acompañaban, aparte de 339 soldados y más de quinientos caballos, más de mil indios, muchos de ellos con sus familias. Sin duda esta expedición se organizó de forma sumamente profesional y su partida fue todo un acontecimiento en Compostela, capital de Nueva Galicia, en Febrero de 1540. Fray Marcos de Niza también era de la partida, en condición de guía, o así.

Dejando atrás Compostela, los expedicionarios de dirigieron hacia Culiacán, último asentamiento español antes de adentrarse en terreno casi inexplorado hacia el Noroeste. Mientras tanto, desde Acapulco salió una parte naval de la expedición, comandada por Fernando de Alarcón. Esta pequeña armada iba cargada de pertrechos y tenía la intención de subir por la costa del Pacífico y de encontrarse en algún momento con el grueso terrestre de la expedición. Alarcón Navegó hacia el norte por el Golfo de California y, cuando encontró la desembocadura del rio Colorado lo remontó en botes hasta la confluencia con el rio Gila, unos 160 km tierra adentro. Ese punto, cerca de la actual Yuma, está en el interior de los EEUU, así que Alarcón bien pudo ser el primer europeo en poner el pie en California ya que en esa zona se encuentra la frontera entre California y Arizona. Alarcón enterró allí unas cartas para Coronado, según era costumbre cuando dos partes de un ejército no eran capaces de encontrarse en la zona acordada. Pues bien, como luego veremos ¡fueron encontradas!

Mientras tanto, Coronado seguía guiando al grueso de la expedición de manera bastante profesional, mandando avanzadillas y controlando de forma más o menos eficiente el ánimo de su tropa durante el avance por tierras tan áridas. Durante prácticamente dos meses se movieron por terrenos agrestes, escarpados y de difícil tránsito, cruzando el rio Gila y el Colorado Pequeño, que ellos llamaron río Bermejo (Río Rojo, Río Colorado, Río Bermejo...vais siguiendo el temita ¿no?):

"...y llegado a chichilticale principio del despoblado y no bio cosa buena no dexo de sentir alguna tristesa porque aunque la notiçia de lo de adelante era grande no auia quien lo ubiese uisto sino los indios quefueron con el negro que ya los auian tomado en algunas mentiras por todos se sintio mucho ber que la fama de chichilticale se, resumía en una casa sin cubierta aruynada puesto que pareçia en otro tiempo aber sido casa fuerte en tiempo que fue poblada y bien se cobnoçia ser hecha por gentes estrangeras puliticas y guerras benidas de lejos era esta casa de tierra bermeja desde alli prosiguieron el despoblado y llegaron en quinse dias a ocho leguas de çibola a un río que por yr el agua turbia y bermeja le llamaron el río bermejo en este río se hallaron barbos como en españa a qui fue adonde se bieron los primeros indios de aquella tierra..." (Relación de la Jornada de Cíbola, de Pedro Castañeda de Nájera, miembro de la expedición)

A estas alturas Fray Marcos de Niza debía llevar algunos días tentándose la ropa, porque quien más quien menos ya le iba mirando con intenciones aviesas por haberles metido en semejante lío, pero la cosa se pondría peor cuando llegaron a la prometida Cíbola:

"otro día bien en orden entraron por la tierra poblada y como bieron el primer pueblo que fue çibola fueron tantas las maldiciones que algunos hecharon a fray marcos quales dios no permita le comprehendan.
el es un pueblo pequeño aristado y apeñuscado que de lejos ay estancias en la nueua españa que tienen mejor aparençia es pueblo de hasta, doçientos hombres de guerra de tres y de quatro altos y las casas chicas y poco espaciosas no tienen patios un patio sirue a un barrio ania se juntado alli la gente de la comarca porque es una provincia de siete pueblos donde ay otros harto mayores y mas fuertes pueblos que no çibola"


Afortunadamente para todos, Fray Marcos puso pies en polvorosa y evitó algún más que seguro "accidente":

"Luego como fue llegado en la uilla de señora melchior dias y Juan gallego se publico la partida del campo para cibola y como auia de quedar en aquella uilla melchior dias por capitan con ochenta honbres y como juan gallego yba con mensaje para la nueba espaiia a el bisorey y llebaba en su compaí-iia a fray marcos que no se tubo por seguro quedar en cibola biendo que quia salido su relaçion falsa en todo porque ni se hallaron los reynos que deçia ni ciudades populosas ni riquesas de oro ni pedreria rica que se publico ni brocados ni otras cosas que se dixeron por los pulpitos"

Coronado siguió gestionando la expedición con con criterio, dejando pequeñas guarniciones en alguno de los poblados, mandando avanzadillas, enviando mensajeros de vuelta al virrey...Cierto es que alguna de las guarniciones no mostró un comportamiento demasiado civilizado por estar compuestas por "la gente de menos estofa y asi nunca dexo de aber de alli adelante motines y contrastes", pero por otro lado hubo descubrimientos de un valor incalculable (hoy). Poco después de pasar Cíbola, Coronado contactó por primera vez con los Pueblo de Acoma, por donde años después pasarían Zaldívar y Oñate.

En una de estas subexpediciones, el sargento Melchor Díaz fue enviado en busca de los dos barcos que comandaba Alarcón y que debían aprovisionarles:

"a un gran rio que ba por aquella tierra lo nóbran el rio del tison es poderoso rio y tiene de boca mas de dos leguas por alli tenia media legua de trabesia alli toma lengua el capita como los nabios auian estado tres jornadas de alli por bajo hacia la mar y llegados adonde los nabios estubieron que era mas de quinçe leguas el rio arriba de la boca del puerto y hallaron en Un arbol escripto aqui llego alarcon a el pie de este arbol ay cartas sacaronse las cartas y por ellas bieron el tiempo que estubieron aguardando nuebas de el campo y como alarcon auia dado la buelta desde alli para la nueba espaia con los nabios porque no podia correr adelante porque aquella mar era ancó que tornaba a bolber sobre la isla del marques que diçen California y dieron relaçion como la California no era isla sino punto de tierra firme de la buelta de aquel ancon"

¡Toma ya! No me digáis que no es abracadabrante que en semejante extensión vacía, sin conocimiento previo de la orografía, cuatro matados y mugrosos soldados españoles fueran capaces de encontrar, a estima, el punto al que Alarcón llegó. El sistema de geoposicionamiento europeo no debería llamarse Galileo sino CAD (Coronado-Alarcón-Díaz). En esas cartas Alarcón ya daba noticia de que la supuesta isla del Marqués no era tal isla, sino la Península de baja California. Otro hito más en la expedición. Oro no encontraron, pero hallazgos históricos llevamos unos cuantos y aún queda el mayor de todos... Por cierto, Díaz tuvo una muerte de lo más tonto tras herirse con su propia lanza cuando intentaba librarse de un perro.

El río del Tizón que el cronista mencionaba es el actual río Colorado, del que habían recibido noticias por los indios de la zona. En un momento dado, Coronado mandó una patrulla de doce hombres al mando de García López de Cárdenas a buscarlo:

"...como ubieron andado ueinte jornadas llegaron a las barrancas del rio que puestos a el bado de ellas parecia al otro bordo que auia mas de tres o quatro leguas por el ayre esta tierra era alta y llena de pinales bajos y encorbados frigidissima debajo del norte que con ser en tiempo caliente no se podia biuir de frio en esta barranca estubieron tres dias buscando la bajada para el rio que parecia de lo alto tendria una braçada de trabesia el agua y por la notiçia de los indios tendria media legua de ancho fue la baxada cosa inposible..."

Cárdenas había hallado y descrito el Cañón del Colorado, aunque finalmente no consiguió descender hasta el río. Por decir verdad, no parece que Coronado ni el resto de los expedicionarios creyeran a Cárdenas cuando les contó lo que había visto. En cierto modo es comprensible, dada la serie de decepciones que ya llevaban acumuladas. Y las que quedaban...

El invierno de 1540-41 lo pasó el grueso de la expedición acampada en la zona de Tigüez en Nuevo Méjico, donde habría serios enfrentamientos con las tribus de la zona, lo que se daría en denominar la guerra de Tiguex. Mientras, las patrullas seguían trayendo noticias y, ya en primavera de 1541, Coronado se adentró aún más en el corazón de los EEUU en busca de Quivira. Parece mentira que, a estas alturas, Coronado y su gente siguieran siendo tan ingenuos, pero se volvieron a fiar de un mentecato, en este caso un esclavo indio conocido como "el Turco" que encontraron por el camino y les habló y no paró de las riquezas de Quivira. Guiados por él se pusieron en marcha y recorrieron las inmensas llanuras pobladas de bisontes, donde la falta de referencias dificultaba tanto la orientación que tenían que usar artes marineras para no perderse. Coronado describió estas llanuras como extraordinariamente fértiles y adecuadas para el granjeo pero, desgraciadamente, esta expedición no iba en busca de buenas tierras en las que asentarse, sino de oro en abundancia. Finalmente, Coronado alcanzó Quivira, o lo que llamó Quivira, en algún lugar cercano a Wichita  (Kansas). Nada más llegar y ver aquello ejecutaron al "Turco". No era para menos:

"el general siguio sus guias hasta llegar a quiuira en que gasto quarenta y ocho dias de camino por la grande cayda que auian hecho sobre la florida y fue reçebido de paz por las guias que lleuaba preguntaron a el turco que porque auia metido y los auia guiado taro abieso diso que su tierra era aquella parte y que allende de aquello los de cicuye le auian rogado que los trusese perdidos por los llanos por que faltando les el bastimento se muriesen los cauallos y ellos flacos quando bolbiesen los podrian matar sin trabajo y bengarse de lo que auian hecho y que por esto los abia derrumbado creyendo que no supieran catar ni mantenerse sin maiz y que lo del oro que no sabia adonde lo auia esto diso ya como desesperado y que se hallaba corrido que auain dado credito a el ysopete y los auia guiado mejor que no el y telniendose los que alli yban que no diese algun abiso por donde les biniese algun daño le dieron garrote de que el ysopete se holgo porque siépre solia de ir que el ysopete era un bellaco y que no sabia lo que se decia y siempre le estorban ban que no hablase con nadie no se bio entre aquella gente oro ni plata ni noticia de ello el señor traya al cuello una patena de cobre y no la tenia en poca."

La moral ya no podía estar más baja y sus hombres menos dispuestos a la disciplina  así que tras esta última decepción, Coronado tomó la decisión de retornar a Méjico. El camino de vuelta fue algo más corto que el de ida, pero sin duda infinitamente más triste. La decepción, la derrota y la humillación hicieron mella en soldados y civiles, así que no es de extrañar que muchos de ellos fueran desertando o sencillamente quedándose en las poblados por los que iban pasando.  En 1542, una pequeña parte de la inmensa expedición que había partido dos años antes llegó de vuelta a Méjico.

La expedición fue un desastre en términos económicos ya que, por desgracia, lo que los conquistadores buscaban entonces era hacerse ricos a la voz de ¡ya! no establecer una empresa a largo plazo (¿os suena?). Tal vez, de no haber sido así, cuando primero los franceses (150 años después) y luego  los estadounidenses (en el XIX) se pasaron por Kansas, se habrían encontrado una Nueva Palencia o Nueva Valladolid llenas de trigales, con sus iglesuelas, sus bares, sus plazas de toros... Además Dorothy se habría llamado MariPili.

Durante décadas no volvió a haber una expedición seria al norte del rio Grande, pero como tantas otras veces, la información obtenida de un fracaso fue válida para decenas de aciertos.

PS Menudo despiste! se me olvidaba poner el mapa de la ruta seguida por Coronado:






Sarmiento: Lio en Rio

                         Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1 , ...