martes, 4 de agosto de 2020

Panolys en la Nueva Nueva España (VI): de Frisco a LA


 NOTAS: Uno de los motivos por los que estoy tardando más de la cuenta en actualizar el relato es que blogger ha cambiado de interfaz y en el nuevo hay ciertas cosas que no están bien resueltas, como la ubicación de las fotos . Como veréis, no he conseguido más que dejarlas en medio como pasmarotes. Da un aspecto horrible, pero no consigo arreglarlo de momento (NOTA POSTERIOR: Parcialmente arreglado). El segundo motivo es que ha coincidido la rabia antiestatuas justo ahora, justo con la entrada en que hablaba de ella. Me estuve pensando si dedicarle una buena parte del relato, pero no creo que pueda hacer justicia, así que va a ser que no. Lo mencionaremos, en cualquier caso.



El poderoso Eclipse bajando por Lombard


...y tocaba madrugón porque era sábado y quería llegar a un determinado sitio antes de que se colapsaran los aparcamientos y no dejaran entrar. Este fue uno de los días que más renuncias tuve que hacer al programar: ni parada en Palo Alto/Stanford, ni en Mountain View (Cupertino=kk), ni en Laguna Seca, ni en 17 mile drive… al final decidí(mos) algo menos clásico: ir directos a Point Lobos. La ventaja de salir tan temprano es que me pegué el capricho de bajar en coche por Lombard, parar el coche en medio de la calle, bajarme y hacerle una foto al poderoso Eclipse sin molestar a nadie. Cumplimos objetivo y llegamos a eso de las 0900 a las inmediaciones del parque estatal, tan en hora que nos concedimos un desayuno formal. En un Starbucks, no os vayáis a pensar. De ahí directos a Point Lobos (36.518786, -121.949781), que ya tenía bastante afluencia, pero aún dejaban entrar sin problemas. Justo ese cabo estaba cubierto por nubes bajas, así que la visita no fue tan bonita como esperaba, pero el parque parece muy interesante. Recorrimos varias de las calas tranquilamente viendo pajarracos, focas, leones marinos y nada de sol. Con él debe ser espectacular.

Er Mushasho contemplando las evoluciones natatorias
de una foca (que sale en la foto) en Point Lobos


A continuación fuimos a una de las paradas obligatorias del viaje: la misión de San Carlos Borromeo de Carmelo (36.543342, -121.919531) en Carmel by the Sea, el pueblo del que Clint fue cherif, quicir, alcalde. Pequeña y relativa decepción, da la impresión de haber sido construida ayer para albergar un outlet modenno. Menos mal que al día siguiente vimos por fin una misión como es debido. 

Tal y como estaba el cielo y viendo que Monterey parecía soleado, metimos una de las variantes previstas: retroceder a comer en Cannery Row (36.614242, -121.898954). Cannery row es una zona de restaurantes y algún hotel junto a la costa en la parte sur de la bahía de Monterrey, casi al comienzo de la visitadísima 17-mile drive, que nosotros nos saltamos ya por cierto hastío. Así dicho parece chic y tal; de hecho tiene muy buen aspecto y mucha animación, pero si caes en la cuen de que estás paseando por antiguas plantas de enlatado de sardinas… mola menos. El caso es que está muy animado, hacía muy bueno y nos reconfortó el ánimo el fish&chips que nos tomamos mirando la playa. Lo que no me gustó tanto fue comprobar que, en algún momento, existió una marca de sardinas en lata llamada Portola (no Portolá, claro). Toma ya, les fundas todas las ciudades importantes del estado (en concreto y específicamente Monterrey, justo en la que estamos), se lo mapeas, les trazas los caminos y lo abres al mundo… y te dedican una lata de sardinas. Ya hablaremos del nefastísimo trabajo que ha hecho España y lo que se está permitiendo que según quienes digan de SU propio pasado. Lo dejo por ahora, que me enciendo (por si alguien quiere saber del ilerdense Portolá, aquí la entrada que tuvo en su momento
)

Bien, nada más comer partimos hacia el sur por la carretera de la costa (Cabrillo Hwy, en honor al primer europedo que oficialmente pisó California en 1542: Juan Rodríguez Cabrillo, aunque yo creo que es posible que fuera Alarcón un par de años antes en un arabesco colateral de la expedición de Coronado, pero no me voy a enrollar), atravesando el Big Sur con paradas obligadas pero a pie de carretera en el Puente Bixby (36.372490, -121.902900) y la cala McWay (36.158916, -121.670468). En el puente Bixby fue en el único sitio en el que nos encontramos gente, digamos, no amable. Varios lugareños mostraron a gritos desde su coche que no tenían demasiada simpatía por los turistas que ralentizaban la circulación. Algo de “Tourists Lock off!” gritaban. Bueno, igual no era Lock. 


La cala Mcway con su cascadita.
Es más idílica en foto que al natural, pero mola igualmente

A partir de ahí la carretera se descurviza un tanto y ya enfilamos hacia Cambria, donde hacíamos noche, previa última parada a ver los elefantes marinos del Elephant Seal Vista Point (35.662982, -121.257140) en la que puede ser considerada casi una parada AnlTVECI, S. Tienen una historia curiosa los elefantes estos: los miles que hay ahora a lo largo de la costa Pacífica de las Californias derivan de 15 o 20 ejemplares que quedaron vivos en algún islote perdido después de que los cazaran como si no hubiera mañana por sus grasotas. Hay una frase de la wiki que no me resisto a copiar: 


“They were thought to be extinct in 1884 until a remnant population of eight individuals was discovered on Guadalupe Island in 1892 by a Smithsonian expedition, who promptly killed seven of the eight for their collections” (En 1884 se pensaba que se habían extinguido, hasta que una una expedición del Smithsonian encontró una población residual de 8 ejemplares en la isla de Guadalupe en 1892. Inmediatamente mataron a 7 de los 8 para sus colecciones)"

 
Eso es una expedición ecologista y lo demás son tonterías. Afortunadamente no eran los 7 u 8 últimos... En fin, que llegamos a Cambria, que dio tiempo a un baño de la ninia y er mushasho en la piscina y nada más que contar de ese día. Bueno sí, que nos alojamos en el Cambria Pines Lodge, que resultó ser una especie de complejo hotelero que, aunque no le vendría ya mal una manita de pintura, era amplio, cómodo, con un personal (otra vez) de lo más amable y en el que, una vez más, el desayuno estaba incluido aunque nos habían dicho que no. Desayuno que fue opíparo y de lo más agradable al solecito en la terraza. Muy bien por el Pines Lodge.


Puesto que ayer era Sábado, hoy es Domingo, eso incluso en la Nueva Nueva España. Dado que por la zona había 3 misiones que quería visitar (y una cuarta que quité del programa por quedar un poco a trasmano) miré los horarios de misas y dejamos a la Santa atender el oficio en la misión de San Luis Obispo (35.280846, -120.665307) mientras yo me daba una vuelta con los ninios por el pueblo. Un pueblo de lo más “chic”, con toda la gente de “brunch”, todo muy pijo y tal… bueno, todo menos las paredes de un callejón que tienen literalmente cubiertas enteras de chicles pegaos. Asqueroso. Aparte de pasear por el pueblo teníamos como misión comprar víveres para comer en la siguiente parada AnlTVECI, S pero, a pesar de haber tanto chic en el downtown con el brunch en la morning del weekend… supermercados o tiendas de bocatas para llevar, ni una, lo que tendría funestas consecuencias, como veréis. Al menos, er mushasho descubrió aquí el ROSS dress for less y en LA tendría oportunidad de demostrar en otro establecimiento de la cadena que ha salido tan agarrao como su padre, que aún tiene la cara de Franco grabada en la palma de la mano de lo fuerte que agarró el primer duro que le dieron. La misión, por cierto, está plenamente integrada en el pueblo al que da nombre y en perfectísimo estado de revista. Por lo general el lugar transmite una sensación de lo más agradable, brunches aparte. Justo al lado de la misión hay un riachuelillo y varios locales con terraza que dan al mismo.

Misión de San Luis Obispo. Aquí no se ve la estatua de Fray Junípero, pero está.
O estaba, si no se la han cargado a estas alturas.


Bien entrada la fase de preparación del viaje había descubierto a escasos 25 km de San Luis Obispo un lugar más que propicio para la expansión de ninia, mushasho y adultos alike: nada menos que una playa en la que se entra con el coche, puedes alquilar buggies, quads y similares, cosa que no pensábamos hacer, pero al menos sí conducir por la arena, melena al viento, esquivando olas. Moreover, la playa practicable está adosada a un sistema de dunas protegidas que tenía muy buena pinta y, sabiendo como son los USeños, me imaginaba que no muy frecuentado dada su ubicación. Desgraciadamente, al no llevar bocatas preparados al final caímos en la tentación de comer en un garito al lado de la playa con un espléndido sol. Estaba muy lleno y tardamos algo más de lo previsto…. cuando salimos se había echado encima la niebla. La entrada a la playa  motorizable es por (35.105667, -120.630302), pero tras muchas horas de hinbestigación previa (en serio, lo miré y remiré), había determinado que el mejor sitio para aparcar y acercarse al parque de dunas era (35.094004, -120.616519)

Nos allegamos a la caseta que había en el acceso a la playa, desde donde se veían docenas de monstertrucks entrando y saliendo. La guarda me dijo que allá yo, que no estaba prohibido entrar, pero si me quedaba tirado no respondían. Miré a mi derecha y leí, isofato, la mente de la Santa: “Tú sabes con qué parte de tu anatomía vas a tirar del coche si empanzamos ¿verdad?”. Así que el poderoso Eclipse se quedó sin disfrutar en la arena de la Oceano Beach. Media vuelta y a las dunas. Echamos un rato largo de lo más agradable. Solos, solitos. Pena de niebla, porque el sitio mola mucho. Lo de pena de niebla es por las fotos, en vivo la mezcla de dunas, niebla y soledad daba un aspecto de lo más surreal onírico* que resultaba bastante atractivo. Un rato, al menos.

* Me requiere un lector a eliminar el inexistente palabro "surreal" de un texto como este, cuya brillantez raya con el virtuosismo. Para un lector que tengo que, además, tiene razón, le voy a hacer caso, aunque creo que el palabro definía mejor lo que allí había. Para mí, al menos. Pero vamos, que sea, que surreal fuera, onírico dentro.

¡Ese Panoly!


Esa noche ya acabábamos durmiendo en El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de Porciúncula, en adelante L.A. o, incluso, LA por economía de bytes, aunque me había dejado convencer en mala hora para elegir hotel en Santa Mónica. Error, pero ya llegaremos a ello. 

Decía que esa tarde teníamos bastantes millas por delante y aún una parada que me interesaba pero que en el programa estaba en categoría amarilla (Hay 4: negra, roja, amarilla y verde, ya pondré un pantallazo del excel). Otro error, debería haber sido categoría negra. Afortunadamente pillaba de camino y, aunque no hicimos esfuerzo por ello, llegamos antes de que cerraran. Se trata, ni más ni menos, de la única misión que nos transmitió, sobre todo a la famiglia, la sensación de lo que fueron, cómo lo fueron y por qué lo fueron. Ninios y Ninias, si queréis entender de un vistazo lo que supuso España en California y cuál fue el origen verdadero del estado más potente de los EEUU, con un PIB casi el triple que el de España, tenéis que visitar la Purísima de Lompoc. Da talmente la impresión que un día de 1821 los frays y los soldados españoles se piraron y todo está cómo quedó ese día. A ver, está completamente reconstruida, cuando se abandonó llegó a quedar en ruinas, pero lo han hecho con criterio y sentido. Creo que hay alguna otra misión en un estado parecido, pero más a trasmano, ésta es muy accesible. Aquí nos sorprendió la imagen que veis en la foto, que además contribuía a la sensación que os he dicho antes. La "Misión de la Purísima Concepción de María Santísima", que es el nombre completo de la Purísima de Lompoc, fue de las primeras misiones de la segunda etapa, una vez fallecido Fray Junípero y se fundó en 1787 (como es casi obvio por el nombre que le dieron, el día 8 de Diciembre, así que ésta misión también está relacionada con el milagro de Empel). 


Abrimos paréntesis. Os decía antes que es un poco descorazonador ver cómo se trata la historia de esta zona y su relación con España. Sé que el hombre es reo de su época y ahora estamos en una de progresismo(?) salvaje y, a mi juicio, agilipollado, pero, aún así, renegar de tu pasado y hacerlo quitando estatuas de ¡Fray Junípero! es de una menflez que raya con la deficiencia mental severa, pero por el lado de allá. Cierto es que a partir de 1810, con España en la guerra de Independencia contra Francia, las cosas en las misiones de la Alta California se complicaron bastante. Dejaron de llegar suministros e incluso las pagas de los soldados de los presidios que, en cierto modo, quedaron a la buena de Dios (nunca mejor dicho, ya que su sustento pasó a depender totalmente de las misiones). La situación se encadenó con un terremoto en 1812 y con el grito de Dolores y finalmente la independencia de México, lo que dio lugar a un larguísimo periodo de... digamos... descontrol. Esta situación se vio reflejada en el trato que, sobre todo los soldados, comenzaron a dar a los indios. En concreto en la Purísima de Lompoc llegaron a vivir unos 1000 indios Chumash. El día 21 de febrero de 1824, siendo ya México independiente y California parte de su territorio, se produjo una revuelta de los Chumash de las misiones de Santa Inés, Santa Bárbara y La Purísima. La chispa que la ocasionó fue la paliza que el cabo Valentín Cota (natural de Santa Bárbara, California) le metió a un indio vaya Vd. a saber por qué tontería. 

Bueno, no. En realidad sí que lo sabemos. Según nos cuenta el padre Antonio Ripoll (en realidad se lo cuenta a Fray Vicente Francisco de Sarría, a la sazón jefecillo de todos los Frays de la Alta California, pero mis espías paraguayos me han conseguido una copia de la carta), la cosa fue más o menos como sigue: Un indio de la Purísima se desplazó a Santa Inés para ver a un familiar que, parece ser, estaba en la trena. El Cabo Cota le dijo que ni hablar del peluquín y que se fuera por donde había venido. El indio, que no debía estar demasiado a la última de los acontecimientos, contestó: "¿Es que acaso el Rey prohíbe a los prisioneros que hablen con sus familias?" a lo que el cabo contestó "Aquí ya no hay más rey que el capitán" y comenzó la golpiza.

La revuelta duró poco y para finales de Junio las cosas volvían a estar más o menos como antes, tras el perdón a los sublevados por parte del Gobernador. De todas formas, a las misiones no les quedaba mucha vida y sólo 10 años después pasaron a manos privadas. Cerramos paréntesis.

Y ya lo que me termina por sacar de mis casillas es que los que protestan y piden que se borre del mapa a Junípero sean los blancos blanquérrimos de ascendencia anglo o europeda en general que se asentaron en California a partir de mediados del XIX fumigando previamente a todos los indígenas que, hasta entonces, había vivido (casi) tranquilamente con los Frays, que pasearían por los soportales de aquí al lado. Mucho mejor que si no hubieran llegado los Frays, añado (
https://www.wikiwand.com/en/California_Genocide). En serio, vivimos realidades paralelas. En fin, dejemos el temita y echemos el cierre al capítulo, que ya sólo nos queda el camino hasta lo de la Porciúncula y algunas recapitulaciones, seguramente fuera de lugar...

Con Dios.

 


miércoles, 22 de abril de 2020

Panolys en la Nueva Nueva España (V): San Francisco (y Lodi, no nos olvidemos de Lodi)


...Pues aquí seguimos, que no es poco. Espero que todas VVMM se encuentren bien y se estén cuidando el cuerpo y la mente. Puestos a evadirnos mentalmente, se me ocurren pocos sitios mejores que el que estamos abandonando en nuestro relato. En serio, no quiero pecar de pijo, pero Yosemite me impresionó. En fin, vamos al lío.

La Creedence soñaba en irse de Lodi en autobús.
Ahora tal vez fuera mejor en tren
Nos vamos de Yosemite con otro madrugón ya que el día iba a ser largo y variado. Iniciamos la octava jornada con unos 2300 km acumulados en el poderoso Eclipse y enfilamos una entretenida carretera hacia la costa. Puesto que la ruta planteada pasaba no lejos de Lodi, no hubo forma humana de que la famiglia evitara que parásemos allí, así que redesayunamos en un Denny's de Lodi, nos allegamos al famoso arco de Lodi a hacer una foto y nos largamos. Tiene pinta de que tenía razón la grandísima Creedence (Oh no! Stuck in Lodi again!). Lodi  parece ser un lugar manifiestamente mejorable para pasar el rato, sobre todo para un abstemio, ya que presumen (ellos) de ser la capital del vino y, en concreto, de la uva zinfandel, del mundo mundial. Como tampoco eran horas para beber continuamos camino atravesando viñedos y campos de nogales. Aquí tuvimos un pequeño percance que nos hizo perder un par de horas que nos trastocaron el día pero, inasequibles al desaliento, continuamos con el programa.

La primera parada seria del día era en Sonoma para ver el lugar de la revuelta teledirigida que desembocó en la anexión de California a los EEUU (previa república de California durante un mes) y la última misión fundada por los Frays de San Junípero, ésta ya en tiempos de los Mejicanos. Sonoma es la capital del condado y valle del mismo nombre, uno de los dos valles típicos de la producción de vino en California: Napa y Sonoma. Como os decía antes, en Sonoma está la última y la más septentrional de las misiones fundadas por los Frays en California, la de San Francisco Solano (38.293643, -122.455952). Bueno, en realidad es al revés, el pueblo de Sonoma creció alrededor de la Misión, como siempre. Además, fue la única fundada después de la independencia de Méjico, aunque vete tú a saber si los Frays respetaban al Rey de España, al presidente de Méjico, al Papa o a quien. Al menos la calle en la que está la misión se llama Spain St., no Mexico St. La parada no mereció la pena. Nuestra primera Misión del viaje fue un fracaso y la famiglia, sabiendo que había unas cuantas más después, me miró con cierto desprecio. Menos mal que no soy rencoroso... Otra cosilla, en Sonoma vivió y está enterrado el grandísimo Jack London, pero de eso me he enterado después de volver.

Una tatarabuela de ésta trabajó a las órdenes de D. Alfredo.
La tataranieta se limita a robar comida a los abnegados turistas
El siguiente paso fue tocar Pacífico en Bahía Tomales, pocos km al sur de Bahía Bodega (la de “Los Pájaros” de Don Alfredo, ahora me arrepiento de no haberme acercado, pero el tiempo era oro tras el retraso de la mañana). Ojito, segunda vez que sale mencionada Bahía Bodega en el blog, en ambas de la mano de don Alfredo. Bien, comimos en The Marshall Store (en Marshall, claro), un shiringuito famoso especializado en ostras que teníamos preseleccionado (38.151896,-122.888215), pero nos abstuvimos completamente de comer cosa tan repugnante y asquerosa. Aunque el sitio era bastante pintoresco y agradable, fuimos capaces de equilibrar el temita y disfrutar del rato sin alargarlo demasiado.  


La estación de radio, al fondo.
De allí a un capricho personal, un AnlTVECI, S de segunda división que podría haber dado más juego si por el camino no se hubiera ido nublando: la estación de radio KPH en Point Reyes (38.092940, -122.944526), esquivando hábilmente la bahía del grandísimo pirata que intentó asentar allí la nueva Albión y falló, claro. Como en casi todo lo que hizo. A ver, que me explico: como recordaréis, Francis Drake inició la etapa de prosperidad del tesoro británico pirateando en 1579 el Cagafuego al norte de El Callao. Tras el pillaje siguió aún más hacia el norte con la intención de volver a Inglaterra a través del (inexistente) estrecho de Anián. Llegó hasta Oregón, desistió y volvió hacia el sur, parando a reparar sus naves en la bahía que está al sur de Point Reyes y que hoy lleva su nombre. Y ya, no le vamos a dar más bolilla al pirata.


No fue esta  nuestra primera vista de la ciudad, pero casi. Está tomada más o menos desde el punto que os digo abajo, antes de llegar a Battery Spencer.


Alcatraz desde Battery Spencer
De Point Reyes, rozando los bosques de Muir (no podíamos permitirnos adentrarnos, y eso que merecen una buena visita), enfilamos ya hacia la bahía de San Francisco. Hicimos parada en el faro de Punta Bonita, que sabía que estaba cerrado pero esperaba haberme podido acercar más. Ahora cierran también el túnel de acceso a la punta en sí (37.815805,-122.529157) y no puedes llegar a la zona del faro. Aún así, primera e impactante vista del Golden Gate y del puente del Golden Gate. Si, queridos ninios, en realidad el Golden Gate NO es el puente, ese es el nombre del estrecho que salva el puente. Desde el faro fuimos recorriendo la costa sur de la península con varias paradas para observar el puente y la ciudad de San Francisco. Acordemos que es una entrada espectacular a la ciudad... Hay mil opciones, pero paramos en (37.827549, -122.498987) y en Battery Spencer (37.827613, -122.481948). Obviamente estaba preparado que llegáramos ahí al caer el sol, así que la famiglia se reconcilió algo conmigo tras el fracaso del San Francisco de la mañana, San Francisco Solano. Echamos un buen rato mirando los barquitos pasar, y afotando el puente, la isla de Alcatraz, la ciudad de San Francisco... en fin, muy agradable todo. Además tomé una de las mejores fotos que la ninia va a tener de sí misma en su vida... y aún así la superamos al día siguiente. Como os podéis imaginar, tengo docenas de fotos de esa tarde, pero no os voy a aburrir. Visto, cruzamos el puente y vamos directos al hotel. Entrar en SF por el Golden Gate cuesta 12 USD, salir es gratis, pero el peaje es automático, te leen la matrícula y te llega el cargo más tarde (edito, me llegó en 10 días).

En San Francisco íbamos a estar tres noches. El hotel seleccionado tiene una ubicación bastante buena, aparcamiento incluido en el mismo edificio, una vista peculiar del puente GG y un precio razonable... pero no lo puedo recomendar. En cualquier caso, es este.


Vista desde el balcón de nuestra habitación en el Lombard Inn.
Junto con el aparcamiento, lo único bueno del garito
Ah, otra cosa que no os he contado y cuadra ahora: busqué una excusa como otra cualquiera para probar amazon.com y convertirme en el cliente global definitivo: desde Yosemite pedí un par de cosillas para recogida en taquillas de Amazon cerca del hotel: una Leatherman T4 y unos cubos de equipaje compresibles de Gonex, misma marca de la mochila. Llegaron justo ese día, así que nada más llegar nos fuimos de paseo, “casualmente” pasando por delante de las taquillas en la misma Ghirardelli Sq., así que le digo a la ninia: “mira, taquillas de Amazon. Con lo buen cliente que soy igual me tienen algún regalito…” Pongo el móvil debajo y ¡clink! Taquilla que se abre. Aún alucina, la pobre. Anécdota curiosa: esa noche acabamos volviendo al hotel en Uber porque a la Santa le entró canguis (30 s antes que a mi) de lo despoblada y oscura que estaba la zona por la que estábamos paseando. Bien, el conductor dijo ser argelino y haber trabajado de taxista en Barcelona, el tío.

Teníamos por delante dos días en San Francisco. En la fase de preparación anduve buscando una lavandería cerca del hotel (iluso de mí, lo difícil era encontrar 100 m de calle sin una) y un alquiler de bicis por la zona. Maté dos pájaros de un tiro ya que mirando en Street view la pinta de un negocio de bicis vi que la puerta de al lado era una lavandería, tan al lado que eran el mismo negocio. Unos señores asiáticos muy amables, que casi no hablaban inglés, que nos hicieron la colada y nos alquilaron unas bicis en un estado manifiestamente mejorable. Porque...Sí, amiguitos, la primera mañana de nuestra estancia en Frisco íbamos a cruzar el Golden Gate en bicicleta. Gran idea. Si alguien va a San Francisco en las próximas semanas y se encuentra un bofe tirado por la calle, es mío. Que me lo traiga, por favor. Arrastrar a la ninia por esas cuestas llevó a Panoly Delgado Induráin al límite.

Cuestas muchas San Francisco tiene...
la fuerza de tu lado debes tener, joven Panoly.
La cosa comenzó entre bien y muy bien, con foto en el Palacio de Fine Arts (37.801925,-122.447944), luego parada muy friki y AnlTVECI, S (de 1ª categoría con ribetes dorados) con gorroneo de WiFi incluido en las oficinas de LucasArts (37.798744, -122.450311). Puedes deambular por la recepción sin tocar nada, pero te dejan entrar a hacerte selfies con Darth Vader y Arturito (R2D2), así como la famosérrima fuente de Yoda. De ahí a la ubicación original del Presidio español (ojo, Presidio es un cuartel con unos cuantos soldados para defender un enclave, ná que ver con una cárcel) (37.800812,-122.454771) y al Torpedo Wharf (37.809112, -122.470252), donde ya vimos como entraba la niebla a saco por la boca de la bahía tapando el puente; lo cruzamos casi sin verlo y bajamos a Moore Rd. Pier (37.831292, -122.477011) y de ahí directos a Sausalito. Por fin me expliqué cómo pudo ser que se pasara tantas veces navegando por delante de la Bahía y no se viera: la Golden Gate (es decir, la boca de la bahía, no el puente homónimo) literalmente desaparece con la niebla. Impresionante cruzar el puente sin ver el mar y escuchar las sirenas de niebla de los barcos pasando por debajo. Por cierto, desde Torpedo Wharf al inicio del puente la subidita se las trae.

¿Creíais que os engañaba con lo de la niebla localizada?
En ese tramo, entre la poderosa pedalada der mushasho y el lamentable estado de la cadena de su bici, ésta se partió. Llegamos a Sausalito, tras unos 16 km recorridos en esa mañana, pataleando en lugar de pedaleando y pensando qué hacer, whenderrepente, en el aparcamiento de bicis (de pago, 3 USD, no se pueden dejar en la calle, ojito) se dirige a la Santa una señora de la empresa de recogida de bicis de Sausalito y nos dice que si queremos, ella llama a la tienda y nos cambia la bici por otra de las suyas que tiene por allí. Llama delante de mí y nos la cambia. Genial, pero yo estaba seguro de que se había equivocado de compañía y había hablado con otra, no con nuestra lavandería/alquiler de bicis. Como casi siempre, yo tenía razón. En cualquier caso, dejamos las bicis en el parking, nos damos un muy agradable paseo por Sausalito, comemos fish&chips en un garito, recordamos la joya de Otis Redding (el “dock of the bay” de “(Sittin’ on) The dock of the Bay” es el de Sausalito) y nos volvemos en el Ferry hasta la terminal de SF. El el trayecto se admira Sausalito, el Golden Gate, el puente del Golden Gate, las isla de Alcatraz y la ciudad de San Francisco. Todo muy mono y pintoresco. En serio, merece mucho la pena. Desde allí retonnamos hacia la lavandalquiler pasando por el muelle 39 y sus leones marinos. Otros 6 km para el coleto. Al llegar donde los asiáticos, el dueño no entiende nada de lo que le contamos sobre el cambio de bici ni cadena rota ni nada de nada. La bici que le traemos no es suya, pero le damos la tarjeta de la Sra del servicio de recogida y nos alejamos con la colada silbando el puente sobre el río Kwai. Supongo que andará buscando su bici todavía. A cambio, la que llevamos era mejor. 

NOTA: Releo y creo que no se entiende bien lo de la bici. Resulta que hay una empresa (sausalitobikereturn.com) que se hace cargo de tu bici de alquiler en Sausalito y la llevan ellos de vuelta a SF para que tú no tengas que ocuparte de ello. Esta empresa tiene pinta de ser completamente ajena a los alquiladores, pero tiene acuerdos con todos o casi todos para devolverles las bicicletas. Nosotros volvimos con ellas en el Ferry y las devolvimos en persona.

Baker Beach. Por la tarde se fue la niebla.
En fin, que dejamos al chino con lo suyo y nosotros cogemos el coche para hacer una brevísima ruta de algunas cosas más alejadas del centro, básicamente Baker Beach (37.791043, -122.483947) y Sutro baths (37.780391, -122.513592), muy recomendable y poco recomendable, respectivamente. Tenía muchas más cosas apuntadas, pero nos dejamos llevar por la molicie del ocio y esa noche debía a la tropa una cena un poco más mejor en un garito que tenía localizado muy cerca del hotel: The Brazen Head. Bastante recomendable; agradable y buena cena aunque, eso sí, otro sitio en el que debes entrar con linterna. Hay que ver lo que le gusta a esta gente no ver ni lo que come. También hay que ver lo tontitos que se están poniendo, especialmente en SF, con algunas cosas progres. En mogollón de sitios, por ejemplo en éste, los aseos son ahora “Gender Neutral” y con un símbolo muy satánico en la puerta. No se vaya a ofender alguien...

Un clásico muy mal ejecutado
en la esquina entre Powell y California St.
Al día siguiente tocaba patear San Francisco. Me había descargado la App de la EMT de allí (MUNI) porque el abono transporte de un día sale mucho más barato si lo compras así. Comenzamos en Lombard St y allí mismo cogimos el funicular, en concreto el Powell-Market. Justo antes de cogerlo nos acercamos a la calle “principal” con más pendiente de San Francisco, que es Filbert St justo en (37.800272,-122.418485). El resto del día deambulamos por algunos lugares clásicos, pero sin rumbo fijo: desde la Misión Dolores (37.764246, -122.426587) a las Painted Ladies (37.776212, -122.433016), Rincon Park… por lo general un poco decepcionante por varios motivos, bastantes de ellos por mi culpa. La Misión Dolores os la podéis saltar. Tiene su importancia, aunque obviamente no es la original, pero si vais pillados de tiempo ni os acerquéis. Menudo éxito llevábamos con las misiones, 2 de 2. Me alucinó el número desmesurado de perjudicados mentales que hay por las calles. No es este el sitio ni yo soy quién para entrar en profundidades, pero le deberían echar una pensada. Otro motivo para la decepción fue el deficiente sistema de transporte público. Alucinante que en una estación de metro no haya ni un mapa del sistema, como que un viernes a las 1500 hayas de esperar 25 minutos al siguiente metro mientras en sentido contrario pasan tres. Volvimos a pasar por el muelle 39, que a los ninios les hizo gracia. Por la tarde fue entrando la niebla, tanto que cuando subimos a Twin Peaks no se veía nada de nada, así que hubo que buscar planes alternativos, por ejemplo yendo a un punto que tenía marcado sólo si no había otra cosa que hacer: la escalinata de la calle Moraga (37.756251, -122.473601)

Terminamos cenando temprano en un japonés muy auténtico en el que éramos los únicos no asiáticos y cruzando a Treasure Island para sacar la típica foto nocturna de los rascacielos. Para remate estaban de obras, aquello era un lío y al final hubo que conformarse con un punto de vista más desviado e incómodo. En medio de un vendaval. Bien de noche. Mucho frío. Todo muy deprimente y yo con la sensación de haber fallado en la programación del día como una escopeta de feria.


Panorama de la ciudad desde Treasure Island

En general he de decir que San Francisco me decepcionó un poco, lo recordaba más interesante de la vez anterior que estuve. De todas formas, lo más peligroso de San Francisco no son ni las cuestas, ni los tranvías ni los perjudicados mentales. No, no, no…. son los Teslas. En San Francisco, 5 de cada 4 coches son Tesla. Estoy convencido de que todos los afortunados poseedores de uno tienen una F150 con la que consumen gasolina como si no hubiera mañana de viernes a domingo, pero esa es otra historia. Me da a mí la impresión de que las ITVs de California no miran mucho el nivel de ruido de Harleys y Ducatis (principalmente) ni de Camaros, Chargers y Challengers (aunque 5 de cada 4 coches sean Tesla, aún queda sitio para muscle cars macarroides. Pintaza tiene el Challenger Hellcat, por cierto) y cuando vas por la calle y pasa un Challenger, te aturde. Luego pasa una Ducati escapelibre y te ensordece. Finalmente un Tesla del que no te habrías percatado ni aún con oido de tísico hace una demo del “ludicrous mode” saliendo de un semáforo, te embiste y te lanza al interior de la niebla misteriosa.

Es más que posible, en cualquier caso, que la decepción haya sido en buena parte por mi culpa, por una mala elección de los itinerarios y por haber sido demasiado ambicioso por un lado y haber dejado demasiados puntos de interés fuera por otro, pero esto no se lo digáis a la Famiglia. Encima al día siguiente había madrugón. Para variar.

Pero de eso hablamos otro día.

Con Dios.





jueves, 9 de abril de 2020

Panolys en la Nueva Nueva España (IV): Yosemite


No se sorprenderán si les digo, a la vista de la fecha, que aquí sigo, encerradito en casa. Espero que VVMM estén todos bien y sobrellevando el asunto de la mejor manera posible. Como las desgracias nunca vienen solas, aquí llega el Panoly a ponerse pesado con otra entrega del rulo Californiano. Seguimos...

...Pues eso, que nos hicimos rápido a la cabañita próxima a Yosemite, dormimos cerrando muy fuerte los ojos para aprovechar mejor el tiempo de descanso y, bien tempranito por la mañana, tras un desayuno de batalla nos dispusimos a iniciar nuestro sexto día de ruta. Hoy tocaba día completito con la parte alta del valle de Yosemite, jornada con algo de caminaje, mucha boca abierta (a pesar de las moscas y otros insectos) y megas y megas de fotos. La brillante programación previa, digna de oficial prusiano de intendencia, nos había traído al meollo de Yosemite un lunes y un martes. importante para evitar, en lo posible, aglomeraciones. Asín que..... a las 0730 estábamos ya saliendo del cámping y, tras una breve parada en Tunnel view (solitos estábamos) aparcamos sin problemas en el miniparking (37.712447, -119.586493) del inicio de la ruta de Sentinel Dome y Taft Point  a las 0900 (horas cortesía de Google Timeline)

Vista Norte desde Sentinel. El Capitán a la izda y Half Dome a la dcha. Yosemite Falls en el medio.
La rutilla Sentinel-Taft es un cómodo paseo que nos llevó unas tres horas, con todas las pausas fotográficas que os podáis imaginar y alguna más. Por resumir, es impresionante, sin palabras, dejo alguna foto y punto. Bueno, no, venga, os cuento algo. La ruta sube primero al Sentinel Dome (37.723062, -119.584348), que es un pedrusco con forma de cúpula con unas vistas absolutamente privilegiadas de todo el valle. Está muy cerca del mucho más famoso (y siguiente parada de nuestra ruta) Glacier Point, pero bastante más alto. Además a diferencia del GP, a Sentinel hay que subir andando, con lo que no está masificado. 


Er Panoly y er mushasho en Taft Point.
No hubo gónadas para ponernos tres pasos a nuestra izda


Taft, Capitán y pinrelillos
Una de las fisuras.
Dedicada a los guarropensantes
Desde la cúpula nos dirigíamos a Taft Point, otra (más) de las fotos imprescindibles de Yosemite. Hay dos caminos posibles: el sencillo es volver por donde vinimos hasta el aparcamiento y luego continuar hacia las fisuras y Taft por la Pohono trail, el más pintoresco discurre por el oeste de Sentinel hacia Taft siguiendo el cortado. Vosotros escogéis. En llegando a Taft Point (37.713050, -119.604612) pasas por encima de las famosas fisuras, que están poco menos de 100 m antes. No tienen pérdida. Y bien... llegamos a Taft... Idos haciendo a la idea de que voy a decir muchas, pero que muchas veces eso de que las fotos, especialmente las mías, no hacen justicia, pero es que... tiene cohone el barranco! Como en el fondo soy muy marikita, LA foto de Taft Point no me atreví a hacérmela. Me quedé a 2 metros largos en lugar de asomadito al borde. Para dejar aún pedor mi hombría, justo cuando nos íbamos había un tío buscando los anclajes para poner su slack line. Historieta del abuelo: el lugar se llama Taft Point en honor a William Howard Taft, 27º presi de los EEUU. Resulta que el mismísimo John Muir se lo llevó de paseo por Yosemite. Teóricamente iban a ir a caballo, pero los caballos que tenían no podían cargar con los más de 150 kg que pesaba el amigo Taft, así que fueron andando de Glacier Point hasta el valle, entiendo que por la Pohono trail, y pararon aquí a comer. Un espectáculo debía ser el orondo Taft bajando por según qué caminos de cabras. Ah, en este paseíllo nos encontramos con otro oso.

Bien, después de ver todo lo anterior, cualquier otro punto de vista del Valle debe ser una especie de decepción ¿no? Pues no, obviamente no, aún nos queda Glacier Point (37.727349, -119.575003). Como aquí se llega en coche y es EL punto de Yosemite, estaba de bote en bote a pesar de ser lunes (¿os he mencionado lo de la excelsa programación del viaje?). Aún así, corta la respiración. La perspectiva es más limitada que desde Sentinel, pero mucho más... no sé ¿equilibrada?. Cuánto daño está haciendo Instagram, por cierto. La gente no se corta un pelo ya en fotografiarse con las poses a.- más repetidas y patéticas o b.- más ridículas y horteras. Delante de mí una señora italiana bien entrada en los 50 se tiró un buen rato en medio de la plataforma haciendo el pino ese raro que hacen los yoguis hasta que la sacaron desde todos los ángulos posibles. Se había llevado esterilla y todo. Pero vamos, que no era la única. Glacier Point pasa a ser uno de los lugares que me imagine cuando no  pueda dormir. Así de impresionante es, por muchas fotos que hayas visto. Fijaos cómo sería la cosa que echamos casi hora y media sólo mirando...

Half Dome desde Gracier point. Nevada falls a la derecha

... razón por la cual se nos hizo un poco tarde para comer pero, a pesar de llevar raciones de campaña de emergencia, preferimos no hacer uso dellas y probar suerte cerca del siguiente destino, lo que resultó ser una decisión magnífica. Después de admirar el valle desde arriba tocaba acercase a ver los secuoyas de verdad en la famosérrima Arboleda de Mariposa (Mariposa Grove en orco) que queda, de hecho, casi fuera del parque nacional en su lado este. Tooootal, que nos cogimos el poderoso Eclipse y nos fuimos hacia la zona de Wawona, de hecho nos salimos del parque para buscar algún garito para comer y acabamos haciéndolo en un peaso resort llamado Tenaya Lodge. Buena comida (a ver, entiéndanme VVMM, un par de hamburguesas y perritos, pero bien hechos y servidos y tal) junto a la piscina, buena WiFi, mucho cocacola sin hielo, unos minutos de descanso, un cafelito... casi daba pena acercarse a los secuoyas... pero, queridos ninios, la vida del turista es dura y nuestra disciplina camboyana nos impide saltarnos visitas del programa sin motivos muuuuuy justificados, así que procedimos. Mariposa Grove (37.506894, -119.630503) ha estado cerrada a los sufridos turistas una jartá de tiempo, pero ya la habían reabierto para ese verano. Ahora dejas el coche en la nueva zona de recepción de visitantes y te llevan en autobús al secuoyar. La molicie del ocio a la que nos abandonamos durante la comida nos había dejado escasos de tiempo, pero aún así pudimos deambular por allí y ver los arbolacos. Peaso bichos, tú, como para tener que subir a rescatar un gato o algo...


Vernal Falls
Entre unas cosas y otras eran algo menos de las 1900 cuando salíamos de Mariposa y aquí tomamos una decisión que se mostró, en algunos aspectos, manifiestamente mejorable: volver al camping rodeando el parque en lugar de cruzarlo, con la sana intención de comprar viandas para... ¡hacer una barbacoa al día siguiente! Por desgracia se había ido la luz en toda la comarca y cuando llegamos al VONS de Oakhurst estaba cerrado... Afortunadamenete pillé asomándose a uno de los empleados y me dijo que abrirían como en 30 min, una vez tuvieran los grupos de emergencia en marcha y reconectado todo, así que nos quedamos gorroneando WiFi esperando a que abrieran. En fin, que compramos viandas, leña, un galón de Arnold Palmer, nos cruzamos al McDonald's para hacer un repostaje de emergencia y, casi a las 2100 y ya de noche nos pusimos en camino de vuelta. 120 km y casi dos horas que estuvieron a punto de no suceder ya que justo al salir, en el lío de pon el GPS, ninia estás abrochada, qué poca luz ponen estos americanos en las calles... me metí por una avenida en contradirección. Con dos picás de las gordas bajando de frente. Susto de muerte sobre el que correremos un estúpido velo (pero que había que ver como tenían la esquina aquella de oscura y de mal planteada). Llegamos con bien al camping a las tantas y a descansar, que aún quedaba un duro día en Yosemite.


Er mushasho y la ninia bajando
 de Vernal Falls, mientras el resto
de bípedos implumes repta hacia arriba
Si el primer día recorrimos la parte alta del valle, el segundo nos metíamos en el fondo (¿os he mencionado la brillante programación, precisa cual relojero suizo, del viaje?), así que salimos de Hardin Flat a eso de las 0720, después de desayunar y con el sol ya bien alto. Es importante entrar tempranito en el parque para evitar colas y no encontrarse el parking  (37.743543, -119.585704) lleno. A las 0840 estábamos en el centro de visitantes, que abría poco después. Una vez dejas el coche allí, te mueves en un servicio gratuito de autobuses que se mueve por todo el valle. Nosotros habíamos decidido ver la cascada Vernal, que conlleva un par de paradas de autobús y luego un agradable paseo de unos 4 km de ida y otros tantos de vuelta desde la parada del autobús en Happy Isles (37.732490, -119.559829). ¿He dicho agradable paseo? He dicho agradable paseo, así que tendré que mantenella y no enmendalla. Concedamos, tal vez, que la última parte de la subida a la parte alta de Vernal Falls (37.727586, -119.543772), con su Emmerald Pool, tiene cierta... digamos pendiente pronunciada, pero el resto del camino en paralelo al río Merced, con la cascada a la vista en su última parte es espectacular. Para los muy andarines, podéis seguir el camino hasta las Nevada Falls y de ahí hacia Half Dome (para subir hace falta permiso). Para el resto, remojoncito de pies en Emmerald Pool y vuelta a bajar. Más o menos a esta altura acordamos dentro de la famiglia que era exactamente la línea 5 del metro de la capital del Imperio la que había sido extendida hasta la Nueva Nueva España, con paradas en el Valle de la Muerte, Yosemite, San Francisco y Los Ángeles. Si no, no se explica la desageración de madrileños que rondábamos por allí. Hasta aquí había dudas entre la 5 y la 2, pero nos encontramos a una familia del barrio bajando de Vernal Falls, así que la 5.


El Cap.
La vuelta a Yosemite Village usando el mismo autobús lleva unos minutos. Allí pasamos por la Ansel Adams Gallery (hay que ver lo que hacía este genio con una cámara de juguete) y comida de batalla junto a la Village store. Puesto que teníamos pendiente esa pedazo de barbacoa, tras un breve descanso nos llegamos a ver El Capitán.

No os he dicho que en el vuelo de ida me había embaulado el documental Free Solo, que narra la subida de Honnold con sus manitas y piececitos a El Capitán, así que ya sabía todo lo que hay que saber para subir esa mole. Desgraciadamente, si Alex tardó 3h56min, yo calculé que tardaría poco más de 4h (tenía que cargar con la E-M5, el 12-100 y un par de baterías de repuesto), se me iba a hacer de noche y me había dejado el frontal en el cámping. Además, recordad la barbacoa. Con malvaviscos y todo (que tostados como en las pelis al fuego están manifiestamente mejorables, por no decir asquerosos). Una pena. Peaso de muro, tú.


Adiós a Yosemite desde Tunnel View


En fin, que lamentando sobremanera este pequeño fallo de previsión que, por minutos, no me permitió trepar El Capitán, nos volvimos al camping, previa nueva parada en Tunnel View (37.715700, -119.677220) para despedir el majestuoso Valle de Yosemite. De ahí directos a la cabaña y mientras el Panoly preparaba el fuego con cuatro palos cogidos de aquí y de allá, la famiglia disfrutó del camping un rato. Hasta hubo baño en el río Tuolumne. He de decir que la barbacoa fue un muy agradable broche a los dos días y medio en Yosemite. Entre er mushasho y yo prácticamente finiquitamos el bidón de 1 galón de Arnold Palmer.

Ah, perdón, una cosa importante en torno a esta foto de la ninia en Yosemite Village. Os dije que había otra cosa más fina que la piel de un B17 en los EEUU: el papel higiénico. Me parecen sorprendentes algunas costumbres en uno de los países más desarrollados del mundo. La del papel higiénico es una de ellas, la de las monedas es otra en la que ya entraremos. A ver, queridos ninios ¿Habrá alguna relación entre el diámetro de ese taburete, el tamaño medio del culo americano, el papel monocapa ultrafina y el hecho de que junto a cada retrete tengan que poner un desatascador king size con palo de dos pies gastao de tanto usarlo? No me extraña que los rollos vuelen, por eso te dejan tres o cuatro de reserva...con lo fácil que sería pasarse al del perrito mono.

Pues ahora sí que hemos terminado con Yosemite, lugar que, como os habrá quedado claro, merece mucho más de dos días. A la mañana siguiente, para variar, había que madrugar de nuevo para poner rumbo a la costa, pero eso va a quedar para la siguiente entrega.

Cuidenseme mucho, por favor. 

Con Dios.