viernes, 27 de julio de 2012

Miedo y euforia

Ayer por la mañana, llegando a la oficina oí decir a un opinador profesional algo así como: "el ser humano, cuando es preso del miedo, actúa como un animal y, por lo general, se refugia en la manada". Utilizaba ese argumento para explicar las razones del pánico bursátil o de las fluctuaciones de la prima de riesgo (por cierto, reconcedlo, hace dos años no teníais ni idea de lo que la prima de riesgo era).

A cuenta de esa frase, inicié mis cinco minutos pretendidamente lúcidos de la semana, incluso del mes, que estamos en verano. La verdad es que no hay mucho que objetar a la idea en cuestión, no parece muy discutible que el miedo es uno de los estímulos que sacan lo más animal del ser humano; hace aflorar nuestro instinto de supervivencia, tanto individual como grupal, de familia o, si se quiere, de clan. Oía también, no hace mucho, que se había estudiado el comportamiento de las ovejas al sentirse amenazadas. Su reacción era compactar el rebaño y las más fuertes... no, no protegían al resto, sino que eran las que pasaban al centro del grupo, dejando a las débiles en el exterior siendo, por tanto, las primeras en pasar de vida silvestre a gastronomía lobuna. Tendemos a pensar que en el caso del ser humano la cosa no es así, que los fuertes protegerán a los débiles dándoles alguna oportunidad más de sobrevivir. ¡Ja! Ojalá una raza superior de habitantes del espacio exterior se decidiera a visitarnos y hacer con humanos el mismo experimento de las ovejas. Nos íbamos a reír mucho. A fin de cuentas nuestro instinto aflora y lo que buscamos es la supervivencia propia. Eso el que no aprovechara la confusión para arrearle un muerdo a la/el de al lado. Homo homini lupus.

Pensé después que no solo el miedo saca nuestro fondo animal, también la euforia. La felicidad desmedida y también la masa, la turba, debe activar algo en nuestro subconsciente, porque las reacciones son parecidas, de algún modo. No hay más que ver las reacciones ante éxitos deportivos o el anverso de la moneda de lo que decía el comentarista que nos ha dado pie a esta entrada, la euforia bursátil vista ayer y hoy.

Y todo eso me recordó la escena final de "Entre pillos anda el juego" (Trading places en su título original; juego de palabras entre los mercados y el cambio de posición de los protagonistas. Gran película). Claro, esta otra imagen de la primera parte de la película mató toda posibilidad de seguir pensando algo serio. En cualquier caso ya había llegado al trabajo, así que...

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