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sábado, 30 de agosto de 2014

Cumbres Borrascosas: el Emperador, el Almirante, las hermanas literatas y los pistachos

Todo el mundo tiene un pasado y éste, a veces, no es especialmente brillante o, al menos, no es para sacar pecho. Hace muuuuchos, muchos años, en esta misma galaxia, yo mismo fui niño. Sí, lo sé, la idea no es agradable, pero es la realidad y hay que afrontarla. Os evitaré las terribles imágenes de la época, limitaos a creerme: tal aberración ocurrió. No solo eso, sino que de tierno infante era aficionado a las películas de Mario Moreno e incluso, tiemblo al recordarlo, a las de Bud Spencer y Terence Hill, ese par. No me perdía una, desde "Le llamaban Trinidad" a "Dos Superpolicías en Miami". Peliculón. A través de ellos conocí una de mis (no pocas) rarezas infantiles: el helado de pistacho. Además, en los breves instantes en que aparecía en pantalla, el helado en cuestión parecía ser verde, así que su sabor tenía forzosamente que recordar a la menta... Cuando en España había poco más de cinco sabores de helado y los niños se dividían entre chocolate y fresa, siendo ya bastante raritos los que lo pedían de limón, y cuando el heladero del barrio se atrevió, el jeta, a denominar tuttifruti a la bazofia resultante de juntar los restos de todas las cubetas al final de cada jornada, yo pedía siempre pistacho. Y acababa recibiendo una colleja de cualquiera de mis amigos y comiendo un corte de nata y chocolate, porque pistacho, claro, no había, pero yo lo seguía pidiendo. Por si acaso.

Y el acaso llegó, no en la heladería del barrio, claro, sino en un exótico quiosco regentado por una familia mejicana que estaba ubicado cerca de la piscina. Un día, dos o tres veranos después del inicio de mi obsesión, sucedió lo increíble: en lugar de la colleja y el corte de nata y chocolate, el mejicano me alargó un cucurucho con una bola ¡verde! encima. Una vez repuesto del sorpresón y ante la insistencia de mi pandilla, hubo que probar aquello y aquello…  ¡me gustó!

Terence Hill y Bud Spencer son, lógicamente, italianos, con esos nombres no podían ser de otro sitio. Sus nombres reales son Mario Girotti y Carlo Pedersoli, naturales de Venecia y Nápoles, respectivamente. Por cierto, que Pedersoli, al igual que Johnny Weissmüller, fue multicampeón de natación antes de ser actor. Como os decía, Pedersoli es napolitano y cerca de Nápoles nos vamos hoy a conocer una breve historia de casualidades enlazadas. Aviso: es breve pero algo liosa.

No se me despisten que comenzamos.

Sicilia, 1282


Sicilia es una isla y, como la inmensa mayoría de las islas de mundo, tiene un gravísimo defecto: el mar, está demasiado cerca del mar. Ya me habéis oído comentar alguna vez que el mar es una cosa muy seria, así que hay que dejársela a los profesionales (Armada, marina mercante, pescadores y tal...). 

Por otra parte, tiene una increíble ventaja: es isla, pero es grandota y está en pleno medio del Mediterráneo, así que ha sido un lugar importante para todas las civilizaciones e imperios de esta zona. Todos se han asentado allí en algún momento, desde griegos, romanos, árabes, normandos, españoles...

De aquí era Vito Andolini. Foto mía.
En 1282 Sicilia estaba ocupada por los franceses, en concreto los angevinos, uséase, la casa de Anjou, pero los sicilianos no estaban demasiado contentos al respecto y, como no parece difícil imaginar, un siciliano cabreado es una cosa muy peligrosa. En marzo de ese año estalló una revuelta del pueblo contra los angevinos que se conoce como vísperas sicilianas y que comenzó en Palermo, pero enseguida se extendió a Messina y a una localidad que se acabaría haciendo muy famosa con los años gracias a un ficticio hijo suyo llamado Vito Andolini. Las "Vísperas" comenzaron con una matanza indiscriminada de franceses pero devinieron en una guerra, no precisamente corta, cuando los sicilianos pidieron ayuda a Pedro III de Aragón y la cosa se alargó nada menos que 20 años hasta que en 1302 se firmó la paz de Caltabellota. Por cierto, que esta guerra siciliana supuso la primera salida de España de los almogávares, pero el tratado de Caltabellota les dejó sin curro y acabaron buscándose la vida y sembrando el pánico al grito de ¡Desperta ferro! mucho más al este, pero esa es otra historia...

Nosotros nos quedamos en Sicilia, que de esta forma tan curiosa quedó ligada, de forma intermitente, a Aragón y a España durante siglos.

Sicilia, otra vez, 1535

"Se habla mucho de la lealtad de los subordinados hacia sus superiores. La lealtad de los jefes hacia sus subordiandos es aún más necesaria y mucho menos habitual"

Iglesia de Santa María en Randazzo, reconstruida casi
 desde cero tras la 2ªGM. Foto mía.
Hay gente que parece que ha nacido para dejar citas que grabar en mármol, sea éste de Carrara o de Macael. Uno de ellos fue George C. Scott, quicir, George S. Patton. No sé cuando exactamente dijo esta frase, pero seguro que la llevó a la práctica a lo largo de toda su vida. Por ejemplo cuando en el verano de 1943 competía con Monty por cruzar Sicilia y llegar el primero a Messina. Ganó Patton, claro. Por el camino los aliados habían arrasado Randazzo, una de las poblaciones en las que el Eje se había hecho fuerte a los pies del Etna, así que es harto improbable que la casa en la que se alojara Carlos IyV 408 años antes siga hoy en pie. 

En 1535 nuestro viejo amigo el emperador decidió darse un rulo por sus posesiones al sur de Italia. Llegó a Trapani el 22 de agosto tras un agitado paso por Túnez, que los reyes de entonces no esquivaban escaramuzas (hombre, supongo que tampoco encabezaría las tropas...). En septiembre pasó por Monreale y Palermo, donde nombró nuevo virrey de Sicilia a Fernando de Gonzaga. Entre nombramientos y recepciones poco tiempo le quedaría para hacer turismo, pero el 18 de Octubre pernoctó  en Randazzo, de allí fue a Taormina y Messina. Es probable que fuera en esos días del otoño de 1535 cuando firmara el acta de fundación de un municipio próximo a Randazzo: Bronte. Según las fuentes aparecen dos fechas como fundacionales: 1520 y 1535, pero puesto que en 1535 el emperador estuvo por la zona, vamos a suponer que fue entonces... El caso es que, por motivos puramente fiscales (para facilitar la recaudación de impuestos, vamos), decidió fundar este municipio alrededor de la abadía de Maniace.

El paso de Carlos IyV por Sicilia no se extendió mucho más, en ese mismo año volvimos a entrar en guerra con Francia tras los pactos de Francisco I con protestantes y turcos para intentar recortar el ascendente poder del emperador (guerra en la que falleció nuestro anterior visitante, Garcilaso de la Vega) y supongo que don Carlos andaría demasiado ocupado como para hacer vacaciones en Sicilia.

Sicilia, de nuevo, 1799


En 1759, andaba Carlos de Borbón siendo feliz como Carlos V de Sicilia y VII de Nápoles, disfrutando de la molicie del ocio entre Nápoles y Palermo, whenderepente la diñó su hermano Fernando en Villaviciosa de Odón. Gran consternación, gran priesa y Carlos, tercer hijo de Felipe V, que sale escopetado desde el sur de Italia nada menos que a hacerse cargo como Carlos III del reinado de España (y de la "alcaldía" de Madrid, casi más importante). Por entonces, el reinado de Nápoles y Sicilia ya era completamente independiente de España y a Carlos III le sucedió su hijo Fernando como Fernando III de Sicilia y IV de Nápoles. Por cierto, Carlos III no fue el único rey de España que hizo las prácticas de rey en Nápoles, poco después hubo otro... ¡buscad, buscad, malditos! (es muy fácil).

A lo que íbamos, que Fernando de Borbón quedó como rey de Sicilia, y no por poco tiempo... aunque lo suyo le costó. En 1799, los franceses (¡sorpresa!) tomaron Nápoles y la familia real huyó a Sicilia. Por el camino pidieron ayuda a Inglaterra, así que allí se presentó Horatio Nelson, ya tuerto y manco después del fracaso en Tenerife un par de años antes y que además era amante de Lady Hamilton, esposa del embajador inglés en Nápoles y a su vez amiga del alma de María Carolina de Austria, a la sazón reina consorte del rey Fernando. Culebrón. Imaginaos a Hamil y Carol tomando el té y discutiendo sobre como embarcar a Horatio en el fregao de salvarles el culamen a los 2Sicilias... Por cierto, algo deben tener las aguas Sicilianas, Fernando y Maria Carolina tuvieron la nada modesta cifra de 18 hijos, la mitad de los cuales murieron de viruela.

Castello di Nelson, más bien una gran casa de campo. Foto mía.
Nelson, fuera por convicción, por presiones de Lady Hamilton o porque también estaba haciendo prácticas para sus futuras responsabilidades, se mostró salvajemente inclemente y no sólo venció, sino que ajustició (o permitió ajusticiar) a un número importante de Jacobinos y también de Napolitanos que los habían apoyado.

En agradecimiento por los servicios prestados, haciendo un alto en su agitado proceso reproductivo, el rey Fernando regaló a don Horatio "a perpetuidad" el ducado y la ciudad de Bronte, incluyendo la abadía de Maniace. Aunque Nelson nunca visitó Bronte, sí que dispuso que la Abadía fuera transformada en una residencia apropiada para un duque y hoy se conoce como Castillo de Nelson. Horatio tuvo una hija con Lady Hamilton, doblemente ilegítima, que se llamó Horatia (¡Ahí! ¡Disimulando!), pero no fue ella la heredera a la muerte del almirante, sino el hermano mayor de éste. Hubo en total 7 Duques de Bronte en la familia Nelson, el último de los cuales terminó de vender la mayor parte de las posesiones en el municipio hace como quien dice cuatro días. Hoy en día sólo les queda el cementerio.

Nelson no solo no estuvo nunca en Bronte, sino que solo pudo disfrutar de su título durante 6 añitos, antes de ser herido de muerte en Trafalgar mientras buscaba nombre para una plaza londinense, pero parece que el título le cayó bien, ya que desde que lo tuvo firmó como "Nelson y Bronte", "Bronte Nelson" o parecidos.

Un arabesco colateral bastante curioso de esta historia lo protagonizó el reverendo irlandés Patrick Brunty, que se trasladó a Inglaterra a comienzos del XIX. Dado que el tío era admirador de las hazañas de don Horatio, decidió Nelsonizar su apellido transformando Brunty en Brontë, tal vez pensando que con diéresis el apellido era más molón. Seguramente nadie se acordaría de esta historia de no ser por que don Patrick fue padre de un hijo y tres hijas, de nombres Branwell, Charlotte, Emily y Anne. El primero fue un bala perdida alcohólico, pero las tres mushashas se dedicaron a escribir y, según parece, no demasiado mal, legando a la historia obras como Jane Eyre o Cumbres Borrascosas que, de no ser por Pedro III de Aragón, Carlos IyV, Fernando III de Sicilia y Horatio Nelson habrían sido escritas por las hermanas Brunty. Donde va a parar...

Sicilia, por último, 2014


Campo de Pistacia Vera en Bronte con el Etna al fondo. Foto mía
Algún avispado lector habrá llegado a la sagaz conclusión de que he andado recientemente por Sicilia pasando, de hecho, unas vacaciones manifiestamente mejorables y, aunque estaba decidido a no dar demasiado la barrila a la familia ni a los amigos que me sufrieron una semanita larga (mis excusas a los 8), cabía la posibilidad de encontrarse con alguna historia curiosa digna de aparecer en profundosoconfusos. No me imaginaba yo que fuera a ser ésta, pero no la íbamos a despreciar.

Bronte sigue existiendo, claro. Es un pueblo bastante grande al pie del Etna -en su falda oeste- que es conocido por toda esta historia de Nelson y las hermanas pero, sobre todo, es conocido por otra cosa: está literalmente rodeado de árboles Pistacia Vera, de los que se obtiene, año sí y año no, el pistacho. En esta comarca se cosecha el 1% de la producción mundial de pistacho, pero más del 80% de la producción italiana. Hacen de todo con ellos, desde dulces, condimentos, salsas, pizzas y, por supuesto... helados.

PS: por si a alguien le interesa, las menos malas de las fotos de Sicilia están AQUÍ



domingo, 3 de agosto de 2014

La pluma, la espada y el cruasán: Garcilaso de la Vega (y II)

Me van Vds. a disculpar por la tardanza, pero la vida es muy, pero que muy complicada y se me ha encasquillado el asunto Garcilaso, cosa que el hombre, evidentemente, no merecía...

Encima, el retraso afecta a nuestro (tal vez) próximo visitante, que debía ya estar a punto de ser publicado en las cercanías del aniversario de los hechos por los que es (poco, mucho menos de lo que merece) recordado.

Vivimos una época en la que el imparable proceso de simplificación del cerebro humano, especialmente del hispano, se va acelerando a ojos vista. Nos queda poco para llegar al destino final en el que cada cuasiser humano alcance el nivel de Sistema MonoNeuronal Biestable Oscilante Simple (p'alante, pis; p'atrás, caca). En ese entorno tal vez resulte complicadillo entender la existencia de personajes comprometidos con su país, con su rey y con sus compañeros de armas y que, además, dicho personaje no fuera un cenutrio sediento de sangre, sino un cultivado caballero y brillante poeta (dicen los que entienden del asunto, para mi desgracia yo estoy a media evolución hacia el SIMON BOS® y carezco de la capacidad necesaria para valorarlo). Esos personajes existieron y hoy vamos a retomar las fazañas, vida y milagros de uno de los más representativos. Bolo, por más señas.

Una misión en Florencia


Parroquia de Santa Leocadia, de gratísimo recuerdo
 para mi y no por  que el rato más importante
que pasé en su interior fuera especialmente divertido..
Tras el asuntillo de Rodas y los temitas con los franceses en Fuenterrabía, parece que Garcilaso se tomó un tiempecito para sus asuntos, entre otras cosas hacerse un año de noviciado en Uclés, necesario para ser nombrado caballero de Santiago. A continuación fue destinado a Toledo como regidor y allí, entre verso y verso, acabó casando en 1526 con doña Elena de Zúñiga por "consejo" Real. Doña Elena era dama de honor de la hermana del Emperador, doña Leonor de Austria, que por esas fechas ya había sido reina de Portugal y aún lo sería también de Francia. Una vida bien aprovechada, desde luego...

Evidentemente, el hecho de estar casado y en pleno proceso de reproducción (Garci y Ele tendrían 5 hijos y eso que se veían de Pascuas a Ramos, como veremos) no eximía a don Garcilaso de sus obligaciones con el Emperador y continuó dando vueltas por el mundo con él y/o a sus órdenes tras haber asentado a su familia en la parroquia de santa Leocadia, en Toledo.

Tras algunos viajecillos cortos para asistir a bodorrios y similares, en marzo de 1529 parte para el siguiente viaje "largo", en principio también turístico-jacarandoso, ya que la corte se desplaza a Bolonia para que el Papa corone al Emperador. Entre pitos y flautas no llegan a Bolonia hasta finales de verano de 1529, pero hasta el 24 de febrero (día de su cumpleaños y de san Sergio, entre otros) del año siguiente no se produce la coronación por parte del Papa Clemente VII. La cosa no dejaba de tener su gracia, ya que el Papa se había puesto más suave que un guante con Carlos IyV tras los sucesos de 1527, cuando se produjo el famoso Sacco di Roma, durante el que 20.000 soldados imperiales (del Imperio de Carlos IyV, no del de Darth Vader) arrasaron literalmente la ciudad. Se supone que fueron más activos los mercenarios luteranos alemanes que los católicos españoles, pero vaya Vd. a saber... un motín es una cosa muy seria, que diría el Inspector Kemp

Castillo de Sant'Angelo (foto mía)
Sin liarnos más de la cuenta diremos que el Papa se refugió en el castillo de Sant'Angelo, protegido por un batallón suizo que daría origen a las actuales "Fuerzas Armadas Vaticanas" de discreto uniforme y que el Emperador se cabreó, o fingió cabrearse, cuando se enteró de los excesivos excesos de sus tropas. El hecho es que a partir de entonces Clemente VII se cuidó muy mucho de contrariar a Carlos IyV. No sólo eso, sino que incluso le pidió favorcillos... "ya que están parte de sus ejércitos en Italia para asistir a la coronación, Majestad, ¿os importaría reponer a mis parientes los Médici en el gobierno de Florencia? Es que los han echado con unas infames revueltas". No se habló más y Garcilaso se incorporó a la misión, que acabó como era de esperar, es decir, con la reposición solicitada por el Papa: la República de Florencia pasó a mejor vida y los Médici, en la persona de Alejandro de Médici, volvieron al poder. La campaña fue muy breve y tras la toma de Menaria, Monteflascon, Asís y algunas otras poblaciones, finalmente cayó Florencia. Dos personajes destacaron en el bando sublevado: el general Malatesta, más que nada por ese pedazo de nombre, y un tal Michelangelo Buonarroti, que apoyó a los republicanos y contribuyó a diseñar las defensas de la ciudad. Como es lógico, este posicionamiento no le gustó mucho a Alejandro de Médici y tras la guerra Miguel Ángel se tuvo que trasladar a Roma, donde el Papa le acogió a pesar de ser él mismo un Médici. Don Clemente sería un un intrigante de primera, pero el talento parece que sabía reconocerlo...

Garcilaso volvió a España, quicir, a lo que hoy conocemos como España (o así) con una pensión de 80.000 maravedíes anuales por su participación en la campaña:

"El Rey - Contadores mayores de la Católica Reina mi señora é mios: sabed que acatando lo que García Lasso de la Vega gentilhombre de nuestra casa nos ha servido, especialmente en esta jornada de Italia, y en emienda y remuneracion de ello y en recompensa de los gajes que tiene asentados en los nuestros libros de Flándes por gentilhombre de nuestra casa, de los cuales no ha de gozar de aquí en adelante, nuestra merced é voluntad es, de le hacer merced de 80.000 mrs. en cada un año, para toda su vida, é hasta que le hagamos merced, ó sea por Nos proveido de otra cosa, que rente cada año los dichos 80.000 mrs., y que se le libren de tres en tres años, estando en casa sin obligación de servir, ni residir en nuestra corte"

Si los cobró de forma regular o no, no lo sé, pero lo de que no iba a servir más al Rey... como que no. Era su vida y lo seguiría siendo hasta el final, con un brevísimo intermedio y no por propia voluntad, como veremos. Por otra parte, quitando las ligeras incomodidades de una guerra, Garcilaso debió estar en Italia más feliz que gorrino en lodazal, dada su afición a la poesía italiana y, con lo espabilado que nos había salido, seguro que aprendió bastante.

Rumbo a Viena (?)


Garcilaso debió pasar en casa el tiempo justo para continuar el proceso reproductivo y casi de inmediato le encomendaron una misión "menor" en la corte de Francia, para la que parece ser era aconsejable mandar a alguien de verbo fácil y florido. En concreto le piden que se llegue a la corte de Francia para comprobar si el rey Francisco I daba a la hermana del emperador (Leonor de Austria, de la que hablamos antes) el trato que esta merecía. Fran y Leo se habían casado en agosto de 1530 según lo dispuesto en la Paz de Cambrai y el emperador tenía sus dudas, parece que fundadas, sobre el comportamiento de Francisco I con su hermana. Tras esa misión de espionaje Garcilaso volvió a España vía Italia.

En el brevísimo periodo de 1531 en que anduvo por casa haría algo inocente, pero que le acabaría costando caro: asistir a la boda de su sobrino, que también se llamaba Garcilaso de la Vega, en Ávila de los Caballeros. Enseguida volvemos sobre ello.

Ávila. Peaso muralla (foto mía)

Aparte de atacar y conquistar Rodas, Solimán el McNífico andaba ocupado el hombre expandiéndose por Europa Oriental. A esas alturas los otomanos ya se habían apoderado de las actuales Grecia, Albania, Rumanía, Bulgaria, casi toda la ex-Yugoslavia y Hungría. La siguiente ficha en caer no podía ser otra que Austria, y Viena estaba a tiro de piedra de sus dominios... Solimán lo intentó primero en 1529, pero fracasó, así que volvió en 1532 con una fuerza muy superior. Fernando I de Habsburgo (nacido en Alcalá de Henares, por cierto) recibió la ayuda de su hermano CarlosIyV. El resto de reyes europedos se hicieron los locos de mala manera porque, aunque la amenaza de Solimán era para cagarse preocuparse seriamente, eso de ayudar al capo di tutti capi no les venía bien en ese momento. Así que para allá mandó el Emperador ejércitos desde todas las esquinas del Imperio y para allá se pusieron en marcha un joven Duque de Alba y su inseparable Garcilaso en enero de 1532. 

No habían hecho más que salir cuando el 2 de febrero Garcilaso fue llamado a declarar en primero en Azcoitia y después en Tolosa ante el "corregidor de esta muy noble é muy leal provincia de Guipúzcoa", que había, a su vez, recibido cédula Real pidiéndole que lo hiciera. El motivo de las pesquisas era saber si Garcilaso había o no asistido a la boda de su sobrino, ya que resultaba que este casorio había sido prohibido por el rey in person. Nosotros sabemos que sí, pero el corregidor no leía profundosoconfusos, así que Garcilaso silbó el puente sobre el río Kwai y trató de escabullirse cual anguila. Hubo idas y venidas de correos entre Tolosa y Medina del Campo (donde estaba la reina) y al final Garcilaso cantó la Traviata el 8 de febrero y le fue leída la condena, que ya estaba redactada para cuando confesara: destierro de por vida. Con un par de gónadas (de ovarios en este caso, pq la cédula era de la Emperatriz). Aquí intervino el Duque de Alba que, aunque aún no era lo que llegaría a ser, debía ya dar mucho miedito y se llevó a su amigo con él hasta Ratisbona, que era donde estaba el Emperador. Garcilaso fue confinado en una isla del Danubio. En palabras del propio Garcilaso, que hasta ahora no habíamos leído nada suyo:

Canción III
  "Con un manso rüido
 d’agua corriente y clara

cerca el Danubio una isla que pudiera

ser lugar escogido

 para que descansara

quien, como estó yo agora, no estuviera:

 do siempre primavera

 parece en la verdura
  sembrada de las flores;
hacen los ruiseñores
renovar el placer o la tristura
con sus blandas querellas,
que nunca, dia ni noche, cesan dellas,



Aquí estuve yo puesto,

o por mejor decillo,

preso y forzado y solo en tierra ajena;

bien pueden hacer esto

en quien puede sufrillo

y en quien él a sí mismo se condena.

Tengo sola una pena,
si muero desterrado
y en tanta desventura:
que piensen por ventura
que juntos tantos males me han llevado,
y sé yo bien que muero
por solo aquello que morir espero." 

Sus más influyentes amigos siguieron terciando por él y el mismo Garcilaso pidió en varias ocasiones clemencia al rey hasta que en Junio, supongo que de puro pesado, el Emperador le dejó marchar a Nápoles, o a un monasterio o a donde le diera la gana con tal de librarse de él. Bueno, la influencia del Duque de Alba algo tendría que ver, no por casualidad al final Garcilaso marchó a Nápoles con el nuevo virrey: don Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga.

¿Y lo de Viena? Preguntaréis. Nada hubo. El ejército Imperial se presentó a las puertas de la ciudad y los otomanos salieron con el rabo entre las piernas nada más verlo, No hubo necesidad ni de pegar un tiro ni  de dar una estocada. Por eso la leyenda del cruasán tuvo que esperar a otro sitio de Viena, siglo y medio más tarde.

De la Costa Amalfitana a la Costa Azul y de una muerte tonta (pero tonta, tonta)


Estatua dedicada a Garcilaso en Toledo,
frente a la UCM, donde está ahora la iglesia
 en la que fue enterrado (foto mía)
En Nápoles Garcilaso sufrió lo justo: se embebió de la poesía italiana que tanto le gustaba, se carteaba con los colegas, encontró alguna moza que le distrajera en las tardes nostálgicas... Incluso se buscó alguna misión militar de vez en cuando para mantener la forma. En una de ellas, en la toma de La Goleta (Túnez) es ferido de nuevo en cara y brazo. Hay que entender que en aquel momento el sur de Italia era esencial en la contención de... ¡sí, lo habéis adivinado! ¡Solimán el McNífico! Si no era por tierra sería por mar y Solimán, con el auxilio de Barbarroja, se lanzó a la conquista de Occidente. Evitar su asentamiento en Túnez o, peor aún, en el sur de Italia era vital y a ello se dedicaron los españoles. Mientras, el resto de monarquías europedas, tocando el violón, cuando no colaborando directamente con Solimán...

Desde que llega a Nápoles, Garcilaso no para de recuperar crédito y prestigio y en 1534 es nombrado alcalde de Reggio Calabria, cargo que desempeñaría hasta su muerte. Como decíamos, Garcilaso había recuperado todo su crédito e incluso gozaba de la confianza directa del Emperador, que en 1536 le nombra maestre de campo y le lleva consigo en una campaña contra Francisco I de Francia. A finales de Septiembre, los ejércitos se encuentran en Le Muy, en la Provenza, a unos 80 km de Niza. Allí se encuentran con una torre ocupada por cuatro gañanes (unos 50, en realidad). El Emperador manda batirla con artillería, pero a Garcilaso se le hincha la vena y se lanza al asalto sin encomendarse a nadie; sólo un par de sus oficiales le siguen y le asisten con una escala. Cuando Garcilaso se encuentra ya casi en lo alto de la torre los defensores le arrojan un pedrusco de respetable tamaño. Según unas versiones el pedrusco le da en la cabeza, según otras Garcilaso lo esquiva, pero la piedra rompe la escala. En cualquier caso Garcilaso cae de mala manera desde lo alto y se rompe la crisma. Aún vivo, pero con un pronóstico manifiestamente mejorable, es trasladado a Niza, donde moriría unos días después, a mediados de Octubre de 1536. Los cincuenta franceses de la torre colgaron de las almenas en menos que se persigna un cura loco.

De los Álvarez de Toledo, protectores de Garcilaso, poco hay que decir, especialmente del Gran Duque, aunque la etapa de don Pedro en Nápoles tal vez merezca un estudio aparte por la importancia que en la historia de aquella zona tuvo.

Si os pasa como a mí, y el nombre de Garcilaso de la Vega no era más que un leve recuerdo de las clases de literatura de EGB o BUP, tal vez os haya sorprendido leer la jartá de cosas que hizo este hombre aparte de escribir versos, he de suponer que muy buenos. Es curioso ver como no todos los poetas eran melifluos paliduchos y casi tuberculosos. Hubo un tiempo en que los españoles podían ser, al mismo tiempo, hombres de acción, leales servidores de su rey y su país y dedicar sus ratos libres a cultivar el espíritu y la amistad de la forma que les era posible. 

En fin... Sic transit gloria mundi, en el siglo XXI bastante tenemos con intentar ralentizar nuestro deterioro hacia el SIMON BOS®. Ahora, si os vais de vacaciones, que las disfrutéis con intensidad y aprovechamiento y, sobre todo, espero veros a todos de vuelta para el próximo episodio, que ya veremos de qué va. Por mi parte, en unos días veré, desde el otro lado del estrecho, el castillo del que Garcilaso fue alcaide.

Con Dios.


jueves, 12 de junio de 2014

La pluma y la espada: Garcilaso de la Vega (I)

El adolescente alzó, por fin, la vista del suelo de madera de la nave que le había acogido durante tantos días. Ese mismo amanecer le habían informado de que la costa estaba ya ante ellos y desde su posición a popa de la embarcación la había visto acercarse lentamente. Las montañas se veían próximas a puerto, unas montañas altas y verdes, muy distintas del terreno abrasado por el sol que su madre le había descrito alguna vez. La gente miraba la llegada del barco desde el muelle, gente muy diferente de la que le acompañaba a bordo. Ahora solo quedaban unos pasos. Se decidió, cruzó la pasarela y pisó, por vez primera, la tierra sobre la que iba a reinar.


Definitivamente, lo que peor hacemos los madrileños es vendernos, peor aún que barrer cáscaras de gambas de entre los pies de los parroquianos en un bar (Nota: me recuerda una compañera y, sin embargo, amiga, que esta idea que yo creía propia, en realidad ha germinado en mi intelecto gracias a sus repetidos comentarios. Puede ser, no digo yo que no...). No es que seamos malos, es que somos nefastos. Es bastante evidente que Madrid no es una ciudad de postales como hay por docenas en España. A los que somos castellanos profundos y, por lo tanto, bordes y desaboríos, nos suelen gustar las ciudades pintorescas, pero con cierta dosis de reciedad (palabra que no existe, pero debería) que nos haga sentir en casa: Segovia, Toledo, Ávila y tal... Madrid en su conjunto es tan pintoresca como el Ministerio de relaciones con las Cortes y de la secretaría del Gobierno, o sea, bastante poco tirando a nada. Sin embargo, cuando la conoces, tiene su puntillo y, desde luego, una profundidad abisal. Entiendo que tal vez esto sea más difícil de vender que un acueducto romano o un edificio de Gaudí, pero es que ni lo intentamos, oigan. 

Este fin de semana, como tantos otros, anduve un ratín por el conocido como "Barrio de las Letras", en pleno centro de la Villa y Corte. Algún avezado gafapasta será capaz de relacionar tal denominación con la existencia dentro de tal barrio de calles como la de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Echegaray... pero es que más allá del nombre con el que fueran bautizadas, se da en estas calles una inusitada (única en el mundo, diría yo, puestos a exagerar) concentración de lugares de residencia de portentos absolutos de las letras del mundo y parte del extranjero. En un radio de menos de 50 metros vivieron en algún momento unos tales Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega... que llenaron el Siglo XVII de ingenio y grandeza literaria. Adicionalmente, algunos de ellos fueron de espada fácil o, al menos, útil pero no fueron los primeros que juntaron en nuestra historia la pluma y la espada. Un siglo antes, uno de los primeros grandes de la literatura hispana, cuyo nombre recordamos de la EGB y poco más, ya había repartido su tiempo entre versillos y mandobles.


Imagen "robada" de aquí. El cuarteto no podía venir más a cuento

Para que os hagáis una idea de mi enciclopédico desconocimiento de los asuntos literarios, reconoceré que en comenzando a preparar este artículo confundí a nuestro protagonista de hoy con otro famoso autor unos cincuenta años anterior y que también soltó alguna cuchillada que otra entre verso y verso: don Jorge Manrique, el de las coplas de pie quebrado. Lo que pongo en vuestro conocimiento para que seáis indulgentes a la hora de valorar lo que hoy os contaré sobre... Garcilaso de la Vega y, al mismo tiempo, para avisar de que no será el literario el principal de nuestros intereses.

Vamos, al lío.

De Castilla a España pasando por el Yugo y las Flechas


Cuando en 1474 falleció Enrique IV de Castilla, no se sabe si de una sobredosis de Viagra, Castilla era un reino bastante apañado, pero creo que ni siquiera su hermana y futura reina Isabel se podía imaginar lo que vino después. Tuviera ella, Isabel, algo que ver o no en la muerte de su hermano, el caso es que cuando éste murió se montó un buen lío por su sucesión entre dos pretendientas al trono: la propia Isabel y la hija de Enrique (o no) Juana. Isabel había sido ofrecida en matrimonio a media Europa (masculina, por entonces modernidades las justas), pero acabó casándose con Fernando, rey de Sicilia, futuro rey de Aragón, futuro rey de Nápoles y futuro rey de Castilla -acabaría siendo Fernando II, otra vez II, III y V, todo ello a la vez. Se le escaparon el IV y el I. Isabel se terminó llevando el gato al agua y pasó a ser "relativamente" conocida con el nombre de Isabel la Católica. Dentro del follón de reinos, reinitos y reininitos que había en Europa, el proceso de lo de Castilla y Aragón fue casi una broma, pero acabaría dando lugar a un reino de primera que terminó deviniendo en Imperio. Eso sin profundizar, claro. Para 1499, fecha probable del nacimiento de Garcilaso, justo en la raya entre el XV y el XVI, ya teníamos básicamente unida a toda España, si bien bajo el raruno formato ese del "Tanto monta", aunque la unión fetén, con un solo monarca, no estaba nada lejos. Por cierto, una tontería que me apetece recordar: de toda la vida de Dios en el primer hogar de la academia militar más antigua del mundo, a la que tuve el honor de pertenecer muy brevemente, ha habido un yugo y unas flechas en el salón del trono. Ahora están cubiertos por unos tapices, no sea que...

Catedral de San Bavón, en Gante. Foto mía.
Volvamos a lo nuestro. Poco más o menos a la vez que don Garcilaso veía la luz en Toledo, un tal Carlos, futuro Carlos IyV lo hacía en Gante. Desconozco los detalles del nacimiento de don Garcilaso, pero difícilmente serían peores que los de el futuro capo di tutti cappi, que asomó al mundo en una letrina a la que rauda había acudido su madre Juana en medio de un baile en la corte pensando que tenía un apretón. Si le cazó a tiempo o el infante aterrizó en blando y pestilente no se nos ha contado pero, en atención al respeto que la familia nos merece, vamos a correr un estúpido velo y dejarlo en que nació en Gante en febrero de 1500.

En 1517 se nos presenta por primera vez en España, desembarcando en Tazones y dispuesto a reclamar los reinos de su encerrada madre Juana (sí "la Loca", que hay que decíroslo todo...), que no eran pocos. Finalmente no se corta un pelo y los toma, no como gobernador, sino directamente como rey. Acababa de nacer el imperio hegemónico en Europa durante más de un siglo. Y ¿qué hacía, mientras, Garcilasín?

Pues igual que el infante Carlos era ya huérfano de padre, pero no sólo no tuvo que ponerse a vender periódicos o limpiar botas para ayudar a su familia, sino que fue acogido en la corte y pudo recibir una esmeradísima educación que, además, caía en terreno abonado ya que el shaval empezó a despuntar bien pronto. Conoció en esos años a un tal Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, que sería esencial para la relación de Garcilaso con la espada, y a Juan Boscán, que lo sería en la parte plumífera.

Como era de esperar, el fervor con el que el infante Carlos fue recibido en Castilla y en Aragón fue manifiestamente mejorable, pero finalmente las Cortes de ambos reinos le tomaron juramento (por separado, claro) como rey en 1518, a la vez que le soltaban una pastizara que le vendría de perlas solo unos meses más tarde. En enero de 1519, falleció Maximiliano I, el abuelo de Carlos, ya rey de Castilla y de Aragón. El imperio tenía la peculiaridad de que el emperador había de ser elegido, así que Carlos Iy(todavía no)V decide largarse a Centroeuropa a granjearse apoyos en la elección y, claro, eso cuesta pasta.

Carlos Iy(todavía no)V convoca Cortes Castellanas en Galicia para salir de allí inmediatamente hacia Flandes. El 1 de Abril de 1520 se abren las Cortes en Santiago de Compostela. A ellas acude representando a Toledo don Pedro Laso de la Vega, hermano de Garcilaso con, entre otras, las siguientes instrucciones de la ciudad:
  1. No permitir salida de dinero de Castilla hacia reinos extranjeros
  2. No dar cargo alguno a extranjeros y quitarles los que ya tuvieran
  3. Dilatar las cortes cuanto se pudiera para permitir que siguieran en Castilla, no en Galicia
  4. Impedir que se diesen los oficios y regimientos por dinero
  5. Reformar la Inquisición.
Aquisgrán, robada de aquí. He estado buscando alguna
foto de mi etapa allí, pero no las he encontrado.
Ya el viaje hacia Galicia fue una comedia de enredo con paradas, audiencias, reuniones, conciliábulos y juergas flamencas (¡je! en el doble sentido) varias en cada pueblo por el que pasaban (Valladolid, Tordesillas, Villalpando, Benavente...) pero una vez en Galicia la cosa se desmadró. El 8 de Abril se trasladaron las Cortes a La Coruña y el 14 llegó el rey, que se agarró un regio cabreo con los inconvencibles castellanos, entre los que destacaba Pedro Laso. El carajal derivó en revolución y finalmente en guerra, la Guerra de las Comunidades de Castilla (la de los Comuneros, la que se decidió en Villalar y la que nos dejó tres calles paralelas en Madrid: Padilla, Juan Bravo y Maldonado), aunque para entonces el rey ya estaba buscando su corona de emperador en Aquisgrán; de hecho no volvió a España hasta 1522, mucho después de Villalar como Carlos Iy(ya si)V. Para que luego digan de imposiciones y tal, las ciudades que se decantaron por los comuneros (y que palmaron miserablemente) fueron las castellanas "antiguas": Valladolid, Palencia, Soria, Segovia, Ávila, Toledo... y las que apoyaron al rey básicamente las andaluzas. Considerar la rebelión comunera como un estertor de la Edad Media o como hecho adelantado del Renacimiento, incluso de una incipiente democracia asamblearia, depende del ojo con el que se mire pero, vamos, que ni una cosa ni otra, sino una muestra más de uno de los deportes nacionales: el arrimamiento del ascua a la sardina propia y su alejamiento de la ajena.


Si Pedro Laso fue importante en el bando comunero, su hermano Garcilaso destacó en el realista, llegando a ser herido en la batalla de Olías del Rey:

" Yo D. Juan de Rivera capitan general en este reino de Toledo por sus Magestades y del su Consejo digo y doy fee como el señor Garcilaso de la Vega despues de que el Rey nuestro señor embarcó en la Coruña para se partir á Flandes, siempre ha estado conmigo en sservicio de sus Magestades, y ha servido muy bien y muy continuamente hasta el dia de hoy y en todas las cosas pasadas se ha hallado y ha peleado; y lo ha fecho como buen caballero y servidor de sus Magestades, y en la de Olias salió herido de una herida en el rostro, y en todo lo pasado y presente lo ha fecho tan bien y con tanta voluntad y trabajo de su persona, que demás de se librar y pagar sus quitaciones lo tiene muy bien merecido y servido que sus Magestades le hagan mercedes; y porque esto pasó así y es verdad doy esta feé firmada de mi nombre en Toledo á 12 días del mes de mayo de 1522 años.
Como estrambote y arabesco colateral de la Guerra de las Comunidades, Francia, siempre tan atenta a pillar cacho de rival herido o distraído, decidió invadir Navarra y parte de Castilla. Fueron detenidos en Logroño en Junio de 1521, pero su expulsión total llevó algo más de tiempo y dio oportunidad para la intervención de Garcilaso y para el bautizo de fuego de don Fernando Álvarez de Toledo, futuro Duque de Alba, azote de todo lo azotable, coco para los flamencos y responsable de que decenas de generaciones de niños belgas se acaben la sopa. No sabían lo que se hacían los gabachos... El último reducto francés cayó en 1524, con la toma de Fuenterrabía. Se sabe que Garcilaso participó en un par de acciones de este conflicto: Salvatierra y la mencionada Fuenterrabía,  ambas al muy a finales del lío.

Pero es que entre Olías y Salvatierra,  Garcilaso, del que ya sabemos que se movía más que un garbanzo en la boca de un viejo,  tuvo ocasión de participar -bueno, más bien de intentarlo- en otra de esas expediciones de gendarme de la humanidad en las que España se metía en aquella época.

De esta forma tan elegante he conseguido colar una animación
 mecánica en un artículo de historia.
Cruz de Malta de 6 aspas, de la wiki
Desde 1310,  los caballeros de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén,  de Rodas y de Malta tenían sus oficinas centrales en la isla de Rodas, que era pieza codiciada en la geoestrategia del Mediterráneo oriental. Rodas había sufrido ataques y asedios varios,  el último de importancia en 1480,  pero todos fracasaron. En Junio de 1522 Solimán el McNífico se presentó con 400 barcos y 200.000 paisanos ante la isla defendida por 7.500 caballeros (soberanos,  militares, hospitalarios y tal). Bastante aguantaron los mushashos,  pero en Diciembre la situación era insostenible y acabaron rindiendo su fortaleza (por desgracia,  el primero que cayó fue el bastión español, el 17 de diciembre de 1522). Cuando llegaron a España las noticias del asedio salió para allá una fuerza de apoyo que contaba con la presencia de nuestros amigos Garcilaso y Boscán,  pero no llegaron a tiempo y se volvieron a rematar el asunto de la invasión francesa del que hemos hablado antes. Supongo que del nombre completo de la orden habréis deducido que ésta es la conocida como Órden de Malta, así llamada porque esta isla mediterránea fue su última base fetén, a partir de 1530 y ¿sabéis por qué acabaron en Malta? Pues ni más ni menos que porque el emperador Carlos IyV se la cedió junto con la isla de Gozo, la de Comino y el puerto de Trípoli. Esta cesión la hizo como rey de Sicilia, fue a perpetuidad y a cambio de un curioso pago: un halcón maltés al año (sí, el que dió origen a la peli de Huston y Bogart). En el caso de los que le le enviaban al emperador eran ejemplares vivos y entrenados para el noble arte de la cetrería. Esta cesión está relacionada con la siguiente campaña en la que nos encontraremos a Garcilaso y de la que hablaremos en siguientes entregas…  os lo esperábais ¿no?

domingo, 20 de abril de 2014

De Dr. No a Pierre Nodoyuna: Sir Francis Drake (y II)



" En un radio de media milla en torno al Nautilus las aguas estaban impregnadas de luz eléctrica. Se veía neta, claramente, el fondo arenoso. Hombres de la tripulación equipados con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres desventrados en medio de restos ennegrecidos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingotes de oro y plata, cascadas de doblones y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados con este precioso botín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y de plata. Comprendí entonces que nos hallábamos en el escenario de la batalla del 22 de octubre de 1702 y que aquél era el lugar en que se habían hundido los galeones fletados por el gobierno español. Allí era donde el capitán Nemo, según sus necesidades, lastraba con aquellos millones al Nautilus. Para él, sólo para él, había entregado América sus metales preciosos. Él era el heredero directo y único de aquellos tesoros arrancados a los incas y a los vencidos por Hernán Cortés. "
"20.000 leguas de viaje submarino", cáp. 8: La Bahía de Vigo, Julio Verne




Vigo Street, casi en la esquina con Regent St. Foto mía.
Londres, siempre Londres. De todas las ciudades que conozco fuera de España, solo hay dos en las que me encuentre lo suficientemente cómodo (clima aparte) como para pensar que podría llegar a vivir en ellas una temporada: Roma y Londres. Si,  ya sé que son muy diferentes, tal vez sean complementarias y por eso me gusten tanto. Londres es una ciudad inmensa y tiene vecindarios para todos los gustos, desde el destripado Whitechapel al elitista Mayfair, desde el barullo de Covent Garden o el de Notting Hill al mogollón de turistas arremolinados en los alrededores de Picadilly Circus. Precisamente cerca de la estatuilla de Anteros (hermano de Eros, alias Cupido) que habita el Circus, una calle desentona con los muy british nombres de la zona. Se trata de una de las perpendiculares a Regent Street, una brevérrima calle de nombre Vigo Street que destaca rodeada de Warwicks, Cliffords, Burlingtons y similares. Esta callejuela recibió el nombre de la ciudad gallega, bueno, más bien de la ría homónima, en recuerdo de la batalla que nosotros conocemos como Batalla de Rande y los británicos (de hecho todo el mundo, menos nuestros vecinos portugueses que siguen nuestra denominación) como Batalla de la bahía de Vigo y que es la mencionada por Julio Verne en 20.000 leguas de viaje submarino. En ella, una flota anglo-holandesa se cepilló a una franco-hispana y dejó para la historia la leyenda del tesoro de Rande. Peeeeeeero, la historia es larga y recurrente y esa batalla no fue la primera agresión británica a las Rías Bajas. Como poco, hubo otra aún más salvaje y con un resultado similar: en ambas, los ingleses destruyeron sin conocimiento, pero trincar, lo que se dice trincar, trincaron más bien poco.


La grande Armada Inglesa: Revenge of the Brits


Habíamos despedido nuestra historia con el desastre de la Grande y Felicísima en su intento de invasión de Inglaterra en 1588. Después de los hechos todo el mundo es muy listo y muy valiente, pero es de suponer que en verano de 1588 a buena parte de los ingleses no les llegaba la camisa al cuerpo pensando en lo que se les venía encima. La cosa salió como salió y el soplo divino (por cierto, aunque venga sólo tangencialmente a cuento, ¿sabéis lo que significa la palabra kamikaze?) alejó el peligro de las costas británicas. Por mero subidón de adrenalina y en la creencia de que podían asestar un golpe definitivo a la armada española, Liz y sus cuates decidieron que Inglaterra ya estaba madura para subirse a las barbas del jefe Felipe II (nota que tampoco viene muy a cuento, a veces nos olvidamos de que Felipe II también fue rey de Inglaterra e Irlanda durante unos años, entre 1554 y 1558) así que según se perdían en el horizonte los últimos galeones españoles, los británicos se pusieron a trabajar en su propia Armada. Supongo que si la nuestra fue Grande y Felicísima, la suya sería Enorme y Graciosísima, como corresponde. El caso es que rápidamente se pusieron al lío.

Dom Antonio. No se puede tener una pinta más marcial.
De la wiki
Los mitos son los mitos y la realidad es la realidad. En 1588 los ingleses sabían que, aunque la invasión había fracasado, la flota española había sobrevivido en su mayor parte y que España tenía preparados medios en los puertos cantábricos para atender a los hombres y reparar los barcos pero, claro, durante un tiempecito no iban a ser muy operativos, que digamos. Si querían golpear de verdad, había que intentar destruir la flota en los puertos españoles y además hacerlo de inmediato. De esa forma España perdería el control del mar y, por tanto, de América. Vamos, un golpe histórico del siete. Isabel I se decidió a mandar una cojoexpedición con tres objetivos:

  1. Destruir de forma total, absoluta y definitiva, por el sofisticadísimo método de la incineración, la flota española
  2. Tomar las Azores para interceptar la flota de América que traía la plata y el oro que pagaban los esfuerzos bélicorreligiosos de Felipe II. Ya puestos, quedarse con la pastizara
  3. Colocar en el trono de Portugal a Don Antonio, Prior de Crato y, por lo tanto, quitar a... ¡Felipe II! (sorprendidos ¿eh?). Isabel I había firmado acuerdos con el susodicho Antonio que convertirían a Portugal en un estado básicamente supeditado a Inglaterra, eso aparte de que el bizarrísimo Dom Antonio se comprometía, entre otras cosas, a permitir el saqueo de Lisboa. Eso es amar a tu pueblo, lo demás, tonterías
Un peaso misión, tres objetivos y un sólo líder posible: Sir Francis Drake, en este caso auxiliado (o así) por Sir John Norreys, o Norris, por lo que la Cotraarmada es (poco o nada) conocida en Inglaterra como expedición Drake-Norris, como si ellos hubieran sido los únicos responsables del temita. En Abril de 1589 partieron de Plymouth 150 naves y casi 25.000 barbas.

Ahora podríamos pasarnos horas escribiendo sobre los por qués, cómos, cuándos, etc pero eso nos desviaría de la historia central del día, así que, de forma muy esquemática os diré que:
  1. La flota inglesa estaba en buena parte compuesta por piratillas y/o barcos financiados privadamente, para los que el objetivo 2 de los anteriormente citados era mucho más importante que el 1 o el 3, que básicamente les importaban una higa
  2. Los buques de la Grande y Felicísima que retornaron, que fueron muchos, venían bastante perjudicaditos, así que decidieron recalar en Santander y San Sebastián, en lugar de ir a los más lógicos puertos de Lisboa y Cádiz
  3. Dirigirse a los puertos del Cantábrico (objetivo 1), daría tiempo a los españoles a prepararse para proteger los objetivos 2 y 3
Vais imaginando lo que iba a pasar ¿no? Tal vez en un intento algo pueril por mantener las formas, Drake no se dirigió directamente a por la plata y el oro, sino que decidió asaltar algún puerto más o menos serio que le pillara de camino y no se le ocurrió otra cosa que parar en La Coruña, que es un sitio extraordinario para ir de turismo, pero no tanto para conquistar al asalto.

El 4 de Mayo se presentó la flota inglesa frente a La Coruña y enseguida comenzaron a desembarcar soldados y más soldados. El día 6 se produjo el típico intercambio de mensajes que tenían los españoles de la época con sus asaltantes cuando les pedían rendición: con un máximo de 1500 soldados defendiendo la ciudad frente a la flota antes descrita le expresaron con meridiana claridad a Drake por dónde se iba a Brighton y le apercibieron de que vigilase su culo retaguardia al darse la vuelta... 

La parte baja de la ciudad fue arrasada y los asaltantes abrieron varias brechas en las murallas, pero fueron rechazados por los defensores, entre los que destacó María Pita, una artista de la pedrada que se ganó el rango de alférez de los tercios a perpetuidad. Los británicos insistieron hasta el día 18 en que fueron definitivamente rechazados y se marcharon silbando el puente sobre el río Kwai. Eso sí, con varios centenares de muertos y un número aún mayor de bajas por deserción. No haré comentarios respecto a los motivos que adujo Drake para explicar el fracaso: que la comida y el vino que habían rapiñado en La Coruña estaba muy mala y los soldados enfermaron e incluso murieron. Comida mala. En La Coruña. Dicho por un Inglés... 

Ni siquiera hasta aquí llegó Drake. Foto mía
Corriendo un estúpido velo sobre su aventura coruñesa, Drake, Norris y sus cuates se dirigieron a su objetivo secundario: Lisboa. Ahí sí que sí, no se podía fallar. La segunda capital Ibérica, uno de los principales puertos Atlánticos y teóricamente mal defendida ante la ausencia de la flota. Drake y Norris tomaron cada uno el mando de su parte: uno los barcos y otro los soldados. Desembarcaron 12.000 efectivos en Peniche y Dom Antonio, que iba con ellos, no tardó ni media en acercarse a Torres Vedras y proclamarse de nuevo rey, en la seguridad de que esto exaltaría al pueblo y se generaría una revuelta que expulsaría a los Austrias... pero no, no fue así.

Por mar, Drake se encontró con las dieciocho (18, recordad que Drake salió de Inglaterra con 150 velas) galeras comandadas por don Alonso de Bazán (hijo de Álvaro de Bazán, que preside el rincón más bonito de Madrid) y también con su propia indecisión. No se atrevió a entrar en el estuario del Tajo y merodeó Cascais durante días.

Por tierra las cosas les fueron muy malamente. Bazán se bastaba para defender el estuario e incluso le sobraba para hostigar desde sus galeras a las tropas de Norris, que no sabía a quién mirar de forma más aviesa, si a Dom Antonio por el ridículo de la falta de apoyo o a Drake por no moverse de Cascais. Al tercer día dio media vuelta abandonando armas y pertrechos, tanto que el aspirante a rey de Portugal se dejó en tierra el equipaje que, entre otras cosas, contenía las listas de sus principales apoyos en Portugal. En fin...

Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes y, a la sazón, capitán general de Portugal, no daba crédito ante tan rápida huida de una tropa invasora pero, dado que estaba en inferioridad numérica, no les puso demasiados problemas para que volvieran a embarcar y salieran pitando de allí.

La Armada ya estaba en un estado manifiestamente mejorable, tanto material como humano. La enfermedades afectaron a la práctica totalidad de los hombres, que iban cayendo como chinches. Según dice un tal Thomas Fenner en comunicación as Sir Francis Walsingham, secretario de la reina Isabel:

"...but the men were nearly all seized with sickness; out of 300 men only three escaped from the sickness, and 114 died in his ship. The service this year and the last had cost him 1,800£. Intends to employ the remainder of his fortune in a "journey" to the Indies..."

o sea
"... pero los hombres estaban casi todos afectados por la enfermedad; de 300 hombres solo tres escaparon a la enfermedad y 114 murieron en su barco. El servicio este año y el anterior le había costado 1.800 libras. Tiene intención de utilizar el resto de su fortuna en una expedición a las Indias..." ("Me voy a las Indias, lejos de los piraos ibéricos éstos", añado yo). Por cierto, este fue uno de los inversores privados en la campaña.
Así las cosas, habiendo obviado el objetivo 1 y fracasado en el 3, Norris ya no pintaba nada allí y se volvió a Inglaterra con buena parte de sus soldados enfermos, que se encargaron de esparcir sus miasmas y enfermedades por todo el sur de Inglaterra redondeando así el éxito de la expedición.

Mientras, Drake se quedó con 20 barcos para intentar salvar algo de su honor haciendo lo que mejor se le daba: piratear y hacer que cumplía, al menos parcialmente, el objetivo 2. Pues tampoco, lo que quedaba de la flota no estaba en condiciones de hacer daño a nadie que se quisiera y pudiera defender. ¿He dicho defender? ¡Pues ataquemos a alguien que NO se pueda defender! Y justo eso fue lo que hicieron Drake y sus valientes. 

Desde la Isla de Sálvora, dos rías más al norte de Vigo, pero nos vale. Foto mía

El 29 de Junio de 1589 Drake se lanza sobre Vigo, que es defendido por 94 vecinos. La razia dura unos tres días, el 2 de Julio Drake pone proa hacia Inglaterra dejando Vigo absolutamente arrasada:, casas, iglesias y conventos en ruinas, campos quemados y los pocos víveres que pillaron rapiñados o destruidos. Aún así, según algunas fuentes en el ataque murieron otros 300 ingleses.

Toda la operación había sido un absoluto desastre y debería ser uno de esos casos que se estudian en los másteres del universo de gestión empresarial (y no las pollás que enseñan, me permito añadir). Falló todo: el reclutamiento, la fijación de objetivos, su comunicación, su seguimiento, los incentivos del personal, el entrenamiento de los participantes, la elaboración de "planes B", etc. ¡estaba todo al revés! La consecuencia directa fueron unos 10.000 ingleses muertos, varios barcos perdidos y 100.000 libras tiradas a la basura. A cambio España no sólo no perdió, sino que acrecentó su dominio oceánico. Sí, ya sé que incluso a nosotros nos cuesta creerlo, asumida como tenemos la historia del desastre de la "Invencible", pero el dominio español de los mares fue mucho mayor después de ella que antes. En la década de 1590 España fue capaz de transportar con casi total tranquilidad EL TRIPLE de oro y plata a la península desde América que en la de los 1580. A España le quedaban otros 100 años dominando los mares del mundo.

¿Y Drake? Pues ya estaba el hombre imbuido del espíritu de Pierre Nodoyuna y así seguiría hasta el final de sus días. La capacidad autojustificatoria de Drake era pareja a sus dotes marineras, que no eran pocas en absoluto, pero aún así, aunque el desastre de 1589 no llegó a hacerle caer en desgracia del todo, sí le colocó en un grisáceo segundo plano. Volvió a sus principios piratilleros y siguió atacando territorio español siempre que pudo, la diferencia es que ni él era ya el que fue, ni los españoles de la época se habían quedado a verlas venir. Aprendieron de los ataques británicos de todo tipo y reforzaron y modernizaron las defensas. En 1595, después de un encuentro no muy feliz para él con Carlos de Amésquita en Cornualles, Sir Francis encabeza junto con Hawkins una nueva campaña al Caribe, pero se le ocurre la brillante idea de atacar Las Palmas en el camino. No sólo es rechazado, sino que algunos de sus hombres son capturados y cantan la Traviata. Los canarios mandaron un velero rápido a Panamá y cuando Drake llegó medio Caribe estaba esperándole. Fracasó de nuevo en Puerto Rico y acabó diñándola de fiebres frente a Portobelo, donde tampoco pudieron sus hombres entrar.

A modo de brevísima conclusión


Sir Francis Drake fue un más que estimable marino, valerosísimo (sobre todo en su juventud) corsario y audaz capitán que infligió no pocas y dolorosas heridas al imperio Español en la década de los 1580. Tal vez como ejemplo del principio de Peter, cuando fue ascendido a vicealmirante su estrella cambió y comenzó a meter la pata hasta el corvejón. Sus acciones se inscribieron en las hostilidades hispano-británicas de finales del XVI durante las que Inglaterra no tenía aún el fuste necesario para optar a la posición dominante que España ocupaba.

En concreto, los episodios de la Grande y Felicísima y la contra-armada inglesa fueron talmente como una eliminatoria de la Champions en la que, tanto en la ida como en la vuelta, los equipos locales vencieron a los visitantes con su puntín de suerte y no poco de disparos en el pie por parte de los contendientes. Cada equipo ganó en su casa, pero el vencedor del partido de vuelta arrasó y se llevó la eliminatoria, garantizándose la hegemonía durante años.

Por cierto ¿a alguien le suena una eliminatoria entre ingleses y españoles en estos días?

Por último, no me resisto a copiar el último párrafo de uno de los textos que he leído para escribir esta entrada Es de un tal Wes Ulm, en algún momento relacionado con Harvard y tiene un cierto "tonito":

" The next time you encounter another newspaper article heralding the almost inexplicably fast rise of Hispanic culture and the rapid movement of Hispanic peoples into the US, think back to the 1500s and recall that this cultural colossus, with a common mooring in the culture of Spain, could have easily been cut down to size by a few changes in the execution of a battle plan by some deservedly famous English soldiers in 1589. The expedition by Drake and Norris in that year is probably an event you’ve never encountered until now, but the decisions made and battles encountered by that invasion force would exert a tremendous impact on the unfolding of events both in Europe and the Americas. Its effects can be seen every day you stroll by one of those seemingly ubiquitous “Se habla español” signs in the window of a local shop."

o sea

" La próxima vez que se encuentren otro artículo pregonando el casi inexplicablemente rápido ascenso de la cultura hispana y el rápido movimiento de gente hispana a los EEUU, remóntense al siglo XVI y recuerden que este coloso cultural, con un ancla común en la cultura española, podría haber visto fácilmente reducido su tamaño con unos pocos cambios en la ejecución de un plan de batalla por algunos merecidamente famosos soldados ingleses en 1589. La expedición de Drake y Norris en ese año es probablemente un hecho con el que no se han encontrado hasta ahora, pero las decisiones tomadas y las batallas luchadas por esa fuerza de invasión tendrían un tremendo impacto en el desarrollo de los acontecimientos tanto en Europa como en América. Sus efectos se pueden ver cada día que pasen por delante de uno de esos carteles que parecen estar por todas partes: "Se habla español" en el escaparate de cualquier tienda."

Así, como diciendo...

Saludos desde Tokio. 


sábado, 22 de marzo de 2014

De Dr. No a Pierre Nodoyuna: Sir Francis Drake (I)

El mundo militar, especialmente el anglosajón, es tendente a la estandarización. No solo hay uniformes, sino que casi cualquier elemento del equipo de un miembro del ejército tiene unas características reguladas. Los relojes no son una excepción; durante la segunda guerra mundial las unidades británicas recibieron toneladas de relojes suizos de una calidad más que aceptable, muchos de los cuales fueron voluntariamente destruidos al finalizar la guerra a petición de los fabricantes para evitar una inundación del mercado. El reloj reglamentario (que ha ido cambiando a lo largo de la historia) es conocido como el "G10" por el formulario que había que rellenar para pedirlo y, aparte de los originales fetén, hay muchos fabricantes que elaboran relojes basados de forma más o menos fidedigna en esta estética. Da la casualidad de que a mí me encantan ese tipo de relojes y tengo varios de esa orientación (ebay es tu amigo). 

A los que nacimos con el don natural de la elegancia cualquier cosita
nos queda bien. Mejor no epatar con lujos.
Nota: Estos no son tipo G10.
Este tipo de relojes suele quedar niquelao con correa de nailon, que también está incluida en el estándar G10 y que, por deformación, se suele llamar correa NATO o "NATO strap" en inglés, ya que tienen su código NATO (en concreto el 6645-99-527-7059 para la del ejército del aire, por ejemplo. O sea, que si os presentáis en un acuartelamiento de la OTAN y mencionáis ese número, os darán una correa de reloj de nailon gris, de 280 mm de largo, 20 mm de ancho y con unas hebillas de lo más curioso). Aunque la correa no fue incluida en el estándar oficial hasta 1973 por las FF.AA. británicas, uno de sus miembros más famosos (en concreto de la Marina) ya había puesto de moda una correa similar unos años antes. Esta variante de la NATO con bandas longitudinales es conocida en su honor como Bond, NATO Bond y los colores originales, los que tenía la correa que sujetaba el submariner a la muñeca de Sean Connery en Goldfinger, son los que veis en la foto adjunta en la correa del Citizen. El Seiko ATLAS, por su parte, lleva los colores que erróneamente se identifican como colores Bond. Ya, ninguno de los dos es un Rolex y yo no soy James Bond, pero es lo que hay...

Bond, James Bond es un ya longevo héroe de acción que lleva varias décadas paseando su palmito por las pantallas de todo el mundo y, como pasa con casi cualquier héroe, su leyenda depende en parte de la maldad de los villanos a los que se ha enfrentado: Scaramanga, Stavro, Auric Goldfinger y, claro, el Dr. No.

Los cienes y cienes de personajes españoles merecedores de hacernos pasar un rato agradable leyendo sus cuitas no necesitan exagerar la capacidad de su enemigo para hacerse los interesantes, pero creo que no está de más que hablemos hoy de uno de ellos; uno de los enemigos icónicos de España en el siglo XVI: el conocido corsario inglés Francis Drake, miembro también de la Marina Británica, como Bond. Don Francis pasó a ser Sir Francis en 1581 y, por lo tanto, caballero británico en el momento de suceder buena parte de los hechos de los que vamos a hablar hoy. Alguien dirá que me centro más en sus derrotas que en sus victorias, que las hubo. Puras insidias...

Francis Drake, corsario inglés


Francis Drake nació en la granja de Crowndale, cerca de Tavistock, en el suroeste de Inglaterra. Hijo de un granjero que acabaría de vicario en Upnor, una aldea costera de Kent tras huir de Devon por robarle a un paisano... Drake padre acabó enchufando a su hijo mayor, Francis, como grumete en un barco mercante que cruzaba a Francia con frecuencia. Cuando el patrón del barco murió sin descendencia testó a favor del joven Francis que se quedó con el barco. Eso es empezar una carrera con buena estrella y lo demás son tonterías.

Muy pronto Drake dirigió sus ojos hacia América. De sus primeros viajes poco se sabe, pero después, entre 1572 y 1573, se dedicó abiertamente al pirateo en el Caribe y el istmo de Panamá, capturando no pocos botines en compañía de su primo John Hawkins.

La reina Isabel I de Inglaterra, arreglada pero informal.
De la wiki.
La cosa les fue tan bien que la reina Isabel I de Inglaterra, que mostraba más bien pocos escrúpulos a la hora de usar artes de nobleza dudosa para tocar lo que no suena a España (y llenar sus arcas de paso), dispuso que Drake y Hawkins se dedicaran a ello de forma "profesional", pero que lo hicieran donde los españoles se podían sentir más seguros: en el Lago Español. Resumiendo: Drake cruzó el estrecho de Magallanes y a principios de 1579 comenzó su actuación estelar en el Pacífico, a bordo del Golden Hind, dándose al pillaje sin conocimiento. Valparaiso, El Callao, Arica (puerto por el que salía la plata de Potosí)... no hubo puerto que no intentaran saquear; en la mayoría de los casos sin resistencia alguna, en ocasiones se encontraba los barcos atracados y vacíos, con toda la tripulación en tierra dándose a la molicie del ocio. Entre lo dados que somos al temita y la confianza en la ausencia de enemigos, no dejaba de ser normal...

Uno de los momentos estelares de ese año de raids y pillaje fue la captura por parte de Drake del Nuestra Señora de la Concepción, más conocido por los marineros españoles por el descriptivo nombre de Cagafuego, aunque pasó a los libros ingleses como Cacafuego. De ahí a "Cacafuti", un paso. Drake se enteró de la existencia, la ruta y la carga del Cagafuego en el asalto a El Callao y se lanzó a por él simulando ser un carguero mercante. De nuevo pilló a la tripulación por sorpresa y se hizo con el barco y su cargamento. La leyenda dice que la reina Isabel I prohibió a Drake hacer público el importe del botín para que no se supiera nada de la parte que ella misma se quedó... sí, parece ser que la reina y el pirata iban a pachas y, como os contaré luego, no les fue nada mal el negocio a los hijos de la Gran Bretaña.

Después de lo del Nuestra Señora de la Concepción, Drake siguió sus garbeos por la costa, llegando hasta el norte de California, zona que denominó Nueva Albión y reclamó para Inglaterra de forma bastante optimista "de mar a mar".  Pues no iban a pasar años hasta que alguien distinto a los nativos tomara posesión real de la zona...

A finales de año Drake decidió volver a Inglaterra. Como se imaginó que su retorno por el mismo camino no iba a ser tan placentero como el viaje de ida al no contar ya con el factor sorpresa, decidió volver por poniente y convertirse, para los británicos, en el segundo navegante en dar la vuelta al mundo... 60 años después que el primero. Digo lo de los británicos, porque hasta que Urdaneta consiguió el Tornaviaje, todos los españoles que fueron a Filipinas y alrededores tuvieron que volver por el Índico. Que nos conste, el propio Urdaneta completó la vuelta al mundo tras los sucesos de las Molucas, bien es cierto que no en su propio barco. Hemos de recordar que, tanto en el caso de Elcano como en el de Drake, lo de dar la vuelta al mundo no fue más que una anécdota y que tomaron esa vía por ser la más conveniente para el retorno. Además, una vez que la vía del Pacífico estaba abierta, no tenía el menor mérito navegarlo hacia poniente; incluso en 1580 tampoco lo tenía hacia levante, desde 1565 se conocía la ruta de vuelta y más o menos había un servicio de galeones regular.

Pero vamos, que Drake volvió a Inglaterra dando la vuelta al mundo, que llevó consigo todo lo que había rapiñado a barcos españoles, otros no había, en los puertos y aguas del Pacífico y que según nada menos que el Barón Keynes (sí, el de cavar agujeros y volverlos a tapar):
"En realidad, el botín extraído por Drake en la Golden Hind puede ser considerado perfectamente como el origen y la fuente de las inversiones británicas en el extranjero. Con su producto Isabel I pagó la totalidad de su deuda exterior, e invirtió parte del resto (unas 42.000 libras) en la Compañía del Levante; a partir de las ganancias de la Compañía del Levante se formó en gran parte la Compañía de las Indias Orientales, cuyas ganancias durante los siglos XVII y XVIII fueron el principal fundamento de las conexiones extranjeras de Inglaterra"
Del "Treatise on Money, Volume 2: Applied Theory", capítulo 30. Los dos volúmenes suman unas 700 páginas de literatura vibrante y capturadora que te impide dejar el libro una vez comenzado. No, es coña.

Esa pasta fue un trinque con todas las letras pero según Keynes, no cualquier mindundi, fue nada menos que la base sobre la que se asentó el poderío comercial inglés de los siglos XVII y XVIII y, por tanto, el Imperio Británico. Al menos en parte ¡la Commonwealth se basa en el Cagafuego!

No cabe duda de que fue un botín bien invertido, desde luego. Piratas sí, tontos no.

La Grande y Felicísima


Drake no solo volvió millonario, sino que fue inmediatamente nombrado caballero al poco de volver, en cuanto la reina terminó de contar la pastizara que el corsario le había traido. Liz y Frank le cogieron gusto al procedimiento y prepararon una nueva campaña en la que no nos detendremos demasiado. Entre 1585 y 1586 Drake, esta vez con 21 naves y 1800 paisanos atacó, secuestró, pidió (y cobró) rescates... a ambos lados del Atlántico, destacando los ataques a Vigo y a Cartagena de Indias, aparte de algunos saqueos menores.

"De cómo le chamusqué las barbas a Felipe II" por el propio Drake, via wiki.
Podría también ser un esquema del sistema digestivo de una rata de barco,
pero creo que no lo es.
Felipe II comenzó a pergeñar el plan por el que, injustisísimamente, es más conocido fuera de España (me temo que en la España de los últimos puestos del informe PISA ni eso. "¿Felipe Palote Palote? A mí la que me pone palote es la Vane" me cuentan que contestó el más espabilado de los encuestados): la invasión a gran escala de la Gran Bretaña. No nos vamos a meter a fondo en esa historia, que ya tocamos de soslayo al hablar del rompecorazones Cuéllar y además no tengo yo capacidad para abordar algo tan gordo, pero sí mencionaremos un par de apuntes de la implicación de Drake que, como casi todo lo que rodea a la Grande y Felicísima Armada, está envuelto en mitos y leyendas. La película, de todas formas, podría comenzar con el asaltazo a Cádiz realizado por Drake en 1587 que tuvo su puntillo de Pearl Harbor:

  1. Fue un golpe material y moral de primera magnitud, que en nuestro caso retrasó sustancialmente la formación de la Armada
  2. Fue una intervención de audacia casi incomprensible, atacando el corazón de la mayor armada del mundo. En inglés se conoce a esta operación como "Singeing the King of Spain's Beard" o "Chamuscando la barba del Rey de España" y me parece una definición muy acertada, por desgracia.
  3. De Pearl Harbor se dice, de Cádiz se sabe: los espías de Felipe II en Inglaterra (Bernardino de Mendoza, exembajador ante Su Graciosísima que había sido expulsado entre gracia y gracia, aún mantenía sus contactillos y avisó desde Francia el 19 y 21 de abril) avisaron con detalle de que el ataque se estaba preparando y no se quiso, no se pudo o no se supo hacer nada.

Nuestro íntimo y corsario enemigo tenía ya un prestigio estratosférico en Inglaterra y esta acción no hizo más que acrecentarlo y le valdría el nombramiento como vicealmirante pero, Francis, ¡todo lo que sube, baja, mushasho!

Al lío, que finalmente Felipe II, el prudente, se cansó de serlo y de aguantar al pesado del papa Sixto V (que si vaya cobardica de rey católico me he echado, que si esto con el emperador de verdad no pasaba, que si ahí tienes a los hijos de la Gran Bretaña riéndose de nosotros, que si vas a tardar más en esto que en construir ese monasterio que te has preparado... y tal) y lanzó el ataque refinitivo contra los británicos con los resultados que conocemos, en algo causados por las artes inglesas y en mucho por los elementos. Sí, aun huyendo de patrioterismos resulta difícil dar mucho del mérito de la derrota de la Armada Española a la Británica. De hecho, muy a pesar del hostigamiento inglés, la Grande y Felicísma cruzó el Canal sin muchos problemas, las cosas se complicaron después, por ejemplo en Gravelinas, gracias a las artes "imaginativas" de Drake (como mandar barcos en llamas contra los galeones españoles y tal...). Pero vamos, que no hay que discutir demasiado, en el monumento erigido en Plymouth en 1888 con motivo del tercer centenario del asunto, la leyenda podría ser algo así como "Los valientes y habilidosísimos marinos ingleses patearon el culo a los orgullosos y mugrientos españoles" y no pone eso. No, no, no... lo que pone es:

"He blew with his wind and they were scattered"
 O sea:

"Sopló con su viento y fueron dispersados"

Nota para los despistados: el que sopló fue Dios, mostrando de esta forma su apoyo explícito al protestantismo anglicano, faltaría más.

No hay más preguntas, señoría.

La expedición de la Grande y Felicísima Armada tuvo un resultado manifiestamente mejorable, pero en términos históricos tampoco supuso el descalabro que a veces nos imaginamos. España se rehizo de aquello con la solvencia que un gran imperio en su apogeo se podía permitir y mantuvo su dominio de los mares aún bastantes años, como veremos. Lo que no solemos recordar los alumnos de la EGB es que los británicos se envalentonaron tanto con el resultado del asunto que pensaron que Dios iba a soplar de su lado siempre y se decidieron a hacer ellos mismos un ataque similar. Con un par.

Para saber cómo les fue en el intento tendremos que esperar a la siguiente entrada de profundosoconfusos, pero creo no desvelar gran cosa si os aviso de que Drake había terminado ya su época de Dr. No y estaba a punto de comenzar la de Pirre Nodoyuna.






Sarmiento: Seis grados a Lesteoeste

  Seguimos adelante, queridos ninios, con la vida de nuestro ya muy mejor amigo Pedro Sarmiento, que nos está dando tanto juego como espera...