Newsletter

sábado, 22 de marzo de 2014

De Dr. No a Pierre Nodoyuna: Sir Francis Drake (I)

El mundo militar, especialmente el anglosajón, es tendente a la estandarización. No solo hay uniformes, sino que casi cualquier elemento del equipo de un miembro del ejército tiene unas características reguladas. Los relojes no son una excepción; durante la segunda guerra mundial las unidades británicas recibieron toneladas de relojes suizos de una calidad más que aceptable, muchos de los cuales fueron voluntariamente destruidos al finalizar la guerra a petición de los fabricantes para evitar una inundación del mercado. El reloj reglamentario (que ha ido cambiando a lo largo de la historia) es conocido como el "G10" por el formulario que había que rellenar para pedirlo y, aparte de los originales fetén, hay muchos fabricantes que elaboran relojes basados de forma más o menos fidedigna en esta estética. Da la casualidad de que a mí me encantan ese tipo de relojes y tengo varios de esa orientación (ebay es tu amigo). 

A los que nacimos con el don natural de la elegancia cualquier cosita
nos queda bien. Mejor no epatar con lujos.
Nota: Estos no son tipo G10.
Este tipo de relojes suele quedar niquelao con correa de nailon, que también está incluida en el estándar G10 y que, por deformación, se suele llamar correa NATO o "NATO strap" en inglés, ya que tienen su código NATO (en concreto el 6645-99-527-7059 para la del ejército del aire, por ejemplo. O sea, que si os presentáis en un acuartelamiento de la OTAN y mencionáis ese número, os darán una correa de reloj de nailon gris, de 280 mm de largo, 20 mm de ancho y con unas hebillas de lo más curioso). Aunque la correa no fue incluida en el estándar oficial hasta 1973 por las FF.AA. británicas, uno de sus miembros más famosos (en concreto de la Marina) ya había puesto de moda una correa similar unos años antes. Esta variante de la NATO con bandas longitudinales es conocida en su honor como Bond, NATO Bond y los colores originales, los que tenía la correa que sujetaba el submariner a la muñeca de Sean Connery en Goldfinger, son los que veis en la foto adjunta en la correa del Citizen. El Seiko ATLAS, por su parte, lleva los colores que erróneamente se identifican como colores Bond. Ya, ninguno de los dos es un Rolex y yo no soy James Bond, pero es lo que hay...

Bond, James Bond es un ya longevo héroe de acción que lleva varias décadas paseando su palmito por las pantallas de todo el mundo y, como pasa con casi cualquier héroe, su leyenda depende en parte de la maldad de los villanos a los que se ha enfrentado: Scaramanga, Stavro, Auric Goldfinger y, claro, el Dr. No.

Los cienes y cienes de personajes españoles merecedores de hacernos pasar un rato agradable leyendo sus cuitas no necesitan exagerar la capacidad de su enemigo para hacerse los interesantes, pero creo que no está de más que hablemos hoy de uno de ellos; uno de los enemigos icónicos de España en el siglo XVI: el conocido corsario inglés Francis Drake, miembro también de la Marina Británica, como Bond. Don Francis pasó a ser Sir Francis en 1581 y, por lo tanto, caballero británico en el momento de suceder buena parte de los hechos de los que vamos a hablar hoy. Alguien dirá que me centro más en sus derrotas que en sus victorias, que las hubo. Puras insidias...

Francis Drake, corsario inglés


Francis Drake nació en la granja de Crowndale, cerca de Tavistock, en el suroeste de Inglaterra. Hijo de un granjero que acabaría de vicario en Upnor, una aldea costera de Kent tras huir de Devon por robarle a un paisano... Drake padre acabó enchufando a su hijo mayor, Francis, como grumete en un barco mercante que cruzaba a Francia con frecuencia. Cuando el patrón del barco murió sin descendencia testó a favor del joven Francis que se quedó con el barco. Eso es empezar una carrera con buena estrella y lo demás son tonterías.

Muy pronto Drake dirigió sus ojos hacia América. De sus primeros viajes poco se sabe, pero después, entre 1572 y 1573, se dedicó abiertamente al pirateo en el Caribe y el istmo de Panamá, capturando no pocos botines en compañía de su primo John Hawkins.

La reina Isabel I de Inglaterra, arreglada pero informal.
De la wiki.
La cosa les fue tan bien que la reina Isabel I de Inglaterra, que mostraba más bien pocos escrúpulos a la hora de usar artes de nobleza dudosa para tocar lo que no suena a España (y llenar sus arcas de paso), dispuso que Drake y Hawkins se dedicaran a ello de forma "profesional", pero que lo hicieran donde los españoles se podían sentir más seguros: en el Lago Español. Resumiendo: Drake cruzó el estrecho de Magallanes y a principios de 1579 comenzó su actuación estelar en el Pacífico, a bordo del Golden Hind, dándose al pillaje sin conocimiento. Valparaiso, El Callao, Arica (puerto por el que salía la plata de Potosí)... no hubo puerto que no intentaran saquear; en la mayoría de los casos sin resistencia alguna, en ocasiones se encontraba los barcos atracados y vacíos, con toda la tripulación en tierra dándose a la molicie del ocio. Entre lo dados que somos al temita y la confianza en la ausencia de enemigos, no dejaba de ser normal...

Uno de los momentos estelares de ese año de raids y pillaje fue la captura por parte de Drake del Nuestra Señora de la Concepción, más conocido por los marineros españoles por el descriptivo nombre de Cagafuego, aunque pasó a los libros ingleses como Cacafuego. De ahí a "Cacafuti", un paso. Drake se enteró de la existencia, la ruta y la carga del Cagafuego en el asalto a El Callao y se lanzó a por él simulando ser un carguero mercante. De nuevo pilló a la tripulación por sorpresa y se hizo con el barco y su cargamento. La leyenda dice que la reina Isabel I prohibió a Drake hacer público el importe del botín para que no se supiera nada de la parte que ella misma se quedó... sí, parece ser que la reina y el pirata iban a pachas y, como os contaré luego, no les fue nada mal el negocio a los hijos de la Gran Bretaña.

Después de lo del Nuestra Señora de la Concepción, Drake siguió sus garbeos por la costa, llegando hasta el norte de California, zona que denominó Nueva Albión y reclamó para Inglaterra de forma bastante optimista "de mar a mar".  Pues no iban a pasar años hasta que alguien distinto a los nativos tomara posesión real de la zona...

A finales de año Drake decidió volver a Inglaterra. Como se imaginó que su retorno por el mismo camino no iba a ser tan placentero como el viaje de ida al no contar ya con el factor sorpresa, decidió volver por poniente y convertirse, para los británicos, en el segundo navegante en dar la vuelta al mundo... 60 años después que el primero. Digo lo de los británicos, porque hasta que Urdaneta consiguió el Tornaviaje, todos los españoles que fueron a Filipinas y alrededores tuvieron que volver por el Índico. Que nos conste, el propio Urdaneta completó la vuelta al mundo tras los sucesos de las Molucas, bien es cierto que no en su propio barco. Hemos de recordar que, tanto en el caso de Elcano como en el de Drake, lo de dar la vuelta al mundo no fue más que una anécdota y que tomaron esa vía por ser la más conveniente para el retorno. Además, una vez que la vía del Pacífico estaba abierta, no tenía el menor mérito navegarlo hacia poniente; incluso en 1580 tampoco lo tenía hacia levante, desde 1565 se conocía la ruta de vuelta y más o menos había un servicio de galeones regular.

Pero vamos, que Drake volvió a Inglaterra dando la vuelta al mundo, que llevó consigo todo lo que había rapiñado a barcos españoles, otros no había, en los puertos y aguas del Pacífico y que según nada menos que el Barón Keynes (sí, el de cavar agujeros y volverlos a tapar):
"En realidad, el botín extraído por Drake en la Golden Hind puede ser considerado perfectamente como el origen y la fuente de las inversiones británicas en el extranjero. Con su producto Isabel I pagó la totalidad de su deuda exterior, e invirtió parte del resto (unas 42.000 libras) en la Compañía del Levante; a partir de las ganancias de la Compañía del Levante se formó en gran parte la Compañía de las Indias Orientales, cuyas ganancias durante los siglos XVII y XVIII fueron el principal fundamento de las conexiones extranjeras de Inglaterra"
Del "Treatise on Money, Volume 2: Applied Theory", capítulo 30. Los dos volúmenes suman unas 700 páginas de literatura vibrante y capturadora que te impide dejar el libro una vez comenzado. No, es coña.

Esa pasta fue un trinque con todas las letras pero según Keynes, no cualquier mindundi, fue nada menos que la base sobre la que se asentó el poderío comercial inglés de los siglos XVII y XVIII y, por tanto, el Imperio Británico. Al menos en parte ¡la Commonwealth se basa en el Cagafuego!

No cabe duda de que fue un botín bien invertido, desde luego. Piratas sí, tontos no.

La Grande y Felicísima


Drake no solo volvió millonario, sino que fue inmediatamente nombrado caballero al poco de volver, en cuanto la reina terminó de contar la pastizara que el corsario le había traido. Liz y Frank le cogieron gusto al procedimiento y prepararon una nueva campaña en la que no nos detendremos demasiado. Entre 1585 y 1586 Drake, esta vez con 21 naves y 1800 paisanos atacó, secuestró, pidió (y cobró) rescates... a ambos lados del Atlántico, destacando los ataques a Vigo y a Cartagena de Indias, aparte de algunos saqueos menores.

"De cómo le chamusqué las barbas a Felipe II" por el propio Drake, via wiki.
Podría también ser un esquema del sistema digestivo de una rata de barco,
pero creo que no lo es.
Felipe II comenzó a pergeñar el plan por el que, injustisísimamente, es más conocido fuera de España (me temo que en la España de los últimos puestos del informe PISA ni eso. "¿Felipe Palote Palote? A mí la que me pone palote es la Vane" me cuentan que contestó el más espabilado de los encuestados): la invasión a gran escala de la Gran Bretaña. No nos vamos a meter a fondo en esa historia, que ya tocamos de soslayo al hablar del rompecorazones Cuéllar y además no tengo yo capacidad para abordar algo tan gordo, pero sí mencionaremos un par de apuntes de la implicación de Drake que, como casi todo lo que rodea a la Grande y Felicísima Armada, está envuelto en mitos y leyendas. La película, de todas formas, podría comenzar con el asaltazo a Cádiz realizado por Drake en 1587 que tuvo su puntillo de Pearl Harbor:

  1. Fue un golpe material y moral de primera magnitud, que en nuestro caso retrasó sustancialmente la formación de la Armada
  2. Fue una intervención de audacia casi incomprensible, atacando el corazón de la mayor armada del mundo. En inglés se conoce a esta operación como "Singeing the King of Spain's Beard" o "Chamuscando la barba del Rey de España" y me parece una definición muy acertada, por desgracia.
  3. De Pearl Harbor se dice, de Cádiz se sabe: los espías de Felipe II en Inglaterra (Bernardino de Mendoza, exembajador ante Su Graciosísima que había sido expulsado entre gracia y gracia, aún mantenía sus contactillos y avisó desde Francia el 19 y 21 de abril) avisaron con detalle de que el ataque se estaba preparando y no se quiso, no se pudo o no se supo hacer nada.

Nuestro íntimo y corsario enemigo tenía ya un prestigio estratosférico en Inglaterra y esta acción no hizo más que acrecentarlo y le valdría el nombramiento como vicealmirante pero, Francis, ¡todo lo que sube, baja, mushasho!

Al lío, que finalmente Felipe II, el prudente, se cansó de serlo y de aguantar al pesado del papa Sixto V (que si vaya cobardica de rey católico me he echado, que si esto con el emperador de verdad no pasaba, que si ahí tienes a los hijos de la Gran Bretaña riéndose de nosotros, que si vas a tardar más en esto que en construir ese monasterio que te has preparado... y tal) y lanzó el ataque refinitivo contra los británicos con los resultados que conocemos, en algo causados por las artes inglesas y en mucho por los elementos. Sí, aun huyendo de patrioterismos resulta difícil dar mucho del mérito de la derrota de la Armada Española a la Británica. De hecho, muy a pesar del hostigamiento inglés, la Grande y Felicísma cruzó el Canal sin muchos problemas, las cosas se complicaron después, por ejemplo en Gravelinas, gracias a las artes "imaginativas" de Drake (como mandar barcos en llamas contra los galeones españoles y tal...). Pero vamos, que no hay que discutir demasiado, en el monumento erigido en Plymouth en 1888 con motivo del tercer centenario del asunto, la leyenda podría ser algo así como "Los valientes y habilidosísimos marinos ingleses patearon el culo a los orgullosos y mugrientos españoles" y no pone eso. No, no, no... lo que pone es:

"He blew with his wind and they were scattered"
 O sea:

"Sopló con su viento y fueron dispersados"

Nota para los despistados: el que sopló fue Dios, mostrando de esta forma su apoyo explícito al protestantismo anglicano, faltaría más.

No hay más preguntas, señoría.

La expedición de la Grande y Felicísima Armada tuvo un resultado manifiestamente mejorable, pero en términos históricos tampoco supuso el descalabro que a veces nos imaginamos. España se rehizo de aquello con la solvencia que un gran imperio en su apogeo se podía permitir y mantuvo su dominio de los mares aún bastantes años, como veremos. Lo que no solemos recordar los alumnos de la EGB es que los británicos se envalentonaron tanto con el resultado del asunto que pensaron que Dios iba a soplar de su lado siempre y se decidieron a hacer ellos mismos un ataque similar. Con un par.

Para saber cómo les fue en el intento tendremos que esperar a la siguiente entrada de profundosoconfusos, pero creo no desvelar gran cosa si os aviso de que Drake había terminado ya su época de Dr. No y estaba a punto de comenzar la de Pirre Nodoyuna.






sábado, 15 de marzo de 2014

De Horcasitas a Sausalito: Juan Bautista Anza, Tcol. de caballería (y II)

Segunda expedición (colonizadora) de Anza, que vino después de la Primera expedición (exploratoria) de Anza


El prestigio de Anza tras el éxito de la primera expedición subió como la espuma, tanto que le ascendieron a Tcol., así que ya he modificado el título de esta segunda entrega, no se nos cabree don Juan Bautista por apearle el tratamiento. De inmediato le pidieron/autorizaron una segunda expedición y le fue conferida la autoridad de reclutar personal para la misma. Esta segunda expedición tenía una meta clara: San Francisco. 

Portolá, Fagés y Costansó ya habían llegado a la bahía de San Francisco en 1769 y se sabía que era un puerto de primera división, justo lo que hacía falta para asegurar la costa de Alta California, proteger los Galeones de Manila y evitar los ataques de los piratillas franceses e ingleses. Ahora lo que hacía falta era llevar allí gente suficiente para fundar una ciudad, un presidio y, por supuesto, una misión, no precisamente por ese orden. 

Anza era un tío de acción y puso manos a la obra de forma inmediata. Se desplazó a Horcasitas, unos 300 km al sur de Tubac y, por lo tanto, de la frontera, así que era un lugar mucho más apropiado para convencer y preparar a familias completas para que le siguieran a fundar una nueva ciudad. El 29 de Septiembre de 1775 partieron de Horcasistas hacia Tubac y ya el primer día se metieron entre pecho y espalda una maratoniana jornada de... media hora, de 1630 a 1700. 

En esta ocasión tenemos tres diarios: Anza, Garcés, que volvió a apuntarse y el de Fray Pedro Font, franciscano gerundense que fue escogido para unirse a la expedición, entre otras cosas, por su habilidad con el astrolabio y demás herramientas geoposicionadoras, no por su afición a la juerga flamenca, precisamente.

Vista del parque de Anza Borrego desde Fonts point.
 No sé si lo de Fonts viene del padre Font. No creo Confirmado, es así,
de hecho es Font's point, no Fonts point. Foto de la wiki
El 23 de Octubre salieron de Tubac Anza, los frailes Garcés, Font y Eixarch, el alférez Moraga, el sargento Grijalva, 10 soldados con billete de vuelta, 28 soldados sin él, 29 mujeres, esposas de los antedichos soldados (ergo alguno de los que iba a volver también se la llevó), 136 miembros de las familias de los soldados y de cuatro familias civiles voluntarias, 15 arrieros, 3 vaqueros, 3 sirvientes de los frays, 4 sirvientes de Anza, 5 intérpretes de las lenguas pima, yuma, cajuenchi y nifora y 1 proveedor (responsable de intendencia) para la expedición. Si Anza no se equivocó contando, un total de 240 paisanos, aunque esta expedición salió tan bien que llegarían más de los que salieron. Para los defensores de los animales, la partida contaba con 165 mulas, 340 jamelgos y 302 vacas y lamento decir que sí, bastantes de ellos sufrieron daños considerables durante el rodaje. Cosas de la vida.

Os decía antes que llegaron más de los que salieron y es que nada menos que 9 niños nacieron durante los preparativos y el viaje en si. Los nueve llegaron sanos y salvos a California aunque, desgraciadamente, la madre de uno de ellos, María Ignacia Manuela Piñuelas, fue la única baja del viaje. Falleció tras dar a luz justo al día siguiente de abandonar Tubac. El 28 de Noviembre llegaron a Yuma y se encontraron que el vado utilizado en la anterior expedición ya no existía, pero como la caballería no reconoce obstáculos, buscaron otro y santaspascuas.

Como os podéis imaginar, si la travesía de esas zonas desérticas no es fácil, hacerlo con niños y familias completas no acostumbradas a este tipo de expediciones es doblemente complicado pero, a un ritmo más bien lento, lo fueron consiguiendo. Para acabar de facilitar las cosas, ese invierno fue especialmente duro en la zona, de los más duros de la historia en el sur de California, y en los pasos de montaña los expedicionarios se tuvieron que enfrentar a unas condiciones manifiestamente mejorables, con nieve y ventisca durante muchos días. Anza había dividido al grupo en tres compañías; la que estaba al cargo de Moraga se retrasó en medio de la tormenta y el propio Moraga quedó temporalmente sordo por una infección de oido. Nos cuenta el padre Font en su diario, entrada del 17 de diciembre, lo que sucedió cuando se reunieron:

A la noche, con la alegria de haver llegado toda la gente, se armó alla entre ellos un fandango algo desconcertado, y una muger viuda, que venia en la Expedicion bien descocada, cantó con aplauso, y griteria de toda la gentalla unas glosas nada buenas: de lo qual se enojó el hombre con quien venia arrimada, y la castigó, lo qual oyendolo el Sr Comandante salio de su tienda y reprehendió al hombre porque la castigaba. Dixelo yo: dexelo Usted Señor, que hace muy bien: y me respondio: no Padre, que no debo yo permitir estos excessos estando presente. Zeló este excesso, y no zeló el excesso del fandango que duró hasta bien tarde. "

Prueba de que sigue haciendo frío. De anzaborrego.net
El Sr. Comandante era Anza y, a lo que se ve, el padre Font era de la rama liberal del clero franciscano, el tío. No se cortó un pelo y en la misa de la mañana siguiente censuró el cachondeo duramente (no sabemos si se atrevió, incluso, a alabar al castigador de la mano larga). En su diario se lamenta de que Anza no le dirigió la palabra en toda la mañana; eso sí, el mismo día 20 se saltó la misa de la mañana, del frío que tenía el hombre. La cantaora se llamaba Feliciana Arballo. No fue ésta la única discrepancia vital entre Font y Anza, rigidez y pragmatismo frente a frente.

El 20 de diciembre hubo una estampida general del ganado, hartito de pasar sed y mala vida. Tardaron un par de días en recuperarlo y, aún así, muchas reses se dieron por perdidas. Por cierto, toda esta zona en la que pasaron tanta calamidad es en parte el actual Anza Borrego desert State Park y a día de hoy sigue haciendo un frío del carajo respetable en las zonas altas.

El grupo completó la parte más complicada del viaje llegando a San Gabriel el 4 enero de 1776 y el 21 de febrero a Monterrey. Allí quedó descansando el grueso de la expedición y Anza siguió rumbo norte a cumplir su misión; el viernes de Dolores de 1776 seleccionó un lugar idóneo para fundar una misión que, efectivamente se ubicaría ahí mismo unos meses más tarde con el nombre de "Misión de San Francisco de Asís", pero que aún hoy sigue siendo conocida como "Misión Dolores". Anza volvió a Monterrey entusiasmado con las posibilidades de la bahía que acababa de visitar, pero el gobernador de Alta California Fernando Rivera y Moncada (un genio del futbolín que acabaría excomulgado por los franciscanos y murió junto al padre Garcés en un lío importante del que hablaremos más adelante) era de la opinión de que la bahía de San Francisco no era un buen sitio para asentarse. Un genio, sin duda.

Misión Dolores. Foto un poco mala, pero el autor no es
de la Magnum, precisamente. En primer plano una de las farolas campana
que marcan el camino Real.
Anza, que consideraba su misión cumplida y que no tenía ganas de discutir con el cenutrio de Rivera, se largó de California el 13 de Abril, dejando al alférez Moraga junto con los colonos en Monterrey. Finalmente el 17 de Junio Rivera cedió y 191 colonos salieron de Monterrey hacia la Bahía de San Francisco. El 27 de Junio de 1776, mientras John Adams, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, Robert Livingston y Roger Sherman daban los últimos retoques a la declaración de independencia de los EE.UU., el alférez Moraga (al final fue el alférez, no digo nada) montaba campamento junto al arroyo Dolores y daba orden a sus hombres de comenzar a talar árboles para construir sus casas. Con una misión junto al arroyo Dolores y un presidio al pie del actual Golden Gate nacía la ciudad de San Francisco:

El 27 a las seis y media de la mañana sali con la tropa del Parage de San Matheo, y a las once y media, sin alguna nobedad acampamos en el Puerto de San Francisco y Laguna de los Dolores. Desde este dia di orden al Sargento para que se la diese a la tropa de cortar Palos para la fabrica de sus cassas "

A modo de conclusión 


De la importancia de la fundación de San Francisco no es necesario dar más detalles. La ruta abierta por Anza desgraciadamente no permaneció mucho tiempo en uso pero de eso, que está relacionado con la muerte de Garcés y Rivera, hablaremos otro día.

Don Juan Buatista siguió cumpliendo órdenes, fue nombrado Gobernador de Nuevo Méjico y capitaneó una acción contra los comanches  en 1779 en la que pasó por el actual Pike's Peak (entonces "El Capitán" lo que me da excusa para poner el famoso y extraordinario video de Vatanen subiendo este monte). Anza murió en 1788 sin haber vuelto a California. 

Hoy en día su nombre es más que conocido en California, hay numerosas estatuas en su honor, parques, calles, colegios... y la ruta que siguió es una de las 19 National Historic Trails. No hace falta ni decir que pasa a engrosar la lista de viajes que nunca cumpliré, pero la ruta de Anza por Arizona y California se puede ver con todo detalle aquí y... no, no cruzó a Sausalito, pero quedaba bien en el título y, total, se quedó a  tiro de piedra. No cuesta demasiado imaginarse a Anza mirando hacia el norte desde el actual Fort Point y pensando: "Aquí habría que poner un puente"...

Un año después de fundar el presidio de San Francisco, Moraga fundó la primera ciudad de la zona: El Pueblo de San José de Guadalupe, actual San José (con tilde, incluso en inglés), cuyos habitantes tendrían la misión de desarrollar la agricultura y ganadería para abastecer el presidio y el puerto. San Francisco, como ciudad, creció después.

No es descabellado afirmar que los dos hombres que más han influido en que California, el estado más poblado y de los más prósperos de los EE.UU., sea lo que hoy es fueron Anza y Fray Junípero. Dos viajeros que compartieron campamento la noche del 27 de Abril de 1774 en algún lugar entre Santa Bárbara y Camarillo y que, seguramente, robaron horas al sueño hablando de la tierra en la que estaban y que habían abierto al mundo, de las posibilidades que ofrecía y de los colonos que a ella vendrían para hacerla próspera. Por la mañana, cada cual siguió su camino y continuó intentando cumplir su misión de la mejor manera que pudo y supo.

El resto, es historia o, si queréis: "el resto son historias" que no es en absoluto lo mismo.

Nos vemos.

De Horcasitas a Sausalito: Juan Bautista de Anza, capitán de caballería (I)

Dedicado al Comandante Sáez (también de caballería, por supuesto). ¡Feliz cumpleaños!


En 1561, mientras nuestro anterior protagonista andaba haciendo de las suyas por la cuenca amazónica y estaba pensándose declarar la guerra abierta y sin cuartel al hombre más poderoso del mundo, éste (Felipe II, para los despistados) acababa de decidir que su corte se iba a asentar en Madrid, un pueblecillo junto al cauce de un río comparable al que navegaba en esos momentos Aguirre. En aquellos años la población de Madrid superaba por poco los 10.000 habitantes y, por poner una comparación, era más pequeña que cualquiera de las cuatro capitales gallegas. No fue hasta después de la guerra civil cuando se superó el millón de habitantes y unos 15 años después cuando Madrid creció a un ritmo rápido hasta lo que hoy es. En esos años de crecimiento acelerado, sobre todo desde mediados de los 60, proliferaron barriadas de construcción algo atolondrada que acabaron siendo en algunos casos campo abonado para la heroína y los émulos del Vaquilla y el Torete, que luego algunos desaprensivos glorificarían en el cine quinqui de los 80. Afortunadamente aquello se medio recondujo pero en nuestra memoria los nombres de algunos de esos barrios siguen estando asociados a droga y delincuencia. Seguramente de forma muy injusta, pero es que yo oigo "Orcasitas" y me viene a la mente un 124 saliendo a la carrera y un chavalín gritando aquello de "¡dale caña Torete, que el coche es robao!"

Pues de Orcasitas han salido muchas más cosas que 124s quemando rueda, por ejemplo una de las expediciones más importantes para la historia de California. Bien es cierto que la expedición no salió de Orcasitas (Madrid), sino de Horcasitas (Sonora, Méjico), pero no nos vamos a poner quisquillosos por una letra. Además, muda. La (en realidad las) expedicion(es) no las dirigió ni el Torete ni el Vaquilla ni ninguna otra res heroinómana, sino todo un soldado de frontera: el Teniente Coronel Juan Bautista de Anza.

La Frontera


Soldado de cuera en la portada del libro
 "Banderas Lejanas", que recomiendo vivisisímamente.
Como ya hemos visto en algunas otras entradas de profundosoconfusos, el actual territorio de los EE.UU. no fue ocupado por España hasta mucho más tarde que el ubicado al sur del Río Grande. Hubo bastantes expediciones, pero ninguna trajo información que justificara un empeño colonizador comilfó, así que poco a poco se fue estableciendo una frontera difusa entre el actual Méjico y los territorios del norte. En el siglo XVIII esa frontera seguía siendo defendida por un puñado de  soldados de cuera acuartelados en presidios a lo largo de toda la frontera. Este cuerpo específico del ejército tomaba su nombre de la parte más característica de su uniforme: una especie de peto largo hecho de varias capas de cuero que les protegía contra las flechas de los indios (y debía dar un calor del siete en medio de esas zonas desérticas por las que se movían, pero oye, te podrías morir deshidratado, pero no de un flechazo...). Los soldados o dragones de cuera nunca fueron muchos, pero se las apañaron para defender la frontera norte durante 300 años. Lógicamente, a pesar de ser pocos, casi tres siglos de actividad dan para mucho, pero las acciones de los dragones no solían ser demasiado vistosas, con escasas excepciones. Y no sería por no moverse ya que, aunque su función fuera básicamente defensiva, a veces la mejor defensa es un buen ataque y en muchas ocasiones hicieron incursiones de varios miles de kilómetros en tierra hostil. Su equipo básico incluía, además de armas, adarga et al., seis caballos y una mula ya que la movilidad era esencial para su tarea.

Como ejemplo de incursión lejana (y desastrosa, por desgracia), la expedición de Pedro de Villasur en verano de 1720. Villasur, acompañado por unos 45 soldados se adentró tanto en los EE.UU. como que llegó a Columbus (Nebraska) en agosto de 1720. Su misión era infiltrarse en territorio pawnee, levantar un fuerte y dar un poco por saco hostigar un poco por allí. Degraciadamente los pawnees, primero, no estaban mucho por la labor y, segundo, habían sido surtidos de armas por los comerciantes franceses, tan majos ellos como siempre. De hecho, parece seguro que no pocos de estos comerciantes participaron en los hechos, así como un esclavo pawnee conocido como Francisco Sistaca, que había acompañado a la expedición hasta allí como intérprete pero había desaparecido unos días antes, el muy cuco. El 14 de agosto, al alba, con tiempo duro de levante.. no perdón, lo del viento era de otra historia más cercana en el tiempo y el espacio, que ya las mezclo todas... al amanecer una enorme fuerza de pawnees atacó el campamento. El general Villasur cayó (y calló, obviamente) a las primeras de cambio; el resto de soldados formaron un círculo defensivo mientras algunos compañeros, que estaban algo alejados cuidando los caballos, montaron y acudieron en su defensa. La batalla fue brevérrima, en apenas unos minutos 35 españoles habían muerto. Los pocos supervivientes pusieron pies en polvorosa y llegaron a Santa Fe (Nuevo Méjico) unas tres semanas después. España era mucho más grande entonces que ahora, pero no muy diferente: se investigó el desastre durante siete años, sin conclusiones de importancia.

Dragones de cuera protegiendo a Villasur, ya difunto
Esta batalla tiene dos curiosidades anejas que no me resisto a contar:

- La imagen que veis a la izquierda es una réplica de una pintura de la época que refleja la muerte de Villasur. Es tan detallada que parece seguro que quien la pintó fue asesorado por alguno de los que allí estuvieron (y no murieron, claro). Lo más probable es que el asesor fuera español, ya que en la pintura aparecen soldados franceses disparando en medio del lío. Puede que los hubiera, puede que no, pero a cualquiera de los supervivientes le vendría bien que se pensara que así fue. Digo que la foto es de una réplica, peeeeeeero el original aún existe y lo tiene nada menos que un barón suizo, un tal Andre von Segesser, cuya familia tiene la pintura desde que un antepasado suyo, el jesuita Philipp von Segesser von Brunegg, se la enviara como regalo a su hermano desde Sonora en 1758... y de esta forma tan elegante he metido a dos suizos en un relato sobre acciones españolas en América.

- El lugar donde murió Villasur está bastante bien localizado, cerca de Columbus (Nebraska). Un par de condados más hacia el oeste está el condado de Custer (Nebraska), así llamado en honor al general (o Coronel, o Tcol, o lo que fuere) George Armstrong Custer... sí, ESE general Custer (también de caballería, nada menos que del séptimo), el que murió con las botas puestas en Little big Horn unos 156 años después de que Villasur pasara por una experiencia similar, en eso también nos adelantamos. Bien es cierto que Villasur llevaba 45 soldados y Custer unos 600...

...y eso es todo lo que tengo que decir sobre Villasur y su gente, así que ahora vamos con Anza.

Juan Bautista de Anza


Juan Bautista de Anza Bezerra Nieto era, aparte de Nieto, hijo de Juan Bautista de Anza padre. Anza padre nació en Hernani en 1693 y murió defendiendo las fronteras de España en 1740. En 1712 se trasladó a Nueva España donde anduvo relacionado con la minería durante unos cuantos años, entre otros sitios en Hermosillo (Méjico). En 1721 se alistó en el ejército a las órdenes del capitán Antonio Bezerra Nieto (os suenan los apellidos ¿eh? Sí, Anza padre se casó con María Rosa, la hija del capitán Bezerra Nieto) y tuvo una carrera militar respetable aunque relativamente corta ya que se lo cargaron los apaches en 1740. Cosas de la frontera. Por cierto, Anza padre es parcialmente responsable de que la actual Arizona se llame así, aunque no nos meteremos en la discusión del origen del nombrecito, sí es cierto que fue él el primero en usarlo de forma extensa.

Juan Bautista y Maria Rosa tuvieron cuatro churumbeles, a saber: Francisco Antonio, María Margarita, Josefa Gregoria y el pequeñín Juan Bautista, que es justo el que nos interesa a nosotros. Anza hijo (a partir de aquí sencillamente Anza) nació donde corresponde al hijo de un oficial de los dragones de cuera: en Fronteras (Sonora) en 1736. Se alistó muy joven, con sólo 20 añitos ya era teniente y con sólo 23 le confiaron su primer presidio, el de Tubac (Arizona).

Unos años después, a inicios de la década de los 70 del siglo XVIII, España volvió sus ojos a la alta California -la actual California de los EE.UU.-, territorio que había sido básicamente ignorado por los exploradores durante siglos. Como vimos en una anterior entrada, Junípero Serra y sus frays, junto con Portolá y sus soldados, hicieron un esfuerzo titánico para ir fundando asentamientos en California, pero los resultados eran manifiestamente mejorables. La dificultad de acceso y, peor aún, de abastecimiento posterior, hacían  que los presidios y misiones fundadas fueran casi testimoniales. Era necesario encontrar una ruta que permitiera llevar colonos, pertrechos y abastecimiento de una forma estable y continua... y a ello se puso don Juan Bautista.

Esta gente de Tubac se ha currado un logo bastante chulo, la verdad.

Hasta 1772 solo habían sido fundadas 5 de las 21 misiones que habría en California y la cosa, como os digo, no se podía estirar mucho más. Para que os hagáis una idea, entre misiones y presidios había menos de 100 soldados y frailes españoles en Alta California. Anza tomó la iniciativa y propuso al Virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa realizar una expedición que abriera una ruta terrestre entre Sonora y California en una carta fechada en Tubac el 2 de Mayo de 1772 que, entre otras muchas cosas, decía:

"A la vista de todas estas consideraciones, este reverendo padre y yo estamos convencidos de que la distancia de aquí a Monte Rey no puede ser tan grande como se había estimado y de que no será imposible superar los obstáculos que encontremos en el camino. Por lo tanto, si esta propuesta alcanzase la aprovación de su excelencia, espero que ordene al presidente de estas misiones que permita al mencionado padre acompañarme, porque estoy de acuerdo con él en sacrificarme a este propósito y para todo aquello que redunde en el servicio a su Majestad y la gloria de su excelencia"
Nota1: El padre mencionado es el padre Garcés, del que hablaremos luego
Nota2: Este texto es en realidad una traducción del inglés. El original en castellano no he podido encontrarlo, pero en inglés tengo toda la correspondencia relevante. Cosas de los historiadores, que son así. 

Las "consideraciones" eran básicamente que el hijo del gobernador Cojo (un jefe indio pima del rio Gila) le había transmitido a Anza tras una visita a los cocomaricopas que éstos habían hablado con otros indios de más al oeste que les habían contado que, en lugar de moros, había hombres blancos en la costa. Bueno, más bien yendo hacia la costa. Esta información obraba en poder de Anza y de Garcés desde 1769, pero en 1772 se la transmitieron al Virrey Bucareli. Afortunadamente para éste, nuestro viejo amigo Costansó estaba disponible y fue preguntado sobre el asunto. Recordemos que Costansó tenía la enorme virtud de ser ingeniero, lo que queda clarísimamente patente en la carta de respuesta que le envía al Virrey y a nosotros (quicir, a mi) nos facilita enormemente su comprensión. Resumiendo: según sus cálculos había 180 leguas de Tubac a San Diego, era más que posible que las distintas tribus indias de la zona se comunicaran entre sí y, si ellos podían, nosotros también. Uno, dos, tres, respuestas claras y precisas. Por cierto, la distancia en línea recta desde Tubac a San Diego son 600 km y 180 leguas son 747...aunque el error está más bien en la posición de Tubac, que Costansó estima basándose en datos de otros. Además sugirió al virrey que asignara a la expedición a un par de veteranos de la suya propia.

Anza fue autorizado a lanzar la expedición y partió en enero de 1774 en su

Primera expedición (exploratoria) de Anza


En concreto el 8 de enero de 1774 partieron Anza, dos frays (Juan Díaz y Francisco Garcés), 19 soldados y un cabo voluntarios del presidio de Tubac, un soldado conocedor de California asignado por el virrey, un nativo de California, un intérprete de la lengua de los pimas, un carpintero, cinco arrieros, dos sirvientes, 65 vacas y 150 jamelgos. Total: 215 cuadrúpedos y 34 bípedos implumes, de los cuales tres (Anza y los dos Frays) escribieron detallados diarios de la expedición, así que en esta no hay duda alguna de lo que pasó.

Paisajes por los que anduvieron dando vueltas Anza y sus cuates.
Foto tomada prestada  a x3m_xplorer
Empezar no empezaron demasiado bien, lo que se dice, porque un par de días antes de la partida los apaches asaltaron Tubac y les robaron 130 caballos, lo que obligó a Anza a variar el itinerario previsto y pasar por el presidio de El Altar para reponer los equinos robados. De allí se dirigieron a Caborca y Sonoita, prácticamente en la costa del Golfo de California y continuaron hasta cruzar el Colorado a la altura de su unión con el río Gila.

El padre Garcés (aragonés de Morata del Jalón, por cierto) era poco menos que el Indiana Jones de los frays, ya que tenía gran experiencia en viajes de este estilo y se había ganado un enorme respeto como explorador, tanto que cuando, ante las dificultades encontradas, Anza decide dividir la expedición en dos grupos se encuentra con el rechazo directo de Garcés:

Esta proposicion no tuvo la aceptacion que yo me prometia, especialmente en el dictamen del Padre Garces, que no graduó por acto prudencial la division de fuerzas, ni que habia tanta necesidad de abrazarla, como yo juzgaba con el Padre Juan Diaz, y por lo tanto resolvi hacerle conocer mas claramente en los sucesos, que preveia acaecerian, sim embargo no quise cerrarme con mi dictamen, por que teniendose al Padre por practico en estos asuntos, si salia errado el mio, era cargarme de responsabilidades, y conceptuarme de caprichudo "
Por no quedar como caprichudo, el capitán quedó como huevón, pero en fin...

Después de cruzar el río Colorado la expedición se dirigió sorprendentemente al sur y anduvo perdida y pasándolo muy malamente por la zona aledaña al delta del Colorado. Finalmente, tras dividir el grupo (¡al final triunfó Anza!) encontraron un paso hacia el noroeste y a partir de ahí la cosa fue más o menos sobre raíles hasta que el 22 de marzo de 1774 (en unos días hará 240 años) Anza, Garcés y los demás se presentaron en la misión de San Gabriel, junto a la actual Los Ángeles.

La ruta no era en absoluto perfecta, pero estaba abierta.

Tras descanso y aprovisionamiento, Anza partió de San Gabriel hacia Monterrey, pasando por las misiones de San Luis y San Antonio, donde llegó el 18 de Abril. Inmediatamente comenzó el retorno sin demasiada novedad, salvo... el encuentro de los dos individuos más importantes para que California llegara a ser lo que hoy es. Anotación del diario de Anza:

Dia 27 Miercoles. A las dos de la tarde me encontré con el Padre Presidente de los Establecimientos de esta California Septentrional Fray Junipero Serra, que pasa por las ultimas mencionadas, y viene de la ciudad de Mexico, quien me pidio por repetidas suplicas que me quedase con el para imponerse de mi viaje, a las que condescendi quedandome el resto del dia y noche en su compañia. "

Y ya, Anza no cuenta nada más y yo no me lo voy a inventar.

A finales de mayo llegó Anza de vuelta a Tubac y se puso de inmediato a preparar la

Segunda expedición (colonizadora) de Anza






martes, 18 de febrero de 2014

Un insensato y un pirado: Orellana y Aguirre (y IV, de esta acabamos sí o sí)

Supongo que no hace falta que lo diga, pero la primera, segunda y tercera partes de este follón están AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ, respectivamente.

Reconozco que he estado valorando la posibilidad de olvidarme del serial en el que nos hemos metido y saltar directamente al siguiente personaje que nos visitará, que ya está medio decidido y nos llevará de nuevo a los EE.UU. Sólo por tocar lo que no suena, ya sabéis... de todas formas tampoco creo que aparecieran turbamultas en las calles reclamando el GRAN FINAL de la historia de Aguirre. Total, somo cuatro gatos (agudos y valiosos, pero cuatro) y esta peli ya la pusieron en la tele. Además, siendo como era el personaje, es capaz de venir a atormentarme desde sus tumbas (SUS tumbas) sólo por dejarlo definitivamente en scriptus interruptus. Volvamos pues a:

Mayo de 1561, Amazonia


El único miembro de la expedición que a estas alturas no tenía que tener miedo hasta de su sombra era el afilador, que recorría el campamento de norte a sur y de sur a norte en su mobylette tocando el chifle tranquilamente y hartándose de hacer negocio, en la seguridad de que era el único tío realmente indispensable. Los cuchillos se afilaban a diario, de tanto usarlos, y, quien más quien menos, dormía con un ojo abierto no fuera esa noche a tocarle a él. Recordemos que, a finales de la anterior entrada, habíamos relatado la muerte de todo un rey, ni más ni menos que del "por la gracia de Dios príncipe de la Tierra Firme y del Mar del Sur y reinos del Pirú", vamos, Fernando de Guzmán, de los Guzmán de toda la vida. Aún a pesar de la continua vigilia necesaria, nos cuenta Pedrarias que:

"...cada noche había muchas menos cosas en el campo porque los indios de aquella provincia era gente atrevida y de noche venían y se entraban donde dormíamos y hurtaron muchas espadas y ropas hasta que se pusieron más centinelas que los espiaban y maltrataban algunos dellos, y no acudían ya tan a menudo"

El afilador, por don Francisco
Como es lógico, la alegre camaradería generada por el liderazgo de Aguirre trajo consigo una cierta escasez de víveres ya que nadie se encontraba con presencia de ánimo suficiente para dar la espalda al resto de la expedición e ir a pescar/cazar/robar requisar alimento. Como consecuencia, cada día morían uno o dos expedicionarios de hambre o enfermedad y eran arrojados al río. Aguirre, por su parte, no solo no se iba mostrando más comedido, sino que el propio terror instaurado le realimentaba para ser cada día más salvaje. En cierta ocasión llamó a varios hombres a su presencia porque "le dolía el estómago" y, según iban llegando, un par de esclavos negros tenían orden de ir dándoles garrote para después colgar los cadáveres de las proas de los navíos con un cartel que decía "Por amotinadores".

El número de episodios salvajes no tiene fin y quedan recogidos con bastante detalle (y tal vez con algo de exageración también) por Pedrarias en su crónica. Podríamos empezar y no parar, pero esto iba a acabar siendo un simple catálogo de garrotes, agujazos, cuchilladas, colgamientos y todo tipo de formas y maneras poco agradables de deshacerse del personal. Sólo por mencionar uno más, en una ocasión un tal Juan López Cerrato fue asaltado por otro soldado al que había ofendido. Cerrato se defendió como pudo y sobrevivió pero, a instancias de Aguirre, el matasanos de la expedición "le echó polvos en las heridas para que muriese y ansí lo hicieron y murió y lo echaron al río". En fin... hasta el maese de campo Martín Pérez llegó a opinar lo siguiente:

"¡Por vida de tal!, que yo no sé con quién quiere el general hacer la guerra si cada día mata a siete o ocho de los que trae consigo!"

Mientras tanto, la expedición seguía descendiendo por el río y la navegación ya se veía afectada por las mareas, de hecho los barcos quedaban varados con cierta frecuencia cuando la marea bajaba. Aguirre, mientras tanto, se entretenía como solía: matando, y también preparando a los hombres para las misiones futuras. Les obligó a ir dejando abandonadas todas sus pertenencias para que, al llegar a Isla Margarita, tuvieran más motivaciones para asaltar y robar. A todo esto estaban ya muy cerca del mar, el río (al lorito, que no digo QUÉ río) se había ensanchado enormemente y era un laberinto de islas, y distintos brazos:

"Y un día invió Aguirre a que con una piragua que llevábamos fuese a ver si era poblada la isla, y un español con otros cuatro mestizos fueron en la piragua y no volvió más ni se pudo saber qué se hizo. unos decían que como era grande el río y muchas las islas, que se desatinaron y no supieron volver; otros decían que, desesperados, se habían quedado entre los indios y, según veníamos, no me maravillo"

Una vez llegados al mar, pusieron rumbo hacia Isla Margarita y nos dice Pedrarias que en ese viaje navegaron 300 leguas en 14 días. Recordemos que Orellana también tardó 14 dias (16 el segundo barco) en hacer esa ruta, en su caso hasta Cubagua, al lado de Margarita, por lo tanto parece que la cosa cuadra: mismo tiempo, misma ruta... sin embargo no parece que esté tan claro. Y diréis ¿cómo no va a estar claro? Si Aguirre comenzó a bajar por el Marañón, sólo pudo salir al mar por la desembocadura del Amazonas ¿dónde se ha visto que un sistema fluvial tenga dos salidas al mar? Hablo de salidas realmente independientes, no de ramas en un delta, claro. Pues...aquí, justo aquí:

Justo entre la chincheta amarilla y la roja fluye el río Casiquiare, también conocido como canal del Casiquiare, un caso único entre los ya de por sí no muy frecuentes casos de captura fluvial. Como podéis ver por los nombrecitos que le he puesto a las chinchetas, el Casiquiare une el Orinoco con el río Negro y, efectivamente, permite navegar desde el Amazonas hasta el Orinoco, por lo que es perfectamente posible ir navegando desde Perú a la desembocadura del Orinoco remontando el río Negro en el camino. Pero claro, una cosa es que sea posible y otra muy distinta que sea probable. A mí me sigue pareciendo rizar el rizo de la casualidad que los marañones decidieran remontar el río Negro, que ignoraran todos sus afluentes, que no son pocos, durante 1.300 km, que escogieran tomar precisamente el Casiquiare, un río único en el mundo, que justo allí decidieran dejar de remontar y empezar a seguir la corriente del Orinoco hasta el mar y que este hecho tan anormal (llegar al mar remontando un río y saliendo por otro) no se explicite en ninguna de las crónicas que nos legaron unos tíos que se admiraban  por cualquier tontería...No parece muy probable, no, pero hay gente que lo defiende con vehemencia y serios argumentos, por ejemplo AQUI.

Margarita, Burburuata y Barquisimeto


En realidad la cosa no cambia mucho, fuera por el Orinoco o por el Amazonas, Aguirre fue sembrando el paisaje de fiambres hasta que llegó a Isla Margarita y, una vez allí, con toda la práctica que había ido cogiendo y nuevas víctimas a su alcance no iba a parar ¿no? Pues no, claro.

Nada más llegar a Margarita, ya en verano de 1561, Aguirre apresó con ciertas artimañas al gobernador Juan de Villandrando y a un par de alcaldes y a continuación sus cuates tomaron la isla dando a sus habitantes un trato manifiestamente mejorable:

"Todo el mundo haga la guerra a fuego y sangre y no me dejen en este pueblo hombre ni mujer que no me maten ni casa que no me quemen y cada uno viva en la ley que quisiere"

Ejemplos de que ese principio se cumplía a rajatabla los hay a cientos. De todas formas, la llegada a la "civilización" también favoreció alguna deserción, como la de un tal Monguía o la de nuestro amigo Pedrarias de Almesto, que se escaqueó junto a un tal Alarcón estando ya la "gente marañona" en tierra firme venezolana, en concreto en la zona de Burburuata, donde llegaron a principios de Septiembre. Aguirre no se anduvo con tonterías ni pérdidas de tiempo: puesto que no aparecían, se llevó a la esposa del alcalde para que éste tuviera algún incentivo en buscarlos y se piró de Burburuata hacia Valencia. Los trincaron, claro, y, una vez llevados ante Aguirre, a Alarcón le hacen cuatro cuartos, como a un cochinillo. Pedrarias es perdonado. ¿Perdonado?¡¿Aguirre perdonando a un traidor?! Me parece que aquí nos hemos perdido algo...

Bueno, tal vez se me haya escapado comentaros el pequeño detalle de que Pedrarias y Elvira, la hija de Aguirre, tenían sus cositas y que ésta ya le había salvado en alguna ocasión de la ira de su padre. Acabáramos...

Las fuerzas leales al rey ya se habían organizado e iban hostigando a los marañones, que se hicieron fuertes en Barquisimeto. Bueno, lo de "hacerse fuertes" es un decir, porque, quien más quien menos, ya pensaba más en salvar su cuello, bien fuera de la ira de Aguirre o de la justicia del rey, que en luchar. El goteo de deserciones era constante. Pedrarias lo dice así:

"... de suerte que andando desta manera nunca se hirió a ninguno de los del rey porque, creo muchos de los de Aguirre no echaban pelotas en los arcabuces porque ya tenían intento de pasarse"

Lo de no echar pelotas no deja de tener su gracia en el doble sentido, dadas las circunstancias.

Finalmente en octubre de 1561, Aguirre se encontró acompañado por tan sólo 20 soldados, rodeado por el enemigo y, supongo, harto de estar harto. Se dirigió lentamente a su hija, Elvira, arcabuz en mano, dispuesto a arrebatar la última de las muchas vidas que segó. La joven se resistió y le quitó el arma a su padre, el Tirano, así que Aguirre, una vez más, hubo de recurrir a la violencia de baja estofa en la que se había hecho un maestro:
"Hija, yo te quiero matar. Por eso, encomiéndate a Dios"
Sacó la daga y acabó con ella a cuchilladas. Tal vez para evitarle ser objeto de la venganza que él mismo merecía, tal vez sencillamente por desesperación... no, seguramente porque estaba como una regadera, no le vayamos a pedir que rija precisamente ahora.

Aguirre murió el 26 de octubre de 1561 de un arcabuzazo disparado por uno de los marañones cuando se disponía a hablar con García de Paredes. Acto seguido le cortaron la cabeza. Elvira fue enterrada en una ermita de Barquisimeto, de lo poco que no había incendiado su padre. El Tirano fue descuartizado y sus cuartos expuestos en los caminos de Barquisimeto, mientras la cabeza se expuso en la picota de Tocuyo. Dudo que ninguna de estas cinco partes fuera enterrada, espero que me permitáis la licencia del primer párrafo de esta entrada.

Concluye Pedrarias su crónica de forma bastante elocuente:

"Luego la gente marañona se comenzaron a ir cada uno por su parte y ansí dio fin la mala y perversa opinión y tiranía deste traidor y hallo por mi cuenta que hoy no hay ninguno de los que entraron y supieron y fueron en consulta de matar al buen gobernador Pedro de Orsúa que haya dellos alguno que se vivo, porque todos murieron de mala muerte y unos a otros se mataron.

Recapitulación y remate (tratándose de Aguirre, mejor remate que conclusión) 


Tenemos muchos cabos sueltos, como dijimos al principio de la anterior entrada y, para felicidad de los que reclaman enlaces del pasado con el presente, hoy hay varios que dejaré apuntados, pero primero vamos con los remates.

Pizarro y Quasimodo
Hemos mencionado la peli de Herzog varias veces. Bien, está basada en un libro de Ramón J. Sender que no he leído, así que mi opinión sobre la película es sólo sobre la película: es un truño de marca mayor. Históricamente no tiene ni pies ni cabeza: mezcla las expediciones de Orellana (por eso salen Pizarro y Carvajal, recordad que dijimos que volvería) y de Aguirre, que además limita al río y, si bien se refleja su crueldad, no llega ni a la suela de los zapatos a lo que fue. Se centra más en el aspecto quasimodesco de Kinski y en reflejar el ambiente opresivo de la jungla y tal...Además es aburrida como ella sola. Hay un plano de casi un minuto de aguas bravas desenfocadas que es para matar a alguien.

Por cierto, Pizarro no tuvo nada que ver con la expedición de Aguirre, por supuesto, pero éste había servido a las órdenes de Pizarro. Y le había traicionado, claro.

Otro punto que hemos mencionado pero no desarrollado es la carta que Aguirre redactó e hizo llegar a Felipe II desde Margarita y que comienza "Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos Invencible...". En ella Aguirre se dirige al hombre más poderoso del mundo tuteándole y como a persona de menor edad, que lo era. Lo cierto es que la carta es interesantísima y, en cierto modo, realmente bella. Os sugiero su lectura, por ejemplo AQUI.

Por otra parte, también es interesante estar atento a quién opina qué sobre este personaje y resulta que uno se encuentra ensalzamientos realmente sentidos de Lope de Aguirre por parte de bolivarianos e independentistas vascos. No los enlazaré, pero es sencillo encontrar loas y propuestas de todo tipo, por ejemplo bautizar el avión presidencial de Chavez (antes de que él mismo la diñara, claro) con el nombre de Lope de Aguirre con la sana intención de tocar los eggs. Bien podría ser esta propuesta una broma, pero no sé yo...tal vez por eso haya tantas ganas de demostrar que Aguirre salió al mar por el Orinoco, para hacer aún más venezolana su aventura.

Ahora sí creo que podemos dar por cerrada esta serie de entradas sobre dos famosas expediciones por el Amazonas: Orellana y Aguirre. Ha sido laborioso y tal vez algo pesado, lo lamento, buscaré algo más liviano para próximas entradas, pero creo que ha merecido la pena. Por cierto, una última reflexión: solemos asociar el Amazonas con Brasil y, por tanto, con Portugal, pero lo cierto es que el río enterito estaba en el lado Español del mundo según Tordesillas, de nacimiento a desembocadura.





miércoles, 29 de enero de 2014

Un insensato y un pirado: Orellana y Aguirre (III)

PRIMERA Y SEGUNDA PARTES AQUÍ y AQUÍ

Nos está quedando larguilla esta historia de las amazonas, el Amazonas, la jungla, los manatíes, los monor, el insensato y el pirado, la verdad. Hace honor al río que nos lleva... En fin, no lo alarguemos encima con vaguedades inútiles, vamos directos al temita que tenemos demasiados cabos sueltos y luego alguno se escapa, llega a general y pasa lo que pasa.

Recapitulando, que es gerundio

Orellana, la alegría de la huerta (de la wiki)
En la anterior entrada supimos de cómo fue el descenso de Orellana, Carvajal y sus cuates por el Amazonas, incluso nos enteramos de que Orellana volvió y murió en ese río no mucho después. Sin embargo, de Pizarro nada volvimos a saber desde que encargó/aceptó que Orellana partiese a buscar comida río abajo desde algún punto en la alta Amazonia. Del viaje de Orellana hemos podido dar buena cuenta gracias al relato de Fray Gaspar, del de Pizarro tenemos noticias de primera mano gracias a la relación que él mismo escribió en una carta dirigida al emperador. En ella, Pizarro no solo da cuenta de lo que hizo y de cómo volvió a Quito tras la marcha de Orellana, sino que denuncia la traición en la que, según él, incurrió Orellana dándose el piro y dejándole a él tirado en medio de la selva:

"Y confiado que el capitán Orellana lo haría así como lo decía, porque él era mi Teniente, dije que holgaba que fuese por la comida, y que mirase que viniese dentro de los doce días y por ninguna manera no pasase de las juntas de los ríos, sino que trajese la comida y no curase de más, pues llevaba gente para hacerlo así, y él me dijo que por ninguna manera él había de pasar de lo que yo le decía, y que él vernía con la comida en el término que había dicho. Y con esta confianza que de él tuve le di el bergantín y canoas y los sesenta hombres, porque había nueva que andaban muchos indios en canoas por el río: diciéndole asimismo, que los guías habían dicho que en el principio del despoblado había dos ríos muy grandes, que no se podían hacer puentes, que dejase allí cuatro o cinco canoas para pasar el real; y me prometió de hacerlo así, y así se partió.
Y no mirando a lo que debía al servicio de Vuestra Majestad y a lo que debía de hacer como por mí le había sido dicho, como su Capitán, y al bien del real y jornada, en lugar de traer la comida, se fue por el río sin dejar ningún proveimiento, dejando tan solamente las señales y cortaduras de cómo habían saltado en tierra y estado en las juntas y en otras partes, sin haber parecido ni nueva de él hasta ahora, usando con todo el real de la mayor crueldad que infieles ningunos usaran, viéndole quedar tan desprovisto de comida y metido en tan gran despoblado y entre tan grandes ríos, llevando todos los arcabuces y ballestas y municiones y herrajes de todo el real, y con gran trabajo llegó el real a las juntas donde me había de esperar. Y llegados, como la gente del real viese las juntas y no ser socorridos de la comida, porque se había ido y no había manera de hallar ninguna comida, se puso en gran desmayo, porque había muchos días que todo el real no comía sino cogollos de bihaos y algunos cuescos que hallaba por el suelo que caían de los árboles, con todos los géneros de salvajinas ponzoñosas que podían hallar, porque se habían comido en este despoblado más de mil perros y más de cien caballos, sin otro género de comida alguna, a causa de lo cual mucha gente del real habían adolecido y estaban unos flacos y otros se murieron de hambre, no estando para poder pasar adelante"
Según su relación, Orellana propuso separarse de la expedición e ir a por comida, Pizarro aceptó y ya no volvió a saber de él, de hecho, esta carta está fechada en Quito a 3 de Septiembre de 1542, es decir, que Orellana no había llegado aún a Cubagua, y suponemos que Pizarro le había dado por desaparecido, amortizado y, sobre todo, incapaz de defenderse de acusación alguna. Da la impresión que Gonzalo Pizarro sí que tenía algún motivo para sentirse ligeramente molesto, sobre todo por haber tenido que comer bihaos y cuescos en lugar de degustar manatíes, monos y loros asados, pero no hemos de olvidar que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo, en concreto la subespecie "chivus expiatorius".

Pero hete aquí que Orellana no había muerto en medio del infierno verde (versión amazónica, no renana). No sólo eso, sino que en su huida hacia adelante había transitado y descrito ríos, riberas y ribereños/as de lo más interesante y potencialmente enriquecedores para la corona. Las formas se mantuvieron y Orellana tuvo que responder ante el Consejo de Indias de las acusaciones formuladas por Pizarro el 7 de Junio de 1543, aportando testimonio "de toda la gente, que son tantos en número, así religiosos como seglares, y que eran de los honrados del real".

Se le dio la razón a Orellana e incluso se le autorizó para iniciar otra expedición en la que, como sabemos, acabaría perdiendo la vida. Gonzalo Pizarro acabó también muy malamente y en dos partes, cabeza por un lado y cuerpo por el otro, tras la batalla de Jaquijahuana, pero eso es otra historia...

Lope de Aguirre y los Marañones


NOTA: para contar la expedición de Ursúa y Aguirre vamos a seguir indisimuladamente el texto sobre la misma de Robert Southey, complementado y ampliado ocasionalmente con otros textos originales (Pedrarias de Almesto, Piedrahita, et.al.). Southey fue un poeta inglés de finales del XVIII y ppios del XIX que se aficionó a la historia de España, así que, como dirían los pérfidos albiones: please take this with a grain of salt (otra frasecilla preciosa y cultureta).

Pocas veces nos vamos a encontrar en profundosoconfusos un personaje cuyo careto esté tan fuertemente asociado al del actor que lo interpretó en el cine. Y es que decir Lope de Aguirre y venirnos a la mente la jeta de Klaus Kinski con ese casco tan mono que me llevaba en la peli de Werner Herzog es todo uno. Físicamente no sabemos si se parecían demasiado, pero lo que es cierto de todas, todas es que los dos estaban un poco p'allá; bueno, en el caso de Aguirre parece que estaba directamente como una regadera.

LopeKlaus Kinski Aguirre
Lope de Aguirre era natural de Oñate y para la fecha en que comenzaron los hechos en los que nos vamos a centrar hoy llevaba ya unos cuantos tiros pegados en América. De hecho, en uno de esos tiros le falló el arcabuz y se abrasó ambas manos. Ya no era ningún niño cuando partió como integrante en la expedición de Pedro de Ursúa, en 1560; hasta le había dado tiermpo a ser condenado a muerte dos veces. Obviamente se libró de ambas.

Ursúa era navarro, del valle del Baztán concretamente, y también llevaba un tiempecito por América, donde había destacado en operaciones de "pacificación", o sea, de persecución o castigo de indios, de rebeldes... y de cualquier cosa que se moviera, de hecho. Al menos dejó algo positivo para la historia y es que participó en una acción contra los indios muzos que habían asaltado la recientemente fundada ciudad de Tudela. En esa refriega, algunos mozos muzos mazas se papearon a un fraile que había quedado con los defensores de la ciudad y poco después varios de ellos (de los muzos) sufrieron un episodio agudo de hemorroides que interpretaron como castigo divino por la ingesta eclesial. Como consecuencia lógica, esa tribu abandonó el canibalismo por siempre jamás; para que luego digan que los frailes no consiguieron nada positivo en esa primera fase de la expansión por América. Así lo cuenta Lucas Fernández de Piedrahíta:

"En esta retirada murió mucha gente española a manos del enemigo, y un religioso, que cayó en las de los Nauras, y se lo comieron luego, de que resultó no comer después más carne humana, como nota Herrera en su década octava, por temor del achaque de que se contagiaron los agresores, consiguiendo este sacerdote con su cuerpo muerto desterrar desta nacion un vicio, que con gran dificultad lo consiguiera vivo"
NOTA: La década octava de Herrera a la que se refiere es parte de las "Décadas de Herrera", de título original "Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales", de Antonio de Herrera y Tordesillas. Tengo ese texto (un verdadero tocho) y, aunque he encontrado muchas referencias a los muzos, a Ursúa, a Tudela y al canibalismo, no he sido capaz de encontrar ese episodio concreto. My excuses, confiaremos en Piedrahíta.

Años después, en el muy convulso virreinato del Perú de mediados del XVI, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza montó una expedición de alto riesgo con la más que probable intención de librarse de los más peligrosos y enfebrecidos españoles que por allí andaban. Aunque el virrey murió antes de la partida, la expedición se inició comandada por Pedro de Ursúa, que había reclutado expedicionarios en Lima, Trujillo y Chachapoyas, en septiembre de 1560 y resultó lo que tenía que resultar: desde bien al principio fue un sindiós sangriento y salvaje...y a partir de ahí fue empeorando (permítame el señor DeMille el parafraseo). Vamos, tan desde el principio como que antes incluso de partir cayó la primera víctima: Pedro Ramiro, gobernador de Santa Cruz de los Motilones, al que algunos de los expedicionarios no le perdonaron ser eficiente en la preparación del material para la jornada. Le cortaron el cuello entre Francisco Díaz, Diego de Frías y un tal Grijota.

Ya antes de su salida, Ursúa fue advertido por un amigo suyo llamado Pedro de Linasco de que la partida que estaba formando incluía demasiados hombres potencialmente peligrosos, entre los que destacó a Juan Alonso de Lavandera, Cristóbal de Chaves, Lorenzo de Zalduondo... y Lope de Aguirre. Asimismo, le recomendó que no se llevara a su amante, Inés de Atienza, al viaje. Ursúa hizo caso omiso de ambos consejos, total ¿qué problemas podría causar llevar a una bella joven mestiza en una larga expedición por la selva con cientos de hombres endurecidos por años de conquista que, además, eran la crème de la crème del bando de los potenciales traidores? Doña Inés no iba a ser la única mujer de la expedición, Aguirre se llevó a su hija adolescente y a la aya de ésta.

En fin, que Ursúa tenía una "vista" manifiestamente mejorable, pero en lo tocante a preparar la expedición intentó hacerlo con toda la profesionalidad posible. La expedición Pizarro-Orellana le había enseñado que afrontar el viaje a pie iba a ser poco menos que imposible así que decidieron construir dos bergantines y cuatro barcazas en Santa Cruz de Capacoba, río de los Motilones, actual río Huallaga, afluente del Marañón. Nos vamos acercando...

La expedición constaba de 300 españoles y 100 mestizos, de los que un par de grupos menores comandados por García de Arce y Juan de Vargas fueron enviados como avanzadilla antes de que las naves estuvieran terminadas. Como detalle del tipo de disciplina que Ursúa podía esperar de semejante tropa, el tal García de Arce, que era de su máxima confianza, se pasó ya de primeras las órdenes por el forro y, en lugar de avanzar las 20 leguas que le habían pedido, avanzó 200, se dedicó a masacrar indios sin ton ni son y tuvo que esperar 3 meses al grueso de la expedición. Eso el de confianza, imaginaos lo que haría el resto...

Los desastres nunca vienen solos y las naves fabricadas por Ursúa eran tan marineras como un adoquín, así que la impedimenta de la expedición hubo de reducirse drásticamente; por ejemplo, hubieron de liberar más de doscientos caballos que no pudieron ser embarcados y, lo que era casi peor, forzar a sus hombres a abandonar muchas de sus escasas pertenencias. Así partieron el 26 de Septiembre de 1560.

Lo de la madera de la zona y su idoneidad para construir embarcaciones es de traca valenciana, como ya sabemos por expediciones anteriores. A los pocos días de salir, uno de los bergantines estaba más podrido que la piñata de Johnny Rotten, así que fue abandonado. Ocho días después de la partida se encontraron con el amigo Arce y sus cuates, que les estaban esperando.

Ursúa por fin se fue percatando de la clase de tropa tenía bajo su mando e intentó por todos los medios que no se le desmandaran demasiado, pero no llegó a darse cuenta del tipo de trato que semejantes cuasiseres requerían. Por ejemplo: un tal Alonso de Montoya (que rima con pilila) urdió un plan para desertar llevándose con él hombres, canoas y provisiones, a lo que Ursúa respondió arrestándole unos días. Y ya. No pasando mucho tiempo, Montoya (que sigue rimando con pilila) tendría una estupenda oportunidad para agradecerle a Ursúa su magnanimidad.  Por cierto, el segundo bergantín se hundió más pronto que tarde.

Ursúa pasando el doloroso trance de ser asesinado
(de la peli de Saura "El Dorado")
La expedición siguió por unas 700 leguas con el resultado esperado: ni rastro de El Dorado. Los guías portugueses habían mentido como bellacos y los veteranos de Orellana que habían sido incluidos en esta expedición hacía demasiado tiempo que habían pasado por allí como para acordarse. Así que todo fue cada vez más soso y deprimente. Del ambiente de la expedición da idea el hecho de que hasta los dos curas estaban peleados entre sí y Ursúa tuvo que promocionar a uno de ellos, Alonso Henao, al cargo de "Provisor superior, cura y vicario". Una vez promocionado, Henao excomulgó a media expedición por su comportamiento hasta la fecha. Marcando territorio, sí señor.

Como era de esperar, a estas alturas ya estaba preparándose la sedición liderada por...¡Oh, sorpresa! los mismos hombres contra los que Linasco había prevenido a Ursúa: Lavandera, Chaves, Zalduondo y Aguirre, que sostenían que la expedición ya había fracasado del todo y que, ya que estaban, lo mejor era buscarse otra zona de conquista y pillaje al margen de la autorizada. Bueno, eso y que algunos de los hombres miraban a Inés de Atienza con ojos sucios, otra sorpresa. Mientras, Ursúa, que algo de todo esto percibía, estaba seguro de estar seguro gracias al gran número de vascones implicados y a su origen navarro del norte. "Una palabra mía (en vascuence) bastará para salvarnos" debió pensar. Ya.

Aguirre et al. usaron a Fernando de Guzmán, un sevillano algo simple pero de noble origen para revestir su futura rebelión de cierta respetabilidad. A don Fernando, disfrutar de ese papel de tonto útil le costaría la misma vida.

La Nochevieja de 1560 fue el momento escogido; fueron el agradecido Montoya (que vuelve a rimar con pilila) y Chaves los que mataron a Ursúa. En el lío que se montó cayó también Juan de Vargas aunque sorprendentemente, o tal vez no, Inés de Atienza se salvó.

El nuevo Rey


Tan pronto Ursúa estuvo bajo tierra, los rebeldes se repartieron cargos de lo más variopinto, nombrando a Guzmán como su general. Ahora sí, la disciplina se intentó imponer sin miramientos; por ejemplo, hablar bajito estaba castigado con pena de muerte. Imaginaos a todos los barbudos hablando a grito pelado por la jungla, no les fueran a acusar de murmuradores.

Todas las maneras que había apuntado Aguirre en el pasado comenzó a ponerlas por obra ipso facto en cuanto se libró de Ursúa, si bien lo hizo dando lugar al primer culebrón sudamericano, muy anterior a "Betty la fea" y algo más sangriento. Para ir abriendo boca se cepilló a Arce mientras éste pensaba cómo librarse de Lavandera, que también hacía planes para matarle a él mientras competía con Zalduondo por los favores de Inés de Atienza. Para completar el ridículo cuadro de la expedición, Fernando de Guzmán intentó aplacar a Aguirre acordando la boda de su hija Elvira (recordad que iba en la expedición) con su hermano Martín de Guzmán, que estaba en Perú. Zalduondo apoyó a Aguirre en su urdimbre contra Lavandera hasta que Guzmán aceptó que se le eliminase, lo que sucedió el 16 de febrero de 1561. Por supuesto, éstos no fueron los únicos asesinatos que se produjeron, nos limitamos a los más relevantes, aquello fue un baño de sangre a diestro y siniestro.

El siguiente paso en la locura fue iniciar directamente una guerra contra el rey de Castilla y, a la sazón, de la España más grande que conocieron los siglos, levantamiento aceptado por todos los presentes menos tres: Francisco Vázquez, Juan de Cabañas y Juan de Vargas Zapata (es de suponer que no era el mismo Juan de Vargas que hacía ya compañía a Ursúa en su tumba). Puesto que tenían intención de hacerse no sólo con Perú, sino con toda América, Aguirre decidió que debían renunciar a la obediencia a Felipe II y elegir un nuevo rey. Él propuso a Guzmán y, lógicamente, no protestó ni Blas, la cosa no estaba como para jugarse el pescuezo llevando la contraria a semejante espécimen. El siguiente en caer fue Zalduondo, al que se cargaron ante las mismas narices del rey Guzmán y, ya que estaba en faena, Aguirre mandó también pasar a cuchillo a Doña Inés.

A todo esto, los miembros de la expedición que no estaban asesinando o siendo asesinados se dedicaban a construir dos bergantines para continuar el viaje. Entre los muchos acuchillados en estos días estuvo Montoya (que dejó de rimar con pilila), el cura Henao y, por supuesto, el rey Guzmán en persona, asesinado por Juan de Aguirre y Martín Pérez. Era mayo de 1561, Aguirre había pedido el poco seso que le pudiera quedar y yo estoy perdiendo el control del relato con tanta sangre, así que abreviaremos, no sea que aún se escape algún navajazo.

Es más, faltando a mi palabra de hacer esto en tres partes, vamos a tomar aquí un respiro o acabo cogiéndole cariño a don Lope. Dejaremos para la cuarta y, esta vez sí, definitiva parte, el final de Aguirre, su impacto posterior, sus carteos con Felipe II, la polémica sobre el río por el que llegó al mar... ¡Ah! y retomar a nuestro amigo Carvajal, que dijimos que volvería.













Sarmiento: Lio en Rio

                         Antes de adentrarse en este nuevo capítulo de la vida de don Pedro, refresquen VVMM los anteriores en Sarmiento1 , ...